martes 31 de octubre de 2006

¿Respeto a la intimidad o patriarcalismo tradicional?

Artículo publicado en Perú21, martes 31 de octubre de 2006


Quiero decir algo que creo importante sobre la revelación reciente de los hijos extramatrimoniales de los ex presidentes García y Paniagua. Es un asunto que se debe tratar respetando la intimidad y la vida privada de los involucrados, pero hay varios temas de interés público implícitos que deben ser debatidos. Un ángulo desatendido es que acá, independientemente de las personas involucradas, están en discusión los roles de los sexos, los modelos de familia, el respecto entre las personas.

Se ha señalado que, si un varón tiene hijos fuera del matrimonio, tiene que "cumplir con su deber" de reconocerlo y proveerle del apoyo que merece. No hacerlo es censurable. Otra cosa censurable, se ha dicho, es la hipocresía: presentarse falsamente como un ferviente seguidor de los valores familiares tradicionales, e intentar sacar provecho de esa imagen. Pero si uno reconoce a sus hijos, y si uno es discreto en su vida familiar, parecería no haber problema. Se trataría, en estos casos, de situaciones privadas que merecerían un prudente silencio y respeto.

No estoy de acuerdo. Me preocupa sobremanera notar en estos razonamientos la presencia de un modelo patriarcal, machista, conservador, de relación entre los sexos, que a estas alturas de la vida creía en retirada. Se trata de una tradición según la cual a un varón casado le es permitido tener relaciones e hijos tanto con su esposa como con otras mujeres, siempre y cuando cumpla con su función de macho proveedor. La esposa debería ser comprensiva en nombre de la unidad familiar, y debería valorar su papel de esposa oficial, la "catedral". La madre extramatrimonial debe aceptar su papel de "capilla" en tanto reciba compensaciones y los beneficios de su cercanía al macho. Mientras se evite el escándalo, se debe ser tolerante. Dentro de esta tradición, también corresponde ser permisivo con la violencia doméstica, e incluso, con el incesto y la pederastia. Al macho proveedor casi todo le está permitido, dentro de límites muy laxos. A las mujeres lo que les toca es someterse, resignarse, sufrir estoicamente. Así se comportarán como "toda una señora".

El trasfondo machista de todo esto se hace evidente si pensamos en la situación contraria: una esposa que confiesa tener hijos con otro hombre. ¿Alabaríamos a la esposa por cumplir con su obligación de reconocer y dar amor a sus hijos extramatrimoniales? ¿Alabaríamos todos al esposo que, contrito, acepta la situación en nombre de la unidad de la familia? Creo que no.

Hoy consideramos que el patriarcalismo tradicional es inaceptable en cuanto al incesto y la pederastia, y quiero creer que también en cuanto a la violencia doméstica. Son prácticas censurables, aunque ocurran en el ámbito privado. Pero parece que todavía somos tolerantes frente a la libertad del macho para tener relaciones extramatrimoniales. Deberíamos defender modelos de familia y una redefinición de los roles de los sexos basados en la igualdad y el respeto entre las personas.

Más sobre ley de la APCI, y las similitudes con Venezuela

Los temores respecto a la naturaleza autoritaria de la ley que modifica la ley de la Agencia Peruana de Cooperación Internacional son justificados. Ver si no la parte justificatoria del proyecto elaborado por la Comisión de Relaciones Exteriores del Congreso. Como se ve, la APCI, arbitrariamente, puede definir qué es prioritario y qué no lo es, eliminando así la posibilidad de desarrollar actividades que no sean de simpatía del gobierno: por ejemplo, si la prioridad es trabajar fuera de Lima, y concentrarse en la salud materna, no podrían desarrollarse actividades como fiscalización al Congreso Nacional o al poder ejecutivo, o actividades de lucha contra la corrupción, defensa de derechos humanos, etc.


"La Comisión considera que para tener un mejor marco normativo de la cooperación técnica internacional, se deben incorporar a la Ley Nº 27692, Ley de Creación de la Agencia Peruana de Cooperación Internacional, los aspectos siguientes:

4.1 Modificar el numeral 3.1 del artículo 3º, incorporando como responsabilidad de la APCI - aparte de conducir, programar, organizar y supervisar la cooperación internacional no reembolsable - el de priorizar la ayuda internacional independientemente de la naturaleza jurídica de la fuente cooperante, en función de la política nacional de desarrollo y el interés público, dentro del marco de las disposiciones legales que regulan esta actividad.

Ello en razón de que el Director Ejecutivo de la APCI en su presentación en la Comisión de Relaciones Exteriores, señaló que de los US$ 390 millones de dólares que ingresaron al Perú en el año 2004, por concepto de cooperación internacional, sólo se destinaron US$ 13,7 millones de dólares para la educación universal, US$ 7,3 millones de dólares para reducir la mortalidad infantil y apenas US$ 1,0 millón de dólares para mejorar la salud materna, aspectos que son objetivos primordiales de desarrollo del milenio que es obligación del Estado priorizar. En cambio, en ese año se destinaron US$ 55,7 millones de dólares para garantizar la sostenibilidad del medio ambiente".

De igual forma, el Director Ejecutivo de la APCI exhibió el cuadro “Cooperación Internacional en el Perú, Alineación de la Cooperación: Antecedentes”, el cual refleja, por ejemplo, que en el año 2004, en Lima se ejecutaron casi US$ 50 millones de dólares, mientras que en zonas de extrema pobreza como Puno, Huancavelica, Apurimac, Moquegua o Madre de Dios, ni siquiera llegó en su conjunto, a US$ 33 millones de dólares la cooperación internacional. Ello refleja un divorcio entre los objetivos de la cooperación internacional y la política nacional de desarrollo del Estado que es de interés público y debe dirigirse hacia los sectores más necesitados, lo que debe corregirse a la brevedad posible.

En esta incorporación también se establece que la APCI pueda conducir, programar, organizar, priorizar y supervisar la cooperación internacional no reembolsable, independientemente de la naturaleza jurídica de la fuente cooperante, en función de la política nacional de desarrollo y el interés público, dentro del marco jurídico que regulan la cooperación internacional. Ello, en razón, que actualmente las entidades ejecutoras privadas (ONGD, ENIEX e IPREDA), inscritas o no en los registros correspondientes de la APCI, han ejecutando más del 50% del monto total de la cooperación internacional, cuyas distorsiones hemos analizado en líneas precedentes, respecto de los objetivos de desarrollo del milenio y la concentración de recursos en Lima, descuidando las zonas de extrema pobreza del interior de país.

Por ejemplo, en el año 2004, (último reporte de la APCI) el monto de la cooperación internacional proveniente de Fuentes Cooperantes No Gubernamentales (US$ 110.2 millones) y Gubernamentales (US$ 279.8 millones) ascendió a US$ 390 millones de dólares, de los cuales las entidades privadas, es decir las ONGD, ENIEX e IPREDAS han ejecutado el 54% (US$ 210.2 millones de dólares) de la cooperación gestionada por el Estado peruano; en cambio, las instancias gubernamentales, desde el gobierno central hasta los gobiernos descentralizados, han utilizado sólo el 46% (US$ 179.8 millones de dólares).

Sin embargo, y a pesar de los cuantiosos recursos que manejan y de las deficiencias en su ejecución anotadas, que no coinciden con los objetivos de la política nacional de desarrollo y con el interés público, muchas de estas entidades privadas ejecutoras de recursos de la cooperación internacional, no pueden ser fiscalizadas ni tienen inscripción vigente ante los registros de la APCI, porque no hay norma legal que las obligue a ello, impidiendo que el organismo rector de la cooperación internacional pueda conducir, programar, organizar, priorizar y supervisar la ejecución de estos recursos, a pesar que la misma se gestiona a través de los organismos del Estado, tal como se indica en el artículo 1º del Decreto Legislativo Nº 719".


Una ilustración del camino al que se puede llegar con esta ley lo encontramos en la comparación con Venezuela. En diciembre hay elecciones, y Chávez siente que las ONGs son adversas a su gobierno, porque naturalmente cuestionan su autoritarismo. En Venezuela, el 13 de junio, en primera votación, se aprobó la ley de cooperación internacional. Igual que acá, se establece un registro obligatorio de las ONGs; igual que acá, se establece el criterio del establecimiento de prioridades por parte del gobierno, cuando se dispone que la cooperación internacional "se llevará a cabo conforme a lo dispuesto en la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela y a los lineamientos y políticas que al efecto establezca el Presidente de la República" (artículo 5).

Ver el pronunciamiento de la Federación Internacional de Derechos Humanos sobre la ley en Venezuela, como se ve, acá estamos ante la misma situación.

http://www.fidh.org/article.php3?id_article=3494

Esperemos que esto no prospere, el Congreso recapacite y no apruebe esta ley, que abre la puerta a todo tipo de arbitrariedades.


AÑADIDO: Me hicieron una entrevista en el diario La Primera, en donde comento estos asuntos. Ver: http://www.laprimera.com.pe/noticia.php?IDnoticia=32786

lunes 30 de octubre de 2006

Pronunciamiento Asociación Nacional de Centros (ANC)

PELIGRA COOPERACION INTERNACIONAL


El jueves 27 de Octubre, el Congreso aprobó, en primera votación, el Proyecto de Ley No. 25/2006-PE que atenta contra las libertades de asociación y contratación prevista en la Constitución y tratados internacionales sobre derechos humanos. Este dispositivo puede tener graves consecuencias para la estabilidad jurídica y las relaciones internacionales, ya que el gobierno podrá intervenir en las actividades de entidades privadas que trabajamos en la cooperación al desarrollo.

No nos oponemos a la transparencia y a la fiscalización. Siempre hemos sido supervisadas por la SUNAT, el Ministerio de Trabajo, ESSALUD, la Superintendencia de AFPs y la propia APCI. Además, respondemos a los exigentes mecanismos de control de las propias fuentes cooperantes por los recursos que nos otorgan mediante contratos privados, tal como ellas lo han informado al Gobierno. Por otra parte, los proyectos que elaboramos y ejecutamos con la población se encuentran articulados con los Planes de Desarrollo Concertados de las regiones y localidades donde trabajamos.

A lo que nos oponemos es a que el Gobierno controle y maneje, mediante criterios ambiguos, las decisiones de instituciones no gubernamentales. En ese sentido, invocamos al Congreso de la República a evitar el daño que se le puede ocasionar al país, desestimando en la segunda votación esta propuesta inconstitucional que genera un clima adverso para la cooperación internacional dirigida a promover desarrollo, democracia y derechos humanos en el país.

¿Cuales serán las consecuencias si este proyecto se aprueba en segunda votación?

1. Desalentará la inversión que representan los fondos de ayuda al desarrollo. Por lo tanto, el Perú dejaría de recibir los necesarios fondos de cooperación internacional, que se gestionan y canalizan a través de asociaciones, gremios y organizaciones sociales, gremios empresariales, iglesias, universidades y otras instituciones de la sociedad civil.

2. Afectará a los sectores más vulnerables y excluidos de la población: familias de bajos ingresos, pequeños productores agrarios, comunidades indígenas, pequeños y micro empresarios, municipalidades rurales, víctimas del conflicto interno, personas con discapacidad, ciudadanas y ciudadanos afectados en sus derechos básicos, entre otros.

3. Instituciones de carácter privado serán controladas por el Gobierno con una norma ambigua e imprecisa que le permite determinar con quien se debe contratar, qué proyectos realizar, en qué sectores invertir, entre otros aspectos.

4. Esta iniciativa legal podrá ser utilizada como una forma de acallar y/o perseguir a personas y asociaciones civiles que cuestionen o denuncien las irregularidades en la gestión del Estado, la ineficacia de algunas políticas públicas o la violación de derechos humanos.

5. Se crea un peligroso precedente mediante el cual el Gobierno podría extender este criterio a otras entidades privadas.

Lima, 27 de octubre de 2006


Asociación Nacional de Centros de Investigación, Promoción Social y Desarrollo (ANC)
Coordinadora Nacional de Derechos Humanos
Coordinadora Nacional de Radio (CNR)
Coordinadora Rural de Organizaciones Campesinas e Instituciones Agrarias (Coordinadora Rural)
Grupo de Iniciativa por los Derechos de los Niños (GIN)
Grupo Propuesta Ciudadana
Grupo Red de Economía Solidaria (GRESP)
Foro Ciudades para la Vida
Foro Educativo
Foro Salud
Plataforma Interamericana de Derechos Humanos, Democracia y Desarrollo (PIDHDD) – Capítulo Perú
Red Científica Peruana (RCP)
Red Jubileo Perú
Red Nacional de Promoción de la Mujer
Sociedad Nacional del Ambiente (SNA)

Acción Solidaria para el Desarrollo-COOPERACCION
Asociación de Comunicadores Sociales-CALANDRIA
Asociación Pro Derechos Humanos (APRODEH)
Centro Andino de Educación y Promoción “José María Arguedas” (CADEP-JMA)
Centro de Asesoría Laboral del Perú (CEDAL)
Centro de Estudios y Promoción del Desarrollo-DESCO
Centro de Investigación, Documentación
Centro de Investigación Social y Educación Popular-ALTERNATIVA
Centro de la Mujer Peruana FLORA TRISTAN
Comisión Andina de Juristas (CAJ)
Fomento de la Vida (FOVIDA)
Forum Solidaridad Perú
Instituto de Defensa Legal (IDL)
Instituto de Desarrollo Urbano-CENCA
Instituto de Estudios Peruanos (IEP)
Instituto Ecologista-NATURA
Movimiento MANUELA RAMOS
Programa Laboral de Desarrollo (PLADES)
Servicios Educativos El Agustino (SEA)
Servicios Educativos Rurales (SER)

domingo 29 de octubre de 2006

Coloquio de estudiantes de ciencia política PUCP

2 y 3 de noviembre 2006
Salón J-101 de la Facultad de Ciencias Sociales

Jueves 2 de noviembre

Panel inaugural:

“¿Qué entendemos por política en el Perú hoy?”
(5:00 p.m. – 6:15 p.m.; 15 minutos por persona)

- Dra. Catalina Romero, decana de la Facultad de Ciencias Sociales.
- Dr. Rolando Ames, coordinador de la especialidad de Ciencia Política y Gobierno.
- Dr. Martín Tanaka, profesor de la especialidad de Ciencia Política y Gobierno.
- Dr. Sinesio López, profesor de la especialidad de Ciencia Política y Gobierno.

COFFEE BREAK (6:15 – 6:30 p.m.)

Primera mesa (profesor: Martín Tanaka):
Partidos y Sistema de partidos
(6:30 – 7:45, 15 minutos por persona)

Ian Chang: “Escuchando los latidos de Izquierda Unida: una aproximación a la historia del Partido Unificado Mariateguista (PUM)”

Eliana Carlin: “El sistema de partidos en Perú y Ecuador: fragmentación parlamentaria y marco normativo”

Carlos Pérez: “El colapso del sistema de partidos en Perú y Venezuela”

VINO DE HONOR (8:00 p.m.)


Viernes 3 de noviembre

Exposición de Andoni Aldekoa, Director de Alcaldía del Ayuntamiento de Bilbao en el País Vasco, España:
“Teoría de la gerencia política con la aplicación en el ayuntamiento (municipalidad) de Bilbao" (1 hora de exposición, 15 minutos de preguntas)
(4:00 – 5:15 p.m.)

Tercera mesa (profesores: David Sulmont y Fernando Tuesta):
Comunicación Política y encuestas
(5:15 – 6:15 p.m., 15 minutos por persona)

George Bedoya: “Seguimiento de publicación de sondeos de opinión pública en los principales diarios locales (octubre-noviembre 2005)”

Cuarta mesa (profesor: Farid Kahhat)
Relaciones Internacionales y Seguridad
(6:30 p.m. – 7:30 p.m.; 15 minutos por persona)

Son 3 trabajos en proceso de revisión

Mesa redonda final: “La gestión pública en la práctica”
Presentada por Dr. Henry Pease
(7:30 p.m. – 8:30 p.m.; 15 minutos por invitado, 15 minutos para preguntas)

- Dra. Verónica Zavala, ministra de Transportes y Comunicaciones.
- Dra. Maria Lila Iwasaki, secretaria general de la Presidencia del Consejo de Ministros.
- Dra. Cecilia Blume, jefe de gabinete de asesores durante la gestión de Pedro Pablo Kuczynski como Primer Ministro y Ministro de Economía y Finanzas.
- Ing. David Lemor, ministro de Producción durante el gobierno de Alejandro Toledo

COCKTAIL DE CLAUSURA (8:30 p.m.)

Votación de la ley que modifica ley de APCI

En el congreso, hubo 56 votos a favor, 43 en contra y 5 abstenciones.
Por bancadas, la cosa fue así:

Partido Nacionalista: 2 a favor, 16 en contra, 1 abstención

A favor, Alvaro Gutierrez e Isaac Mekler. La abstención fue de Cayo Galindo
En contra:
Daniel Abugattás
Marta Acosta Zárate
Werner Cabrera
Yaneth Cajahuanca
Juana Huancahuari
José Maslucán
Nancy Obregón
Juvenal Ordóñez
Fredy Otárola
Miró Ruiz
Pedro Santos Carpio
Juvenal Silva
Hilaria Supa
Cenaida Uribe
José Urquizo
Rafael Vásquez


UPP, 19 en contra, 1 abstención

La abstención fue de Víctor Mayorga
En contra:
José Anaya
Karina Beteta
Carlos Cánepa
Francisco Escudero
Marisol Espinoza
Eduardo Espinoza
Aldo Estrada
Elizabeth León
Antonio León
Oswaldo Luizar
Roger Nájar
Gloria Ramos
Edgar Reymundo
José Saldaña
Fredy Serna
Margarita Sucari
José Vega
Rosa Venegas
Washington Zeballos


Alianza Parlamentaria, 8 en contra

Alberto Andrade
Carlos Bruce
Víctor Andrés García Belaúnde
Alda Lazo Ríos
Yohny Lescano
Juan Perry
Rosario Sasieta
David Waisman


Alianza Fujimorista, 12 a favor

Alejandro Aguinaga
Luisa Cuculiza
De la Cruz Vásquez
Santiago Fujimori
Keiko Fujimori
Cecilia Chacón
Martha Hildebrandt
Martha Moyano
Raffo Arce
Javier Reátegui
Renzo Reggiardo
Sousa Huanambal


Unidad Nacional, 10 a favor

Lourdes Alcorta
Javier Bedoya
Elsa Canchaya
Carpio Guerrero
Raúl Castro S.
Rosa Florián
José Luna
José Mallqui
Walter Menchola
Fabiola Morales


APRA, 32 a favor

Mario Alegría
Luis Alva Castro
María Balta
Tula Benites
Wilder Calderón
José Carrasco Távara
Tomás Cenzano
Falla Lamadrid
Jorge Flores Torres
Luis Giampietri
Luis Gonzales Posada
Hilda Guevara
M. Guevara Trelles
Julio Herrera
A. Huerta Diaz
Luciana León
José Macedo
Lourdes Mendoza del Solar
Mauricio Mulder
Luis Negreiros
Mario Pastor
Johnny Peralta
Alejandro Rebazza
Daniel Robles
Elías Rodríguez Zavaleta
Fabiola Salazar
Javier Valle Riestra
J. Vargas
Velásquez Quesquén
Nidia Vílchez
Luis Wilson
César Zumaeta


No Agrupados, 3 abstenciones.

Gustavo Espinoza
Rocío Gonzales Zuñiga
Carlos Torres Caro

viernes 27 de octubre de 2006

Ley de presión contra las libertades democráticas

Como sabemos, ayer el congreso aprobó, en primera votación, la ley que modifica la ley de la Agencia Peruana de Cooperación Internacional (APCI). Está bien que las ONGs sean transparentes, que rindan cuentas de su trabajo; es cierto que hay algunas que manejan mal los fondos que reciben, y que debemos combatir esa situación; pero está muy mal que con el pretexto de fiscalizar a las ONGs, los gobiernos dicten normas que, en la práctica, les permitiría acosar, censurar, presionar, y hasta impedir el trabajo de ONGs que les resulten políticamente incómodas.

Ver por ejemplo esta parte, realmente alucinante: el artículo 21º, "Determinación de las infracciones. Constituyen infracciones sujetas a la potestad sancionadora de la APCI:

9. Orientar los recursos de la cooperación técnica internacional en actividades que afecten el orden público, las buenas costumbres o perjudiquen la propiedad pública o privada".

Esto es de Ripley.

Lo que está en juego acá son las libertades democráticas. El pluralismo, el derecho a organizarse y expresarse libremente, a estar en desacuerdo con los gobiernos de turno. Muy preocupante, esperemos que esto no prospere.





El Congreso de la República;
Ha dado la Ley siguiente:


LEY QUE MODIFICA LA LEY Nº 27692, LEY DE CREACIÓN DE LA AGENCIA PERUANA DE COOPERACIÓN INTERNACIONAL – APCI


Artículo 1º.- Modificación del numeral 3.1 del artículo 3º de la Ley Nº 27692

Modifícase el numeral 3.1 del artículo 3º de la Ley Nº 27692, en los siguientes términos:

“Artículo 3º.- Objeto

3.1 La APCI es el ente rector de la cooperación técnica internacional y tiene la responsabilidad de conducir, programar, organizar, priorizar y supervisar la cooperación internacional no reembolsable, independientemente de la naturaleza jurídica de la fuente cooperante, en función de la política nacional de desarrollo y el interés público, en el marco de las disposiciones legales que regulan la cooperación técnica internacional.”

Artículo 2º.- Modificación de los literales f), m) y r) y adición de los literales s), t) y u) en el artículo 4º de la Ley Nº 27692

Modifícanse los literales f), m) y r) y adiciónanse los literales s), t) y u) en el artículo 4º de la Ley Nº 27692, con el siguiente texto:

“Artículo 4º.- Funciones

La APCI tiene las siguientes funciones:
(...)
f) Velar por el cumplimiento de las disposiciones legales y convencionales que regulan la cooperación técnica internacional, para tal efecto podrá dictar las medidas correctivas que considere necesarias.
(...)
m) Conducir y actualizar el Registro de Organizaciones No Gubernamentales de Desarrollo (ONGD) Nacionales receptoras de Cooperación Técnica Internacional, el Registro Nacional de Entidades e Instituciones Extranjeras de Cooperación Técnica Internacional (ENIEX), el Registro de Instituciones Privadas sin fines de Lucro Receptoras de Donaciones de Carácter Asistencial o Educacional provenientes de Exterior (IPREDA) y el Registro de Donantes de la Cooperación Internacional. La inscripción en dichos registros es obligatoria para ejecutar cooperación técnica internacional, independientemente de la naturaleza jurídica de la fuente cooperante.
El Registro de Donantes de la Cooperación Internacional tiene un tratamiento especial, es conducido y actualizado por la APCI, sobre la información que acopia, es de carácter informativo y público.
(...)
r) Aplicar, previo proceso, las sanciones por la comisión de infracciones administrativas en el ámbito de las competencias establecidas en la Ley N° 27692 y la normativa aplicable a la cooperación internacional no reembolsable.
s) Desarrollar y regular el sistema de certificaciones de calidad de las ONGD nacionales y extranjeras.
t) Ejercer la facultad coactiva para la cobranza de sus acreencias derivadas de sanciones administrativas, previo proceso.
u) Otras que se le encomienden y las que se deriven de su naturaleza.”

Artículo 3º.- Adición de párrafos al artículo 5º de la Ley Nº 27692

Adiciónanse al artículo 5º de la Ley Nº 27692, los siguientes párrafos:

“Artículo 5º.- Entidades distintas al Gobierno Central
(...)
Para el efectivo cumplimiento del objeto de la APCI, cada uno de los programas, proyectos o actividades que se ejecuten con recursos de cooperación internacional, deben inscribirse en el Registro de Proyectos. La información sobre tales programas, proyectos o actividades será alcanzada por la fuente cooperante, independientemente de su naturaleza jurídica o nacionalidad, sin perjuicio de la misma obligación para las entidades ejecutoras, incluyendo a las del sector público y con la prescindencia de la modalidad específica a través de la cual se canalicen o aprueben.

El Registro de Proyectos previsto en el artículo 35º, literal c), del Decreto Supremo Nº 053-2003/RE forma parte del Registro Nacional de Intervenciones con Recursos de Cooperación Internacional No Reembolsable.”

Artículo 4º.- Modificación del inciso j) del artículo 7º de la Ley Nº 27692

Modifícase el inciso j) del artículo 7º de la Ley Nº 27692, con el siguiente texto:

“Artículo 7º.- Funciones
Son funciones del Consejo Directivo:
(...)
j) Designar, a propuesta del Ministro de Relaciones Exteriores, al Director Ejecutivo de la APCI; y,”

Artículo 5º.- Modificación del numeral 8.2 del artículo 8º de la Ley Nº 27692

Modifícase el numeral 8.2 del artículo 8º de la Ley Nº 27692, en los siguientes términos:

“Artículo 8º.- Órgano de ejecución
(...)
8.2 En caso de ausencia o impedimento temporal, el Director Ejecutivo es reemplazado por el Director Ejecutivo Adjunto, quien es designado de la misma forma que aquél, siempre que cumpla con los requisitos del artículo 9º de la presente ley.

El Reglamento de Organización y Funciones de la APCI, establece las causales de término de dichas designaciones.”

Artículo 6º.- Modificación del inciso c) y adición del inciso d) en el artículo 9º de la Ley Nº 27692

Modifícase el inciso c) y adiciónase el inciso d) en el artículo 9º de la Ley Nº 27692, en los siguientes términos:

“Artículo 9º.- Requisitos para ser Director Ejecutivo
Para ser Director Ejecutivo se requiere:
(...)
c) No tener participación directa o indirecta en el capital o en el patrimonio de las entidades vinculadas con la cooperación internacional o ser parte de ella como asociado, directivo, administrador, asesor o representante legal o ser apoderado de la misma, hasta después de 2 años de terminada la participación patrimonial o alguno de los cargos o representación referidos.
d) No tener cónyuge ni conviviente o parientes hasta el cuarto grado de consanguinidad o segundo de afinidad que se encuentre en alguno de los supuestos del inciso anterior.
Los requisitos de los incisos c) y d) se extienden a los cargos de confianza de la APCI.”

Artículo 7º.- Modificación del inciso n) del artículo 10º de la Ley Nº 27692 y adición de funciones

Modifícase el inciso n) del artículo 10º de la Ley Nº 27692 y adiciónanse en este mismo artículo las siguientes funciones:

“Artículo 10º.- Funciones del Director Ejecutivo y del Director Ejecutivo Adjunto
10.1 Son funciones del Director Ejecutivo
(...)
n) Delegar parte de sus funciones y atribuciones; y
(...)
10.2 El Director Ejecutivo Adjunto, que ejerce su labor a tiempo completo, tiene las siguientes funciones, además de las que le compete cuando reemplaza al Director Ejecutivo:
a) Proponer al Director Ejecutivo los criterios para la formulación, elaboración y evaluación de las políticas, planes y programas de los órganos responsables de la cooperación internacional y de las unidades orgánicas de la APCI.
b) Supervisar la ejecución y evaluación de los Planes de la APCI.
c) Proponer al Director Ejecutivo las acciones y actividades conducentes a mejorar los aspectos técnicos y normativos que incidan en la gestión institucional y de la cooperación internacional.
d) Efectuar el control previo de legalidad y conveniencia técnica de las resoluciones de la Dirección Ejecutiva.
e) Otras funciones que le delegue el Director Ejecutivo.”

Artículo 8º.- Modificación del inciso d) y adición del inciso e) en el artículo 19º de la Ley Nº 27692

Modifícase el inciso d) y adiciónase el inciso e) en el artículo 19º de la Ley Nº 27692, con el siguiente texto:

“Artículo 19º.- Recursos
(...)
d) Los montos que recaude por multas administrativas.
e) Otros aportes de diferente carácter que se hagan a su favor conforme a la normatividad de la materia.”

Artículo 9º.- Adición del Título V a la Ley Nº 27692

Adiciónase el Título V y los artículos 21º y 22º, a la Ley Nº 27692, con el siguiente texto:
“TÍTULO V
INFRACCIONES Y SANCIONES

Artículo 21º.- Determinación de las infracciones
Constituyen infracciones sujetas a la potestad sancionadora de la APCI:

1. No inscribirse o no renovar inscripción en los registros de la APCI.
2. Presentar información falsa o adulterada para conseguir la inscripción, renovación o actualización de los registros, facilidades, exoneraciones, privilegios, devolución de impuestos o cualquier otro beneficio.
3. No presentar el Plan Anual de actividades para el año de inicio, así como, el Informe Anual sobre actividades realizadas.
4. No presentar el Informe de Actividades asistenciales o educativas realizadas el año precedente.
5. No exhibir, en un proceso de fiscalización, la documentación sustentatoria de la ejecución de los proyectos de cooperación internacional no reembolsable, así como, de sus fuentes de financiamiento.
6. Destruir bienes, registros, documentos, informes y proyectos respecto a sus actividades.
7. Hacer uso indebido de los recursos y donaciones de la cooperación técnica internacional o aplicar los mismos a fines distintos para los cuales fueron proporcionados.
8. Hacer uso prohibido, no autorizado o ilícito de facilidades, exoneraciones, inmunidades y privilegios específicos concedidos por ley o reglamento cuando los mismos se hayan conseguido por actividades vinculadas a la cooperación técnica internacional no reembolsable.
9. Orientar los recursos de la cooperación técnica internacional en actividades que afecten el orden público, las buenas costumbres o perjudiquen la propiedad pública o privada.
10. Las demás infracciones que se establezca vía decreto supremo por el incumplimiento de la normatividad que regula la cooperación técnica internacional.

Artículo 22º.- Sanciones
La APCI impone, según la gravedad de la infracción cometida, las sanciones siguientes:
a) Amonestación por escrito.
b) Multa de hasta 50 Unidades Impositivas Tributarias (UIT) de acuerdo con la escala de multas y sanciones.
c) Suspensión temporal de los beneficios que otorga la inscripción en los Registros referidos en el inciso m) del artículo 4º de la presente Ley, hasta que se repare la omisión o se cumpla debidamente con la norma infraccionada.
d) Cancelación de la inscripción en los Registros referidos en el inciso m) del artículo 4º de la presente Ley.
El directivo, administrador, asesor, representante legal o apoderado de la entidad a quien se le ha cancelado la inscripción en los Registros aludidos, no podrá participar directa o indirectamente en otra entidad ejecutora de cooperación internacional, por el plazo de cinco (5) años.
La imposición de las sanciones no exime a los infractores de la responsabilidad civil o penal a que hubiere lugar.”

Artículo 10º.- Adición de párrafo a la Primera Disposición Complementaria de la Ley Nº 27692

Adiciónase a la Primera Disposición Complementaria de la Ley Nº 27692 el siguiente párrafo:

“DISPOSICIONES COMPLEMENTARIAS

PRIMERA.- (...)
La cooperación internacional no reembolsable que el Estado peruano reciba de otro Estado u organismo internacional, es ejecutada por las entidades del Estado.”

DISPOSICIONES TRANSITORIAS

Primera.- Plazo para inscripción en los Registros de la APCI

Otórgase un plazo de sesenta (60) días naturales, a partir de la vigencia de la presente ley, para que las entidades ejecutoras de cooperación técnica internacional, que no lo hayan hecho, se inscriban en los Registros correspondientes, mencionados en el inciso m) del artículo 4º de la presente ley.

Segunda.- Plazo para aprobar el Reglamento de Infracciones y Sanciones

El Poder Ejecutivo, dentro de los sesenta (60) días naturales de vigencia de la presente ley, aprueba el Reglamento de Infracciones y Sanciones, respecto de la normatividad que regula la cooperación técnica internacional, donde se establece el procedimiento, formalidades, escalas de sanciones y criterios de gradualidad y demás disposiciones administrativas para cumplir con la presente ley.

Tercera.- Plazo para aprobar el ROF de la APCI

El Poder Ejecutivo, dentro de los sesenta (60) días naturales de vigencia de la presente ley, aprueba el Reglamento de Organización y Funciones de la Agencia Peruana de Cooperación Internacional - APCI, que incorpora los cambios efectuados en la presente ley.

Lima, 25 de setiembre de 2006.


VICTOR R. SOUSA HUANAMBAL
Presidente
FRÁNKLIN SÁNCHEZ ORTIZ MARISOL ESPINOZA CRUZ
Vicepresidente Secretaria

KARINA BETETA RUBÍN ALBERTO ESCUDERO CASQUINO
RAFAEL VÁSQUEZ RODRÍGUEZ ÁLVARO GUTIERREZ CUEVA

Dictamen recaído en el Proyecto de Ley Nº 25/2006-PE

LUÍS GONZALES POSADA EYZAGUIRRE LUÍS FALLA LAMADRID
MIGUEL GUEVARA TRELLES LOURDES ALCORTA SUERO
GUIDO LOMBARDI ELÍAS ALEJANDRO AGUINAGA RECUENCO
JONHY LESCANO ANCIETA

ACCESITARIOS
MARGARITA SUCARI CARI CENAIDA URIBE MEDINA
ELSA CANCHAYA SÁNCHEZ MARTÍN PÉREZ MONTEVERDE
JOSÉ VARGAS FERNANDEZ CARLOS BRUCE MONTES DE OCA

jueves 26 de octubre de 2006

2015: el final de la prensa

Un vistazo al 2015, cuando la prensa no existe. ¿Así será? Ver:

http://www.unabvirtual.edu.co/epic.php

http://www.unabvirtual.edu.co/epic/

(gracias a Alvaro Barnechea)

martes 24 de octubre de 2006

Chomsky en Lima...




Noam Chomsky se encuentra en Lima, es un acontecimiento importante y bienvenido. No solemos tener aquí intelectuales de su talla y prestigio. Me parece muy bien. Ciertamente es una eminencia mundial en cuanto a sus aportes a la lingüística. Y es una personalidad política de primer orden. Sin embargo, el entusiasmo que ha despertado en algunos medios me lleva a hacer el siguiente comentario: no perdamos de vista que, en cuanto a sus opiniones políticas, Chomsky es ante todo un activista y un propagandista, no un académico. Chomsky está empeñado en denunciar los errores (y horrores) de la política de los Estados Unidos, y en promover movimientos de resistencia a su poder imperial en todo el mundo, el problema es que lo hace desde posiciones claramente sesgadas, y cayendo muchas veces en argumentos conspirativos, sin un sustento sólido.

Para los que vivimos en esta parte del mundo, creo que es evidente que el Sr. Chomsky no es un especialista en la situación de América Latina, ni mucho menos. Sus opiniones no son tanto fruto del examen de los hechos sino, fundamentalmente, de sus apuestas políticas.

En suma: muy bien por la presencia de Chomsky, pero no se trata de un gurú que viene a revelarnos la verdad, no perdamos el sentido crítico frente a sus palabras.

La crisis política en regiones y municipios

Artículo publicado en Perú21, martes 24 de octubre de 2006

Estamos en plena campaña electoral regional y municipal, pero no hay mucho entusiasmo, por varias razones. Una de ellas, a mi juicio, es que todos intuimos que, gane quien gane, las cosas no cambiarán sustancialmente. Esto me parece que se debe, entre otras cosas, a que elegiremos a nuestros nuevos representantes exactamente con las mismas reglas con las que elegimos a los anteriores.

En general, cuando se habla de los problemas de representación, nos solemos ocupar de los partidos nacionales y del Congreso de la República, y pasamos por alto lo que ocurre en los ámbitos regionales y locales. Algunos tienen incluso la ilusión de que los movimientos regionales o las organizaciones políticas locales serían más "democráticos" que los partidos nacionales, por lo que deberían tener mayor protagonismo. En realidad, todos adolecen de males similares, y me atrevería a decir que las cosas son peores, en ciertos aspectos, en los niveles locales.

Recordemos los bajos porcentajes de votos con los que fueron electos gran parte de los presidentes regionales y alcaldes, el excesivo número de listas compitiendo, la alta relación que hay entre esto y la posterior aparición de conflictos sociales, la débil presencia de los principales partidos nacionales y la dispersión del voto en partidos menores y en improvisados movimientos regionales y agrupaciones políticas locales; los enormes problemas de gestión de las autoridades, sus conductas autoritarias, las reiteradas denuncias de corrupción... En suma, tenemos una dinámica en la cual una multiplicidad de actores débiles y fragmentados disputa el poder y, luego, lo ejerce de manera facciosa.

¿Qué se puede hacer? Creo que deberían implementarse reformas que intenten limitar la fragmentación y, al mismo tiempo, incentivar el desarrollo de conductas cooperativas entre los actores. Para esto, dos cuestiones me parecen cruciales. La primera es imponer requisitos más exigentes a los actores regionales y locales, forzándolos a que busquen articulaciones más amplias. Por ejemplo, solicitar a los candidatos a las regiones que presenten candidatos en más de una circunscripción, o que presenten candidatos no solo para la región, sino también para las alcaldías provinciales. Algo similar para los candidatos a alcaldes provinciales. De otro lado, para estimular la cooperación y limitar las conductas autoritarias en las que caen autoridades electas con bajos porcentajes de votación, deberíamos eliminar, o cuando menos atenuar, el actual "premio a la mayoría", que otorga automáticamente mayoría en los consejos regionales y municipios al ganador de la elección. Esto forzaría a la negociación con otros grupos políticos y haría más realista la composición y dinámica de los consejos. Algunas de estas propuestas han sido planteadas ya por el Grupo Propuesta Ciudadana y Prodes. El debate sobre la reforma del Estado y la reforma política debería considerar estas cuestiones.

[ ver más:
http://www.propuestaciudadana.org.pe/
http://www.prodes.org.pe/

Meléndez, Carlos
2003 Ultimo mapa político: análisis de los resultados de las elecciones regionales de noviembre del 2002. Documento de Trabajo 130. Lima, Instituto de Estudios Peruanos.

Remy, María Isabel
2005 “Los gobiernos locales en el Perú: entre el entusiasmo democrático y el deterioro de la representación política”. En: Victor Vich ed., El Estado está de vuelta: desigualdad, diversidad y democracia. Lima, Instituto de Estudios Peruanos, p. 111-136).
2005a “Primer informe. Estudio sobre conflictos entre población y autoridades locales”. Defensoría del Pueblo, documento inédito.
2004 Los múltiples campos de la participación ciudadana en el Perú. Un reconocimiento del terreno y algunas reflexiones. Lima, Instituto de Estudios Peruanos ]

lunes 23 de octubre de 2006

Mary Robinson, premio Príncipe de Asturias a las ciencias sociales


El pasado 20 de octubre se entregaron los premios Príncipe de Asturias, entre ellos el de las ciencias sociales. Deberíamos darle más importancia a este premio, que es nuestro "nobel" (a propósito, deberíamos pedir estar incluídos en el nobel, ¿por qué no?). La ganadora de este año fue Mary Robinson, ex presidenta de Irlanda y ex
Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos. Se une a una insigne lista de premiados, entre los que se encuentran Juan Linz, Giovanni Sartori, Anthony Giddens, Jürgen Habermas, entre muchos otros. Ver:

http://www.fundacionprincipedeasturias.org/esp/

Aquí su discurso de aceptación:

Majestad, Altezas, Excelentísimos Señoras y Señores.

Muchas gracias por estas cálidas palabras de bienvenida. Ha sido para mí muy gratificante viajar hasta Asturias -esta tierra verde junto al mar que me recuerda a la mía- para tener el honor de ser la primera mujer que recibe el Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales. Quisiera expresar mi profundo agradecimiento a los miembros del Jurado por este reconocimiento y reafirmar mi más sincero compromiso con los valores que representa.

Mi propio país -Irlanda- y España han tejido muchos lazos comunes a lo largo de los años. Durante mi vida he sido testigo de cambios extraordinarios en ambos países. Creo que la prosperidad de la que España e Irlanda disfrutan se puede atribuir directamente a la vitalidad de nuestras democracias, así como al camino emprendido por ambos países durante las últimas décadas para construir sociedades basadas en los principios de libertad y tolerancia.

Esto ha sido el resultado de luchas concretas que, entre otras cosas, han permitido por fin garantizar los derechos de las mujeres y así avanzar hacia el ejercicio pleno de la democracia en mi país. España ha vivido una extraordinaria transición hacia la madurez democrática de la que disfruta hoy en día, algo en lo que el buen hacer de la Corona ha desempeñado un papel fundamental. Nuestros países -ante los conflictos históricos que han de afrontar- han optado por avanzar hacia la paz mediante procesos de negociación.

Las libertades, arduamente conquistadas, deben protegerse frente a las amenazas y de la incertidumbre internacional. No veamos las leyes que las protegen como inconvenientes, sino como los logros que forman el marco en el que disfrutar de nuestros valores comunes.

Estoy también encantada de ostentar la Vicepresidencia del Club de Madrid, una organización de sesenta y siete ex-Jefes de Estado y de Gobierno dedicados a compartir sus experiencias como líderes democráticos, liderazgo que ha permitido logros históricos en nuestros países. Gracias a dichos logros democráticos, hemos pasado de ser países de emigración a ser países que atraen y reciben inmigrantes.

Este premio anima nuestra labor en Realizing Rights en pos de una globalización más humana. En ninguna otra área es este esfuerzo más necesario que en la inmigración. La inmigración es, al fin y al cabo, la cara humana de la globalización.

En España os habéis enfrentado a la dura realidad de ver cómo las personas pueden arriesgar su vida en alta mar para llegar a vuestras costas. Esto es parte de un fenómeno mundial en virtud del cual las fuerzas económicas generan flujos de personas en busca de una vida mejor. La globalización económica se traduce en el movimiento de bienes, servicios e información. Pero también supone que la gente se desplaza o es desplazada. La manifestación más alarmante de estos movimientos se encuentra en las redes de tráfico de personas, una forma de esclavitud del siglo veintiuno que afecta especialmente a las mujeres y los niños.

Aunque resulta evidente que los inmigrantes contribuyen positivamente a nuestras economías y a nuestras sociedades, a menudo se nos confunde con el miedo a los inmigrantes de culturas diferentes. De hecho la inmigración ha alcanzado proporciones épicas:
- Se estima que hay doscientos millones de inmigrantes en el mundo, lo que equivaldría a la población del quinto país más poblado;
- En dos mil cinco las remesas superaron los doscientos treinta y tres mil millones de dólares en todo el mundo, cifra que supera el Producto Interior Bruto de Irlanda;
- Hay aproximadamente entre treinta y cuarenta millones de inmigrantes indocumentados en todo el mundo; a menudo desprovistos de garantías y protecciones que estimamos como derechos humanos fundamentales;
- De estos inmigrantes indocumentados, entre siete y ocho millones están aquí, en Europa.

La comunidad internacional ha empezado a movilizarse para responder a estos retos. Quisiera destacar -entre otras iniciativas- la Comisión Global sobre Migración Internacional, a la que estoy orgullosa de haber pertenecido, y el Diálogo de Alto nivel sobre Migración y Desarrollo del mes pasado en Naciones Unidas. La cumbre de Rabat sobre migración y desarrollo del pasado mes de julio -liderada por Marruecos y España- debería dar como resultado una cooperación más eficaz a lo largo de las rutas migratorias.

Pero las conclusiones y recomendaciones -los planes de acción nacidos de estas iniciativas- necesitarán el firme compromiso de nuestros gobiernos y recursos significativos para generar resultados para los inmigrantes del mundo.

No podemos defraudar a estas personas. Nos encontramos con la cara humana de la globalización en nuestra vida diaria, en nuestras comunidades y entre los que arriesgan sus vidas dejando sus hogares para buscar más y mejores oportunidades. Reconocer nuestra humanidad común en los rostros de los inmigrantes nos debe inspirar para reafirmar nuestra dignidad común y construir sociedades plurales, diversas y democráticas en nuestros países, y asegurar un desarrollo equitativo más allá de nuestras fronteras.

En su último libro, mi amigo, Ian Gibson, celebra la trayectoria vital de uno de los grandes poetas españoles, Antonio Machado, cuya vida terminó poco después de dejar su casa y cruzar los Pirineos hacia el exilio. A medida que nos enfrentamos a los retos de la inmigración, deberíamos recordar que nosotros mismos, como aquellos que llegan a nuestras costas ligeros de equipaje, somos todos hijos de la mar.

Muchas gracias.

domingo 22 de octubre de 2006

El "justo medio" en Aristóteles


(en la foto: ruinas de la escuela de Aristóteles en Mieza, hoy Náousa)

Ya que estoy en Aristóteles y en la Moral a Nicómaco (ver abajo) aprovecho para hacer un comentario personal.

Como regla general, trato de ser imparcial y equilibrado en mis apreciaciones (que lo logre o que esto me lleve a alguna parte es otra cosa); es decir, de no tomar partido de antemano, y de juzgar partiendo de la evidencia, no de mis preferencias o prenociones o, peor aún, de la opinión mayoritaria, de lo "políticamente correcto" o de la manera convencional de ver las cosas. Intento siempre mirar las cosas desde varios ángulos; así, frecuentemente encuentro que acaloradas discusiones se ocupan en realidad de pseudo problemas, cuestiones mal planteadas, o que los desacuerdos parten de caricaturizar las posiciones de los adversarios. De otro lado, creo que aportar a un debate implica presentar una posición de alguna manera singular, distinguible de las opiniones ya existentes (si no, mejor quedarse callado y dejar hablar a otros). Esto hace que uno termine ocupando un espacio definido por la oposición a otras posturas; es que la ciencia sólo puede avanzar mediante el debate y la confrontación de ideas.

Comento todo esto porque con los años he descubierto, un poco a mi pesar, que cada vez me resulta más cuerda la idea de Aristóteles sobre la búsqueda del "justo medio". Digo a mi pesar porque siempre tendí a pensar que ese "justo medio" en realidad encubría una postura conciliadora; y que sólo tenía sentido dentro de un razonamiento unidimensional, pero que incorporando más dimensiones, el pretendido justo medio podría quedar en realidad en un extremo inconveniente.

En realidad, la idea de Aristóteles no tiene por qué ser conciliadora; en ocasiones, el "medio" puede estar cerca de un extremo, no tiene por qué ser equidistante de los extremos; la virtud en Aristóteles no está necesariamente en el "centro", pero sí se define en oposición a dos polos. De otro lado, al incorporar nuevas dimensiones al análisis, el justo medio tendría que desplazarse a lo largo de los nuevos ejes; esto hace más complejo el análisis, pero no imposible.

Como sea, creo que vale la pena tomar muy en cuenta a Aristóteles y sus recomendaciones. Tanto para pensar correctamente, como para conducirse en la vida en general...


Moral a Nicómaco · libro segundo, capítulo VII
Aplicación de las generalidades que precedena los casos particulares

No basta en esta materia limitarse a generalidades. Es preciso además hacer ver cómo estas teorías están de acuerdo con los casos particulares. En efecto, cuando se razona sobre las acciones humanas, sirven de poco las generalidades, y los análisis especiales son más conformes a la verdad, puesto que las acciones son siempre particulares y a ellas deben ajustarse las [47] teorías. Se verá más en claro lo que queremos decir en el cuadro que vamos a trazar{41}.

Obsérvase que el valor ocupa un término medio entre los dos sentimientos de temor y de resolución. En cuanto a los dos excesos, el uno, que se refiere a la falta de todo temor, no ha recibido nombre en nuestra lengua, porque hay muchas cosas que el uso ha dejado sin él; mas si nos fijamos en el exceso de resolución, encontramos que al hombre, que da pruebas de ello, se le llama temerario. El que adolece de un exceso de temor o de una falta de resolución, es un cobarde.

Para los placeres y para los dolores, no para todos sin excepción y menos aún para todos los dolores que para todos los placeres, el medio es la templanza, el exceso es la incontinencia. En cuanto a los que pecan por defecto en materia de placeres, son bien contados, y así no se les ha dado nombre especial. Démosles, si se quiere, el de insensibles.

Con respecto a dar o recibir cosas o riquezas, el medio es la liberalidad{42}; el exceso y el defecto son la prodigalidad y la avaricia. Estas últimas cualidades por otra parte, exceso o defecto, son contrarias completamente la una a la otra. Y así el pródigo peca de exceso cuando se trata de dar, y de defecto cuando de recibir; el avaro, por lo contrario, por exceso cuando toma, por defecto cuando da.

Nótese que aquí no hacemos más que trazar un ligero bosquejo y presentar como un sumario. Por el momento debemos darnos por satisfechos con esto, sin perjuicio de que más tarde tratemos todos estos puntos con más exactitud y extensión.

Pero volviendo a la riqueza, hay también otras disposiciones además de las que hemos indicado. En este concepto, el medio puede ser igualmente la magnificencia, porque puede establecerse una diferencia entre el hombre magnífico y el hombre liberal. El uno posee grandes riquezas, el otro escasas; el exceso en el hombre magnífico consiste en la profusión con mal gusto y en el fausto grosero; y el defecto consiste en la mezquindad mostrada en pequeñeces. Estos matices extremos difieren de los [48] que presenta la liberalidad; cómo difieren unos de otros, se dirá más adelante.

En punto a honores o a gloria y a la oscuridad, el medio es la grandeza de alma; el exceso en este género puede llamarse insolencia; el defecto, bajeza de alma. Pero así como reconocimos que la liberalidad tiene cierta relación con la magnificencia, difiriendo la primera de la segunda sólo en que se aplica a cosas de poco valor; en igual forma, al lado de la grandeza de alma, que aspira a los altos honores, hay otro sentimiento que nos arrastra a ir en busca de los que tienen poca importancia. Se pueden, en efecto, desear los honores y la gloria hasta un punto regular; pero también se les puede desear demasiado, o no desearlos nada. Al que los desea excesivamente se le llama ambicioso; el que no los desea es un hombre sin ambición; pero el que en este orden de sentimientos sabe mantenerse en un justo medio, no ha recibido nombre especial. Las disposiciones morales, que corresponden a estos caracteres, tampoco tienen nombre particular, a no ser el del ambicioso, que se llama ambición. Esto hace precisamente que los extremos se disputen el puesto del medio; y a nosotros mismos nos sucede que a veces calificamos de ambicioso al que ocupa el término medio, y otras, por lo contrario, le declaramos sin ambición, alabando así indistintamente al hombre que es ambicioso y al que no lo es.

Más adelante trataremos de explicar la causa de esta contradicción; por ahora continuemos el estudio de las demás pasiones conforme al método anteriormente adoptado{43}.

Para la cólera se pueden distinguir, como acabamos de hacer para la liberalidad, los tres términos: exceso, defecto, medio. Pero como ninguno de estos matices, o casi ninguno, tiene nombre especial, nos limitaremos a decir, que el hombre que en este género ocupa el medio entre los dos extremos, se le llama hombre dulce, y la cualidad intermedia, dulzura. De los dos caracteres extremos, el que peca por exceso se llama carácter irascible, y al vicio que muestra se llama irascibilidad. El que peca por defecto podemos decir que es el carácter flemático, que jamás siente la cólera; y el defecto se llamará flema, que no permite nunca el encolerizarse.

Aquí cuadra hablar de otros tres medios, que no dejan de [49] tener semejanza entre sí, pero que sin embargo difieren en ciertos conceptos. Los tres se refieren igualmente a las relaciones sociales y comunes, que crean entre los hombres sus palabras y sus actos; pero los tres difieren en que el uno se refiere a la verdad, tal como se muestra habitualmente en las conversaciones de los hombres, mientras que los otros dos medios se refieren al placer que producen las relaciones sociales, aplicándose uno de ellos al placer que nos causa la buena y festiva sociedad, y extendiéndose el otro a todas las cosas de la vida ordinaria. Necesitamos estudiar también estas tres especies nuevas, para que veamos con más claridad aún que en todas las cosas el medio es digno solamente de alabanza, mientras que los extremos no son buenos ni laudables, y no merecen sino nuestra censura. Para la mayor parte de estos matices, lo mismo que para los precedentes, la lengua no tiene nombre particular, poro es imprescindible, como acabamos de hacerlo, forjar palabras nuevas que representen estos diversos caracteres, y que dando más claridad a nuestras ideas, permitan seguirlas más fácilmente.

Con respecto a la verdad, el hombre que guarda en esta relación el medio, se llama hombre veraz o verídico, y el medio mismo se llama veracidad. La ficción, que altera la verdad, se llamará, si exagera las cosas, fanfarronería, y el que tenga este defecto será un fanfarrón; si, por lo contrario, disminuye las cosas, se llamará disimulación, y el que lo haga, un hombre disimulado.

Paso a los otros dos medios, que se refieren al placer. El uno consiste en el gracejo, y el hombre, que sabe guardar con mesura este medio delicado, es un hombre gracioso, y la disposición moral que le distingue es la gracia. El exceso en este género se llama bufonería, y al hombre que tiene este carácter se le llama bufón. El que en punto a gracejo tiene menos del preciso es un rústico, y su manera de ser puede llamarse rusticidad. En cuanto al medio que se refiere a la vida ordinaria recreativa, el hombre que sabe hacerse aceptable a sus semejantes, como conviene serlo, es el amigo, y el medio que forma su carácter, es la amistad. El que presta con exceso servicios a los demás, puede llamársele hombre que tiene manía de complacer, siempre que lo haga sin ningún interés; pero si tales servicios nacen de cálculo y los presta en vista de su provecho [50] personal, entonces es un adulador. El que en este concepto peca completamente por defecto y no sabe hacerse agradable a los demás, es un ser oscuro y excéntrico.

Pueden reconocerse igualmente medios en las emociones y en todo lo concerniente a ellas. Y así la modestia no es una virtud; y sin embargo es objeto de nuestras alabanzas, así como lo es el hombre modesto. Así es que en estas afecciones se puede distinguir igualmente el hombre que se mantiene en el verdadero medio. El que experimenta con exceso estas emociones, de todo se ruboriza; y en cierta manera se le advierte como embarazado. El hombre que, por lo contrario, peca en esto por defecto y que por nada absolutamente se ruboriza, es un hombre impudente. El que sabe ocupar un punto medio entre estos excesos es un hombre modesto.

La justicia, que juzga imparcialmente la conducta de otro, ocupa el medio entre la envidia a la felicidad de los demás y el goce malévolo que provoca su sufrimiento. Estas tres afecciones por otra parte se refieren al placer y al dolor que nos puede causar todo lo que sucede a nuestros semejantes. El hombre imparcial y animado de cierto coraje se aflige y se indigna ante el espectáculo de una prosperidad no merecida. El envidioso, que por exceso traspasa esta imparcialidad, se aflige de todos los bienes que adquieren los demás hombres. En fin, el que tiene complacencia en el mal ajeno está tan distante de afligirse en este caso, que llega hasta regocijarse.
En otra parte habrá ocasión de hablar sobre esto con más oportunidad; y en cuanto a la justicia, como no se la designa por un nombre simple y absoluto, sino que en ella se distinguen dos matices diferentes, los analizaremos más adelante{44} y haremos ver los medios que en cada uno de ellos se dan. El mismo estudio haremos de las virtudes intelectuales.

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{41} Véase el cuadro que aparece en la Moral de Eudemo, lib. II, capítulo III.
{42} En español no corresponde la palabra al medio tan exactamente como la correspondiente del griego. El liberal se aproxima más al pródigo que al avaro.
{43} Véase la Política, lib. I, cap. I.
{44} Véase todo el cap. V, que trata de la justicia. Los dos matices de la justicia son la igualdad absoluta y la igualdad proporcional, o bien la justicia según la ley, y la justicia según la naturaleza.


Moral a Nicómaco · libro segundo, capítulo VIII
Oposición de los vicios extremos entre sí y con la virtud que ocupa el medio

Estas tres disposiciones morales entre las cuales hay dos vicios, uno por exceso, otro por defecto, y una sola virtud que ocupa el medio entre los extremos, son todas bajo cierto punto de vista opuestas las unas a las otras. Por lo pronto, los extremos son opuestos al medio, y lo son entre sí igualmente; y luego el medio es opuesto a los dos extremos. A la manera que lo igual comparado con el término más pequeño es más grande que este término y menor que el término más grande en su relación con él, así las cualidades y disposiciones medias en relación con las disposiciones por defecto parecen excesos; y por lo contrario, en relación con las disposiciones por exceso se hacen ellas mismas en cierta manera defectos, lo mismo en las pasiones que en los actos. Así el hombre valiente parece temerario, si se le compara con el cobarde; y parece cobarde al lado del temerario. En igual forma el hombre templado parece desarreglado, si se le compara con el insensible a quien nada conmueve; él parece a su vez insensible con relación al desarreglado. El liberal parece pródigo respecto del avaro; y avaro relativamente al pródigo. también a veces se supone que los medios son extremos. El cobarde llama al hombre de valor temerario; y el temerario le llama cobarde; y lo mismo en todos los demás casos. En esta oposición de los tres términos{45}, la que existe entre los extremos es de más consideración que la que hay entre ellos y el medio, porque, en efecto, los extremos están más distantes el uno del otro que lo están del medio, que los separa; a la manera que el término grande está más lejano del pequeño y el pequeño del grande, que ambos lo están del término igual.

Bajo otro punto de vista, hay extremos que tienen cierta semejanza con el medio. Así la temeridad no deja de parecerse [52] al valor; y la prodigalidad a la liberalidad. Pero la desemejanza mayor aparece naturalmente en unos extremos relativamente a los otros. Las cosas que están entre sí lo más lejos posible se las llama contrarias, y lo son tanto más cuanto más lejanas están. En su relación con el medio, tan pronto es el defecto como el exceso lo más opuesto. Y así el vicio más opuesto al valor, no es la temeridad, la cual es un exceso; sino que es la cobardía que peca por defecto. Por lo contrario, en la templanza, el término que más se aleja no es la insensibilidad, que peca por defecto; es el desarreglo, que peca por exceso; Esto procede de dos causas distintas. La una nace de la naturaleza de la cosa misma; pues desde el momento que uno de los extremos está más aproximado al medio y más se le parece, no es este ya el que oponemos al medio; es más bien el término contrario; así, por ejemplo, como la audacia parece más cercana al valor y se le asemeja más, mientras que la cobardía es más desemejante, esta es la que oponemos más particularmente al valor, teniendo por más contrarias las cosas que están más lejanas del medio. He aquí una de las causas antes indicadas y que nace de la naturaleza misma de la cosa. Veamos la segunda que no procede sino de nosotros. Las cosas hacia las cuales nos sentimos más naturalmente arrastrados, nos parecen más contrarias al medio prudente en que convendría mantenerse. Así es que nuestra naturaleza nos lleva más vivamente hacia los placeres; y por esta causa nos vemos más fácilmente inclinados a la intemperancia que a la reserva y a la sobriedad; de aquí que tengamos por más contrarias al justo medio las cosas a las que nos sentimos inclinados a abandonarnos. Y por esto la incontinencia, que es un exceso, es más contraria a la templanza que la completa insensibilidad.

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{45} Aristóteles habla aquí bajo un punto de vista absoluto, y entonces tiene razón; pero en realidad no es así, y él mismo se apresura a hacerlo notar. Los medios, que según él constituyen las virtudes, están ya más, ya menos distantes de uno que de otro de los extremos. En otros términos, no son siempre verdaderos medios.

[tomado de: http://www.filosofia.org/cla/ari/azc01.htm#pri]

Virtù e Fortuna en Aristóteles

Mucho antes que Maquiavelo, Aristóteles (384-322) también pensó, a su modo, en la relación entre Virtù e Fortuna, vinculando su concepción de la política con la de la búsqueda de la felicidad individual. "El objeto de la política, tal como nosotros le concebimos, es el más elevado de todos, y su cuidado principal es formar el alma de los ciudadanos, y enseñarles, mejorándolos, la práctica de todas las virtudes".


Moral a Nicómaco · libro primero, capítulo VII

La felicidad no es un efecto del azar; es a la vez un don de los dioses y el resultado de nuestros esfuerzos

Todo esto ha dado ocasión a que se pregunte{22} si es posible aprender a ser dichoso, si se adquiere la felicidad por medio de ciertos hábitos, y si se consigue por cualquier otro procedimiento [22] análogo; o si es más bien efecto de algún favor divino, y, si se quiere, el resultado del azar. Realmente, si hay en el mundo algún don que los dioses hayan concedido a los hombres, deberá creerse seguramente que la felicidad es un beneficio que nos viene de ellos; y tanto más motivo hay para creerlo así, cuanto que no hay nada que deba el hombre estimar sobre esto. Por lo demás, no quiero profundizar esta cuestión, que pertenece quizá más especialmente a otro orden de estudios. Pero digo, que si la felicidad no nos la envían exclusivamente los dioses, sino que la obtenemos por la práctica de la virtud, mediante un largo aprendizaje o una lucha constante, no por eso deja de ser una de las cosas más divinas de nuestro mundo, puesto que el precio y término de la virtud es evidentemente una cosa excelente y divina y una verdadera felicidad. Y añado, que la felicidad es en cierta manera accesible a todos, porque no hay hombre a quien no sea posible alcanzar la felicidad, mediante cierto estudio y los debidos cuidados, a menos que la naturaleza le haya hecho completamente incapaz de toda virtud.

Como vale más conquistar la felicidad a este precio que deberla al simple azar, la razón nos obliga a suponer, que así es realmente como el hombre puede llegar a ser dichoso, puesto que las cosas que siguen las leyes de la naturaleza{23} son siempre naturalmente tan bellas como es posible. La misma regla se aplica a todas las artes, a todas las causas, y sobre todo a la causa más perfecta, porque sería un absurdo inconcebible imaginar, que lo más grande y lo más bello que hay en el mundo esté entregado al azar. La solución del problema que sentamos aquí, surge con completa claridad de la misma definición que hemos dado de la felicidad. La felicidad, hemos dicho, es cierta actividad del alma conforme a la virtud; y por lo que hace a los demás bienes, o están necesariamente comprendidos en la felicidad, o contribuyen a ella como auxiliares y como naturales y útiles instrumentos. Esto, por lo demás, resulta perfectamente de acuerdo con lo que dijimos al comenzar este tratado. El objeto de la política, tal como nosotros le concebimos, es el más elevado de todos, y su cuidado principal es formar el alma de los ciudadanos, y enseñarles, mejorándolos, la práctica de todas las virtudes. Y así no podemos llamar dichosos ni a un caballo, ni a un [23] buey, ni a cualquiera otro animal, porque ninguno de ellos es capaz de la noble actividad que asignamos al hombre. Por la misma razón debe decirse, que el niño no es dichoso, porque su edad no le consiente aún llevar a cabo las acciones que constituyen la felicidad; y los niños, a quienes se aplica algunas veces esta expresión, sólo puede llamárseles dichosos a causa de la esperanza que inspiran, puesto que para la verdadera felicidad se necesitan, como dijimos antes, dos condiciones: una virtud completa y una vida completamente desarrollada.

Acaecen en el curso de la vida muchas vicisitudes y cambios diversos, y puede suceder que después de mucho tiempo de prosperidad ocurran a uno en la ancianidad grandes desgracias como cuenta la fábula de Príamo en los poemas heroicos; y nadie puede llamar dichoso al hombre que tuvo tan gran fortuna y que concluyó tan miserablemente. ¿Quiere esto decir, que nunca debe afirmarse de un hombre que es dichoso mientras tenga vida, y que, según la máxima de Solon, se debe esperar siempre a ver el fin? Si se acepta esta teoría, el hombre no será dichoso hasta después de la muerte. Pero esto es un absurdo patente, sobre todo cuando se sostiene, como hacemos nosotros, que la felicidad es cierta aplicación de la actividad. Si no podemos admitir que el hombre no pueda decirse dichoso hasta después de la muerte, ni tampoco Solon lo pretende, y sí sólo queremos decir, que no se puede llamar con seguridad dichoso un hombre, sino cuando está fuera del alcance de todos los males y de todos los infortunios, esta opinión, así limitada, no deja de prestar materia para la controversia. Al parecer, en este sistema subsisten después de la muerte bienes y males, que deberán experimentarse entonces, como se experimentan durante la vida, sin sentirlos por otra parte personalmente; como, por ejemplo, los honores y las afrentas, o de una manera más general, los sucesos prósperos y los reveses de nuestros hijos y de nuestra posteridad. Esto, como se ve, es bastante embarazoso, puesto que ha podido ser uno dichoso durante su vida, incluyendo la ancianidad, y haber muerto en la prosperidad, y al mismo tiempo haber experimentado una multitud de contratiempos en las personas de sus descendientes. Puede suceder, que entre estos, unos hayan sido virtuosos y gozado de la suerte que merecían; y otros hayan tenido una suerte del todo contraria; porque es claro, que bajo mil [24] conceptos los hijos pueden diferir completamente de sus padres. Es una insensatez admitir, que un hombre, después de la muerte, pueda experimentar a la par de sus descendientes todas estas alternativas diversas, y que junto con ellos sea tan pronto dichoso como desgraciado. Es cierto que, por otra parte, no es menos absurdo suponer, que algo de lo que toca al hijo deje de llegar ni por un sólo instante hasta sus padres.

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{22} Aquí tiene presente Aristóteles la cuestión favorita de Platón. Véanse el Menon, el Protágoras y la República.
{23} Este es el verdadero optimismo.



Moral a Nicómaco · libro primero, capítulo VIII
La virtud es la verdadera felicidad


Volvamos a la primera cuestión que hemos sentado anteriormente; ella puede muy fácilmente contribuir a resolver la que ahora nos proponemos.

Si es preciso siempre esperar y ver el fin, y si sólo entonces se pueden tener por dichosos a los hombres, no porque lo sean en aquel momento, sino porque lo fueron en otro tiempo; ¿no sería un absurdo, cuando uno es actualmente dichoso, no reconocer, respecto de él, una verdad que es incontestable? Es vano pretexto decir, que no se quiere proclamar dichosas a las personas que viven por temor a los reveses que puedan sobrevenirle, y alegar que la idea de la felicidad nos la representamos como una cosa inmutable y que no cambia fácilmente; y en fin, que la fortuna causa muchas veces las perturbaciones más diversas en un mismo individuo. Conforme a este razonamiento, es claro, que si quisiéramos seguir todas las mudanzas de la fortuna de un hombre, sucedería muchas veces que llamaríamos a un mismo individuo dichoso y desgraciado, haciendo del hombre dichoso una especie de camaleón y de una naturaleza medianamente mudable y pobre. ¡Pero qué!, ¿es prudente dar tanta importancia a los cambios de la fortuna de los hombres? No es en la fortuna donde se encuentran la felicidad o la desgracia, estando la vida humana expuesta a estas vicisitudes inevitables, como ya hemos dicho; sino que son los actos de virtud los únicos que deciden soberanamente de la felicidad, como son los actos contrarios los que deciden del estado contrario. La cuestión misma, que dilucidamos en este momento, es un testimonio más en favor de nuestra definición de la felicidad. No, no hay nada en las [25] cosas humanas que sea constante y seguro hasta el punto que lo son los actos y la práctica de la virtud; estos actos nos aparecen más estables que la ciencia misma. Además, entre todos los hábitos virtuosos, los que hacen más honor al hombre son también los más durables, precisamente porque en vivir con ellos se complacen con más constancia las personas verdaderamente afortunadas; y he aquí evidentemente la causa de que no olviden jamás el practicarlos.

Así, pues, la perseverancia que buscamos es la del hombre dichoso; él la conservará durante toda su vida y sólo practicará y tomará en cuenta lo que conforma con la virtud, o por lo menos, se sentirá ligado a ello más que a todas las demás cosas; y soportará los azares de la fortuna con admirable sangre fría. El que dotado de una virtud sin tacha, es, si así puede decirse, cuadrado por su base, sabrá resignarse siempre con dignidad a todas las pruebas{24}.

Siendo los accidentes de la fortuna muy numerosos y teniendo una importancia muy diversa, ya grande, ya pequeña, los sucesos poco importantes, lo mismo que las ligeras desgracias, apenas ejercen influjo en el curso de la vida. Pero los acontecimientos grandes y repetidos, si son favorables, hacen la vida más dichosa; porque contribuyen naturalmente a embellecerla, y el uso que se hace de ellos da nuevo lustre a la virtud. Si, por lo contrario, no son favorables, interrumpen y empañan la felicidad; porque nos traen consigo disgustos, y en muchos casos sirven de obstáculo a nuestra actividad. Pero en medio de estas pruebas mismas la virtud brilla con todo su resplandor, cuando un hombre con ánimo sereno soporta grandes y numerosos infortunios, no por insensibilidad, sino por generosidad y por grandeza de alma. Si los actos virtuosos deciden soberanamente de la vida del hombre, como acabamos de decir, jamás el hombre de bien, que sólo reclama la felicidad de la virtud, puede hacerse miserable, puesto que nunca cometerá acciones reprensibles y malas. A nuestro parecer, el hombre verdaderamente sabio, el hombre verdaderamente virtuoso, sabe sufrir todos los azares de la fortuna sin perder nada de su dignidad; sabe sacar siempre de las circunstancias el mejor partido posible, como un [26] buen general sabe emplear de la manera más conveniente para el combate el ejército que tiene a sus ordenes; como el zapatero sabe hacer el más precioso calzado con el cuero que se le da; como hacen en su profesión todos los demás artistas. Si esto es cierto, el hombre dichoso, porque es hombre de bien, nunca será desgraciado, aunque no será dichoso, lo confieso, si por acaso caen sobre él desgracias iguales a las de Príamo. Pero por lo menos siempre resulta que no es un hombre de mil colores, ni cambia de un instante a otro. No se le arrancará fácilmente su felicidad; no bastarán para hacérsela perder infortunios ordinarios; sino que será preciso para esto, que caigan sobre él los más grandes y repetidos desastres. Recíprocamente, cuando salga de semejantes pruebas, no recobrará su dicha en poco tiempo y de repente, después de haberlas sufrido; sino que si vuelve a ser dichoso, será después de un largo y debido intervalo, durante el cual habrá podido gozar sucesivamente grandes y brillantes prosperidades.

¿Por qué, pues, no hemos de declarar que el hombre dichoso es el que obra siempre según lo exige la virtud perfecta, estando además suficientemente provisto de bienes exteriores, no durante un tiempo cualquiera, sino durante toda su vida? ¿O bien habrá de añadirse como condición precisa, que deberá vivir constantemente en esta prosperidad y morir en una situación no menos favorable, ya que el porvenir nos es desconocido, y que la felicidad, tal como nosotros la comprendemos, es un bien y un cierto perfeccionamiento definitivo en todos conceptos? Si todas estas consideraciones son exactas, llamaremos dichosos entre los vivos a los que poseen o puedan poseer todos los bienes que acabamos de indicar.

Téngase entendido por otra parte, que cuando digo dichosos, quiero decir hasta donde los hombres pueden serlo. Pero no insisto más sobre esta materia.

———

{24} Esta metáfora es de Simónides y no de Aristóteles, que emplea aquí la misma expresión del poeta. Platón lo había citado ya en el Protágoras.

[tomado de: http://www.filosofia.org/cla/ari/azc01.htm#pri]

viernes 20 de octubre de 2006

Latín (práctico) para las izquierdas

Hola, esto no tiene nada que ver con nada (o tal vez sí), pero lo pongo simplemente porque me maté de risa al leerlo. Tomado de la excelente revista mexicana Letras Libres, ya tiene algunos años.

Novum Saeculum
Latín (práctico) para las izquierdas

por Guillermo Sheridan

Para Lvdovicvs et Mavritius

Ahora que el latín retorna a los discursos de algunos gobernantes, los izquierdistas corremos el grave riesgo de no entender, de entender mal o, peor aún, de sentirnos acomplejados. Siempre, ex mea sententia, hemos preferido una izquierda inteligente, moderna y, mirabile visu, elegante. Una izquierda floruit como la quiso Alfonso Reyes quien, nil disputandum de gustibus, tuvo a bien explicar que tal preferencia sociopolítica —fortuna suffragante— mucho podría beneficiarse de leer a Virgilio (los agraristas), a Cicerón (los senadores) y a Plauto (los presidentes)."La lectura de Virgilio —don Alfonso ipse dixit— llena los generosos entusiasmos de la plaza pública, dando así una fuerte arquitectura interior al que se ha educado en esta poesía". Lo creo ad litteram. Por ello debemos acicalar nuestros latines e impedir que algunos izquierdistas, al escuchar dominus vobiscum, traduzcan "ya llegó la pizza". O que pidan medio filete diciendo in media res; que piensen que Ave Cæsar, morituri te salutant significa "los pájaros de César murieron por falta de salud", o que alea jacta est es "el acta se manchó de mermelada".

Me permito pues proponer un minúsculo cuanto funcional latín práctico ad hoc con objeto de que líderes, jefes y diputados estén a la altura de los tiempos. Debo aclarar, ipso facto, que se trata de traducciones vulgares, realizadas al macarrón (errare humanum est), y que, en todo caso, los especialistas podrán mejorar sine die. Procedamos, pues, a nuestra lección porque, como sabemos, tempus fugit.

En el baño: Companies, braccae tuae aperiuntur (Camarada, trais abierta la bragueta). Macedonico, potas bene (Macedonio, estás bebiendo mucho). Ubi Rosarius Qvercvs est? (¿Qué fue de Rosario Robles?).

En el café: Quo signo nata est? (¿De qué signo eres?). Minime senuisti! (¡No has envejecido nada!). Nonne macescis? (¿Has adelgazado?). Balaenae nobis conservandae sunt! (¡Salvemos a las ballenas!). Heu non, malo Franciscvlam Municipalensis quam Paulina Rubeus, audite (Ay no, yo prefiero a Paquita la del Barrio que a Paulina Rubio, oyes).

En el restaurante: Ringinnuntius meus sonat! (¡Está sonando mi beeper!). Locum electoralem perditum recipiemur! (¡Recuperemos el terreno electoral perdido!). Nec est bidendum! (¡Y ahora bebamos!). In dentibus anticis frustrum magnum huitlacotxae habes (Traes un pedazote de huitlacoche en un diente).

En la Cámara: Nescio quid meretricem dicas (No entiendo ni puta de lo que dices). Malo Tres Animae in Mente Mea quam Mortui Grati (Prefiero a Three Souls in my Mind que a Grateful Dead). Stalin si viveret, in Siberia eris, vitam meam (Si viviera Stalin, a Siberia vida mía). Iusacellus interruptus! (¡Se cortó la comunicación!). Vidistine nuper imagines moventes bonas? (¿Has visto alguna buena película?).

Para el jefe de Gobierno del df: Ubi pecunnia Fobaproæ sunt? (¿Dónde está el dinero de Fobaproa?). Pars Revolutionis Democraticæ tribuni plebis sumus cacumen provecti (Los del PRD somos luchadores sociales de pensamiento progresista). Tessera metropolitanus ingressa super meam calacam (El boleto del metro aumentará sobre mi cadáver).

Ante la prensa: Rem publicam popularem, aequitativams atque inclusivam ad sinistram impellandam voluimus (Queremos una cultura política democrática, incluyente, igualitaria, equitativa, que proyecte la izquierda hacia el futuro). CCLX milia pauperrimorum rusticorum mexicanorum!! (¡Hay 26 millones de campesinos en la pobreza!). Nihil declaro (No tengo nada que decir).

En la pagaduría: Heus, hic nos omnes in agmine sunt! (¡Oiga, estamos haciendo cola!). Recedite, plebes! Gero rem urbis! (¡A un lado plebeyos, me manda la ciudad!). Non, mihi ignosce, credo me! (¡No, creo que es mi turno!). Pecunia est radis omnis mali (El dinero es el origen de todo mal). Ostende mihi pecuniam! (¡Enséñame el dinero!).

En la manifestación: Sinistra unita nunquam victura! (¡La izquierda unida jamás será vencida!). Videtur, sentitur, populus praesens est!! (¡Se ve, se siente, el pueblo está presente!). Multitudo abundantiæ sumus sed plurimi erimus!! (¡Somos un chingo y seremos más!).

En Chiapas: Ex ore nostram verba vera (Por nuestra boca que habla palabra verdadera). Non credes Marcvm bovinum pellem est pluscuamperfectum? (¿No crees que Marcos está más cuero que nunca?). Seniores senoriorum... (Los más viejos de los viejos...).

En la página cultural: Rumba cultura est! (Sólo el arte popular es bueno). Via non altera quam nostra! (¡No hay más ruta que la nuestra!).

En el tsb (Tribuni servilis belli): (CGH, Consejo General de Huelga): Pro publica atque popularem universitate! (¡Por una universidad gratuita y popular!). Nolite fellare! (¡No mamen!). Noli fellare (¡No mames!). Propositio ordinis! (¡Moción de orden!). Propositio strepiti! (¡Moción de desorden!). Propositio contra propositionem! (¡Moción contra la moción!). Caprinus eris! (¡Estás cabrón!). Quod flatum? (¿Qué pedo?).

Al quedarse sin chamba: Sic transit gloria trevi! (¿Dónde está Brasil Air Lines?).

Et cætera. -— Urbis Mexicana, februario MMIFEBRERO DE 2001

[Ver el texto en:http://www.letraslibres.com/index.php?art=6719]

Víctor Vich sobre Madeinusa (y "La Prueba")


Mi amigo y colega del instituto, Víctor Vich, comenta sobre Madeinusa, partiendo del comentario que hice hace unos días. El debate continúa, pero se va ubicando en donde debería estar.

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Martín, yo estoy de acuerdo en que la película es rica en simbolismos y con una capacidad técnica y narrativa realmente buena e interesante en los marcos del cine peruano y creo, sin duda, que no se trata de decidir si la película representa "bien" o "mal" al mundo andino (¿quien tendría autoridad para establecer aquello?) y, al mismo tiempo, creo que puede ser un poco desproporcionado calificarla de racista o demás.

Para mí, el punto es el siguiente. Mas allá de sus virtudes, el objetivo consiste en situar la película en el contexto de la cultura peruana, es decir, en preguntarnos en que tradición discursiva se inscribe la película en cuanto a la representación que siempre se ha hecho del mundo andino. Es decir, desde hace siglos, el mundo andino es representado a partir de una mirada externa a él; es imaginado, fantaseado, inventado de una determinada manera. Yo pienso, en ese sentido, que Madeinusa se inscribe muy pasivamente en la representación más tradicional, en la que históricamente ha sido hegemónica: aquella en la que los andinos son, sobre todo, magia, irracionalidad y descontrol. La película no reta aquella representación sino que insiste casi en lo mismo, desde lo imaginado por algunas crónicas coloniales hasta Lituma en los Andes, pasando por Ventura García Calderón.

Es cierto que la película trabaja a nivel simbólico, mítico si se quiere, pero es importante preguntarse también por el lugar de enunciación, vale decir, por cómo esa simbología se cristaliza en una identidad especifica que son los andes, es decir, por qué los limeños seguimos fantaseando con que el mundo andino es así.

Mas o menos lo mismo ocurre con la otra película peruana que ahora esta en cartelera, "La prueba", que es también buena, interesante, bien narrada, con un buen argumento, pero otra vez los andinos son casi lo mismo pero en el otro extremo: sujetos puramente buenos, solidarios, ecológicos, etc. Me parece que ambas películas son demasiado parecidas en ese sentido y, en mi opinión, se trata de continuar preguntándonos como, en el Perú, seguimos conceptualizando la diferencia a pasar de todos los cambios, la violencia y demás.

miércoles 18 de octubre de 2006

América Latina en tiempos de Chávez - Nueva Sociedad 205

Está muy bueno el último número de la revista de Nueva Sociedad:


América Latina en tiempos de Chávez Nueva Sociedad 205 Septiembre/Octubre 2006

El presidente de Venezuela, incansable, proyecta su influencia a América Latina. Apoyado en los gigantescos ingresos petroleros y en su carisma desenfadado, Hugo Chávez hace y deshace procesos de integración, impulsa ambiciosos proyectos de articulación energética, concibe ideas audaces y busca construir, desde un nacionalismo remozado, un liderazgo político regional. La edición 205 de Nueva Sociedad busca reflejar este particular momento político de América Latina. El eje es el liderazgo de Chávez y el objetivo es tomarlo como punto de partida para, desde allí, derivar algunos de los principales debates que cruzan a la región. ¿Se puede hablar de una izquierda en América Latina? ¿Constituye la influencia de Chávez un factor desestabilizante para la región?

Coyuntura

El retorno de Alan García
César Arias Quincot
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¿Pueden cambiar los seres humanos? El primer gobierno de Alan García concluyó con una pesadilla de inflación, colas y desorden. Sin embargo, el candidato triunfador en las elecciones presidenciales del 4 de junio parece muy diferente del joven de los 80: al igual que otros partidos de izquierda latinoamericanos, como el Partido de los Trabajadores brasileño o el socialismo chileno, el APRA ha dejado de lado el estatismo dirigista y evolucionó hacia posiciones más moderadas. Esto coincide con algunos planteos de su fundador, Víctor Raúl Haya de la Torre, y se refleja en las posiciones de García, quien designó a economistas ortodoxos en su gabinete y apoyó la firma del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos.


Elecciones en México
Alberto Aziz Nassif
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Las elecciones presidenciales en México estuvieron, desde el comienzo, marcadas por los golpes bajos y la guerra sucia. Finalmente, los resultados del 2 de julio confirmaron el peor de los escenarios posibles: una fuerte polarización y una diferencia estrecha, de menos de un punto, entre el candidato del partido de gobierno, Felipe Calderón, y el líder de la izquierda, Andrés Manuel López Obrador. En ese contexto de incertidumbre y zozobra, López Obrador denunció fraude y lanzó un movimiento de resistencia civil cuyos objetivos no se ajustan a la lógica jurídica. En cualquier caso, la perspectiva es la de una crisis poselectoral que sacude a la incipiente democracia mexicana y complica la formación del próximo gobierno.

Aportes

Los principios del modelo neoconservador
Rodrigo Contreras Osorio
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La llegada al gobierno de la izquierda en América Latina se explica por el malestar ciudadano frente al modelo neoliberal. Para entenderlo, el artículo explora los fundamentos de este esquema de gobernabilidad neoconservador elaborado a mediados de los 70 por autores como Samuel Huntington. Con la idea de que el Estado se ha visto superado por un exceso de demandas, el objetivo es transferir más y más funciones al mercado, por ejemplo, a través de la privatización de los servicios públicos. Esto contribuye a despolitizar las relaciones sociales, separa de modo tajante la economía de la política y limita la participación. En definitiva, este modelo, al confiar en el mercado como organizador de las relaciones sociales, quita poder a los ciudadanos y limita seriamente su capacidad de acción.

Mucho más que dos izquierdas
Franklin Ramírez Gallegos
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La tesis de las dos izquierdas, repetida como un estribillo en los círculos políticos y académicos de América Latina, distingue entre una tendencia «pragmática», «sensata» y «moderna», representada por Chile, Brasil y Uruguay, y otra «demagógica», «nacionalista» y «populista», presente en Venezuela, Bolivia, Argentina y México. El artículo sostiene que, en realidad, la izquierda ha asumido una forma específica en cada país de acuerdo con las herencias institucionales del neoliberalismo, el lugar de los movimientos sociales y la trayectoria histórica de los partidos progresistas. Hay, por lo tanto, más de dos izquierdas, aunque todas tienen en común la voluntad de recuperar el rol del Estado y mejorar la situación social en un contexto de superación de la agenda neoliberal.

Tema Central

Entre Bachelet y Morales, ¿existe una izquierda en América Latina?
Alain Touraine
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Las categorías de «izquierda» y «derecha», aplicables a los regímenes parlamentarios, pierden sentido en América Latina. Lo central aquí es si los países logran encontrar una expresión política para sus profundos problemas sociales, es decir si consiguen ubicar las luchas sociales dentro de un marco institucional y democrático. Después de repasar la realidad de diferentes países, el artículo sostiene que la clave no pasa hoy por la Venezuela de Hugo Chávez, un modelo débil de transformación social, sino por dos tendencias opuestas: la globalización exitosa de Chile y el modelo más radical que, a pesar de su fragilidad, está tomando forma en la Bolivia de Evo Morales.

La deriva populista y la centroizquierda latinoamericana
Ernesto Laclau
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La ruptura populista ocurre cuando tiene lugar una dicotomización del espacio social por la cual los actores se ven a sí mismos como partícipes de uno u otro de dos campos enfrentados. Implica la equivalencia entre las demandas insatisfechas, la cristalización de todas ellas en torno de ciertos símbolos comunes y la emergencia de un líder. Esto no anticipa nada acerca de los contenidos ideológicos del viraje populista. En el caso venezolano, la transición hacia una sociedad más justa y democrática requería el desplazamiento de la elite corrupta y desprestigiada, para lo cual era necesario construir un nuevo actor colectivo –cuyo símbolo es el bolivarianismo y cuyo emergente es Hugo Chávez– a través de una ruptura populista.

Giro a la izquierda y regreso del populismo
Ludolfo Paramio
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El clima ideológico en América Latina ha cambiado. En algunos países donde existían partidos progresistas arraigados, esto ha posibilitado la llegada al gobierno de fuerzas de izquierda democrática. En otros, en cambio, ha tomado la forma de populismo. La Venezuela de Hugo Chávez es el caso más notable del regreso del populismo en su forma tradicional redistribuidora. El artículo argumenta que, con una visión exagerada de su protagonismo regional y apoyado en las rentas del gas y del petróleo, Chávez corre el riesgo de convertirse en un elemento desestabilizador que proyecte la polarización de la sociedad venezolana al resto de América Latina.

Cuando la limosna es grande. El Caribe, Chávez y los límites de la diplomacia petrolera
Andrés Serbin
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Desde 1958, Venezuela ha desplegado una intensa diplomacia petrolera en el Caribe. A pesar de las diferencias históricas y culturales y la percepción de este país como un «subimperialismo» regional, su presencia no solo se ha mantenido, sino que adquirió un carácter mucho más activo desde la llegada al gobierno de Hugo Chávez. Aunque iniciativas como Petrocaribe y acuerdos especiales con algunos países, especialmente con Cuba, le permitieron a Chávez ganar protagonismo en el área, la estrategia no ha sido del todo efectiva, como parecen demostrarlo la renuencia de los países del Caribe a sumarse al ALCA, las negociaciones de tratados de libre comercio con Estados Unidos y su posición en las cumbres internacionales.

A apearse de la fantasía: Hugo Chávez y los liderazgos en América Latina
Marta Lagos
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A diferencia del pasado, cuando los liderazgos surgían de las armas y las revoluciones, hoy son consecuencia del poder de representación otorgado por las elecciones. A pesar de ello, no es posible hablar de verdaderos líderes latinoamericanos. Hugo Chávez tiene un fuerte impacto mediático y ha logrado interpretar las aspiraciones de algunas elites latinoamericanas. Sin embargo, está lejos de interpelar a los pueblos de la región. De hecho, los datos de las encuestas indican que es menos conocido y no tan valorado como George W. Bush. Por eso, antes de hablar de verdaderos liderazgos conviene tener en cuenta que lo que realmente reclaman los latinoamericanos no es más izquierda, sino más democracia y mejores condiciones de vida.

Modelos y liderazgos en América Latina
Manuel Antonio Garretón
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Así como ocurrió en el pasado con la transición democrática, lo que hoy está en juego en América Latina es la recomposición de las relaciones entre Estado y sociedad y la posibilidad de construir una capacidad de acción política frente al mundo globalizado y la fragmentación interna. No existen modelos exportables que puedan considerarse líderes para la región, ya que cada país tiene sus propias características y enfrenta problemas diferentes. Y, a pesar de lo que sostienen algunos, tampoco puede hablarse de liderazgos para los procesos de inserción en el mundo globalizado, sino de ejes de integración regional parciales.

El nuevo mapa político latinoamericano
Francisco Rojas Aravena
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La situación política de América Latina se caracteriza por la debilidad y la erosión de las democracias y la dificultad para superar problemas como la pobreza, la inequidad y el aumento de la violencia. Aquí se sostiene que analizar el panorama actual apelando a los conceptos de izquierda o derecha es inútil. Para entender el nuevo mapa regional, es necesario repensar algunos factores: la división de América Latina entre un Norte cercano a Estados Unidos y un Sur más autónomo, las diferencias económicas entre los países del Atlántico y los del Pacífico y la competencia por el liderazgo regional, que se evidencia en los esfuerzos de Hugo Chávez y las dificultades de Brasil para afirmar su tradicional lugar en la región.

Los desafíos de la política sudamericana de Brasil
Mónica Hirst
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En los 90, el énfasis de la política exterior de Brasil estuvo puesto en los aspectos económicos de la integración, en particular el Mercosur. Esto respondió a una estrategia de inserción sudamericana que en buena medida funcionó como reacción al ALCA, y que se ha reforzado durante el gobierno de Lula. En los últimos años, Brasil se ha mostrado dispuesto a asumir nuevas responsabilidades en situaciones de riesgo institucional en la región, como ocurrió en Venezuela, Bolivia y Ecuador, al tiempo que profundizaba la interacción económica con sus vecinos a través de inversiones de bancos y empresas públicas.

Hugo Chávez y Cuba: subsidiando posposiones fatales
Haroldo Dilla Alfonso
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Luego de años de crisis tras el derrumbe de la Unión Soviética, Cuba atraviesa hoy un periodo de cierta bonanza, alentado por la política de subsidios petroleros de Venezuela y las iniciativas venezolanas como el ALBA, que contribuyen a romper su aislamiento internacional. Como resultado, se han implementado algunas políticas destinadas a mejorar las condiciones de vida de los sectores más desfavorecidos y se produjo un cambio en la elite tecnocrática que había conducido la apertura económica de los 90. Sin embargo, más allá de los beneficios inmediatos, los subsidios implican dejar de lado actividades económicas dinámicas, contribuyen a frenar la renovación política y terminan por posponer reformas cruciales para el futuro de la isla.

Las dos etapas de la política exterior de Chávez
Edmundo González Urrutia
Texto completo: PDF

En los primeros años de su presidencia, Hugo Chávez mantuvo algunas de las líneas básicas de la política exterior de los gobiernos anteriores, basada en la búsqueda de un mayor equilibrio internacional y el impulso a la integración regional. Sin embargo, su consolidación política luego del triunfo en el referéndum revocatorio y el aumento del precio del petróleo le han permitido desplegar una nueva y ambiciosa estrategia internacional: el retiro de Venezuela de procesos de integración como la CAN, el ingreso al Mercosur, el impulso a proyectos como Telesur, el Banco del Sur y hasta una OTAN Sudamericana, la retórica antiestadounidense, la compra de armamento y los contactos con China y Rusia son algunos de sus elementos más importantes.


http://www.nuso.org/revista.php?n=205

John Murra (1916-2006)



Lima, 18 de octubre de 2006

Sres.:
David Block
Heather Lechtman
Frank Salomon
Ana María Soldi


Estimados amigos:


Me dirijo a ustedes, amigos cercanos a nuestro querido John, para hacerles llegar nuestras condolencias por su reciente fallecimiento, y para pedirles que nos ayuden a hacer llegar nuestro pesar a sus familiares y a otros amigos, que como nosotros están recordando especialmente a nuestro viejo maestro en estos momentos.

John Murra fue uno de los fundadores del Instituto de Estudios Peruanos, una referencia ineludible y una gran inspiración para nuestro trabajo intelectual. Sus libros Formaciones económicas y políticas del mundo andino (1975), su testimonio personal recogido en Nispa Ninchis. Conversaciones con John Murra (2000) y el más reciente, El mundo andino: población, medio ambiente y economía (2002), son algunos de los libros más importantes de nuestro sello editorial, y motivo de especial orgullo, porque constituyen aportes fundamentales para la comprensión del mundo andino.

A nombre de todos los miembros del Instituto, quiero expresar nuestro pesar por la pérdida de John Murra, figura que inspiró y seguirá inspirando el trabajo de varias generaciones de científicos sociales, que admiraremos siempre sus aportes intelectuales y académicos, así como su impresionante trayectoria vital, que se inició en Ucrania, siguió por los Estados Unidos, pasó por la España de la guerra civil, y continuó por el Perú y los países andinos. Murra es un ejemplo de hombre comprometido con su tiempo y, afortunadamente para nosotros, comprometido con nuestra historia y nuestro futuro.



Martín Tanaka
Director General
Instituto de Estudios Peruanos

[Más sobre Murra: ver

http://www.scielo.cl/scielo.php?pid=S0717-73562004000100008&script=sci_arttext&tlng=es

http://www.scielo.cl/scielo.php?pid=S0717-73562002000100009&script=sci_arttext ]

martes 17 de octubre de 2006

Sobre AP (a propósito de Valentín Paniagua)

Ha fallecido Valentín Paniagua, y se ha ido un buen peruano y un buen político, al margen de las discrepancias que hayamos tenido con él. No es poca cosa.

Creo que estas son ocasiones para reflexionar, no sólo para hacer panegíricos. Propongo algunas ideas sobre el papel de Acción Popular en la vida política peruana.

A propósito, escribí un artículo en 2002 con ocasión del fallecimiento de Fernando Belaunde, "Fernando Belaunde, Acción Popular, y la democracia en el tiempo", salió publicado en la Revista Domingo, n° 211, 16 de junio de 2002, del diario La República.

Ahora que lo releo, me doy cuenta que mi visión es muy indulgente, particularmente en cuanto al tema del conflicto armado interno. Tengo otro texto un poco más crítico sobre el punto, “Los partidos y la violencia: la política del avestruz”. , que salió publicado en Ideele, revista del Instituto de Defensa Legal, n° 157, septiembre de 2003 (p. 72-75).

Pongo a continuación el texto sobre Belaunde, que debería ser leído junto al publicado en ideele, para tener una visión más equilibrada. A pesar de la mención crítica respecto a Paniagua en este último trabajo, considero que sus méritos y actuación positiva en muchísimos otros aspectos hacen que merezca ampliamente los homenajes que está recibiendo.


Fernando Belaunde, Acción Popular, y la democracia en el tiempo


La sensible muerte del presidente Fernando Belaunde nos lleva a hacer una reflexión sobre las desventuras de la democracia en el Perú a lo largo del siglo XX, en especial en su segunda mitad, en la que fue una figura sin duda definitoria. Este es un caso, a mi juicio, en el que la perspectiva de los años hace que la evaluación de su actuación pública y gestión gubernamental sea cada vez más indulgente; más todavía, creo que puede decirse que es de lamentar que el destino no haya querido que sus propósitos fueran exitosos: porque no lo fueron. Recordemos que el presidente Belaunde, tanto en 1968 como en 1985, dejó Palacio de Gobierno en medio de una gran insatisfacción ciudadana. Considero que la revaloración que permite el tiempo no sólo se debe al reconocimiento de sus indudables méritos personales y cívicos, ya resaltados con justicia por todos; tampoco a que, comparados con el desastre económico de la gestión de García, el desastre político y moral del gobierno de Fujimori, o el autoritarismo militar, los gobiernos del arquitecto Belaunde aparezcan como los “menos malos”.

Creo que Fernando Belaunde y Acción Popular fueron claves para la posibilidad de sentar las bases de un sistema de partidos y una democracia moderna en nuestro país, y es una lástima que AP no haya podido consolidarse como partido de masas; queda abierta la pregunta de si AP podrá sobrevivir a su fundador, así como el APRA sobrevivió a Haya de la Torre. Como sea, AP no logró constituirse como el gran partido de centro-derecha que el Perú necesitó durante todo el siglo XX. Toda democracia requiere de un equilibrio de fuerzas políticas que fuerce a la negociación y a los compromisos institucionales: ese es su origen verdadero. El Perú, como la mayoría de países de la región, padeció de recurrentes intervenciones militares, consecuencia de la ausencia de un partido de masas de centro derecha que pudiera competir exitosamente con el APRA y la izquierda en el terreno electoral. No es simple coincidencia que recién cuando Belaunde y AP ocuparon ese espacio es que pudimos tener las experiencias plenamente democráticas de 1963-1968 y de los años ochenta. La incapacidad en el Perú de los movimientos conservadores, primero, y liberales, después, para representar a los sectores populares, para sintonizar con ellos, es de lamentar (a diferencia de países como Chile o Colombia). Belaunde cubrió por momentos esa falencia con su indudable carisma, un liderazgo de gestos dramáticos, con una certera comprensión intuitiva de la dimensión simbólica de la política, con su ideología no ideológica del “Perú como doctrina”, y con su acercamiento al “Perú profundo”. Se trató de una relación con el pueblo ciertamente paternalista y desde el “Perú criollo”, pero no por ello menos eficaz.

Pero como decía, AP no logró consolidarse como un gran partido de masas; evidentemente, el desempeño de las dos gestiones presidenciales de Belaunde y la insatisfacción con la que terminaron no le permitieron al partido crecer y desarrollarse. Sin embargo, como decía, creo que el tiempo permite ahora lecturas más indulgentes con ambos gobiernos.

El primer gobierno terminó abruptamente en octubre de 1968, cuando ya las elecciones generales de 1969 aparecían en el horizonte (y también una probable presidencia de Haya de la Torre). El velasquismo y su impulso reformista, en un país incluso para entonces escandalosamente enfeudado a intereses oligárquicos (ya liquidados para entonces por populismos reformistas en muchos otros países de la región), hizo ver al primer belaundismo como un gobierno pálido, ineficaz. Sin embargo, para ser justos, cabe recordar que esa falta de iniciativa no fue consecuencia solamente de la parálisis del gobierno, si no de la oposición del parlamento, controlado por la alianza APRA-UNO. Lo que entonces apareció como falta de iniciativa, hoy podemos verlo como respeto al orden constitucional. De otro lado, cabe preguntarse ¿qué habría pasado si no hubiera habido el golpe de 1968? ¿Qué habría sido del Perú si es que Haya de la Torre ganaba las elecciones de 1969? Las reformas, muchas de ellas necesarias, del velasquismo, ¿no podrían haberse hecho en un contexto democrático? Los cambios podrían haber sido mucho más lentos y limitados, pero, ¿no habrían sido a la larga mejores, y más duraderos? En este camino democrático, ¿no habrían podido prosperar tanto una derecha como una izquierda democráticas y de masas? Evidentemente nunca sabremos las respuestas a esas preguntas, pero, con la cada vez mayor legitimidad de la democracia como régimen, se abre la posibilidad de revalorar, o de mirar con más indulgencia, la experiencia de 1963-1968.

El segundo belaundismo intentó llevar adelante en 1980 una moderada reforma liberal, legitimada políticamente con inversión social en infraestructura, esta última vieja idea central en el ideario acciopopulista, adelantándose a lo que, lo sabemos hoy, de todos modos, sucedería en el Perú y en todo el mundo en años posteriores. Cabe preguntarse, ¿no hubiera sido mejor para el país que las reformas orientadas al mercado se dieran de ese modo entonces, en vez de padecer el neoliberalismo corrupto, autoritario, y de altísimo costo social que tuvimos con Fujimori? Belaunde tuvo mala suerte esta vez: intentó una política de liberalización y de atracción de inversión extranjera precisamente cuando la región empezó a padecer de la crisis internacional de la deuda. Ella trajo abajo a todos los países de la región, y el nuestro no fue la excepción. Se le reprocharía también a Belaunde no haber buscado un rumbo económico alternativo; además, el no haber sido más enérgico en el combate al terrorismo, o el no haber implementado estrategias más inteligentes y menos represivas. Ambas críticas me parecen injustas, y sólo funcionan con un razonamiento retrospectivo: en esos años, en realidad, nadie sabía a ciencia cierta qué es lo que correspondía hacer, o se proponían cosas simplemente equivocadas, y tuvimos que pasar como país por un doloroso aprendizaje (basta leer los diarios de la época para verificar lo que digo).

Como sea, desde 1983 el país giró del centro-derecha al centro-izquierda, ocupando Alan García y Alfonso Barrantes el espacio dejado por un belaundismo sin capacidad de seducción política; en esos años, un cambio profundo, impulsado desde el Estado se veía posible, el voluntarismo hecho realidad, la revolución. Nuevamente, Belaunde aparecía, en medio de ese ímpetu de transformación, demasiado ajeno y distante a las urgencias del momento, limitándose a impedir que el barco del país zozobrara, para entregárselo de la mejor manera posible al presidente electo en 1985. Nuevamente resalta su responsabilidad como gobernante constitucional: podría haber intentado dilapidar las reservas del país para dejar el poder en medio de una ola de popularidad, pero el hecho es que no lo hizo (y eso permitió la amplísima popularidad de García entre 1985 y 1987).

En los dos gobiernos, decía, Belaunde apareció como muy distante del sentimiento de urgencia que se vivía: por eso Alfredo lo caricaturizó como un gobernante en las nubes, y esa imagen se hizo popular. Un hombre ilusionado en proyectos quiméricos, como escribió de él Pablo Neruda en sus memorias. Creo que es una imagen injusta. Más bien considero a Belaunde un maestro de la realpolitik, un político pragmático, que entendió que no tenía sentido librar batallas imposibles de ganar (el congreso de 1963-1968, o la deuda externa entre 1983 y 1985, por ejemplo), o que para ganarlas, no era responsable llevar el sistema hasta sus límites. Esto porque el arquitecto, cuando se proponía ser terrenal y decidido, también podía serlo: como en falso Paquisha, Las Malvinas, o en su oposición al fujimorismo. Este ejemplo de prudencia y de realismo, dentro de una conducta principista, me parece que es su mejor enseñanza como político.

Movimiento indígena y el uso del quechua

Artículo publicado en Perú21, martes 17 de octubre de 2006


Regreso de Bogotá de un seminario sobre los países andinos, en el que se habló mucho, naturalmente, sobre los movimientos indígenas en la región (así como de su relativa ausencia en el Perú), y al llegar veo que la congresista María Sumire ha lanzado la 'Campaña nacional por la interculturalidad: Habla en tu idioma, es tu derecho'. Esto ocurre semanas después de que se produjo un pequeño debate sobre el uso del quechua, sobre el que vale la pena volver.

La sociología ha demostrado que la dimensión social está presente incluso en aquellas dimensiones que nos parecen más íntimas: una de ellas es la identidad. ¿Quién soy? ¿A qué grupo pertenezco? Las respuestas a estas preguntas están fuertemente condicionadas por el entorno social. En un país como el Perú, reivindicar la identidad indígena, históricamente, ha implicado jugar a perdedor. Lo indígena se ha asociado, en la cultura dominante, con el atraso; ser indígena implicaba pertenecer al último escalón en la estructura social. El uso del quechua ha sido motivo de discriminación en escuelas, juzgados, hospitales. No es sorprendente entonces que la población de origen indígena haya optado por esconder las marcas de esa identidad, y que haya apostado mayoritariamente por una identidad 'chola', moderna, que le permitió mayor integración, conquistar las ciudades, hacerlas propias, arrebatándolas de la sociedad aristocrática. Esta estrategia, aunque exitosa, fue también defensiva, y tuvo costos altos.

Desde un punto de vista personal, entiendo estos asuntos perfectamente. Los Tanaka, los Gondo, después de la Segunda Guerra Mundial, en un contexto de persecusión y hostigamiento en América, optaron por encubrir las señas de identidad japonesas y jugaron totalmente la carta de la integración, de la peruanización. Por eso mis padres, como muchos otros dentro de la comunidad nikéi, no me enseñaron a hablar japonés. Hoy yo me siento un integrado, pero de niño sufrí agresiones por mi origen étnico.

En los últimos años, en la región andina, empieza a tener más utilidad reivindicar la identidad indígena. La crisis de las izquierdas y de su discurso clasista ha permitido representar exitosamente aspectos de lo popular desde lo étnico, en un contexto más receptivo a la diversidad cultural. Ser indígena deja de ser solo motivo de discriminación, y empieza a ser también oportunidad de ejercicio de derechos.

Ciertamente se trata de un camino no exento de riesgos, no se trata de sustituir unas exclusiones por otras, o de añadir más motivos de discordia a los que ya tenemos.

Creo que lo ideal sería que todos podamos mantener nuestras tradiciones y herencias culturales, y al mismo tiempo poder ser ciudadanos modernos de primera clase; y que interactuemos alimentándonos mutuamente de nuestra diversidad, sin identidades cerradas. ¿Es eso posible? Por supuesto que sí. Creo que reivindicar el uso del quechua y la interculturalidad es un pequeño paso en la dirección correcta.

[Para leer más sobre el asunto, recomiendo ver, de Carlos Iván Degregori y Ludwig Huber, "Cultura, poder y desarrollo rural", en Javier Iguíñiz, Javier Escobal y Carlos Iván Degregori, eds., Perú: el problema agrario en debate. SEPIA XI. Lima, SEPIA, OXFAM, CIES, 2006, p. 451-500. En general, todo el libro es muy recomendable]

Sobre Madeinusa...



La película Madeinusa de Claudia Llosa ha dado lugar a un interesante debate, ver por ejemplo los blogs (entre muchos otros):

http://zonadenoticias.blogspot.com/
http://puenteareo1.blogspot.com/
http://gonzaloportocarrero.blogsome.com/
http://grancomboclub.blogspot.com/

Quisiera añadir apenas unos cuantos comentarios, escritos en mi condición de ciudadano aficionado al cine (sin pretender pergaminos que no tengo en cine o crítica cultural ni mucho menos).

A mí la película me gustó mucho, me gustó sobre todo porque es ambiciosa, porque no tuvo complejos para meterse en temas complicados, para hacer una película difícil. Esto me quedó claro desde que supe de las peripecias de la directora en cuanto a la selección de la protagonista, la locación de la filmación, la relación con la comunidad, etc. Es una película llena de simbolismos y alusiones sugerentes, visualmente rica, diría que es de lejos una de las mejores películas peruanas de los últimos años. Que tiene algunos problemas, por supuesto, pero me parece que no desmerecen el conjunto.

Sí me ha llamado la atención el debate sobre la película, y me han parecido exageradas las críticas que hablan de racismo, en su versión extrema (Ardito), o de una película que “ahonda el abismo social” (Portocarrero). Seguramente así resultará para algunos espectadores, que confirmarán sus prejuicios y visiones estereotipadas, pero no creo que ello sea responsabilidad de la película.

[para la protagonista, Magaly Solier, por ejemplo, la película es una oportunidad para denunciar las injusticias que ella ha visto y sufrido en la sierra; ver http://zonadenoticias.blogspot.com/2006/10/habla-magaly-solier-la-protagonista-de.html]

Según mi muy modesto entender, la película ciertamente plantea un espacio andino opresivo, expresado en el drama del incesto, del cual las hermanas (Madeinusa y Chale) quisieran escapar. Visto desde el punto de vista del padre estamos ante un mundo de pulsiones descontroladas, pero en general no me parece que la película muestre un mundo irracional; en todo caso, esa es una lectura posible. Otra es la de la protagonista utilizando al personaje de Salvador como parte de su estrategia de salida. Racionalidad instrumental pura. El limeño termina siendo utilizado. Ciertamente, se plantea una relación de tensión entre la comunidad andina y lo foráneo-criollo.

Ahora, no me parece que esto tenga nada de raro. El retrato de pequeñas comunidades opresivas, el deseo de migrar a la gran ciudad, la presencia accidental de un citadino que desencadena una serie de acontecimientos, es un tema recurrente en el cine. Lo interesante de Madeinusa es que presenta una comunidad así en el Ande peruano, con toda la carga que eso tiene. Para mí, eso es un mérito de la película, no un demérito. Hay películas que proponen una visión del ande más optimista; muy bien. Esta no lo hace, y me parece muy bien también. La realidad tiene de las dos cosas, no veo por qué presentar una visión crítica de los andes sea un defecto, aunque rompa los cánones de la “corrección política”. Pongo un ejemplo trivial: Ciudad de dios de Meirelles y Bossa Nova de Bruno Barreto ocurren en Rio de Janeiro, una presenta una ciudad violenta y despiadada, otra el escenario perfecto para una comedia romántica... y ambas están bien. Rio es diverso; los andes peruanos también.

Termino con una idea. Si uno lee con atención el informe final de la CVR, por ejemplo, también encontrará varias visiones de lo andino; en una, se lo ve atravesado por procesos de democratización, modernización e integración: y la violencia habría prosperado allí donde esos procesos quedaron truncos. En esos lugares, la población aparece como víctima de la agresión de fuerzas externas, que la dejan “entre dos fuegos” (Sendero y las fuerzas del orden). De otro lado, hay una visión de lo andino en la cual prima el racismo, las exclusiones, los conflictos internos, según la cual las comunidades no sólo son víctimas, sino también perpetradores: en esta visión, los campesinos utilizan el conflicto para resolver sus disputas inter e intra comunales. Ambas lecturas son perfectamente posibles. Es perfectamente posible presentar un mundo andino democrático y moderno, y también uno signado por la anomia y la descomposición.

Finalmente, creo que la discusión suscitada es una muestra elocuente más de la riqueza de la película.

domingo 15 de octubre de 2006

Muni, Sotil y Artemón Ospina


Municipal subió a primera división después de muchos años; "ahora ya no sufrirán los abuelos". A manera de homenaje, recordemos a Hugo Sotil, una de sus estrellas históricas, y símbolo de nuestra "choledad". Acá pego el texto "Sotil: cholo con orgullo" del gran Artemón Ospina, tomado de la web de Silvio Rendón http://allman.rhon.itam.mx/~srendon/

Sotil: Cholo con orgullo

Artemon Ospina Salinas


En el Perú no se puede hablar de la importancia del fútbol sin tocar el caso de Hugo Sotil. Fue un símbolo, una figura paradigmática, un predecesor de la importancia que tendrían los cholos en el Perú. Fue un notable jugador, por ello el país se le rindió. Ahora conozcamos de él y de su significado para la sociedad peruana.

Corría el año de 1969 y por primera vez éramos ganadores. El himno que se cantaba en las esquinas, el que se escuchaba en las radios era el famoso “Perú Campeón” (“es un grito que repite la afición”. La tarde de la “Bombonera” (estadio argentino donde Perú se clasificó para el mundial de 1970), será siempre tarde de grato recuerdos, igual que aquella voz que gritó, ¡¡¡ NO NOS GANAN!!!. Se abría un nuevo capítulo no sólo en la historia del fútbol, sino también en nuestra propia forma de mirarnos y de mirar a aquellos que eran los protagonistas del drama: los jugadores. Hasta antes de asistir al mundial de México 70, pocos, muy pocos hubieran apostado su vida a correr detrás de una pelota. El fútbol se jugaba sobre todo porque se llevaba en la sangre, el alcanzar la fama sería obra del destino.

Una clasificación nos colocó donde jamás habíamos llegado, y el fútbol se hizo pan de cada día. Los goles de “cachito” llegaron sin necesidad de que “Pocho” (comentarista deportivo fallecido)los anunciara, y el Perú se estremeció de júbilo. Didí (el entrenador de la selección) fumó su enésimo cigarrillo y el juego bonito tuvo su partida de nacimiento.

De eso hace ya tiempo, mas nadie olvida esa generación de futbolistas que ya han colgado los chimpunes. Varios se fueron sin un adiós digno, entre ellos uno que termino jugando por el Espartanos de Pacasmayo: Hugo Sotil, “ El Cholo Sotil”.
El de México 70 fue el primer mundial de nuestra historia futbolística. Con él empieza el ciclo de los mundiales, de las esperanzas en la viveza criolla del entrenador Marcos Calderón en el Mundial del 78, o en la sabiduría del abuelo Tim en el Mundial del 82. Los contratos millonarios llovieron como el maná. Nadie que se aprecie de ser peruano puede dejar de reconocer que con ese mundial, el fútbol tuvo su mayoría de edad, y el país entero lo sigue con pasión. El fútbol es el deporte más popular y “es un gran espejo en donde se refleja en gran medida lo que somos como sociedad”1.

Después de más de veinte años, ya es posible hacer un balance de lo que significó aquella generación mundialista, México 70. De todos los jugadores, Sotil tiene un brillo particular. Su historia transcendió fronteras, tal como quedara demostrado en las afirmaciones del ex técnico de Alianza Lima, el brasileño Amaral, quién aprendió a querer al Perú cuando supo de ese jugador que se escapaba sin zapatos para jugar fútbol.

Estando de acuerdo con el carácter popular del fútbol, con el nuevo ciclo abierto a partir de la clasificación al mundial, y con la posibilidad de encontrar aspectos de nuestras diversas identidades colectivas en la practica deportiva, entonces empecemos por el principio. ¿Quién es Sotil?

Es un ídolo. Sí, un ídolo popular cholo. Es la primera gran emergencia futbolística de los cholos en el Perú. Antecede a la música chicha. Con sus quiebres informales conquistó espacios tan exquisitos como el Nou Camps, donde su nombre fue coreado por multitudes. Europa se le rindió y de eso hace como diecisiete años. Años después otro cholo pasearía por Europa su talento, esta vez musical, Chapulín y Los Shapis. Pero no olvidemos al ídolo, aquel que nació un 18 de mayo de 1949, en la décima cuadra de la calle Paita, en ICA. El que jugaba en El Provenir, en la cancha del Cura, dos o tres partidos los días domingo.

En la sierra, en el tiempo de las haciendas, las mujeres más deseadas solían ser las hijas del patrón, pues éste era considerado el último suspiro de Dios. Eran el sueño lejano que alguna vez se conquistaría. Y así fue, Sotil contrajo matrimonio, un 20 de febrero de 1970 en la Catedral de Lima, con Guillermina, hija de Don Patronicio Eche, un próspero comerciante de café tipo exportación de Chanchamayo, quien en sus ratos libres se divertía viendo jugar fútbol a sus muchachos en La Parada. Fútbol recio, de cholos que se abren un lugar en la urbe. A Sotil lo vio jugar por el Gamarra, uno de tantos equipos que tenían su mundo en La Victoria. Don Patronicio tenía un equipo, el Gaillard, que jugaba en la segunda división amateur de la liga de La Victoria. Lo llevó a su equipo y le dio trabajo en su empresa. Sotil se caso con su hija.
Años más tarde el “Cholo” declaró: “Yo nací humilde y sigo siendo humilde. Si juego aquí es porque aquí está la gente más pobre de nuestra Lima, aquí esta la pobreza, aquí está la lágrima”2. La entrevista se realizó al borde del campo deportivo de Manzanilla. Era un campeonato organizado por los trabajadores del Mercado Mayorista, cerca del cerro San Cosme.

II

“La tradición del ídolo peruano se engarza en definitiva con el destino cotidiano del pueblo. Es decir, estuvo en la bonanza, pero regresa irremediablemente a su condición de pobre”.3

La bonanza de Sotil empieza en el modesto estadio de San Martín de Porras, donde desde antaño se desarrolla el torneo de segunda de ascenso. El ganador del campeonato sube a la profesional. El Municipal, el cuadro de la franja, vivía su hora amarga. La segunda no era un lugar para un club con su tradición por más que esa tradición se pierda en la noche de los tiempos.

Fueron los dirigentes Enrique Noriega y Luis Mora quienes llevaron a Sotil al club. Ellos estaban recorriendo los barrios para armar un nuevo cuadro que disputar el ascenso.

Hasta sus oídos llego la fama del jugador del Gaillard, lo vieron jugar en el estadionacional frente al Genovesa (el equipo reserva del ya desaparecido Defensor Arica), pero no convenció. Volvieron a verlo jugar en el estadio San Martín y allí si decidieron contratarlo. Sotil solo por la presión familiar pudo dejar el Gaillard.
Las mejoras económicas se dejaron sentir, 3500 soles seria su nuevo sueldo. Municipal pagó 5,000 soles por su pase, era el año de 1968.

En la segunda de ascenso jugó junto con otro cholo y tocayo: Hugo Oscas, a quien hizo goleador. Hacer goleadores seríauna de las especialidades de Sotil. Era un delantero que no se desesperaba por meter el gol, eso era para otros. Él ponía el espectáculo. Generosidad lo llamaron muchos, pero en esa increíble habilidad para dejar regados a los rivales, para burlas hasta a los arqueros y no disparar al arco, había mucha de revancha. Era el “Cholo” quien se entretenía con los rivales, era su manera de demostrarles su superioridad, el gol no era el fin, sus malabares hacían que brotaran aplausos de las tribunas que se rendían a sus pies. El gol lo podía convertir otro.

El Municipal volvió a jugar en la profesional y Sotil fue llamado “El Maestrito”, era 1969 y Didí ya tenía armada la selección. La eliminatoria la vivió como cualquiera de nosotros. Su debut profesional fue el 17 de mayo de 1969 frente a la “U” de José Fernández, Nicolás Fuentes, Héctor Chumpitaz, Challe, Cruzado, etc.Municipal perdió 5-2, pero Sotil demostró su valía.

Bailaba a las defensas y el público gozaba. Alegría, desbordante alegría había en las tribunas cuando el “Cholo” Sotil jugaba. Jaime Mosquera fue goleador, lo mismo que Mellán después, pero siempre serán recordados como resultado de las genialidades de Sotil.

III

La bonanza empezaba a sonreírle. El año de 1970, cinco días después de su matrimonio, el 25 de febrero, jugó al lado del “Nene” Cubillas, en el famoso combinado Alianza-Muni y fueron los alemanes del Bayer de Munich quienes supieron del fútbol que se practica por estas tierras. Un cholo y un negro, dos exponentes de razas que han sufrido el desprecio de los blancosy que para diferenciarse se han despreciado mutuamente, estaban allí, llenándonos de orgullo. Era un reconocimiento. Cholo y negro no serían el peyorativo de siempre, no cuando se tratara de Sotil o Cubillas. La sociedad oligárquica que jamás los integró, hubiera dicho “cosa de cholos”, “cosa de negros”, pero ya los cambios se empezaban a sentir, las tribunas aplaudían y los consideraban parte de todos los peruanos.

El Perú empezaba a reconocerse sin prejuicios en sus jugadores. Era la dupla de oro. Se respetaban y se comprendían. El campo alcanzaba para los dos y todos salían ganando, incluidos los dirigentes que organizaban las ya difuntas temporadas internacionales de verano.

Ya se acercaba el mundial y Didí no tuvo mas remedio que convocar a Sotil. Bulgaria, nuestro principal rival, llegó a realizar dos partidos amistosos previos al mundial. El partido premonitorio fue aquel en el que se perdía en el primer tiempo uno a cero. En el segundo tiempo ingreso Sotil, pelado a coco y el cabezón Del Castillo. Perú empató, los búlgaros volvieron a avanzar, nuevo empate y otra vez Bulgaria, 3-2. Sólo faltaba quince minutos para irse a los camarines con una derrota, pero Cubilas dijo presente y otra vez tablas. Las tribunas ya no cabían en su alegría. Hasta que llegó la apoteosis. A los 42 minutos Sotil, sin ser soldado en Ayacucho, diezmo a los búlgaros, elimino al arquero y las tribunas corearon el gol antes que ingresara la pelota al arco dando botes. El quinto fue lo de menos. Lo real es que se volteó un partido en quince minutos y Sotil dejó sentado que era mago con la pelota; pero aún así debió sabe de la banca.

El equipo de Didí ya estaba armado y él no estaba en sus planes. Pero Sotil demostró tener paciencia. Había invadido para hacerse de un lugar, como invaden sus congéneres la ciudad para hacerla suya, hasta ser reconocidos como: “Los héroes anónimos de nuestro tiempo”.

El segundo tiempo le aguardaba en la selección y el “Cholo” no se impacientaba. Hasta que llegó el día esperado, el dos de junio de 1970 en México. Perú con crespón negro y sin Sotil, empezó las acciones otra vez contra Bulgaria. Rafael García, periodista de France Press, escribió: “Todo es desconcertante en Sotil, vista de Lince, regateo sorprendente en un pañuelo, especialista en cambiar de velocidad en pequeñísimo trecho. No es la primera vez que la aparición de Sotil cambia el ritmo de la escuadra Inca”. El resto es silencio y cosa conocida, incluidas las acusaciones que se lanzaron contra Didí por la derrota frente a Brasil. Hasta comisión investigadora se nombró, y eso que el Parlamento estaba recesado.

Sotil volvió como lo que era, un triunfador. El pelo ya le había crecido y los “sotiles” eran vistos por todo Lima. el peinado“estilo Sotil” era parte del paisaje de la ciudad (estilo “chontril” dirían os muchachos de Breña). Esto es muy importante porque los provincianos siempre afrontaron desprecios, por su forma de hablar, por llevar siempre puesta una chompa como en la sierra, etc. Esta pesada carga hacía que muchos se ondularan el pelo, se negaban a sí mismos. “El desprecio a una parte de sí mismos es ingrediente de la hostilidad e inestabilidad. Para sobrevivir como limeños habría que rechazar una parte de sí”.4

Si hasta hoy se habla de desprecios, hace 20 años ser cholo era una marca pesada. Pero Sotil fue elevado a la categoría de estrella de cine en el año de 1971. Fernando Batiewsky se encargó de financiar el film, “El Cholo”. La canción de Abanto Morales “Cholo soy y no me compadezcas”, ya no se adecuaba al nuevo momento que se vivía. Al “Cholo” se le admiraba, se le quería y hasta se le imitaba.

La película lo llevó de viaje por mes y medio al viejo continente; Londres, París, Roma, Florencia y Pisa lo vieron en ajetreos de la filmación. Su co-protagonista era la modelo Nancy Gross, hoy un nombre como miles, en esos días lamodelo de la TV más cotizada. Sus hermanas menores bailaban los viernes en el programa del Tío Johny a Go-Go. “Las estrellitas” vivían en Breña.

Sotil también jugó ese partido y no desperdició el gol en esa ocasión. Pasado el tiempo la ex_modelo le recordaría que la vida tiene sus lados crueles. Pero eso estaba lejos de sospecharlo Sotil. En aquellos días los reflectores le seguían, como en aquel partido Muni-Cristal, en donde intentó marcarlo el “Dr. Campos”, quien tenía órdenes de su entrenador, el alemán Rudy Gutendorf, de no dejarlo libre en ningún instante. La cámara estaba filmando y Sotil jugó para ella, recostado en la punta izquierda haciendo y deshaciendo al fiel Campos queno lo dejó por más huachas, sombreros y relojes que el “cholo” le hizo ese día.

Los días de gloria se prolongaban y los estadios seguían llenándose para verlo jugar. Definitivamente había conquistado Lima y de paso el Perú. Pero en el año de 1973 ocurrió el resbalón que pocos imaginaban. La planificaciónno es nuestro fuerte y menos en el fútbol que es gitano, dicen. Lajos Barotti quiso planificarnuestra clasificación al mundial de Alemania 74 y no ganar partidos de preparación, pero acostumbrados como estamos a vivir de apariencias, más valían triunfos mentirosos que un plan serio de preparación, y el buen Lajos tuvo que irse sin que nadie lo acompañe al aeropuerto. Los resultados no pudieron ser peores. Chile nos dejo fuera del camino y los ídolos del 70 conocieron la cara triste de la fama. Está en el recuerdo la rabia de Cubillas y sus lágrimas frente a las cámaras, por no haber podido jugar el partido de desempate en Uruguay. Eran los días donde el nacionalismo de los periódicos se tornó oscuro y chauvinista.

Querían jugadores machos que no se cuidaran las piernas. Cubillas fue excluido de la selección porque se rumoreaba su pase a un equipo extranjero. Al “Cholo” no pudieron tocarlo, pero igual perdimos. Esa señora tan conocida por los peruanos, llamada frustración, se enseñoreó de los campos de juego y todos descubrieron que los jugadores tenían defectos.

Los mismos patrioteros del 73, que no permitieron que un hombre nacionalizado peruano de todo corazón, Ballesteros, atajase por la selección, años más tarde exigirían en todos los tonos que el “Loco” Quiroga se nacionalice. Morales Bermúdez ya estaba en el poder.

IV

Si el pueblo ante las derrotas se encierra en sus frustraciones y el desencanto le gana horas al día, en cambio la salida para los de arriba es mirar al extranjero y asegurar el negocio.

El Cholo interesó al Barcelona de España, y las exportaciones no tradicionales empezarona tener auge. La aficiónno perdonaba la eliminación a manos de Chile, y el “Cholo” se fue sin despedida de masas, pero en Barcelona demostró que valía tanto oro como el que los conquistadores, durante siglos, se llevaron del Perú. Sotil era quien guiaba al equipo, y no el renombrado Cruyff, pero no supo, no quiso hacer respetar su valía. Jamás debió aceptar no jugar por espacio de un año, por más que le dieron cinco millones de pesetas y las primas y premios que cobraban los jugadores titulares, esas cadenas de oro pesaron demasiado. Se olvidó que de niño erantales sus ganas de jugar, que a pesar de que su madre lo encerraba sin ropa en su cuarto, siempre encontraba a alguien que le proporcionaba lo indispensable para jugar. Se olvidó que en la cancha del Cura vestía distintas casaquillas de equipos para no salir del campo de juego. No supo de los versos deJavier Heraud que dicen: “ Un año es un siglo/ cuando es un año/ de sueños y olvido”. 365 días con todas las comodidades y sin poder jugar para el gran público. El Ferrari era amarillo y lasnoches interminables. Atrás quedaron las privaciones de la pobreza, pero no era su mundo, y su alma de jugador empezó a morir.

De vuelta ya en Lima, y en el Municipal, tendría una experiencia parecida. Dejemos que él mismo nos dé su versión: “ El impase que tuve con cierta persona, quien me dio una puñalada por la espalda cuando volvía a ser el Sotil de mis primeros momentos...realmente me perjudicó mucho en mi carrera deportiva, me marginó del equipo, luego de haber jugado la primera rueda y parte de la segunda del descentralizado del año 1983. Aducía razones de disciplina que no
existieron...Aunque en épocas diferentes, han sido golpes fuertes que he sufrido en mi vida deportiva y jamás podré olvidarlos por sus consecuencias perjudiciales”5. “ La verdad es que entrenaba fuerte, pero muchas veces se me ignoró hasta en el banco de suplentes. Entonces para qué me dije, bajó mi interés, pero yo no me he despachado contra Hobberg”6.

Lo mismo le sucedió 10 años antes con Rinus Michels. La farra y la bohemia española impidieron que Sotil fuera el de siempre. Pero aún tuvo aliento, fue en 1975 cuando jugó por la selección el partido final de la Copa América frente a Colombia. Su físico no era el mismo pero anoto el gol del triunfo a los 24 minutos de la complementaria. Después sería dos años campeón con Alianza Lima, el 77 y 78, asistiendo al mundial de Argentina, sin el brillo de su primer mundial.
No es una novedad decir que vivimos tiempos difíciles como tampoco lo es, que cada día y con más frecuencia, los peruanos buscamos fortaleza para el espíritu en la fé, Sotil no fue la excepción.

Los periódicos anunciaron su purificación en la Fé Mahikari. “Como se recordará, Sotil fue llevado a la congregación Mahikari por su esposa, con la intención de alejarlo del mal camino: El “Cholo” ha decidido rectificar su conducta y el primer paso ha sido recibir la purificación”7.

Por el año de 1984, Sotil fue nuevamente a las primeras planas de los periódicos, pero por un juicio de alimentos que le interpuso la ex modelo Nancy Gross. Sotil se defendió: “A mí la gente no me puede decir cómo debo ser ni cómo debo vivir. Uno vive como quiera. Me dicen de todo porque sigo caminando por La Victoria, por el barrio de la Avenida América, porque en vez del frecuentar el Sheraton frecuento la tienda del chino José”. Continúa diciendo, “lo más importante dl hombre es que sea honrado, honesto, sincero y leal y lo que quiero es la lealtad”8.

Reiteradamente Sotil ha sostenido que “el juego hay que sentirlo, el que es malo es malo y el que es bueno es bueno toda la vida”9. A pesar de ello sabemos que las jugadas que hacían del fútbol un espectáculo mayor no volverán. Los años del quiebre desconcertante pasaron, pero el “Cholo” buscaría reencontrarse con el aprecio del público. Si no por qué declarar: “En Barcelona jugué relativamente muy poco y nunca me olvidaron, qué diferencia con el Municipal. En ese club me inicié y jugué mis mejores años; es más, pensaba retirarme luciendo sus colores. Pero el trato es totalmente diferente y eso como peruano me duele, porque creo que hice mucho por esa institución”10.

Es un descargo, con sabor a reproche, contra quienes en años anteriores no le escatimaron elogios, y cuando estaba en dificultades, no dudaron en buscar el lado truculento de la noticia para poder vender sus periódicos. Lo real es que ese tipo de informaciones alejaría a Sotil de importantes sectores juveniles, creyentes en el progreso y que todo en la vida debe ir hacia arriba, siempre consolidando lo ganado, sea dinero o prestigio, como Cubillas, pero esa es otra historia.

Lo importante en Sotil es que es la primera gran emergencia de lo cholo en el fútbol. En el seguimiento a su carrera deportiva es posible comprobar que un amplio sector popular se identificó con él. El mundo criollo aprendió a no burlarse de jugadores recios, cholos, se les aprendió a mirar como iguales. Los sotiles de cerquillo indomable no supieron de vergüenza sino de orgullo. Sotil siempre reivindicó sus orígenes. Para una sociedad fuertemente impregnada de actitudes ariscratizantes, la victoria de Sotil fue la afirmación de sectores marginados. Sotil hizo mucho más por acércanos entre peruanos que lo que él mismo imagina. Y eso no se olvida jamás, por más que se haya retirado del fútbol profesional sin un homenaje de despedida. Tal vez haya sido lo mejor, porque ese vacío puede hacer más grande su figura con el tiempo, único y definitivo juez de lo que realmente es trascendente en una sociedad.

Notas

1. - Sánchez León, Abelardo, Fútbol: un espejo para mirarnos mejor, Que Hacer 7, 1980
2. -Expreso, 15 julio de 1984.
3. - Sánchez León, Abelardo, op. cit.
4. -Cánepa, María Angela, Paginas Nª 90.
5. -La Crónica, 18 de mayo de 1984
6. -Ultima Hora, 29 de marzo de 1984
7. -Salinas Roberto, El “Cholo” se rehabilita, HOY, junio 12 1984
8. -La República, junio 5 1984
9. -Ídem
10. -La Crónica, mayo 27 1984

Publicado en la revista Los Caminos del Laberinto nº 2, noviembre de 1985,

Artemon Ospina Salinas

viernes 13 de octubre de 2006

La tragedia de Alianza, 19 años después


Gracias a La Ventana Indiscreta, nos enteramos, 19 años después, de las verdaderas causas de la tragedia: negligencia, irresponsabilidad, detalles increíbles e indignantes, que señalan directamente a oficiales de la Marina de Guerra, entre otros.

Ver más información en:
http://www.agenciaperu.com/

Universidad Nacional de Colombia


En Colombia, como en casi todos los países de la región, con izquierdas importantes, pueden verse en las universidades públicas pintas como la de la foto...

jueves 12 de octubre de 2006

Seminario por los 20 años del IEPRI

Regreso de Bogotá, donde participé en un seminario sobre la
actualidad política en los países andinos, organizado por los
20 años del IEPRI, el Instituto de Estudios Políticos y Relaciones
Internacionales de la Universidad Nacional de Colombia. Les adjunto el programa. Sobre algunos de los temas de debate escribiré en mi próxima columna de Perú 21.


CIUDADANIA, INSTITUCIONES y DEMOCRACIA
Procesos y actores del cambio sociopolitico en el area andina

Organizado para celebrar los XX años del IEPRI
(1986-2006)

9-10 de Octubre de 2006

El seminario se realizará en:
Salon Oval - Edificio de Posgrados de Ciencias humanas
Universidad Nacional de Colombia - BOGOTA

Coordinadora cientifica : Julie MASSAL (Profesora del IEPRI)
Coordinadores asistentes:
Diego Caicedo (abril-septiembre 2006) y Angelica Nieto (septiembre-octubre 2006)

PROGRAMA DEL SEMINARIO

Lunes 9 de octubre de 2006

8h30-9h Acogida de los participantes y de los inscritos al seminario

9h-9h30 Presentación del Seminario
- Palabras de Gabriel MISAS, Director del IEPRI
- Presentación por Julie MASSAL, Coordinadora cientifica.

9h30-10h15 Conferencia inaugural
Christian Gros (Universidad Paris III, IHEAL, Francia)

10h15-10h30 Coffee Break

10h45- 12h30 Panel 1: LA CIUDADANIA DESAFIADA

Luis TAPIA (U. Mayor-CIDES - Bolivia)
Julie MASSAL (Universidad Nacional, IEPRI-Colombia)

12h30-14h30 Almuerzo libre

14h30-17h30 PANEL 2: REPRESENTACION Y PARTICIPACION

14h30-15h45 Cesar MONTUFAR (U. Andina Simon Bolivar, Ecuador)
Ricardo CALLA (BID-Universidad de la Cordillera, Bolivia)

15h45-16h00 Coffee Break

16h00-17h30 Maria Emma WILLS (Universidad de los Andes, Colombia)

Martes 10 de octubre de 2006

9h30-12h30 PANEL 3 : INSTITUCIONES Y ACTORES SOCIALES

9h30-10H45 Felipe BURBANO (FLACSO-ECUADOR)
Martin TANAKA (Instituto de Estudios Peruanos, IEP, PERU)

10h45-11h00 Coffee Break

11h00-12h30 Margarita LOPEZ (Universidad Central, VENEZUELA)

12h30-13h Clausura del evento
Henri Godard, Director del IFEA

Actvidades complementarias:

14h30- 16h00 Reunión de los ponentes extranjeros con el grupo de investigación en Relaciones internacionales del IEPRI

martes 10 de octubre de 2006

Fragmentación y democratización

Artículo publicado en Perú21, martes 10 de octubre de 2006


En las últimas décadas, diversos intelectuales peruanos propusieron grandes imágenes para entender nuestra sociedad, expresadas en algunas palabras clave: la herencia colonial y el patrimonialismo (Julio Cotler), el "desborde popular" (José Matos Mar), la democratización social sin democratización política (Sinesio López y Carlos Iván Degregori), la "revolución informal" (Hernando de Soto), la anomia y el "mal peruano" (Hugo Neira), entre muchos otros. Más recientemente, la CVR propuso la idea de un país signado por el racismo y la exclusión, junto con procesos truncos de democratización y modernización. Mirando el Perú actual, considero que estas imágenes y palabras no alcanzan para dar cuenta de la dinámica del país, aunque todas ellas aluden a asuntos fundamentales que se deben tomar en cuenta. En lo personal, si tuviera que elegir solo dos palabras clave para dar cuenta de la sociedad peruana actual, ellas serían fragmentación y democratización.

En las últimas décadas, fuimos testigos de la desestructuración del injusto orden oligárquico y de sucesivos intentos frustrados de reestructuración política: el del populismo autoritario militar, los de los diversos proyectos políticos de los años ochenta (el populismo aprista, la revolución liberal y la socialista, y la revolución polpotiana del senderismo); tampoco pudo consolidarse luego la reforma neoliberal con el fujimorismo, o cumplirse con las promesas de la "transición democrática" en los últimos años.

No debemos perder de vista que, si bien cada uno de estos intentos fracasó, sí logró avances parciales, y que todos ellos tuvieron en su base una fuerza común, que es la aspiración de progreso, reconocimiento, modernidad, democracia social. Esta fuerza, al carecer de un orden institucional que la encauzara, terminó generando una extendida anomia social. Así, el escenario peruano se caracteriza por la coexistencia de una suma de fragmentos, muy diversos entre sí, cada uno de ellos muy dinámico y cohesionado a su interior, pero con una enorme dificultad para agregar intereses, superar el inmediatismo, crear nuevas estructuras de autoridad legítimas.

En lo social, hemos tenido en las últimas décadas las migraciones internas, los efectos de la reforma agraria y de su fracaso, la hiperinflación, el quiebre del empleo formal y la extensión de la informalidad, el debilitamiento de los gremios y organizaciones, el colapso del sistema de partidos, las múltiples consecuencias del conflicto armado interno, la lógica antipolítica y antisistema, las migraciones internacionales. todo ello deja un saldo de aspiraciones democráticas sólidas pero truncas, y una sociedad con bajos niveles de confianza interpersonal y de legitimidad en las instituciones, entre los más bajos del mundo.

En el Perú de hoy, hay tendencias que apuntan hacia una regeneración del tejido social, y también hacia el ahondamiento de la fragmentación. La cosa por ahora da para los dos lados, aunque trato de ser moderadamente optimista.

domingo 8 de octubre de 2006

Minería y conflictos sociales, desde el Cusco

El jueves y viernes estuve en el Cusco, en el taller de trabajo del proyecto de investigación sobre minería y conflictos sociales, que desarrollamos el Instituto de Estudios Peruanos, el Centro Bartolomé de las Casas del Cusco y el CIPCA de Piura, con el apoyo del Consorcio de Investigación Económico y Social (CIES).

Más información sobre el proyecto puede verse en la página del CIES:
http://cies.org.pe/es/node/449

Así como en la página del anfitrión de la reunión, el CBC:

http://www.cbc.org.pe/coland/investigacion/proymineria.htm

La (i)racionalidad de Sadam Hussein

Como algunos saben, uno de los temas que me interesan es el estudio de las formas de racionalidad. Sobre el punto, escribí hace ya algunos años un texto, en el que me identifico con un modelo de racionalidad “complejo” y no con un modelo de racionalidad “ingenuo”. Ver "Individualismo metodológico, elección racional, movilización de recursos y movimientos sociales: elementos para el análisis" (en Debates en Sociología, nº 19, Revista de la Facultad de Ciencias Sociales de la Pontificia Universidad Católica del Perú, 1994).

Un tema muy interesante para analizar estos asuntos el de la invasión de Irak, y en particular, la racionalidad de Sadam Hussein. Sobre el tema en general me pronuncié en su momento, y mi posición puede verse en el artículo “">El pensamiento de los ‘halcones’ de la Casa Blanca ” (en: Que Hacer, nº 141, marzo-abril 2003. Lima, DESCO (p. 7-13). Recientemente, se publicó en la revista Foreign Affairs en español un fascinante artículo que da luces sobre la racionalidad de Sadam Hussein:

“El engaño de Hussein visto desde dentro”, de Kevin Woods, James Lacey y Williamson Murray (Foreign Affairs en español, julio-septiembre 2006).

http://www.foreignaffairs-esp.org/20060701faenespessay060303/kevin-woods-james-lacey-williamson-murray/el-engano-de-hussein-visto-desde-dentro.html

A primera vista, Hussein aparece como un actor totalmente irracional: no tenía armas de destrucción masiva (ADM), pero no permitió una amplia inspección internacional que despejara las legítimas dudas al respecto; esto hizo posible que la suposición de su existencia justificara la invasión, lo que hizo que al final terminara derrocado y encarcelado. Si no tenía ADM, ¿por qué no colaborar entonces con los inspectores y evitar la invasión?

El artículo de Woods, Lacey y Murray da muchos elementos que ilustran la irracionalidad de Hussein, que en ciertos aspectos aparece como un dictadorzuelo de republiqueta bananera. Asesinar a quienes le dan malas noticias, o planear maniobras bélicas con ejércitos inexistentes, recuerdan al delirio de Hitler en el bunker del final de sus días. Si Hussein era un actor irracional, entonces no podía responder a incentivos, y por lo tanto, era muy poco lo que las potencias occidentales o la ONU podrían haber hecho para que cumpliera con los mandatos internacionales.

Sin embargo, el artículo señala también algunos supuestos de política internacional que manejaba Hussein, y que permiten darle inteligibilidad y razonabilidad a algunas de sus decisiones. Hussein pensó que E.U. nunca “se atrevería” a invadir, considerando la oposición interna que enfrentaría, así como la condena internacional, donde la conducta de Rusia y Francia aparece como fundamental. Bajo el supuesto de que E.U. no invadiría, Hussein jugó a ser ambiguo respecto a la existencia de ADM. La posibilidad de su existencia le permitía consolidar su frente interno, su imagen como potencia regional, y disuadir a potenciales agresores. La amenaza de E.U. no resultó creíble para Hussein, básicamente por la acción de otras potencias occidentales, que optaron por desempeñar un papel de “contrapoder” respecto a los E.U. Esto hizo que Hussein llegara a pensar, incluso cuando las tropas norteamericanas cercaban Bagdad, que no llegarían a derrocarlo.

Según estos cálculos, la conducta de Hussein muestra cierta racionalidad, y nos permite entender las decisiones que tomó antes de caída. Si este modelo de racionalidad es correcto, encuentro entonces evidencia que fortalece una de las tesis que sostuve en mi artículo de 2003: que si alguna opción existió de evitar la guerra y lograr el desarme de Irak, esto implicaba que para Hussein la amenaza de invasión fuera creíble, para lo cual era necesario que las potencias occidentales se mostraran unidas detrás de la exigencia de no poner ninguna restricción a la acción de los inspectores de la ONU. Ello no pudo ocurrir por la posición de Rusia, Francia y otros, que jugaron por el contrario a erigirse en contrapoderes a la acción de E.U. e Inglaterra.

Finalmente, creo que el tiempo también confirmó, lamentablemente, los temores respecto al fracaso de las tareas de “State-Building” y la ineficacia de la invasión para lograr el objetivo de lograr un mundo más seguro; así como la previsión del progresivo desgaste de la posición de los “halcones” dentro de la Casa Blanca.

Sobre la polémica entre los “duros” cercanos a la Casa Blanca, ver artículo de Francis Fukuyama, más abajo….

After Neoconservatism, de Francis Fukuyama

February 19, 2006 NYT

After Neoconservatism

By FRANCIS FUKUYAMA

As we approach the third anniversary of the onset of the Iraq war, it seems very unlikely that history will judge either the intervention itself or the ideas animating it kindly. By invading Iraq, the Bush administration created a self-fulfilling prophecy: Iraq has now replaced Afghanistan as a magnet, a training ground and an operational base for jihadist terrorists, with plenty of American targets to shoot at. The United States still has a chance of creating a Shiite-dominated democratic Iraq, but the new government will be very weak for years to come; the resulting power vacuum will invite outside influence from all of Iraq's neighbors, including Iran. There are clear benefits to the Iraqi people from the removal of Saddam Hussein's dictatorship, and perhaps some positive spillover effects in Lebanon and Syria. But it is very hard to see how these developments in themselves justify the blood and treasure that the United States has spent on the project to this point.

The so-called Bush Doctrine that set the framework for the administration's first term is now in shambles. The doctrine (elaborated, among other places, in the 2002 National Security Strategy of the United States) argued that, in the wake of the Sept. 11 attacks, America would have to launch periodic preventive wars to defend itself against rogue states and terrorists with weapons of mass destruction; that it would do this alone, if necessary; and that it would work to democratize the greater Middle East as a long-term solution to the terrorist problem. But successful pre-emption depends on the ability to predict the future accurately and on good intelligence, which was not forthcoming, while America's perceived unilateralism has isolated it as never before. It is not surprising that in its second term, the administration has been distancing itself from these policies and is in the process of rewriting the National Security Strategy document.

But it is the idealistic effort to use American power to promote democracy and human rights abroad that may suffer the greatest setback. Perceived failure in Iraq has restored the authority of foreign policy "realists" in the tradition of Henry Kissinger. Already there is a host of books and articles decrying America's naïve Wilsonianism and attacking the notion of trying to democratize the world. The administration's second-term efforts to push for greater Middle Eastern democracy, introduced with the soaring rhetoric of Bush's second Inaugural Address, have borne very problematic fruits. The Islamist Muslim Brotherhood made a strong showing in Egypt's parliamentary elections in November and December. While the holding of elections in Iraq this past December was an achievement in itself, the vote led to the ascendance of a Shiite bloc with close ties to Iran (following on the election of the conservative Mahmoud Ahmadinejad as president of Iran in June). But the clincher was the decisive Hamas victory in the Palestinian election last month, which brought to power a movement overtly dedicated to the destruction of Israel. In his second inaugural, Bush said that "America's vital interests and our deepest beliefs are now one," but the charge will be made with increasing frequency that the Bush administration made a big mistake when it stirred the pot, and that the United States would have done better to stick by its traditional authoritarian friends in the Middle East. Indeed, the effort to promote democracy around the world has been attacked as an illegitimate activity both by people on the left like Jeffrey Sachs and by traditional conservatives like Pat Buchanan.

The reaction against democracy promotion and an activist foreign policy may not end there. Those whom Walter Russell Mead labels Jacksonian conservatives — red-state Americans whose sons and daughters are fighting and dying in the Middle East — supported the Iraq war because they believed that their children were fighting to defend the United States against nuclear terrorism, not to promote democracy. They don't want to abandon the president in the middle of a vicious war, but down the road the perceived failure of the Iraq intervention may push them to favor a more isolationist foreign policy, which is a more natural political position for them. A recent Pew poll indicates a swing in public opinion toward isolationism; the percentage of Americans saying that the United States "should mind its own business" has never been higher since the end of the Vietnam War.

More than any other group, it was the neoconservatives both inside and outside the Bush administration who pushed for democratizing Iraq and the broader Middle East. They are widely credited (or blamed) for being the decisive voices promoting regime change in Iraq, and yet it is their idealistic agenda that in the coming months and years will be the most directly threatened. Were the United States to retreat from the world stage, following a drawdown in Iraq, it would in my view be a huge tragedy, because American power and influence have been critical to the maintenance of an open and increasingly democratic order around the world. The problem with neoconservatism's agenda lies not in its ends, which are as American as apple pie, but rather in the overmilitarized means by which it has sought to accomplish them. What American foreign policy needs is not a return to a narrow and cynical realism, but rather the formulation of a "realistic Wilsonianism" that better matches means to ends.


The Neoconservative Legacy

How did the neoconservatives end up overreaching to such an extent that they risk undermining their own goals? The Bush administration's first-term foreign policy did not flow ineluctably from the views of earlier generations of people who considered themselves neoconservatives, since those views were themselves complex and subject to differing interpretations. Four common principles or threads ran through much of this thought up through the end of the cold war: a concern with democracy, human rights and, more generally, the internal politics of states; a belief that American power can be used for moral purposes; a skepticism about the ability of international law and institutions to solve serious security problems; and finally, a view that ambitious social engineering often leads to unexpected consequences and thereby undermines its own ends.

The problem was that two of these principles were in potential collision. The skeptical stance toward ambitious social engineering — which in earlier years had been applied mostly to domestic policies like affirmative action, busing and welfare — suggested a cautious approach toward remaking the world and an awareness that ambitious initiatives always have unanticipated consequences. The belief in the potential moral uses of American power, on the other hand, implied that American activism could reshape the structure of global politics. By the time of the Iraq war, the belief in the transformational uses of power had prevailed over the doubts about social engineering.

In retrospect, things did not have to develop this way. The roots of neoconservatism lie in a remarkable group of largely Jewish intellectuals who attended City College of New York (C.C.N.Y.) in the mid- to late 1930's and early 1940's, a group that included Irving Kristol, Daniel Bell, Irving Howe, Nathan Glazer and, a bit later, Daniel Patrick Moynihan. The story of this group has been told in a number of places, most notably in a documentary film by Joseph Dorman called "Arguing the World." The most important inheritance from the C.C.N.Y. group was an idealistic belief in social progress and the universality of rights, coupled with intense anti-Communism.

It is not an accident that many in the C.C.N.Y. group started out as Trotskyites. Leon Trotsky was, of course, himself a Communist, but his supporters came to understand better than most people the utter cynicism and brutality of the Stalinist regime. The anti-Communist left, in contrast to the traditional American right, sympathized with the social and economic aims of Communism, but in the course of the 1930's and 1940's came to realize that "real existing socialism" had become a monstrosity of unintended consequences that completely undermined the idealistic goals it espoused. While not all of the C.C.N.Y. thinkers became neoconservatives, the danger of good intentions carried to extremes was a theme that would underlie the life work of many members of this group.

If there was a single overarching theme to the domestic social policy critiques issued by those who wrote for the neoconservative journal The Public Interest, founded by Irving Kristol, Nathan Glazer and Daniel Bell in 1965, it was the limits of social engineering. Writers like Glazer, Moynihan and, later, Glenn Loury argued that ambitious efforts to seek social justice often left societies worse off than before because they either required massive state intervention that disrupted pre-existing social relations (for example, forced busing) or else produced unanticipated consequences (like an increase in single-parent families as a result of welfare). A major theme running through James Q. Wilson's extensive writings on crime was the idea that you could not lower crime rates by trying to solve deep underlying problems like poverty and racism; effective policies needed to focus on shorter-term measures that went after symptoms of social distress (like subway graffiti or panhandling) rather than root causes.

How, then, did a group with such a pedigree come to decide that the "root cause" of terrorism lay in the Middle East's lack of democracy, that the United States had both the wisdom and the ability to fix this problem and that democracy would come quickly and painlessly to Iraq? Neoconservatives would not have taken this turn but for the peculiar way that the cold war ended.

Ronald Reagan was ridiculed by sophisticated people on the American left and in Europe for labeling the Soviet Union and its allies an "evil empire" and for challenging Mikhail Gorbachev not just to reform his system but also to "tear down this wall." His assistant secretary of defense for international security policy, Richard Perle, was denounced as the "prince of darkness" for this uncompromising, hard-line position; his proposal for a double-zero in the intermediate-range nuclear arms negotiations (that is, the complete elimination of medium-range missiles) was attacked as hopelessly out of touch by the bien-pensant centrist foreign-policy experts at places like the Council on Foreign Relations and the State Department. That community felt that the Reaganites were dangerously utopian in their hopes for actually winning, as opposed to managing, the cold war.

And yet total victory in the cold war is exactly what happened in 1989-91. Gorbachev accepted not only the double zero but also deep cuts in conventional forces, and then failed to stop the Polish, Hungarian and East German defections from the empire. Communism collapsed within a couple of years because of its internal moral weaknesses and contradictions, and with regime change in Eastern Europe and the former Soviet Union, the Warsaw Pact threat to the West evaporated.

The way the cold war ended shaped the thinking of supporters of the Iraq war, including younger neoconservatives like William Kristol and Robert Kagan, in two ways. First, it seems to have created an expectation that all totalitarian regimes were hollow at the core and would crumble with a small push from outside. The model for this was Romania under the Ceausescus: once the wicked witch was dead, the munchkins would rise up and start singing joyously about their liberation. As Kristol and Kagan put it in their 2000 book "Present Dangers": "To many the idea of America using its power to promote changes of regime in nations ruled by dictators rings of utopianism. But in fact, it is eminently realistic. There is something perverse in declaring the impossibility of promoting democratic change abroad in light of the record of the past three decades."

This overoptimism about postwar transitions to democracy helps explain the Bush administration's incomprehensible failure to plan adequately for the insurgency that subsequently emerged in Iraq. The war's supporters seemed to think that democracy was a kind of default condition to which societies reverted once the heavy lifting of coercive regime change occurred, rather than a long-term process of institution-building and reform. While they now assert that they knew all along that the democratic transformation of Iraq would be long and hard, they were clearly taken by surprise. According to George Packer's recent book on Iraq, "The Assassins' Gate," the Pentagon planned a drawdown of American forces to some 25,000 troops by the end of the summer following the invasion.

By the 1990's, neoconservatism had been fed by several other intellectual streams. One came from the students of the German Jewish political theorist Leo Strauss, who, contrary to much of the nonsense written about him by people like Anne Norton and Shadia Drury, was a serious reader of philosophical texts who did not express opinions on contemporary politics or policy issues. Rather, he was concerned with the "crisis of modernity" brought on by the relativism of Nietzsche and Heidegger, as well as the fact that neither the claims of religion nor deeply-held opinions about the nature of the good life could be banished from politics, as the thinkers of the European Enlightenment had hoped. Another stream came from Albert Wohlstetter, a Rand Corporation strategist who was the teacher of Richard Perle, Zalmay Khalilzad (the current American ambassador to Iraq) and Paul Wolfowitz (the former deputy secretary of defense), among other people. Wohlstetter was intensely concerned with the problem of nuclear proliferation and the way that the 1968 Nonproliferation Treaty left loopholes, in its support for "peaceful" nuclear energy, large enough for countries like Iraq and Iran to walk through.

I have numerous affiliations with the different strands of the neoconservative movement. I was a student of Strauss's protégé Allan Bloom, who wrote the bestseller "The Closing of the American Mind"; worked at Rand and with Wohlstetter on Persian Gulf issues; and worked also on two occasions for Wolfowitz. Many people have also interpreted my book "The End of History and the Last Man" (1992) as a neoconservative tract, one that argued in favor of the view that there is a universal hunger for liberty in all people that will inevitably lead them to liberal democracy, and that we are living in the midst of an accelerating, transnational movement in favor of that liberal democracy. This is a misreading of the argument. "The End of History" is in the end an argument about modernization. What is initially universal is not the desire for liberal democracy but rather the desire to live in a modern — that is, technologically advanced and prosperous — society, which, if satisfied, tends to drive demands for political participation. Liberal democracy is one of the byproducts of this modernization process, something that becomes a universal aspiration only in the course of historical time.

"The End of History," in other words, presented a kind of Marxist argument for the existence of a long-term process of social evolution, but one that terminates in liberal democracy rather than communism. In the formulation of the scholar Ken Jowitt, the neoconservative position articulated by people like Kristol and Kagan was, by contrast, Leninist; they believed that history can be pushed along with the right application of power and will. Leninism was a tragedy in its Bolshevik version, and it has returned as farce when practiced by the United States. Neoconservatism, as both a political symbol and a body of thought, has evolved into something I can no longer support.


The Failure of Benevolent Hegemony

The Bush administration and its neoconservative supporters did not simply underestimate the difficulty of bringing about congenial political outcomes in places like Iraq; they also misunderstood the way the world would react to the use of American power. Of course, the cold war was replete with instances of what the foreign policy analyst Stephen Sestanovich calls American maximalism, wherein Washington acted first and sought legitimacy and support from its allies only after the fact. But in the post-cold-war period, the structural situation of world politics changed in ways that made this kind of exercise of power much more problematic in the eyes of even close allies. After the fall of the Soviet Union, various neoconservative authors like Charles Krauthammer, William Kristol and Robert Kagan suggested that the United States would use its margin of power to exert a kind of "benevolent hegemony" over the rest of the world, fixing problems like rogue states with W.M.D., human rights abuses and terrorist threats as they came up. Writing before the Iraq war, Kristol and Kagan considered whether this posture would provoke resistance from the rest of the world, and concluded, "It is precisely because American foreign policy is infused with an unusually high degree of morality that other nations find they have less to fear from its otherwise daunting power." (Italics added.)

It is hard to read these lines without irony in the wake of the global reaction to the Iraq war, which succeeded in uniting much of the world in a frenzy of anti-Americanism. The idea that the United States is a hegemon more benevolent than most is not an absurd one, but there were warning signs that things had changed in America's relationship to the world long before the start of the Iraq war. The structural imbalance in global power had grown enormous. America surpassed the rest of the world in every dimension of power by an unprecedented margin, with its defense spending nearly equal to that of the rest of the world combined. Already during the Clinton years, American economic hegemony had generated enormous hostility to an American-dominated process of globalization, frequently on the part of close democratic allies who thought the United States was seeking to impose its antistatist social model on them.

There were other reasons as well why the world did not accept American benevolent hegemony. In the first place, it was premised on American exceptionalism, the idea that America could use its power in instances where others could not because it was more virtuous than other countries. The doctrine of pre-emption against terrorist threats contained in the 2002 National Security Strategy was one that could not safely be generalized through the international system; America would be the first country to object if Russia, China, India or France declared a similar right of unilateral action. The United States was seeking to pass judgment on others while being unwilling to have its own conduct questioned in places like the International Criminal Court.

Another problem with benevolent hegemony was domestic. There are sharp limits to the American people's attention to foreign affairs and willingness to finance projects overseas that do not have clear benefits to American interests. Sept. 11 changed that calculus in many ways, providing popular support for two wars in the Middle East and large increases in defense spending. But the durability of the support is uncertain: although most Americans want to do what is necessary to make the project of rebuilding Iraq succeed, the aftermath of the invasion did not increase the public appetite for further costly interventions. Americans are not, at heart, an imperial people. Even benevolent hegemons sometimes have to act ruthlessly, and they need a staying power that does not come easily to people who are reasonably content with their own lives and society.

Finally, benevolent hegemony presumed that the hegemon was not only well intentioned but competent as well. Much of the criticism of the Iraq intervention from Europeans and others was not based on a normative case that the United States was not getting authorization from the United Nations Security Council, but rather on the belief that it had not made an adequate case for invading Iraq in the first place and didn't know what it was doing in trying to democratize Iraq. In this, the critics were unfortunately quite prescient.

The most basic misjudgment was an overestimation of the threat facing the United States from radical Islamism. Although the new and ominous possibility of undeterrable terrorists armed with weapons of mass destruction did indeed present itself, advocates of the war wrongly conflated this with the threat presented by Iraq and with the rogue state/proliferation problem more generally. The misjudgment was based in part on the massive failure of the American intelligence community to correctly assess the state of Iraq's W.M.D. programs before the war. But the intelligence community never took nearly as alarmist a view of the terrorist/W.M.D. threat as the war's supporters did. Overestimation of this threat was then used to justify the elevation of preventive war to the centerpiece of a new security strategy, as well as a whole series of measures that infringed on civil liberties, from detention policy to domestic eavesdropping.


What to Do

Now that the neoconservative moment appears to have passed, the United States needs to reconceptualize its foreign policy in several fundamental ways. In the first instance, we need to demilitarize what we have been calling the global war on terrorism and shift to other types of policy instruments. We are fighting hot counterinsurgency wars in Afghanistan and Iraq and against the international jihadist movement, wars in which we need to prevail. But "war" is the wrong metaphor for the broader struggle, since wars are fought at full intensity and have clear beginnings and endings. Meeting the jihadist challenge is more of a "long, twilight struggle" whose core is not a military campaign but a political contest for the hearts and minds of ordinary Muslims around the world. As recent events in France and Denmark suggest, Europe will be a central battleground in this fight.

The United States needs to come up with something better than "coalitions of the willing" to legitimate its dealings with other countries. The world today lacks effective international institutions that can confer legitimacy on collective action; creating new organizations that will better balance the dual requirements of legitimacy and effectiveness will be the primary task for the coming generation. As a result of more than 200 years of political evolution, we have a relatively good understanding of how to create institutions that are rulebound, accountable and reasonably effective in the vertical silos we call states. What we do not have are adequate mechanisms of horizontal accountability among states.

The conservative critique of the United Nations is all too cogent: while useful for certain peacekeeping and nation-building operations, the United Nations lacks both democratic legitimacy and effectiveness in dealing with serious security issues. The solution is not to strengthen a single global body, but rather to promote what has been emerging in any event, a "multi-multilateral world" of overlapping and occasionally competing international institutions that are organized on regional or functional lines. Kosovo in 1999 was a model: when the Russian veto prevented the Security Council from acting, the United States and its NATO allies simply shifted the venue to NATO, where the Russians could not block action.

The final area that needs rethinking, and the one that will be the most contested in the coming months and years, is the place of democracy promotion in American foreign policy. The worst legacy that could come from the Iraq war would be an anti-neoconservative backlash that coupled a sharp turn toward isolation with a cynical realist policy aligning the United States with friendly authoritarians. Good governance, which involves not just democracy but also the rule of law and economic development, is critical to a host of outcomes we desire, from alleviating poverty to dealing with pandemics to controlling violent conflicts. A Wilsonian policy that pays attention to how rulers treat their citizens is therefore right, but it needs to be informed by a certain realism that was missing from the thinking of the Bush administration in its first term and of its neoconservative allies.

We need in the first instance to understand that promoting democracy and modernization in the Middle East is not a solution to the problem of jihadist terrorism; in all likelihood it will make the short-term problem worse, as we have seen in the case of the Palestinian election bringing Hamas to power. Radical Islamism is a byproduct of modernization itself, arising from the loss of identity that accompanies the transition to a modern, pluralist society. It is no accident that so many recent terrorists, from Sept. 11's Mohamed Atta to the murderer of the Dutch filmmaker Theo van Gogh to the London subway bombers, were radicalized in democratic Europe and intimately familiar with all of democracy's blessings. More democracy will mean more alienation, radicalization and — yes, unfortunately — terrorism.

But greater political participation by Islamist groups is very likely to occur whatever we do, and it will be the only way that the poison of radical Islamism can ultimately work its way through the body politic of Muslim communities around the world. The age is long since gone when friendly authoritarians could rule over passive populations and produce stability indefinitely. New social actors are mobilizing everywhere, from Bolivia and Venezuela to South Africa and the Persian Gulf. A durable Israeli-Palestinian peace could not be built upon a corrupt, illegitimate Fatah that constantly had to worry about Hamas challenging its authority. Peace might emerge, sometime down the road, from a Palestine run by a formerly radical terrorist group that had been forced to deal with the realities of governing.

If we are serious about the good governance agenda, we have to shift our focus to the reform, reorganization and proper financing of those institutions of the United States government that actually promote democracy, development and the rule of law around the world, organizations like the State Department, U.S.A.I.D., the National Endowment for Democracy and the like. The United States has played an often decisive role in helping along many recent democratic transitions, including in the Philippines in 1986; South Korea and Taiwan in 1987; Chile in 1988; Poland and Hungary in 1989; Serbia in 2000; Georgia in 2003; and Ukraine in 2004-5. But the overarching lesson that emerges from these cases is that the United States does not get to decide when and where democracy comes about. By definition, outsiders can't "impose" democracy on a country that doesn't want it; demand for democracy and reform must be domestic. Democracy promotion is therefore a long-term and opportunistic process that has to await the gradual ripening of political and economic conditions to be effective.

The Bush administration has been walking — indeed, sprinting — away from the legacy of its first term, as evidenced by the cautious multilateral approach it has taken toward the nuclear programs of Iran and North Korea. Condoleezza Rice gave a serious speech in January about "transformational diplomacy" and has begun an effort to reorganize the nonmilitary side of the foreign-policy establishment, and the National Security Strategy document is being rewritten. All of these are welcome changes, but the legacy of the Bush first-term foreign policy and its neoconservative supporters has been so polarizing that it is going to be hard to have a reasoned debate about how to appropriately balance American ideals and interests in the coming years. The reaction against a flawed policy can be as damaging as the policy itself, and such a reaction is an indulgence we cannot afford, given the critical moment we have arrived at in global politics.
Neoconservatism, whatever its complex roots, has become indelibly associated with concepts like coercive regime change, unilateralism and American hegemony. What is needed now are new ideas, neither neoconservative nor realist, for how America is to relate to the rest of the world — ideas that retain the neoconservative belief in the universality of human rights, but without its illusions about the efficacy of American power and hegemony to bring these ends about.


Francis Fukuyama teaches at the School of Advanced International Studies at Johns Hopkins University. This essay is adapted from his book "America at the Crossroads," which will be published this month by Yale University Press.

martes 3 de octubre de 2006

¿Muni rumbo a primera?


Parece que sí...

Sobre las protestas y cómo enfrentarlas

Artículo publicado en Perú 21, martes 3 de octubre de 2006


¿Cómo enfrentar las protestas sociales? En el debate actual, percibo que hay dos posturas básicas: de un lado, están quienes consideran que las protestas son consecuencia natural de la existencia de intereses contradictorios o la respuesta ante una situación de injusticia, por lo que le correspondería al gobierno intentar solucionar, satisfacer las demandas que se le presentan. De otro lado, están quienes consideran que las protestas serían más consecuencia de percepciones antes que de realidades, y que serían fundamentalmente consecuencia de la acción de un grupo reducido de activistas que aprovechan diversas oportunidades; por lo tanto, lo que correspondería al gobierno sería dar señales claras de que no negociará bajo presión y luchar políticamente contra esos activistas, es decir, actuar estratégicamente.

En esta discusión se suele caer en un diálogo de sordos, porque en realidad cada postura alude a cosas diferentes: los primeros enfatizan el por qué protesta la gente; los segundos, el cómo se hace posible la protesta, como diría el sociólogo italiano Alberto Mellucci. Los que enfatizan el cómo tienen razón en señalar que en la protesta es decisiva la presencia de operadores sociales y políticos, pero suelen olvidar que la gente les hace caso en algunas ocasiones y en otras no, y que la diferencia la marca la percepción de agravio o de injusticia. De otro lado, los que se concentran en el por qué aciertan, al llamar la atención sobre la escasa legitimidad del Estado y de las instituciones, pero pasan por alto que la protesta no necesariamente tiene implícito un sentido progresista o redistributivo, y que los operadores que en realidad organizan la protesta tienen agendas propias, que pueden ajustarse o no a la de los sectores que supuestamente representan.

Todo esto tiene, a mi juicio, importantes consecuencias para el gobierno. Si se quieren evitar protestas descontroladas, el gobierno debe, en primer lugar, tener criterios claros de asignación de los recursos, que prioricen la atención a los más necesitados, y no debe definir sobre la base de presiones (en general, los más pobres lo son precisamente porque carecen de voz o de capacidad de hacerse sentir; si asignamos según el grado de mayor presión, los más pobres siempre saldrán perdiendo). Segundo, deben desarrollarse iniciativas para enfrentar las percepciones de agravio, esto es, construir legitimidad. Sólo el establecimiento de políticas razonables de atención a las necesidades de los ciudadanos permitirá imponer después el respeto a la ley; sin ellas, el Estado de derecho no aparece sino como una muestra más de lo ajena que es la institucionalidad política para los de abajo. Tercero, el gobierno debe darse cuenta de que los operadores no sólo hacen posibles las protestas sino que también les dan una mínima estructura que permite la negociación de las demandas; sin ellos, se enfrenta el puro y simple desorden.

En suma, la acción estratégica sólo puede venir después de la construcción de legitimidad.

lunes 2 de octubre de 2006

Sobre las elecciones en México, y los politólogos

En estos días el presidente electo de México, Felipe Calderón, vendrá de visita al Perú. Su elección ha sido muy controvertida, y algunos cuestionan la legitimidad de ésta, empezando por el candidato derrotado, Andrés López. En agosto pasado, se dieron a conocer dos pronunciamientos, suscritos por importantes intelectuales mexicanos: en el primero se reconoció la existencia de problemas, pero se negó la existencia de un fraude, y se llamó a respetar las instituciones democráticas. En el segundo, se cuestionó la legitimidad de la elección y se pidió un recuento de todos los votos; si bien ello no está contemplado por la legislación, se pidió no caer en "legalismos", cuando está en juego la viabilidad del próximo gobierno.

Me parece interesante poner ambos textos, con las firmas respectivas. Nótese que en el primero hay más politólogos, académicos y analistas políticos; en el segundo, más artistas y personalidades del mundo de la cultura en general.

A la distancia, no puedo evitar sentirme más cerca de mi tribu, aunque los otros me caigan simpáticos.


BOLETIN DE PRENSA

2 de agosto 2006

La coexistencia de la pluralidad política reclama la defensa de las instituciones de nuestra democracia

El 2 de julio millones de mexicanos fuimos a las urnas para elegir al Congreso de la Unión y al Presidente de la República. En diez estados hubo comicios locales, elegimos a tres gobernadores y al Jefe de Gobierno del Distrito Federal con sus respectivos congresos locales y decenas de
ayuntamientos.

Fueron elecciones auténticas entre partidos y candidatos plurales. Ninguna fuerza política ganó todo y ninguna perdió todo. Nuestra votación nos obliga a vivir y convivir en la pluralidad.
La convivencia y la competencia política civilizadas son el principio y el fin de la democracia. Este es el valor que hoy deseamos refrendar, preocupados por un clima público que puede erosionar lo que tanto trabajo ha costado construir.

Quienes firmamos este documento hemos votado por diferentes candidatos y partidos, pero nos unen las siguientes convicciones que creemos son la base para una coexistencia de la diversidad política tolerante y productiva:

1. Todas las fuerzas que participaron en la elección son legítimas. Expresan las propuestas y esperanzas de diferentes franjas de la sociedad. Esa diversidad es una riqueza que debe preservarse. Las elecciones son el único método que garantiza que sean los ciudadanos los que decidan quiénes deben gobernar y legislar.

2. Durante las campañas sobraron descalificaciones, pero la jornada del 2 de julio fue ejemplar por la participación ordenada de más de 42 millones de votantes. Fueron instaladas prácticamente todas las casillas por más de 500 mil ciudadanos sorteados y capacitados por el IFE. Todo ello transcurrió con normalidad. Reconocemos al IFE, más allá de errores puntuales, por su eficacia en la organización de esta tarea gigantesca. Refrendamos nuestra confianza en su imparcialidad y en su independencia.

3. Hemos elegido un Congreso plural donde ningún partido tendrá mayoría absoluta de votos, habrá gobernadores de diferentes partidos, congresos locales y ayuntamientos habitados por la variedad de las opciones políticas. Celebramos que la pluralidad política del país quedó genuinamente expresada en la elección del 2 de julio.-

4. Las elecciones siguen probando que son el canal legítimo para la expresión de las más profundas inquietudes de una sociedad compleja como la mexicana. El espectacular crecimiento de la izquierda en estas elecciones confirma que es a través del sufragio como las distintas fuerzas políticas pueden expandir su influencia e insertar sus propuestas en la agenda nacional.

5. Existe, sin embargo, una aguda controversia en torno a la limpieza y validez de la elección presidencial. Quienes firmamos este documento hemos seguido los argumentos y pruebas presentadas en el litigio. No encontramos evidencias firmes que permitan sostener la existencia de un fraude maquinado en contra o a favor de alguno de los candidatos. En una elección que cuentan los ciudadanos puede haber errores e irregularidades, pero no fraude.

6. Los partidos y candidatos tienen el derecho de acudir al Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación para hacer valer sus inconformidades. Esa es la ruta diseñada para atender dudas, quejas o conflictos electorales. No se pueden erradicar por completo los diferendos en materia electoral. Pero a lo largo de los últimos diez años todos ellos han sido resueltos a través de la vía jurisdiccional. Una vez que el Tribunal ha resuelto, se han terminado todos los conflictos.

7. No debemos alimentar una espiral de crispación y alarma. No inyectemos elementos que envenenen el ambiente político, no enfrentemos a los adversarios como si se tratara de enemigos. Edifiquemos un clima que refuerce la convivencia política en la diversidad.

8. Refrendamos nuestra confianza en el Tribunal Electoral. Es la última y definitiva voz autorizada para desahogar el diferendo en torno a la elección presidencial. No queda sino respetar la resolución del Tribunal.

9. Nuestras instituciones electorales son un patrimonio público que nadie debe lesionar. Son el soporte de una de las libertades fundamentales que los mexicanos hemos conseguido en estos años, la libertad de votar y ser votados sin que nadie manipule nuestro mandato.

Firmas:

Adrián Acosta Silva, Larissa Adler-Lomnitz, Luis Miguel Aguilar, Héctor Aguilar Camín, José Antonio Aguilar Rivera, Sealtiel Alatriste, Elíseo Alberto, Jorge Alcocer, Enrique Alduncin, Ignacio Almada, Asunción Álvarez, Francisco Javier Aparicio, Antonella Attili, Roger Bartra, Eduardo Barzana, Ricardo Becerra, Humberto Beck, Ulises Beltrán, Edmundo Berumen, José Joaquín Blanco, Edmundo Calva, Salvador Camarena, Enrique Canales, Julia Carabias, Emanuel Carballo, Miguel Carbonell, María Amparo Casar, Jorge G. Castañeda, Marina Castañeda, Adolfo Castañón, Ricardo Cayuela, Santiago Corcuera Cabezut, Lorenzo Córdoba, Ramón Cota Meza, Israel Covarrubias, José Luis Cuevas, Leonardo Curzio, Luis de la Barreda Solorzano, José Antonio de la Peña, Germán Dehesa, Roberto Diego Ortega, Christopher Domínguez Michael, Denise Dresser, Irene Durante Montiel, Juan Eibenschutz, Roberto Eibenschutz, Ricardo Elías, Álvaro Enrique, Fernando Escalante Gonzalbo, Beatriz Espejo, Guillermo Fadanelli, Fátima Fernández Christlieb, Jorge Fernández Meléndez, Héctor Fix Zamudio, Enrique Florescano, Fernando García Ramírez, Luis Emilio Giménez Cacho, David Gómez-Álvarez, Luis González de Alba, José Antonio González de León, Olbeth Hansberg, Carlos Heredia, Claudio Isaac, Ángel Jaramillo, Fuad Juan, Gerardo Kleinburg, Enrique Krauze, León Krauze, Mario Lavista, Soledad Loaeza, Cassio Luiselli, Ángeles Mastretta, Álvaro Matute, Samuel Melendrez Luévano, Víctor Manuel Mendiola, Mauricio Merino, Jean Meyer, Pedro Meyer, Mario J. Molina, Silvia Molina, Ciro Murayama, Humberto Murrieta, Benito Nacif, Enrique Norten, Octavio Novaro, Federico Novelo, Joel Ortega Juárez, Antonio Ortiz Mena López Negrete, Pablo Ortiz Monasterio, Ignacio Padilla, Guillermo Palacios y Olivares, Pedro Ángel Palou, David Pantoja Morán, Julio Patán, Braulio Peralta, Rafael Pérez Gay, Rafael Pérez Pascual, Jacqueline Peschard, Ernesto Piedras, Jean-Francois Prud’homme, Ricardo Raphael, Román Revueltas Retes, Federico Reyes Heroles, Jorge Javier Romero, Alejandro Rossi, Luis Rubio, Pablo Rudomín, Daniel Sada, Luis Salazar, Pedro Salazar Ugarte, José Sarukhán, Cecilia Sayeg, Guillermo Sheridan, Isabel Silva Romero, Carlos Sirvent, Guillermo Soberón, Fernanda Solorzano, Beatriz Solís Leree, Jaime Tamayo, Ricardo Tapia, Carlos Tello Díaz, Raúl Trejo Delarbre, Julio Trujillo, Isabel Turrent, Guillermo Valdés Castellano, Eduardo Valle, Josefina Zoraida Vázquez, Rodolfo Vázquez, Xavier Velasco, Diego Villaseñor, José Warman, José Woldenberg, Ramón Xirau, Gina Zabludovsky, Fernando Zertuche, Leo Zuckerman



A favor de un recuento voto por voto

A la opinión pública

A los miembros del Tribunal Federal Electoral

Luego de una competencia marcada por el infundio, la descalificación y el insulto, la reciente elección presidencial arrojó una exigua diferencia de votos entre los dos candidatos punteros. Las campañas polarizaron a la opinión pública de tal manera que hoy se hace especialmente difícil el camino hacia una reconciliación republicana.Por si esto fuera poco, los medios de comunicación nacionales y extranjeros han dado a conocer una serie de irregularidades que, en distintos grados, alientan la sospecha de que la votación pudo sufrir alteraciones decisivas.

Estas condiciones (campañas sucias, sociedad polarizada, número apretados y suspicacia estimulada por diferentes anomalías) exigen de las autoridades electorales una actuación apegada a la ley y, al mismo tiempo, acorde con la circunstancia excepcional por la que atraviesa el país. Los argumentos legalistas no tienen lugar ante una situación que pone en juego, hoy como nunca, la legitimidad de quien habrá de gobernar a los mexicanos durante los próximos seis años.

En estos días, un gran número de ciudadanos de las más diversas preferencias políticas reclama que el proceso electoral se revise hasta dejarlo libre de cualquier duda. Puesto que la relevancia de cada impugnación se multiplica ante lo estrecho del resultado, y dado que una alteración del sistema, de cómputo (recurso que, según se ha sostenido, pudo utilizarse para favorecer a un candidato) no es detectable a simple vista, se hace imperativo el recuento voto por voto. Quienes firmamos esta carta, miembros de la comunidad artística y cultural del país, apoyamos esta demanda.

Firmas:

Carlos Monsiváis, Margo Glantz, José Agustín, Juan Villoro, Sergio Pitol, Fernando del Paso, Hugo Gutiérrez Vega, Elena Poniatowska, Rafael López Castro, Rafael Segovia, Rogelio Naranjo, Tomás Segovia, Enrique González Pedrero, Neus Espresate, Luis Mandoki, Héctor Vasconcelos, Marta Lamas, Huberto Batis, Thelma Nava, Federico Campbell, Sergio Mondragón, Jaime Augusto Shelley, Gustavo Sainz, José María Pérez Gay, David Huerta, Francisco Hernández, Antonio Deltoro, Julieta Campos, Arnoldo Kraus, Liliana Felipe, Ofelia Medina, Vicente Rojo, Manuel Felguérez, Gilberto Aceves Navarro, Luis de Tavira, Alejandro Luna, Coral Bracho, Marcelo Uribe, Mónica Mansour, María Baranda, Francisco Hinojosa, Magali Lara, Gabriel Macotela, Alejandro Lubezki, Eduardo Hurtado, Eduardo Antonio Parra, Daniel Sada, Bárbara Jacobs, Alberto Blanco, Ricardo Castillo, Alberto Castro Leñero, Francisco Castro Leñero, Rafael Barajas, Roger von Gunten, Yani Pecanins, Maya Goded, Héctor Bonilla, Jesusa Rodríguez, Eduardo Milán, Fabrizio Mejía, Paco Ignacio Taibo II, Alejandro Priego, David Ojeda, Jesús Ochoa, Isela Vega, Julieta Egurrola, Carmen Beato, Maya Zapata, Isaac Masri, Daniel Giménez Cacho, Carmen Giménez Cacho, Leticia Huijara, Diego Luna, Eugenia Leñero, Mariana Leñero, Rita Guerrero, Antonio Helguera, Cecilia Sotres Castillo, Mario Rey, Alejandra Peart, Rosa Beltrán, María Rivera, Claudia Guillén, Myriam Moscona, Gerardo de la Torre, Sandro Cohen, Jorge Esquinca, Gastón Melo, José Caballero Betanzo, Cristina Carpizo, Paloma Woolrich, Marcela Sánchez Mota, Andrés Ramírez, Una Pérez Ruiz, Arturo Cantú, Armando Alanís Pulido, Luis Tovar, Francisco Torres Córdoba, Eduardo Mosches, Luis Humberto Crosthwaite, Josué Ramírez, Jair Cortés, Luis Cortés Bargalló,

Enzia Verduchi, Jaime Soler Frost, Gabriela Peyrón, Diego Mier y Terán, Rodrigo Murray, Marina Fe, Ana Clavel, Josefina Estrada, Héctor Carreto, Dana Gelinas, Raquel Huerta Nava, Carlos Ulises Mata, Ulises Castellanos, Juan Miguel Hurtado Salinas, Horacio Reyner Portes Gil, Graciela González Phillips, Estrella Burgos Ruiz, Josu Landa, Carlos López Beltrán, Rosa Aurora Chávez Eakle, Rosa María Catalá Rodes, Ana García Bergua, Alicia García Bergua, Carlos García-Tort, Octavio Hernández Rodríguez, Rodrigo Suárez Hoffman, Angélica de Icaza, Laureana Toledo, Norma Garibay, Leo Mendoza, Laura Alfonseca Giner de los Ríos, Rafael Becerra, Philippe Amand, Adriana Ortega Luna, Rodrigo Meneses, Luis Vicente de Aguinaga, Paulina García Hubard, Alessandra Luiselli, Juan Sánchez, Paloma Saiz Tejero, José Ángel Leyva, Marina Taibo Saiz, Andrés Iván Ruiz Esparza, Laura Solórzano, Luis Felipe Fabre, Luigi Amara, Mónica Nepote, Sergio Valero, Carlos Pérez Vázquez, Alfredo Giles Díaz, Eduardo Uribe, Blanca Luz Pulido, Juan Jorge Ayala, Alejandro Ortiz González, Iván Ayala B., Cosme Álvarez, Alejandra Frausto, Cecilia Solís, Francisco Martínez Negrete, César Arístides, Miguelángel Díaz Monges, Fabiola Palapa Quijas, María Vázquez Valdez, Daniel Mesino, Claudia Luna Fuentes, Guillermo Vega Zaragoza, Isabel Riva, María Eugenia Uhtoff, Carmen Gómez Mont, Marcela Tostado Gutiérrez, Laura Sotomayor, Gabriela Gutiérrez Ovalle, Citlali Guerrero, Arturo García Abreján, Benjamín Alcántara, Brahim Zamora Salazar, Rosario Martínez Gil, Rosario Manzanos, Adriana Castaños, María Josefina Pacheco Vázquez,

David Poblano Ceballos, María Eugeni Colsa Gómez, Emilia de la Sierra, Laura Pimentel, Isabel Naranjo, Erika Martínez, Itziar Alejandre, Sandra Jaidar Monter, Rodrigo Díaz Camacho, Tihui Gutiérrez, Mauricio Shwartz, Erika Martín, Espartaco Rosales, Maru Enríquez, Ernestina Yépiz, Nuria Gómez Roig, Manuel Kunst Wonchee, Yekaterina Manuelyevna García, Evangelina Zamarripa, Grisela Sarmiento F., Georgette Caamaño P., José Luis López Tercero, José Antonio López Tercero, Magali Sarmiento, María José Bueno Pérez, Balkis Castillo Blanco, Laura Vargas Rivas, Juan Ramiro Ruiz Durá, Concepción Ruiz Funes M., Mariana Ruiz Ruiz-Funes, Concha Ruiz Ruiz-Funes, José María Mendiola H., José Joaquín Cosío Osuna, Luis Ángel Sánchez, Jazmín Rincón, Abel Ramírez Vidal, Valentín Almaraz Moreno, María Socorro Wonchee Montaño, Julie Zamorano, José Armando Espinosa Pinto, Norma Alfaro Aguilar, Sylvia Saldaña Gutiérrez, Avelino Sordo Vilchis, Mariano Morales, Vania Galindo Juárez, Rosamaría Casas, Elena Hurtado Montalvo, María Montalvo, Francisco Vargas, Ana María González Díaz, Valeria Amanda Benítez Rosete, Martha Patricia Sandoval León, Silvia Pratt, Rafael Mondragón, Raúl Quiroz, Georgina Saldaña Wonchee, Gabriela Estrella Muñoz Cano, Patricia Guevara Razo, Fabio Bonilla Islas, Elizabeth Pérez Maldonado, Patricia Medina, Jesús Ramos Frías, Javier Contreras V., Felipe Nieto Vallejo, Marcela Juin Sánchez, Adriana Egan, Alicia Viesca Segura, Nuria Montiel, María del Refugia Pérez Paredes, Araceli Caporali Hernández, Domingo Rito Maldonado Rodríguez, Arturo Buitrón, Nora Castrejón, Jannefer Rojas Castrejón, Gerardo Segura, Gustavo Jiménez Aguirre, Alejandra Peart Cuevas, Luis Gerardo Parkman Delgado, Jorge Alberto Flores Saldaña, Velia Rangel Espinosa, Ricardo Flores Saldaña, Gustavo Ruiz Pascacio,

María Claudia Vega Martínez, Libertad Enríquez Lugo, Óscar Araiza, Jorge Rodríguez, María Antonieta Ávalos Tenorio, Lourdes Fernández Serratos, Mirella Mazón Rueda, Elvia de Angelis, Diego López Narro, Leticia Velasco, Cristina Lorena Batres Castañeda, Carmen Simón, Laura Elena Escobosa González, Juana María Mejía H., Teresa de Jesús Reyes Martínez, Velia Rangel, Marco Antonio Rangel Espinosa, Lucrecia Solano M., Daniel Flores, Francisco Javier Malagón Mosqueda, María del Rosario Santos Manzanares, Sonia Silva Rosas, Iker Moranchel Weiss, Mario Brito, Enrique Martínez Pérez, José Luis Fuentes Treviño, Francisco Javier Alcaraz Medina, María Teresa Hernández Franco, Chessy Aislinn Félix Vargas, Irad Nieto Patrón, Óscar Paul Castro Montes, José Fuentes Sánchez, Juan Francisco Martínez Pérez, José Manuel Ramírez Flores, María Antonieta Torres Arias, Gladys Villegas Morales, Kythzia Barrera, Rebeca Becerril Meza, Maricarmen Fernández Alonso, Raskol Tapia, Ana Patricia Cabrera, Laura Elena González Sánchez, Cecilia E. Muñoz, Camila Manjarrez Perezgazga, Evelia Perezgazga Ciscomani, Eugenio Metaca Ortiz, Sergio Negrete Salinas, Luis Francisco Hernández Castellanos, Heliodoro Díaz Cisneros, Elisa Servín, Luis Felipe Jiménez Reygadas, Salvador Espinosa Orozco, Luis F. Hernández, Jacquline Fortson Mayagoitia, Ma. de la Victoria Nadal Almudi, Marta Mayagoitia Talamante, Marisol Fernández Alonso, Diego Pérez García, Ignacio Maldonado Martínez, Mariela Oliva Ríos, Santiago Fortson Mayagoitia, Alberto Becerril Montekio, Carlos Flores Vargas, Alicia Ziccardi, Vanessa Gómez Ortega, Gustavo Pedraza, Fernando Cruz Arroyo, Rosalva Espinosa Vargas, Aurea Flores García, Vanessa Quintanilla, Martha Mayagoitia Talamante, Valentina Zendejas,

María Rosas, Helen Kierluy Svane, Ricardo Muñoz, Bernardo Sánchez Laguna, Alicia Rojas Villanueva, Luis Rodríguez, María Teresa Dutren, Leonora Camacho Pintado, Humberto Brocca, Sandra Tovar, Rashida Brocca, Alejandro Pérez Sáez, Estela Troya, María Vinós Celaya, Alicia Wiechers, Ruth Betancourt Vargas, Rosana Villegas, Carolina Campero, Víctor Grovas Hajj, Diego Prieto Hernández, Angélica Solís, Nora Amanda Crespo Camacho, Marcel González Camarena Montoya, Carlos Gayou Picazo, Carlos Marichal, Arturo Alonso Díaz Belmont, Guillermo Zúñiga Ponce, Miguel Viliesid Alonso, Esther Althaus, Luis Fernando Lara, Rosa Morales Torres, Ivonne Fuentes Mendoza, Rodrigo de Oyarzábal, Hilda Vázquez López, Jorge Barona, Paula González Rubio Garrido, Norma Olivares, Beatriz Levario Acosta, Francisco Viliesid, Gabriela Serrato Valle, Helena Scully Gargallo, Guillermo Scully Fuentes, Juan Pablo López Q., Claudia Corona, Alica Castillo Díaz, Cristina Pantoja Delhumeau, Lucía García Noriega y Nieto, Emilio Rivaud Morayta, Eugenia Ogarro Calles, Esther Madrid Buenrostro, Leopoldo E. Mendoza Onofre, Adela Lozoya Gutiérrez, Miguel de la Torre Yarza, Rodrigo de la Torre Yarza, Nayeli Sánchez Guevara, Marcos Godínez Hana, Alejandro Espinosa Calderón, Ana Cecilia Montero Arízaga, Miguel Ángel Sámano Rentería,

Octavio Hernández Rodríguez, León Singer, Mónica Cartier, José Luis Rico Robert, Luciana Kaplan, Benjamín Cann, Olmo Araiza, Quito López Tirado, Stefanie Weis, Sandra Félix, Ian Sánchez, Laura Sosa, Edgar Lastirí Uribe, Georgina Estepanenko, María José Caballero Ontiveros, María Maldonado Ilobet, Susana Glantz, Hugo Martínez Saldierna, Carmen A. Baca Castillo, Alfredo Coello Torres, Alberto Eduardo Pérez, Mariana Rodríguez, Yoami Escamilla, Ana Bonilla, Mayahuel Mojarro, Luisa Huertas, Jaime B. Ramos, Lucina Jiménez, Armando Schmelz, Alejandro Trigueros, Blanca Dorantes, Alexa Oaks, Diego Delgado González, Ireri de la Peña, Itzamná Flores Castillo, Valentina Rojas Loa Salazar, Marcelo González Bustos, Male Cruz, Rosario Díaz de Guzmán, Tania Olhovich, Natalia Valderrama, Óscar Gustavo Gamboa Pérez, Elsa Urbina, Lena García Feijoo, Rosaluz Villa Court, María Antonieta Torres Arias, Alfredo Alejandro Careaga, Manuel Rodríguez Rábago, Victoria López, Camila Villegas, Pablo Careaga Córdova, Erika Alonso, Rosario Díaz de Guzmán, Jorge de Jesús Acevedo Muñoz, Ana Margules Rodríguez, Elsa Guerrero, Alexa Oaks, Aurea Lorena Wong, Lorena Pérez Hernández, Miguel Ordóñez Ruiz, Guadalupe Rodríguez de Ita, Soledad Rodríguez de Ita, Daniela Z. Camarena, Francisco Mendoza, Octavio García Rocha, Alejandra Covarrubias, Guadalupe Teresinha Bertussi, Lorenza Manrique, Alejandro Valle, Jorge Alberto Manrique, Velia Rangel Espinosa, Luisa González Millán, Luisa González Millán, Alicia Wiechers, Ricardo H. Echevarri, Ricardo Baldor, Andrés Mario Ramírez Cuevas, Claudia Lozano de García Noriega, Cristina Pantoja, Sergio Romero Bogotá, Marga Peña, Marisol Fernández Alonso, Josefina Quintero, Juan Puga, Verónica Ortiz Laurenz.

Pronunciamiento sobre la AOE

Hace unos días me solicitaron suscribir el pronunciamiento de más abajo, y estuve de acuerdo. Les adjunto el texto, que se hará público próximamente:



PRONUNCIAMIENTO SOBRE LA ANTICONCEPCION ORAL DE EMERGENCIA

Ante el debate iniciado en relación a la distribución de anticoncepción oral de emergencia en los establecimientos públicos de salud, señalamos:

La anticoncepción oral de emergencia fue incorporada como método de planificación familiar mediante Resolución Ministerial Nº 399-2001-SA/DM Actualmente, en virtud de lo dispuesto en la Norma Técnica de Planificación Familiar, aprobada por Resolución Ministerial Nº 536-2005/MINSA, el Estado debe distribuirla gratuitamente a través de los servicios de planificación familiar.

La Organización Mundial de la Salud señala que la AOE no tiene efecto abortivo. Sólo previene la fecundación, no interfiere con la anidación del huevo si se ha producido la fecundación, y tampoco interfiere con el desarrollo de un huevo que se ha implantado. No existe ninguna evidencia científica que demuestre que la AOE tiene el mencionado efecto abortivo.

En el ámbito nacional, el Colegio Médico del Perú, la Sociedad Peruana de Ginecología y Obstetricia, la Academia Peruana de Salud y la Academia Nacional de Medicina han sostenido que la AOE no tiene efecto abortivo. El Ministerio de Justicia ha señalado que los únicos efectos de la AOE hormonal son anticonceptivos, y que su inclusión en las Normas del Programa Nacional de Planificación Familiar es constitucional. Por su parte, la Defensoría del Pueblo ha recomendado su distribución gratuita.

Por la importancia de la AOE en la salud pública, es vendida en las farmacias y/o distribuida en los servicios de salud pública, en los siguientes países: Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Ecuador, Estados Unidos, El Salvador, España, Guatemala, Honduras, México, Nicaragua, Paraguay, Uruguay, Venezuela y Republica Dominicana, entre otros.

Desde el 2002 se han vendido en las farmacias del país más de un millón y medio de pastillas anticonceptivas de emergencia y la DIGEMID ha autorizado el registro de 15 marcas distintas de AOE. Sin embargo, se ha presentado una demanda de amparo para impedir que el MINSA distribuya gratuitamente AOE a través de los servicios de planificación familiar.

El artículo 6º de la Constitución reconoce el derecho de toda persona a recibir información y tener acceso a la más amplia gama de métodos anticonceptivos, de tal manera que pueda tomar una decisión libre e informada. Limitar el acceso de AOE sólo a las mujeres que tienen recursos crearía una situación de discriminación hacia las mujeres más pobres, que no puede admitirse en un estado constitucional de derecho, de conformidad con lo establecido en el artículo 2º inciso 2) de la Constitución.

Lima 25 de setiembre de 2006

domingo 1 de octubre de 2006

La prensa, Orwell, y el socialismo democrático


Hoy es el día del periodista, y me parece interesante citar a Orwell, de su libro Homenaje a Cataluña. Orwell reflexiona, en el contexto de la guerra civil española, sobre el papel de la prensa vinculada al fascismo, al comunismo y al trotskismo, y hace el siguiente comentario: "One of the dreariest effects of this war has been to teach me that the Left-wing press is every bit as spurious and dishonest as that of the Right".

Este texto no sólo es entonces una reflexión sobre el periodismo, también sobre cómo Orwell se alejó de las posiciones estalinistas, cómo se volvió crítico de algunas posturas dentro de la izquierda, lo que lo llevó a identificarse después con el "socialismo democrático". Interesante desde varios puntos de vista, muy recomendable.

Le debo a Silvio Rendón el haber motivado la lectura de este libro de Orwell.


(extraído del capítulo 5)

"Meanwhile there was the diabolical inter-party feud that was going on in the newspapers, in pamphlets, on posters, in books—everywhere. At this time the newspapers I saw most often were the P.O.U.M. papers La Batalla and Adelante, and their ceaseless carping against the ‘counter-revolutionary’ P.S.U.C. struck me as priggish and tiresome. Later, when I studied the P.S.U.C. and Communist press more closely, I realized that the P.O.U.M. were almost blameless compared with their adversaries. Apart from anything else, they had much smaller opportunities. Unlike the Communists, they had no footing in any press outside their own country, and inside Spain they were at an immense disadvantage because the press censorship was mainly under Communist control, which meant that the P.O.U.M. papers were liable to be suppressed or fined if they said anything damaging. It is also fair to the P.O.U.M. to say that though they might preach endless sermons on revolution and quote Lenin ad nauseam, they did not usually indulge in personal libel. Also they kept their polemics mainly to newspaper articles. Their large coloured posters, designed for a wider public (posters are important in Spain, with its large illiterate population), did not attack rival parties, but were simply anti-Fascist or abstractedly revolutionary; so were the songs the militiamen sang. The Communist attacks were quite a different matter. I shall have to deal with some of these later in this book. Here I can only give a brief indication of the Communist line of attack.

On the surface the quarrel between the Communists and the P.O.U.M. was one of tactics. The P.O.U.M. was for immediate revolution, the Communists not. So far so good; there was much to be said on both sides. Further, the Communists contended that the P.O.U.M. propaganda divided and weakened the Government forces and thus endangered the war; again, though finally I do not agree, a good case could be made out for this. But here the peculiarity of Communist tactics came in. Tentatively at first, then more loudly, they began to assert that the P.O.U.M. was splitting the Government forces not by bad judgement but by deliberate design. The P.O.U.M. was declared to be no more than a gang of disguised Fascists, in the pay of Franco and Hitler, who were pressing a pseudo-revolutionary policy as a way of aiding the Fascist cause. The P.O.U.M. was a ‘Trotskyist’ organization and ‘Franco’s Fifth Column’. This implied that scores of thousands of working-class people, including eight or ten thousand soldiers who were freezing in the front-line trenches and hundreds of foreigners who had come to Spain to fight against Fascism, often sacrificing their livelihood and their nationality by doing so, were simply traitors in the pay of the enemy. And this story was spread all over Spain by means of posters, etc., and repeated over and over in the Communist and pro-Communist press of the whole world. I could fill half a dozen books with quotations if I chose to collect them.

This, then, was what they were saying about us: we were Trotskyists, Fascists, traitors, murderers, cowards, spies, and so forth. I admit it was not pleasant, especially when one thought of some of the people who were responsible for it. It is not a nice thing to see a Spanish boy of fifteen carried down the line on a stretcher, with a dazed white face looking out from among the blankets, and to think of the sleek persons in London and Paris who are writing pamphlets to prove that this boy is a Fascist in disguise. One of the most horrible features of war is that all the war-propaganda, all the screaming and lies and hatred, comes invariably from people who are not fighting. The P.S.U.C. militiamen whom I knew in the line, the Communists from the International Brigade whom I met from time to time, never called me a Trotskyist or a traitor; they left that kind of thing to the journalists in the rear. The people who wrote pamphlets against us and vilified us in the newspapers all remained safe at home, or at worst in the newspaper offices of Valencia, hundreds of miles from the bullets and the mud. And apart from the libels of the inter-party feud, all the usual war-stuff, the tub-thumping, the heroics, the vilification of the enemy—all these were done, as usual, by people who were not fighting and who in many cases would have run a hundred miles sooner than fight. One of the dreariest effects of this war has been to teach me that the Left-wing press is every bit as spurious and dishonest as that of the Right.7 I do earnestly feel that on our side—the Government side—this war was different from ordinary, imperialistic wars; but from the nature of the war-propaganda you would never have guessed it. The fighting had barely started when the newspapers of the Right and Left dived simultaneously into the same cesspool of abuse. We all remember the Daily Mail’s poster: ‘REDS CRUCIFY NUNS’, while to the Daily Worker Franco’s Foreign Legion was ‘composed of murderers, white-slavers, dope-fiends, and the offal of every European country’. As late as October 1937 the New Statesman was treating us to tales of Fascist barricades made of the bodies of living children (a most unhandy thing to make barricades with), and Mr Arthur Bryant was declaring that ‘the sawing-off of a Conservative tradesman’s legs’ was ‘a commonplace’ in Loyalist Spain. The people who write that kind of stuff never fight; possibly they believe that to write it is a substitute for fighting. It is the same in all wars; the soldiers do the fighting, the journalists do the shouting, and no true patriot ever gets near a front-line trench, except on the briefest of propaganda-tours. Sometimes it is a comfort to me to think that the aeroplane is altering the conditions of war. Perhaps when the next great war comes we may see that sight unprecedented in all history, a jingo with a bullet-hole in him.

As far as the journalistic part of it went, this war was a racket like all other wars. But there was this difference, that whereas the journalists usually reserve their most murderous invective for the enemy, in this case, as time went on, the Communists and the P.O.U.M. came to write more bitterly about one another than about the Fascists. Nevertheless at the time I could not bring myself to take it very seriously. The inter-party feud was annoying and even disgusting, but it appeared to me as a domestic squabble. I did not believe that it would alter anything or that there was any really irreconcilable difference of policy. I grasped that the Communists and Liberals had set their faces against allowing the revolution to go forward; I did not grasp that they might be capable of swinging it back".