jueves, 11 de septiembre de 2014

Representar a la mayoría

Artículo publicado en La República, domingo 7 de setiembre de 2014

Hace unas décadas, lo que podríamos llamar gruesamente la “sociedad informal” era vista con gran simpatía y esperanza. Desde las ciencias sociales, los migrantes que se asentaron en la periferia de las ciudades eran vistos como el germen de una nueva ciudadanía, más nacional, más integrada, que superaría las viejas divisiones y exclusiones del país. Esta visión cuestionaba una originada en la vieja oligarquía, la cual se veía víctima de la “invasión” de clases “peligrosas”, que habían terminado con la idílica Lima “del puente a la alameda”, por así decirlo. Desde la izquierda se pensaba que de allí saldrían los movimientos de protesta que serían la base del socialismo, y desde la derecha empezó a verse allí el germen de una revolución capitalista, pequeños empresarios y emprendedores enfrentados al intervencionismo estatal.

Ese entusiasmo general se trocó en decepción en la década de los años noventa. Desde el triunfo de Ricardo Belmont en la alcaldía de Lima en 1989 y con el fujimorismo en toda la década de los noventa, la sociedad informal empezó a ser vista como el mundo del pragmatismo egoísta, del clientelismo, del populismo de derecha. En esos mismos años Alberto Andrade encarnó el sueño de la recuperación de la Lima criolla, expresado en un centro sin vendedores ambulantes. Desde entonces, se consolidó en Lima una suerte de divorcio en el que el populismo de derecha estuvo más cerca del mundo popular, mientras que la izquierda quedaba del lado de las demandas de orden y recuperación de las tradiciones perdidas. En la década siguiente, Luis Castañeda consolidó esa configuración política, oponiendo como estrategia las “Escaleras Solidarias” a la Vía Expresa de la Avenida Javier Prado.

Cuán lejos y sin referentes terminó la izquierda de la sociedad popular se expresa en la gestión de Villarán, que tiene en los sectores altos su principal fuente de apoyo. Villarán abandonó en la práctica la pretensión de tener como centro de su gestión a planes de desarrollo social o de atención a la pobreza, o al programa Barrio Mío. Centró como emblemática a la reforma del transporte, cuya accidentada implementación ha favorecido por el momento a los autos particulares y a los usuarios de Miraflores, pero perjudicado a los del Rímac. Todo esto, por supuesto, favorece a Luis Castañeda y sus maniobras.

Está todavía pendiente construir una representación política de esos sectores “emergentes”, hoy mayoritarios en Lima. Ni el populismo de derecha ni el paradójico izquierdismo elitizado parecen ser opción. El reto de la formalización es ineludible, pero para ello debe resultar “racional” para la ciudadanía, por lo menos a mediano plazo, sobre la base de señales claras y confiables, no de una modernización tecnocrática. No existe todavía una oferta política que represente a la mayoría de limeños, la distancia entre la élite política y la sociedad que aspira a representar es enorme. Y en ese vacío prosperan los oportunistas, corsarios y piratas de la política.

lunes, 1 de septiembre de 2014

El humor de Zileri

Artículo publicado en La República, domingo 31 de agosto de 2014

Se ha escrito mucho sobre Enrique Zileri (1931-2014), legendario director de la revista Caretas. Se ha resaltado con justicia su lucha contra las dictaduras, su tarea fundacional y pedagógica en el periodismo; se ha comentado sobre su particular personalidad y carácter. Yo quisiera añadir algo sobre el humor en Zileri y en Caretas.

Seguir semana a semana los muy a menudo dramáticos o trágicos sucesos que ocurrieron en el Perú de las últimas décadas harían pensar que el tono de una revista política tendría que ser necesariamente grave y solemne. Y que la injusticia y la impunidad llevan inexorablemente a un tono rabioso e indignado. Recuerdo que en algún aniversario del excelente suplemento El Caballo Rojo de El Diario de Marka se publicó en las dos páginas centrales el poema “A nuestros sucesores” de Bertold Brecht, que en cierta forma expresaba ese talante: “Realmente, vivo en una época sombría / La palabra inofensiva es estúpida. Una frente lisa / es signo de insensibilidad. El hombre que ríe / no se ha enterado aún, simplemente, de / la terrible noticia (…) Y, sin embargo, sabemos: / el odio, hasta contra la degradación, / deforma las facciones. / La ira, hasta contra la injusticia, / enronquece la voz. Oh, nosotros, / que queríamos preparar el terreno para la amabilidad / no pudimos ser amables”.

A pesar de esto, el propio Caballo Rojo, bajo la conducción de Antonio Cisneros, expresó una sensibilidad muy lejana a lo que este poema sugiere. Y más adelante, dentro del mundo de izquierda, la revista y el suplemento No eran magnífica demostración de que había otras maneras de vivir consecuentemente esa “época sombría”. Acaso Caretas fue siempre la revista que mejor y más constantemente sintetizó otra actitud, otra filosofía ante las cosas que nos tocó vivir, que impuso el talante de Zileri: el humor, la ironía, como armas de la crítica; la argumentación y la persuación antes que la prédica rutinaria a los conversos; la disposición a reconocer validez en los puntos de vista de los adversarios.

No sé si Zileri haya leído al filósofo Richard Rorty, pero recordé alguno de sus escritos en estos días. Me atrevo a pensar que Zileri tenía el talante de lo que Rorty llamaba un “ironista liberal”. Alguien sin un “gran sistema” de creencias, que busca la verdad en el debate y la argumentación, siempre contingente, mucho más en los tiempos tan confusos e imprevisibles como los que nos tocó vivir. Alguien así difícilmente puede ser solemne, tomarse muy en serio a sí mismo, de allí su peculiar sentido del humor, expresado elocuentemente en el recordado “piletazo” de abril de 1995. Y su actuación pública no está motivada por una tarea de salvación llevando una verdad revelada, sino por la solidaridad, por la preocupación por un “nosotros”.

Vistas las cosas asi, creo que el humor de Zileri y de Caretas no solo son parte de un legado periodístico; son en el fondo parte de un ideario demócrata y republicano. ¿Firme y feliz por la unión? Pálidos pero serenos.


Perú, país de ingreso medio

Artículo publicado en La República, domingo 24 de agosto de 2014

Por los cincuenta años del Instituto de Estudios Peruanos organizamos un seminario en el que participó Alejandro Foxley, emblemático “tecnopolítico” latinoamericano: economista, académico, luego Ministro de Hacienda, senador y Ministro de Relaciones Exteriores de Chile, luego funcionario de organismos internacionales multilaterales.

Foxley planteó la necesidad de estudiar la problemática y desafíos de la “trampa” que enfrentan los países de ingreso medio. Según las estadísticas, Perú dejó de ser “pobre” en los últimos años, al llegar a unos 10,000 dólares de ingreso promedio per cápita. ¿Solo una ilusión estadística? Según Foxley, esta situación nos pone retos diferentes de los que hemos estado habituados a pensar hasta el momento, y abre oportunidades antes inexistentes. Vista la cosa internacionalmente, Perú sería parte de un grupo de países que corre el riesgo de quedarse indefinidamente en una situación en la que se combinan razgos de país pobre con uno de país desarrollado: países como Malasia, Tailandia, Rumania, Bulgaria, Argentina, Brasil, Colombia, Chile, México y Uruguay. Esta combinación, como sabemos, no es novedad para nosotros; llevamos décadas hablando sobre el “dualismo” o la fragementación del país, entre la coexistencia de un polo moderno-desarrollado y otro tradicional, con una mayoría empobrecida. Lo nuevo sería que la pobreza se ha reducido, los sectores medios han crecido, y el dinamismo económico estaría generando oportunidades que permitirían seguir un camino que podría llevarnos al desarrollo.

En las últimas décadas, muchos países han caído en esa trampa; los que la lograron sortear no están en América Latina: Finlandia, Corea del Sur, Australia, Nueva Zelandia, Irlanda, España, Portugal, aunque estos tres últimos enfrentan en los últimos años serias deficultades. ¿Qué podemos aprender de esas experiencias? La necesidad de implementar políticas de crecimiento contracíclicas, con una regulación financiera eficiente; evitar una rigidez laboral y cambiaria, que nos haga vulnerables a situaciones de crisis; realizar una fuerte inversión en educación e innovación; construir un gran consenso social y político, que sostenga políticas de largo plazo.

En particular, para los países latinoamericanos, las tareas principales pasarían por avanzar en la diversificación de nuestra producción y exportaciones; para ello, una clave sería utilizar los recursos de la actual etapa de abundancia para defendernos de situaciones de crisis; el combatir las desigualdades, para lo cual se tiene que continuar con el combate a la pobreza, atender la extrema vulnerablidad de las “nuevas” clases medias; y atender la calidad de vida en las grandes ciudades, entre otras cosas. En el Perú en particular, diría que la absorción o integración (antes que “combate”) del mundo “informal” es una prioridad evidente.

Como puede verse, no se trata de hacer más de lo mismo que hemos hecho hasta ahora, sino de pasar a otra etapa, enfrentar otra agenda.

lunes, 18 de agosto de 2014

Henry Pease, 1944-2014

Artículo publicado en La República, domingo 17 de agosto de 2014

Desde muy temprano construyó los pilares que marcarían su vida. La política (fue presidente de la Federación de Estudiantes) y la academia: al poco tiempo de egresar de la PUCP empezó una ininterrumpida carrera docente, y se convirtió en director de DESCO, importante ONG de investigación y promoción del desarrollo. Desde entonces le tocó lidiar también con una enfermedad que marcaría la tenacidad con la que acometería todas sus tareas; y acaso también una visión de la vida capaz de situarse por encima de las contingencias del momento, y en la que las prioridades estaban bien puestas: la familia, la amistad, los afectos.

Esta combinación hizo que su trabajo académico estuviera politizado en el mejor sentido: orientado por la preocupación por los problemas del país. Como académico fue pionero en reivindicar la legitimidad de la democracia, algo extraño para la izquierda de la época, y tambien la autonomía de la política: por encima de los intereses de clase, la política era también negociación y acuerdo. Pionero también en alentar la reflexión sobre lo que hoy llamaríamos el desarrollo de políticas públicas (el área urbana de DESCO, p.e.), todo lo cual se expresaba en sus sesudas e imprescindibles editoriales en la revista QueHacer.

En 1983 Alfonso Barrantes ganó la alcaldía de Lima, y Pease se convirtió en teniente alcalde y motor de la gestión. Llevó a una izquierda marxista-leninista tradicionalista muchas cosas: la valoración de la democracia, el rechazo rotundo al senderismo, la apertura al mundo no partidarizado, a la “sociedad civil”, la importancia de una gestión pública eficiente, la relación con el mundo de la investigación, de la promoción del desarrollo, y de la cultura. Fue el gran impulsor de la propuesta de convertir Izquierda Unida en más que la suma de sus partidos; vino la ruptura que no pudo evitar, y por sus principios, sacrificó por un buen tiempo largas y cercanas amistades.
 

En la década de los años noventa entendió que la oposición al fujimorismo era la tarea central, y que debía darse en todos los espacios; no cayó en la tentación del abstencionismo (error de muchos, entre ellos de sus compañeros de izquierda), y participó en un Congreso hostil. Muy a contracorriente ejerció la oposición, con valentía denunció los crímenes de Barrios Altos y La Cantuta. Asumió que su tarea era articular un gran frente de oposición, y fue el gestor silencioso de los acuerdos que permitieron que Valentín Paniagua se convirtiera en Presidente del Congreso y en Presidente del gobierno de transición. Este nuevo perfil lo acercó a Toledo y lo llevó a la presidencia del Congreso, donde intentó implementar una reforma integral de la Constitución y una reforma política, lamentablemente fallidas.

En los últimos años, desde la Escuela de Gobierno de la PUCP, asumió que su servicio al país era formar profesionales competentes, pero con criterio y sensibilidad política. En la universidad nos veíamos con frecuencia. Lo voy a extrañar.

Gestión de intereses

Artículo publicado en La República, domingo 10 de agosto de 2014

En los últimos días fue “hackeado” ilegalmente el correo electrónico del expresidente del Consejo de Ministros René Cornejo, y hecho público un mensaje de Cecilia Blume dirigido al Ministro de Economía, escrito en tono amical, argumentando a favor de la prórroga de la temporada de pesca de anchoveta de este año, cosa que efectivamente ocurrió días después. Blume es consultora empresarial (y en esa actividad es socia de la hermana del ministro Castilla), miembro del directorio de una empresa pesquera, y columnista del diario Correo. Hace unos años, durante el gobierno de Alejandro Toledo, fue asesora de Pedro Pablo Kuczynski tanto en el Ministerio de Economía como en la Presidencia del Consejo de Ministros, y en su ejercicio profesional coincidió también con el ex primer ministro Cornejo. El caso Blume no es aislado, es más bien la expresión emblemática de una situación general.

En un mundo ideal, los profesionales se forman en un conjunto amplio de universidades competitivas, y optan por carreras en el sector público, en el sector no gubernamental sin fines de lucro, en el mundo de la investigación académica, o en el sector privado. Los campos están bien delimitados, todos son relativamente prestigiosos, y bien remunerados. Así puede darse lo que Peter Evans llamó “autonomía imbricada” en un libro clásico dedicado al papel del Estado en el desarrollo industrial en países emergentes. La idea es que estos espacios estén relacionados, que compartan visiones favorables al desarrollo, pero que estén también en trincheras diferentes. Esta situación permitiría diálogo y acuerdos, pero también haría difícil la “captura” del Estado por intereses particulares o conductas predatorias por parte de este.

En países como el nuestro, los centros de formación universitaria de alta calidad son muy pocos, y quienes tienen acceso a ellos muchas veces comparten otros espacios: viven en los mismos distritos, estudiaron en los mismos colegios, son socios de los mismos clubes, todo afincando en Lima. Esta cercanía genera relaciones amicales y hasta de parentesco. Al mismo tiempo, no hay en el Estado una carrera pública, las ONGs tienen problemas crónicos de financiamiento, las universidades pagan mal, y el mundo empresarial privado es siempre movedizo. Todo esto hace que sea muy frecuente que se pase de un espacio al otro y que las fronteras sean siempre borrosas. Esas mismas personas suelen usar los medios de comunicación para opinar sobre las decisiones que deben toman las autoridades públicas. Al final, la percepción general es que diferentes “argollas” controlan el Estado, desatendiendo el interés general.

La legislación actual sobre la gestión de intereses y las incompatibilidades y responsabilidades de los funcionarios públicos queda corta. En el corto plazo, cuando menos, se necesita más transparencia en quienes abogan por intereses específicos, quienes toman las decisiones en el Estado, como en quienes opinamos sobre estos temas en los medios de comunicación.

VER TAMBIÉN:

Conflictos de interés (LR, 14 de noviembre de 2009

lunes, 4 de agosto de 2014

Cuarto año

Artículo publicado en La República, domingo 3 de agosto de 2014

El presidente Humala inicia el cuarto año de gobierno sin ruta de navegación. Con Salomón Lerner, en los primeros cinco meses, de lo que se trató fue de establecer un equipo de orientación izquierdista que implementara la “hoja de ruta”; con Oscar Valdés, en los siete meses siguientes, se trató de combinar crecimiento, inclusión y orden; con Juan Jiménez, durante dieciseis meses (quien retrospectivamente aparece como un maestro en el arte de gobiernar), la combinación fue crecimiento, inclusión y diálogo. César Villanueva en cuatro meses nunca llegó a ejercer propiamente el cargo, y René Cornejo en cinco mostró que nunca dejó de ser una salida de emergencia ante la caída de su predecesor. Ana Jara es una excelente operadora política, pero su problema es que encabeza el Consejo de Ministros de un gobierno sin rumbo. Ahora el crecimiento está en cuestión, la inclusión prácticamente desapareció del discurso, y el gobierno no se decide entre el diálogo o la confrontación con la oposición, ambigüedad que hizo precisamente fracasar la opción de Villanueva. En este momento, todo parece quedar en manos de la iniciativa de los ministros individuales: en Educación, en Salud, en Producción, en Transportes, tenemos ministros con agendas de reformas importantes, y sus iniciativas particulares son las que marcan el rumbo del gobierno. Todo esto hace que la percepción del desempeño gubernamental hasta el momento aparezca como mediocre.

Sin embargo, ubicados en el escenario electoral 2014-2016, resulta que el humalismo sigue ubicándose en el espacio de centro izquierda con el que ganó las elecciones. Otra manera de decir lo mismo es que a la izquierda de Humala no existe nada (tanto así que Susana Villarán terminó siendo candidata de “Diálogo Vecinal”), salvo la apuesta de que Tierra y Dignidad, liderado por Marco Arana, se convierta en un referente político viable. De otro lado, si bien el desempeño gubernamental parece muy mediocre, y la aprobación a la gestión de Humala al inicio del cuarto año es similar a la de García en el mismo momento, García ya había pasado por el escándalo de los petroaudios y por los sucesos de Bagua, mientras que sobre Humala no pesan cargas equivalentes. Esto hace que, por ejemplo, en la votación para elegir la nueva mesa directiva del Congreso, la lista oficialista aparezca como “progresista” frente a la de pepecistas, fujimoristas y apristas.

Todo esto genera varias paradojas: visto desde la derecha, la gestión de Humala es ciertamente amigable, pero no lo es comparado con lo que serían las cosas con Keiko Fujimori, Pedro P. Kuczynski, o un tercer gobierno de Alan García. Desde la izquierda Humala despierta tirria por su “traición”, pero el humalismo resulta parte indispensable de cualquier intento de construir un frente progresista.

PS. Mi solidaridad con Farid Kahhat, notable colega de la PUCP, víctima de comentarios deleznables del embajador de Israel en nuestro país, totalmente impropios de quien ejerce ese cargo.

miércoles, 30 de julio de 2014

Independencias

Artículo publicado en La República, domingo 27 de julio de 2014

Los historiadores Juan Carlos Estenssoro, Carla Granados y Cecilia Méndez, con el apoyo del Instituto de Estudios Peruanos y del Instituto Francés de Estudios Andinos, entre diversas instituciones, están promoviendo importantes actividades alrededor de la celebración de la independencia: un concurso de ensayos, “Narra la independencia desde tu pueblo, tu provincia o tu ciudad”, y un seminario internacional, “Las independencias antes de la independencia”. El concurso buscó visibilizar la complejidad y extensión del proceso independentista, y los ganadores dan cuenta de sucesos ocurridos en Huacho, Arequipa y Tarapacá. Es decir, la independencia fue mucho más que la proclama del 28 de julio de 1821 de San Martín en Lima, fue una suerte de guerra civil que movilizó gran parte de la población del territorio que se convirtiría en el Perú. De allí que el seminario hable de diversas “independencias” antes de 1821, luchas que se remontan cuando menos hasta 1811, con la rebelión de Francisco de Zela.

Los organizadores impugnan el desinterés oficial y la simplificación del discurso público sobre la independencia, que suele obviar a personajes como Túpac Amaru, Zela, Paillardelle, los hermanos Angulo, Pumacahua, entre otros. Estenssoro señala en entrevistas que esto sería parte de un espíritu de los tiempos desdeñoso del pasado, de las humanidades y de la reflexión crítica; Méndez que esto podría expresar el desdén centralista por las provincias y el recelo que genera en las élites la movilización popular.

¿Reivindican parcialmente los organizadores, sin pretenderlo, la retórica oficial de 1971, con su énfasis en los precursores y próceres, y la noción de que la nación peruana tenía importantes bases de legitimidad popular, noción cara tanto a la historiografía conservadora como a la retórica del nacionalismo velasquista que se juntaron curiosamente alrededor de la Comisión Organizadora del Sesquicentenario? (visión cuestionada por Heraclio Bonilla y Karen Spalding con su célebre tesis de la “independencia concedida” por fuerzas extranjeras). Podría decirse también que caracterizar el proceso independentista como “guerra civil” lleva a distanciarse un poco del discurso anticolonial convencional, otro punto de contacto posible con una narrativa conservadora. Sin embargo, intuyo que los organizadores quieren, aunque no de manera explícita, reivindicar la capacidad de agencia de los actores sociales en general y de los populares en particular, que no habrían logrado tener propiamente representación ni en el orden colonial ni en el republicano. Sería muy bueno intentar convertir esa intuición en un discurso historiográfico que compita con los desgastados existentes.

Esa tarea resulta más pertinente considerando que estamos ante la gestación de una nueva narrativa de la peruanidad, alrededor de valores como el “emprendedurismo”, la creatividad, y una reivindicación nacionalista (“Marca Perú”) que tiende a soslayar nuestras deudas históricas pendientes.

ACTUALIZACIÓN, 4 de agosto

Una "réplica" a mi artículo, de Juan Carlos Estenssoro:

Narra la independencia desde tu pueblo: Historia, Historiografía y memoria. Un aclaración necesaria, en respuesta a Martín Tanaka

Una versión corta de esta "réplica" se publicará como carta en el diario La República. Mi comentario al respecto, que envié al editor es esta:

“La intención de mi artículo era resaltar la valía e importancia del trabajo de Estenssoro y Méndez. En el texto me pregunto si sus iniciativas podrían tener puntos de contacto con la historiografía conservadora, y mi respuesta es que no, en tanto “intuyo que los organizadores quieren, aunque no de manera explícita, reivindicar la capacidad de agencia de los actores sociales en general y de los populares en particular, que no habrían logrado tener propiamente representación ni en el orden colonial ni en el republicano”.

En una nota aparte, no entiendo por qué se percibe que la categoría “conservador” tenga alguna carga negativa (“estigma”). El conservadurismo me parece plenamente respetable, la historiografía conservadora tiene aportes fundamentales que debemos valorar y recoger en cualquier narrativa sobre el devenir histórico del país. Saludos.

ACTUALIZACIÓN, 7 de agosto

Una nueva "réplica" a mi artículo, esta vez de Cecilia Méndez, aquí.

ACTUALIZACIÓN, 18 de agosto

Carta de Estenssoro a La República, del 8 de agosto, y mi breve réplica.

Estado, islas y archipiélagos

Artículo publicado en La República, domingo 20 de julio de 2014

Hace unos días el premio a las buenas prácticas en gestión pública de la ONG Ciudadanos al Día cumplió diez años y, como todos los años, se dieron a conocer experiencias valiosas implementadas por diferentes entidades públicas. En general, puede afirmarse que cada vez más pueden encontrarse iniciativas destacables en diferentes ámbitos del Estado, que se expresan en mejoras a la atención de los ciudadanos y mayores niveles de eficiencia. Desde las universidades, cada vez más registramos que nuestros egresados ingresan al sector público, y que los salarios que perciben son competitivos frente a los del sector privado; en muchas entidades existe una política que premia la capacitación y el desempeño, y contrata siguiendo criterios meritocráticos, no clientelísticos. Sin embargo, al mismo tiempo, el día de ayer, Elmer Cuba en este diario nos recordaba que la recaudación tributaria casi se duplicó entre 2009 y 2015, pero la provisión de servicios públicos no ha aumentado en la misma proporción, ni en cantidad ni en calidad.

¿Cuánto ha cambiado el Estado peruano en los últimos años? En la década de los años noventa teníamos un diagnóstico: en el océano de un Estado quebrado e ineficiente, aparecieron “islas” de eficiencia, vinculadas al manejo macroeconómico y en parte a la política de combate a la pobreza. Sin embargo, el propio Fujimori bloqueó un intento de reforma integral del Estado hacia 1997, y ya sabemos cómo terminó esa historia: esas “islas” no solo no impidieron, sino que coexistieron con una corrupción generalizada y la destrucción de la institucionalidad política.

En la década de 2000, se mantuvieron en general las “islas” asociadas al manejo macroeconómico; con el gobierno de Toledo se avanzó algo en cuanto a mejoras en la institucionalidad democrática, pero muy parcialmente; y con el gobierno de García, la lógica de integración a los mercados globales llevó a que, paradójicamente, se avanzara en materia de regulaciones ambientales y del reconocimiento de derechos culturales. Al mismo tiempo, en el enfrentamiento con los sindicatos en el magisterio y en el sector público en general se encontró que lógicas de modernización y racionalización en el sector público resultaban un mecanismo útil para arrinconarlos, con lo que se avanzó en impulsar lógicas meritocráticas en el Estado. Finalmente, en los últimos años, con el gobierno de Humala, muchas de estas iniciativas han continuado, y se extendieron a la salud; y la promesa del combate a la exclusión llevó a mejoras en las políticas de combate a la pobreza.

Todos estos avances se han dado de manera parcial, discontinua, casi como consecuencia no intencional, no como parte de un compromiso conciente por mejorar el Estado. Las carencias siguen siendo clamorosas en cuanto a salud, educación, seguridad, justicia. Sin embargo, podría decirse que habríamos pasado de islas de excelencia a una suerte de archipiélago. La pregunta es si este es capaz será capaz de desencadenar cambios más profundos.

La nueva ley universitaria

Artículo publicado en La República, domingo 13 de julio de 2014

La realidad de nuestras universidades es ciertamente dramática. Medidas con criterios académicos internacionales, incluso las mejores tienen problemas para ubicarse al nivel de sus pares latinoamericanos. A duras penas solo alguna logra estar entre las 30 mejores de América Latina. Si esto pasa entre las mejores, ya pueden imaginarse qué pasa con el resto, considerando que hay cerca de 140, uno de los números más altos de América Latina. Como ha señalado el congresista Daniel Mora, muchas de ellas constituyen una estafa y merecerían ser cerradas. Algunos de sus críticos han señalado que la ley tiene una vocación paternalista negativa, y que bastaría con proporcionar información e indicadores de desempeño para que el mercado educativo se “autoregule”. Otros, simplemente defienden el statu quo.

A mi juicio, las intenciones de la ley son justas y necesarias, el problema es su implementación. Ocurre que en realidad la universidad peruana es muy distinta de lo que entenderíamos desde estándares internacionales, del mismo modo en el que ni nuestros partidos son tales, ni nuestras instituciones en general. En medio del colapso de la educación primaria y secundaria, en muchos contextos la educación superior resulta, en la práctica, el nivel en el que se intentan paliar sus limitaciones, y luego las maestrías se convierten en el nivel en el que se intentan paliar los límites de una mala formación de pregrado. Así, nuestra población universitaria muestra niveles que en realidad no corresponden a lo que internacionalmente se esperaría, pero sin embargo esos estudios cumplen una función. Esto explica que a pesar de que se trate de una “estafa”, sea un vehículo usado tan masivamente por la población, intentando lograr, mediante más años de estudio o la obtención de “cartones”, mejores oportunidades laborales.

Siendo las cosas son así, podría pensarse que la intención de la nueva ley es correcta, lo que llevaría, en el mediano y largo plazo, a un sinceramiento y reducción del número de universidades. Esto podría estar bien, pero la pregunta a continuación es qué caminos de mejor inserción al marcado laboral les quedan a los jóvenes. La respuesta sería una extensa oferta de carreras técnicas de calidad en todo el país, pero eso tomará tiempo; de hecho, una mirada profunda al mundo de la educación superior tecnológica mostrará también “estafas”. Tenemos una oferta excesiva en rubros como enfermería, comercio, servicios turísticos o computación, mientras que es prácticamente inexistente en áreas clave asociadas al desarrollo industrial.

La clave del éxito en la implementación de la ley es el crecimiento de una oferta sólida a nivel superior tecnológico; si no, la educación universitaria, por más mala que nos parezca, seguirá siendo la mejor opción para muchos jóvenes. En esto, estamos ante un viejo tema: el problema que enfrenta un Estado que quiere introducir lógicas racionales y modernas en sociedad que se mueve por reglas informales o tradicionalistas.

sábado, 12 de julio de 2014

50 años pensando el Perú



Acaba de salir publicado este libro, del cual tengo el honor de ser editor y coautor. Están todos invitados a su presentación.

"Con ocasión de los cincuenta años del Instituto de Estudios Peruanos, nos propusimos hacer un balance de nuestra contribución a las ciencias sociales peruanas y al mejor conocimiento del país. Fieles al espíritu de la casa, no quisimos inventarios celebratorios o complacientes, sino balances críticos. Quisimos textos que miren la producción del instituto a la luz de lo que sucedía en el país y en las ciencias sociales; que resalten los aportes a la comprensión del Perú, pero que también señalen omisiones, puntos ciegos, errores de interpretación, límites del trabajo institucional. Y que abran preguntas, temas de investigación, que esbocen una agenda para el futuro. Así, en este libro analizamos los temas centrales de preocupación del IEP (sociedad rural, migración y urbanización, escuela y sociedad, violencia y memoria), su producción disciplinaria (política, economía, historia), y proponemos evaluaciones generales sobre sus orígenes, evolución y desafíos futuros. Esperamos que a través de estos balances críticos el lector encuentre otra manera de acercarse a la comprensión de la compleja realidad peruana".

Contenido

Prólogo, por Roxana Barrantes

Introducción

El itinerario del Instituto de Estudios Peruanos: algunos hitos fundamentales
Julio Cotler

Pensando el Perú desde la literatura: el aporte del Instituto de Estudios Peruanos
Víctor Vich

Primera parte
Lo rural y lo urbano: escuela, migración y debate sobre la modernización en el Perú

50 años de reorientación de los trabajos del IEP: las sociedades campesinas y la migración a las ciudades
Jürgen Golte

50 años de investigaciones sobre la sociedad rural en el Instituto de Estudios Peruanos
María Isabel Remy

Educación, escuela y sociedad en el Instituto de Estudios Peruanos (1964-2013)
Patricia Ames

Segunda parte
Historia y violencia

La historia de la historia en el Instituto de Estudios Peruanos: los ciclos de las revoluciones historiográficas
Marcos Cueto

Los hondos y mortales desencuentros: violencia política y memoria(s) desde las miradas del IEP
Pablo Sandoval

Tercera parte
Economía y política: ¿la institucionalización de los mercados y la desinstitucionalización de la política?

Visiones de la economía y del desarrollo desde el Instituto de Estudios Peruanos: 50 años de reflexión sobre el Perú
Efraín Gonzales de Olarte

Los estudios políticos en el Instituto de Estudios Peruanos: cambios, continuidades y posibilidades
Jorge Aragón

Cuarta parte
Visiones generales

El Instituto de Estudios Peruanos y las ciencias sociales en el Perú: un balance crítico
Martín Tanaka

50 años del Instituto de Estudios Peruanos: de la agenda originaria a la agenda pendiente
Guillermo Rochabrún

El Instituto de Estudios Peruanos: 50 años buscando nación. Un ensayo de historia institucional
José Luis Rénique

Bibliografía general

Más aquí.

Derecho y economía

Artículo publicado en La República, domingo 6 de julio de 2014

Hace un par de meses se comentaba, a raíz de su fallecimiento, de los aportes de Gary Becker, ganador del premio Nobel de economía en 1992. Uno de los principales fue extender un análisis “económico” a otras esferas de la vida social, basado en el supuesto de la racionalidad de los actores en función de la maximización de sus beneficios individuales. Así, Becker exploró terrenos como la discriminación racial, el combate al crimen, las decisiones de casarse, divorciarse, tener hijos, entre muchas otras cosas. Digamos que Becker encontró una llave que parecía abrir muchas puertas, y la usó de manera creativa y abiertamente provocadora.

Una de esas puertas fue el estudio del derecho. Este tradicionalmente se fundaba en consideraciones normativas, que apelaban al “deber ser”, mientras que el enfoque económico partía de considerar que el cumplimiento de ley se rige por los costos y beneficios asociados a este, y que las leyes y normas estatales afectan la racionalidad de los actores, incentivando o no conductas determinadas. Los politólogos vemos también el mundo institucional más allá del deber ser, pero a diferencia del análisis económico, consideramos que existen instuciones formales e informales, y en estas últimas son claves hábitos, relaciones sociales, cultura, historia, y no solo los incentivos dados por las normas.

Todo esto viene a cuento de la discusión de los últimos días sobre el paquete de medidas propuesto por el Poder Ejecutivo, que busca promover la inversión reduciendo exigencias ambientales o procedimientos burocráticos, o cuando se plantea que para combatir la informalidad de la economía lo que correspondería sería reducir regulaciones y costos laborales.

Sin embargo, considero que son infundadas las expectativas puestas en que la inversión o la formalización aumentarían con cambios normativos. La desburocratización y la disminución de costos excesivos es algo bueno en sí mismo, y beneficiará en general a todos los empresarios, pero poco más. Las decisiones de inversión dependen de muchos otros factores: de la rentabilidad económica, obviamente, y de la calidad institucional en general, de la cual la burocratización es apenas un factor más. La informalidad es consecuencia de la incapacidad del sector moderno de absorber la demanda de trabajo y de la muy baja productividad de la enorme mayoría de micro y pequeñas empresas, antes que de los costos laborales. Aún más, relajar los controles ambientales y los estándares laborales puede ser contraproducente, porque puede aumentar la conflictividad social.

Precisamente, este desafío requiere construir una autoridad ambiental y laboral fuerte y creíble, que aparezca como imparcial en la mediación entre el interés empresarial y el las comunidades y trabajadores. Fortalecer la percepción de una autoridad que privilegia el interés empresarial va en contra de ese objetivo. En realidad, la propuesta del ejecutivo encubre su debilidad para avanzar en las reformas institucionales de fondo.

Elección en Lima (2)

Artículo publicado en La República, domingo 29 de junio de 2014

La semana pasada comenté sobre los precandidatos a la alcaldía provincial de Lima, y cómo de sus perfiles podrían sacarse lecciones de cómo funciona la política en el país.

Del lado de los sobrevivientes del pasado, la candidatura de Cornejo del APRA tiene sentido pensando en su carrera dentro de un partido con posibilidades de volver al poder nacional. Del Aguila con Acción Popular y Bonifaz con Somos Perú pagan el precio de postular con partidos que no logran sobreponerse a la muerte de sus fundadores.

En cuanto a los partidos con candidatos adoptados, tenemos personajes con experiencia municipal local, para quienes la asociación con partidos con “marcas vigentes” es útil para saltar al ámbito metropolitano. Para Sánchez-Aizcorbe el fujimorismo es un buen vehículo, y para éste no es problema que aquél provenga de Somos Perú – Perú Posible – Solidaridad Nacional; en esos casos, como ahora, se trató de acuerdos pragmáticos. Jaime Zea tiene una larga historia en Villa el Salvador, y el PPC lo ayuda a buscar el salto a lo metropolitano; para el PPC Zea ya puede ser considerado un cuadro propio (candidato por Unidad Nacional en VES en 2010 y 2002), aunque en 2006 haya postulado por Restauración Nacional, en la década de los noventa haya estado en Somos Perú y en la de los ochenta en la izquierda.

Es interesante notar que, en tanto Lima se derechizó, los cuadros de izquierda tuvieron estímulos para hacer lo propio. Otro buen ejemplo de esto es el alcalde de San Juan de Miraflores, Adolfo Ocampo: candidato a alcalde del distrito por Izquierda Unida en 1980 y 1983 (año en que ganó), por el Acuerdo Socialista en 1989, y candidato a diputado por Izquierda Socialista en 1990; en 1995 fue electo nuevamente alcalde, pero por Cambio 90 – Nueva Mayoría, y reelecto en 1998 por Vamos Vecino. En 2006 fue nuevamente candidato, pero por Avanza País, partido que afirma pretender seguir “la obra de Alfonso Barrantes”. En 2010 volvió a ser electo, por cuarta vez, en esta ocasión con Cambio Radical, el partido de José Barba.

Luego están los candidatos con partidos propios: Castañeda con Solidaridad Nacional, Castillo con Siempre Unidos; y los personajes que postulan con partidos personalistas ajenos: Belmont con el Partido Humanista, Arteta con Alianza para el Progreso, Heresi con Perú Patria Segura, Altuve con Vamos Perú. Estos personajes sienten que tienen capital político suficiente para su campaña, necesitando solo un partido para postularse, mientras que para estos un candidato competitivo es ocasión para posicionar sus marcas. Lo mismo Lo mismo puede decirse de la relación entre Villarán y Diálogo Vecinal.

Todo esto respecto al juego electoral: ¿qué decir de las propuestas de gobierno? Parece algo totalmente secundario. En el pasado, la ideología perfilaba propuestas de ciudad diferenciadas. Hoy no, al punto que Villarán con sus reformas tiene más respaldo entre los limeños de mayores ingresos, y Castañeda entre los más pobres con el recuerdo de sus obras.

lunes, 23 de junio de 2014

Elección en Lima

Artículo publicado en La República, domingo 22 de junio de 2014

Si analizamos las precandidaturas a la alcaldía provincial de Lima, encontraremos indicios interesantes de cómo se hace política en el Perú en estos tiempos.

En un extremo, tenemos a los sobrevivientes del pasado, los candidatos de partidos: Enrique Cornejo del APRA y Edmundo del Aguila, de Acción Popular; un poco Nora Bonifaz de Somos Perú, aunque ella se formó en la izquierda. Cornejo tiene visibilidad por su larga trayectoria, mientras que en Del Aguila y Bonifaz pesa más el partido que la imagen del candidato. Luego tenemos partidos con candidatos adoptados, donde el partido suma fuerzas con personajes con capital político propio: Fuerza Popular, nuevo membrete del fujimorismo, presenta a Alberto Sánchez-Aizcorbe, alcalde de La Victoria electo (2006) y reelecto (2010) por Unidad Nacional (UN). Es intesante anotar que este era militante de Solidaridad Nacional (SN), miembro de UN, pero antes de Perú Posible, donde llegó a ser jefe de personeros en las elecciones de 2000, y que surgió a la vida pública en la década de los años noventa dentro de Somos Perú. Otro caso es Jaime Zea, candidato del PPC: fue candidato sin éxito a una segunda reelección como alcalde de Villa el Salvador en 2010 por UN, pero en 2006 había sido reelegido por Restauración Nacional, el partido de Humberto Lay, y había sido elegido en 2002 por UN. Más atrás, encontramos que Zea fue regidor en la década de los años noventa como parte de Somos Perú, y en la de los ochenta como parte de Izquierda Unida.

Luego tenemos candidatos con partidos personalistas propios: el favorito según las encuestas, el exalcalde Luis Castañeda con SN, y Felipe Castillo, alcalde de Los Olivos desde 1996 y reelecto cuatro veces desde entonces. Cabe recordar que Castillo fue electo en 1996 como candidato de Cambio 90 – Nueva Mayoría, reelecto en 1998 con Vamos Vecino, y desde 2002 con su propio partido, Siempre Unidos. Luego tenemos los personajes que postulan con partidos personalistas ajenos: el exalcalde de Lima Ricardo Belmont, líder del extinto Movimiento “Obras”, con el Partido Humanista (el partido de Yehude Simon); el ex Jefe de la Policía Guillermo Arteta como candidato de Alianza para el Progreso, el partido de César Acuña; el alcalde de San Miguel desde 2003, Salvador Heresi, cuyos orígenes están en el PPC, hoy Secretario General del Partido Perú Más, el partido de Pedro Pablo Kuczynski, todavía sin inscripción, con “Perú Patria Segura”, el partido creado por Andrés Reggiardo, ex Cambio 90; el ex congresista fujimorista Fernán Altuve con “Vamos Perú”, partido del alcalde del Callao Juan Sotomayor, disidente del movimiento Chim Pum Callao, por el cual fue elegido regidor del Callao en 1995, alcalde de Bellavista en 1998, 2002 y 2006, y alcalde del Callao en 2010.

Finalmente, está el caso de la alcaldesa Susana Villarán, quien podría postular con el movimiento Diálogo Vecinal, un “emprendimiento” local que inscribió un movimiento para luego negociar la marca con algún candidato sin partido.

lunes, 16 de junio de 2014

Fútbol

Artículo publicado en La República, domingo 15 de junio de 2014

Tampoco pude resistirme y fui contagiado por la fiebre mundialista.

- ¿Por qué el fútbol genera tanto interés y pasión en todo el mundo? Acaso porque como deporte logró la mezcla perfecta entre talento individual y esfuerzo colectivo; entre previsibilidad e incertidumbre (se puede decir simultáneamente que “la historia cuenta” y que “cualquier cosa puede pasar”); un deporte en el que el chico puede a veces ganarle al grande; porque es un negocio multimillonario para corporaciones transnacionales, pero también mecanismo de ascenso social para algunos que surgen desde muy abajo; porque se asienta en atávicas identidades tribales, y es el espectáculo global por excelencia; porque puede ser cruel y despiadado, pero también es cierto que “siempre da revanchas”; porque en muchos sentido, constituye una metáfora de la vida misma.

- Jugar el mundial es la punta de un iceberg que se asienta en muchos niveles; es cierto que tiene una base estructural: el éxito en la cúspide puede tener en la base cierto nivel de desarrollo y prosperidad, que permita contar con jóvenes con las condiciones físicas necesarias para el deporte. Al mismo tiempo, se requiere tradición y cultura futbolística: esa misma población debe practicar y amar el fútbol; y contar con cierta red de respaldo social, el barrio, la familia, que apoye la profesionalización y disciplina que requiere la alta competencia. Pero nada de esto es suficiente: se necesitan instituciones públicas que promuevan la práctica del deporte y recluten talentos, y clubes privados que formen y profesionalicen a los jugadores desde muy temprano, y les impongan estándares internacionales de alta competencia. Si las cosas se dan bien en todos los niveles, sostenidamente en el tiempo, el crecimiento se empieza a evidenciar en categorías menores y en clubes, y termina en el mundial. Por el contrario, alguna falla en algún nivel hace que países con tradición decaigan.

- Perú empezó su historia futbolística, en otras épocas, basado en el arraigo popular de su práctica. Pero su precaria institucionalización e internacionalización lo hizo, aún en su mejor momento, un equipo mediano. Después vino la debacle económica, la descomposición social, la quiebra del Estado y de los clubes. Se fortalecieron las identidades futbolísticas, pero dentro de prácticas clientelísticas y entornos violentos y delincuenciales. Cierta mejora en el trabajo formativo en Alianza Lima permitió la aparición reciente de figuras como Claudio Pizarro, Jefferson Farfán y Paolo Guerrero, pero la última clasificatoria hizo evidente que es muy poco para pretender llegar al mundial.

- Lamentablemente, estamos muy lejos de pretender volver a los mundiales; en el mejor de los casos, niños o muy jóvenes de hoy podrían ser la base de una selección competitiva en el futuro. La esperanza es que la quiebra de Alianza y Universitario, la constatación de ser prácticamente los últimos de sudamérica, el haber tocado fondo, pueda ser el inicio de una nueva etapa.

Notas sobre la corrupción

Artículo publicado en La República, domingo 8 de junio de 2014

La amenaza de la corrupción es universal. Podría decirse que ella es frenada allí donde, del lado estatal, hay instituciones más fuertes, reglas más claras, transparencia; funcionarios profesionales; y controles y sanciones efectivas; del lado político, un cuidado en el gobierno por mantener buena reputación y desarrollar una carrera, y una oposición activa; y del lado social, cierta cultura de rechazo a la corrupción. Se trata de una confluencia de factores relativamente excepcional, de allí que la corrupción sea un problema serio en todo el mundo.

Cuando estallan escándalos de corrupción, y vemos actuar a las instituciones de control, por ejemplo, encarcelando a presidentes regionales, ¿qué podemos deducir? Primero, que se fracasó en evitar la comisión de delitos. En nuestro caso, todas las variables parecen estar mal: instituciones débiles, opacidad, marañas burocráticas, funcionarios precarios, liderazgos caudillistas y arbitrarios, cooptación de la oposición, tolerancia social frente a la corrupción.

A esto hay que sumar que la dinámica de la economía parece ir en contra de una ética pública escrupulosa; desde la economía se presiona para que las regiones gasten, por los riesgos de una recesión, o para frenar el descontento social frente a la inversión privada en regiones mineras, cuyos beneficios “deberían” hacerse evidentes. Recordemos que César Alvarez fue reelecto presidente regional y se presentaba apenas el año pasado como un gestor eficiente, que ponía a Ancash como la región con mejores indicadores de ejecución del gasto público y ejemplo de grandes inversiones, resultado de una política amigable con la inversión minera. El resultado era prosperidad y paz social, a diferencia de Cajamarca, supuestamente. Más presupuesto, más actividad económica, más presiones por gastar, generan más oportunidades y tentaciones para la corrupción. No solo vía la apropiación de dineros públicos, también de extracción de dinero privado mediante sobornos a cambio de decisiones a favor de algunos o en contra de otros.

Una segunda cosa que se podría deducir es que aparentemente se tuvo éxito en detectar y sancionar la corrupción. Sin embargo, uno se pregunta si la ausencia de denuncias o escándalos es indicador de menores niveles de corrupción, y si su proliferación es consecuencia de lo contrario. Esta última puede ser consecuencia de una voracidad excesiva, o de exclusiones o mezquindades en el reparto. La corrupción parece requerir cierta discreción, sentido de la mesura, y generosidad en el reparto, como describió recientemente el expresidente de la región Moquegua, Jaime Rodríguez: una cosa es robar en carretilla y compartir, mientras que otros roban en volquetes o trailers, y no reparten nada. Por esto, muchas veces las acciones de control son más resultado de files armados por intereses opositores, que del celo y eficiencia de los organismos fiscalizadores.

A todo esto hay que sumar la amenaza del crimen organizado. Para otra semana.

miércoles, 4 de junio de 2014

Partidos, movimientos, y candidatos

Artículo publicado en La República, domingo 1 de junio de 2014

La próxima semana se cierra la inscripción de las organizaciones políticas que participarán en las elecciones regionales y municipales del 5 de octubre. Podrán participar los 18 partidos nacionales inscritos, los movimientos regionales y las organizaciones políticas locales. Están en disputa 25 gobiernos regionales (presidentes, vicepresidentes y 274 consejeros regionales), 195 alcaldías provinciales y 1647 distritales (que implican la elección de 10,526 regidores). Tomando como referencia a las últimas elecciones, podríamos decir gruesamente que el conjunto de partidos nacionales presentará la mitad de los candidatos en competencia, y los movimientos regionales la otra mitad.

Con la excepción parcial del APRA, ningún partido es capaz de presentar candidatos para la mayoría de presidencias regionales o alcaldías provinciales. De este modo, tendremos a partidos nacionales que se presentarán solo donde tengan alguna posibilidad de competir “dignamente”, con candidatos propios, en alianza con otros o simplemente “alquilando” la marca partidaria a algún postulante sin inscripción; y movimientos regionales, por lo general altamente personalistas, compitiendo en el plano regional, y presentando también candidatos a alcaldías provinciales o distritales con personajes cercanos o nuevamente, alquilando la marca regional a algún líder local.

Podría así decirse que de un lado tenemos a partidos sin políticos: como decía, apenas el APRA y muy por debajo Acción Popular, por su trayectoria histórica, pueden decir que cuentan con cuadros y redes que cubran mínimamente el territorio nacional. Por haber ocupado el gobierno, el fujimorismo, Perú Posible y el Partido Nacionalista cuentan también con algo, pero solo el primero constituye hoy una marca atractiva para un candidato que busca postular. Todos los demás funcionan poco más que como etiquetas que se prestan o alquilan, buscando apenas “posicionar la marca” en el mercado electoral. En cuanto a los movimientos regionales, por lo general se organizan en torno a líderes con alguna trayectoria política reconocible: han sido congresistas, alcaldes, excandidatos con buenos desempeños, exfuncionarios. O son personajes que saltan del ámbito privado al público, desde alguna posición que les dio visibilidad: empresarios, periodistas, académicos, dirigentes sociales.

Frente a ellos se ubica la gran masa de candidatos interesados en desarrollar carreras políticas, y que tienen que evaluar qué marca partidaria nacional o regional les permite tener mayores opciones de ganar, y cuál le impone menos costos (pago por el uso de la marca, contribución a otras campañas de la marca, inclusión de allegados en las listas de candidatos). El crecimiento del presupuesto público en regiones y municipios resulta un incentivo a la participación tanto para quien tiene vocación de servicio y siente que puede hacer cosas, como para quien quiere obtener de alguna manera un beneficio particular. Qué hacer si es que ganas, ya se verá.

Populismo de derecha

Artículo publicado en La República, viernes 30 de mayo de 2014

En nuestros países, en los últimos años, el descontento frente a la situación económica y las promesas incumplidas de las reformas neoliberales llevaron a un “giro hacia la izquierda”. Pero a diferencia del pasado, este giro vino acompañado de liderazgos personalistas muy fuertes, con lo que este giro estuvo acompañado de fuertes rasgos populistas y autoritarios; el caso de Chávez fue la expresión más gráfica y extrema de esta tendencia.

En Europa, las cosas van en una dirección diferente. Se han realizado recientemente elecciones al parlamento europeo, y se han registrado preocupantes avances de fuerzas extremistas de derecha que han llamado la atención especialmente en Francia, en donde el Frente Nacional aparece como la primera fuerza política. Allí la respuesta a la crisis ha llevado a culpar no al mercado y al neoliberalismo, sino a los extranjeros, a las instituciones comunitarias, y a los supuestos países “ganadores” de la integración; y han llevado por lo tanto a la exaltación de valores tradicionales nacionalistas, étnicos, con fuertes componentes racistas. Populismo de derecha.

Populismos de derecha y de izquierda tienen muchos elementos en común, de allí su parentesco: liderazgos iluminados con discursos que establecen oposiciones simplistas y polarizantes, apelación al pueblo como encarnación de las virtudes de la nación frente a enemigos externos e internos; propuestas de acción directa sin mediaciones institucionales, lógicas antipolíticas. Cambian los enemigos y las recetas: los extranjeros y la integración en un caso, el imperialismo y la oligarquía en el otro; protección nacionalista y aislacionismo en un caso, fortalecimiento del Estado frente a mecanismos de mercado en el otro. El asunto es que, en contextos de crisis e incertidumbre, prosperan demandas antipolíticas.

Volviendo a nuestros países: ¿estaremos asistiendo a un resugimiento de populismos de derecha? ¿Estará terminando el giro hacia la izquierda? Recientemente hemos tenido la elección presidencial en Colombia, y el desgaste en las negociaciones con la guerrilla ha permitido el triunfo en la primera vuelta del candidato uribista Oscar Iván Zuluaga. En nuestro país, preocupado por problemas de inseguridad ciudadana, desorden público, escandalizado por los reiterados casos de corrupción, y una crisis económica sobre el horizonte, las encuestas de opinión ubican no por casualidad encabenzado las preferencias preelectorales a Keiko Fujimori, Alan García y Pedro Pablo Kuczynski. Se ha dicho, con razón, que existe espacio para alternativas de centro izquierda. Pero es pertiente recordar que los temores y la incertidumbre pueden llevar a buscar salidas populistas de derecha, no cuestionamientos al modelo económico y social imperante. Quienes buscan alternativas de cambio deben hacerse cargo también de los miedos de los ciudadanos.

¿Una reforma imposible?

Artículo publicado en La República, miércoles 28 de mayo de 2014

Acaba de aparecer un libro muy importante, Una reforma imposible. La justicia latinoamericana en el banquillo, de Luis Pásara (Lima, Fondo Editorial PUCP, 2014). Se trata de una síntesis del trabajo del autor a lo largo de muchos años, accesible al lector no familiarizado con cuestiones jurídicas. Digamos que plantea un enfoque sociológico y politológico del funcionamiento del Poder Judicial en la región. Intenta responder preguntas medulares: ¿es posible cambiar la justicia en nuestros países?, ¿qué obstáculos han enfrentado los procesos de reforma?, ¿es posible superarlos? Para esto el autor hace un diagnóstico de los problemas de la justicia, rastrea sus orígenes históricos, evalúa los intentos de reforma ocurridos en los últimas décadas, da cuenta de nuevos desafíos que se presentan en los últimos años. La conclusión es que para lograr cambios significativos se requiere de una coalición política y social muy amplia, que tiene que ir mucho más allá de los jueces y operadores del sistema de justicia, que presione de manera sostenida en el tiempo, para lograr metas solo visibles en el largo plazo.

De allí el título del libro, una suerte de sentencia condenatoria que recibe la justicia latinoamericana en el banquillo de los acusados. Ya antes Pásara ha hecho previsiones pesimistas respecto al futuro del país, y lamentablemente no resultaron desencaminadas. En un libro publicado en 1988 llamaba la atención sobre los riesgos de la “libanización” de la democracia peruana (Luis Pásara y Jorge Parodi, eds., Democracia, sociedad y gobierno en el Perú. Lima, CEDYS); y en otro publicado en 1991 preveía la desmovilización y posible cooptación de los movimientos sociales (Pásara et.al., La otra cara de la luna: nuevos actores sociales en el Perú. Lima, CEDYS).

¿Por qué el pesimismo? Es que, a diferencia de otras áreas del Estado (educación, salud, empleo público en general), aquello que se tiene que reformar no puede, en principio, ser empujado por la sola voluntad política gubernamental. En los últimos años, con toda la precariedad política que vivimos, hemos dado algunos pasos encaminados a mejorar el funcionamiento del Estado introduciendo evaluaciones del desempeño, incentivos para las mejoras, sanciones para la ineficiencia. Hay obviamente resistencias, pero es posible avanzar algo. Con los jueces y operadores del sistema de justicia es diferente: gozan de autonomía, poseen una fuerte cultura institucional, y se han habituado a funcionar como lo hacen, tolerando altos niveles de corrupción, ineficiencia y exclusión social.

Pásara termina el libro diciendo que “el peor colofón de esta historia sería que, en materia de justicia, las cosas siguieran como hasta ahora. Aunque no es improbable que así ocurra, habríamos de lamentarlo”. Llamar la atención sobre las funestas consecuencias de las tendencias en curso es un primer paso para evitarlas.

Regiones y corrupción

Artículo publicado en La República, lunes 26 de mayo de 2014

A propósito de los sucesos recientes en Ancash y otras regiones, marcados por escándalos de corrupción y el develamiento del modus operandi de sus mafias, surgen voces que cuestionan el proceso de descentralización en general.

Es cierto que la constitución de gobiernos regionales se llevó a cabo con una sorprendente improvisación y voluntarismo, y tuvo consecuencias inesperadas negativas: debilitó a los partidos políticos naciones, que fueron sustituidos por movimientos departamentales que profundizaron la fragmentación política del país entre niveles de gobierno. De otro lado, los gobiernos regionales adolecieron de serios problemas de gestión y de capacidad institucional para hacerse cargo de sus nuevas responsabilidades. Esto coincidió con un presupuesto público cada vez más grande y con una ley de canon que hizo que algunas regiones en particular tuvieran ingentes recursos. La coexistencia entre más recursos y responsabilidades, con limitadas capacidades políticas e institucionales tuvo como consecuencia altos niveles de ineficiencia y corrupción.

Sin embargo, así como fue un error apresurarse con la constitución de regiones y la descentralización, también lo sería apresurarse a desandar lo andado. Ya es indudable que los gobiernos regionales son el referente más importante en la vida de las localidades, por encima de los congresistas del departamento y de los alcaldes de la provincia capital. Y en algunas regiones empieza a haber signos de aparición de lo que podríamos llamar sistemas políticos regionales.

¿Cómo enfrentar entonces los problemas de corrupción? Evidentemente, parte del asunto involucra a la Fiscalía y a la Contraloría. Pero otra parte involucra a los actores y controles políticos, lo que nos lleva a examinar el papel de los Consejos Regionales y de los Consejos de Coordinación Regional. Recordemos que en la última elección se eliminó el llamado “premio a la mayoría”, lo que podría haber llevado a un mayor control sobre el ejecutivo regional; sin embargo, los consejeros fueron elegidos sobre la base de las provincias del departamento, lo que fragmentó la representación. Esto facilitó la cooptación de la oposición por parte del presidente regional.

Urge por tanto reconsiderar la forma de elección y funciones de los Consejos Regionales y Consejos de Coordinación, para que sirvan como instrumento de control del ejecutivo regional. Pero para ello debemos apuntar a fortalecer los movimientos regionales, y alejarnos de formas de representación personalizada por provincias.

PS. Que no cunda el pánico: estaremos reemplazando a Augusto Alvarez Rodrich, de vacaciones, Ricardo Cuenca y yo, solamente esta semana.

Desigualdad

Artículo publicado en La República, domingo 25 de mayo de 2014

En el mundo, la discusión sobre la desigualdad se ha puesto en el centro del escenario, motivada por la publicación del libro Capital in the XXI Century, de Thomas Piketty (Cambridge, Harvard University Press, 2014). Este analiza la dinámica económica de los países nor-occidentales a lo largo de los últimos siglos, y sostiene que la tasa de retorno del capital es significativamente más alta que la tasa de crecimiento del ingreso y de la producción, por largos periodos de tiempo, lo que lleva a un empeoramiento en la distribución de la riqueza. El interés en el libro ciertamente se debe a sus méritos, pero también a que provee una explicación razonable a las angustias y percepciones actuales, marcadas por una crisis internacional originada en la voracidad de la banca de inversión.

¿Y en nuestro país? Diferentes estudios señalan que en los últimos años el crecimiento ha estado asociado a una mejora en la distribución, aún asumiendo que pueda existir una subestimación de los ingresos de los sectores altos (ver trabajos de Gustavo Yamada y otros). Esto hace que Perú destaque en el ámbito latinoamericano como uno de los países que ha tenido mejoras en la reducción de la desigualdad (ver trabajos de Nora Lustig, Miguel Jaramillo y el hoy ministro de educación Jaime Saavedra), y que no aparezcamos como especialmente desiguales en la región.

Sin embargo, hay mucho más que decir. Javier Escobal y Carmen Ponce muestran que, si bien en general la distribución del ingreso ha mejorado en los últimos años, ha empeorado en algunas dimensiones, como por ejemplo la espacial. Un dato ilustrativo es que en 2004 la sierra rural concentraba el 58% de la pobreza extrema, y en 2010 ese porcentaje subió a 63%. Los autores encuentran distancias crecientes entre Lima Metropolitana y las ciudades principales, y las zonas rurales. Es decir, la pobreza se reduce, hay mejoras generales, pero las distancias entre unos y otros en la dimensión espacial-regional tienden a aumentar. Los autores registran también diferencias crecientes entre individuos agrupados según lengua materna, en desmedro de la población de origen indígena (ver Polarización y segregación en la distribución del ingreso en el Perú: trayectorias desiguales. Lima, GRADE, 2012).

Siguiendo con esta pista, podríamos decir que para entender los problemas de desigualdad en un país como el Perú y sus consecuencias sociales y políticas hay que partir de mediciones y registros individuales, pero ir más allá: es imprescindible mirar qué ocurre en las relaciones entre las regiones, entre los ámbitos urbanos y rurales; la mediación de la etnicidad; y sobre todo, cómo todo ello en ocasiones se superpone. El problema de fondo en nuestro país es que, a pesar de los cambios y mejoras, no logramos romper un esquema en el que lo pobre, lo rural, lo indígena, está en un extremo crecientemente alejado de lo próspero, urbano, criollo-mestizo. Por eso nuestros imaginarios discriminadores se resisten a desaparece