lunes, 25 de febrero de 2013

Lincoln

Artículo publicado en La República, domingo 24 de febrero de 2013

Hoy se realizará la ceremonia de entrega de los premios “Oscar”, y la película Lincoln dirigida por Steven Spielberg es una de las nominadas a mejor película del 2012. Comentar el retrato que la película bosqueja del que hacer político resulta pertinente para nosotros.

Se comenta mucho en la política peruana últimamente que habría actores “decentes” y “corruptos”, pero al mismo tiempo que habría “caídos del palto” que no saben hacer política, aunque guiados por nobles intenciones, y otros hábiles y eficaces, pero motivados por intereses subalternos. Puestas las cosas así, aparece un callejón sin salida: estaríamos entre un principismo ingenuo destinado al fracaso, y un cinismo eficaz, que nos lleva a una política en la que solo los inescrupulosos sobreviven.

El retrato que Spielberg propone de Lincoln presenta una interesante salida a este problema. Este es presentado como un político principista, guiado por el objetivo de mantener la unión de un país dividido y ensangrentado por la guerra civil, para lo cual la aprobación de la 13ª enmienda de la Constitución, que prohibe la esclavitud, es considerada imprescindible. Sin embargo, Lincoln sabe que esta iniciativa enfrentará la oposición del partido demócrata, e incluso la de sectores importantes de su propio partido, el republicano; y que para conseguir los votos necesarios en el Congreso deberá manipular a su propio partido y comprar votos y alentar el transfuguimo en el partido rival. Claro que dentro de ciertos límites, porque no puede existir una incongruencia tan grande entre medios y fines: se ofrecen cargos públicos como recompensa, pero no dinero en efectivo.

En su momento se enfrentan dilemas irresolubles: detener la guerra y salvar vidas, o persistir en el conflicto en nombre de los ideales. El líder evita un acuerdo y asume el peso de esa carga, arriesgando la vida de su propio hijo, que también participa en la guerra. Este líder entiende que, a pesar de que acaso los grandes fines que persigue pueden justificar las concesiones que se ve obligado a hacer, esas concesiones desvirtúan su acción política. Por ello el Lincoln interpretado por Daniel Day-Lewis transmite no satisfacción u orgullo, sino humildad, y asume su liderazgo como una pesada carga. Es más, su asesinato puede leerse tanto como una liberación de la misma como el pago por sus transgresiones.

Es fascinante también el retrato de Thaddeus Stevens, líder republicano radical interpretado por Tommy Lee Jones, encarnación del líder principista poco dispuesto a hacer concesiones. Cuando ambos líderes se encuentran, Stevens enfatiza la necesidad de no perder nunca la brújula moral; Lincoln le recuerda que el norte en ocasiones conduce a un pantano del que no se puede salir, por lo que se impone la necesidad de retrocesos o rodeos para poder seguir adelante. Más adelante, Stevens ilustra también el coraje del aprendizaje de la moderación y del realismo.

Cuán pertinente para pensar en nuestra política de hoy.


VER TAMBIÉN:

Los colores de la revocatoria
Alberto Vergara

martes, 19 de febrero de 2013

El Estado latinoamericano en su laberinto

Excelente número...

Revista de ciencia política (Santiago)


DOSSIER
· INTRODUCCIÓN: EL ESTADO LATINOAMERICANO EN SU LABERINTO
ALTMAN, DAYID; LUNA, JUAN PABLO

ARTÍCULOS
· LEGITIMIDAD, AUTONOMÍA Y CAPACIDAD: CONCEPTUALIZANDO (UNA VEZ MÁS) LOS PODERES DEL ESTADO
MAZZUCA, SEBASTIÁN L


· La transformación del estado de derecho latinoamericano: Capacidad del Estado y estado de derecho
BRINKS, DANIEL M


· Midiendo la capacidad estatal en la América Latina contemporánea
SOIFER, HILLEL DAVID


· Conceptualizando la fortaleza del Estado: Más allá de los estados débiles o fuertes
GIRAUDY, AGUSTINA


· Capturando la fortaleza del Estado: Aproximaciones econométricas y experimentales
KURTZ, MARCUS J; SCHRANK, ANDREW


· Política territorial y el alcance del Estado: Irregularidad por diseño
BOONE, CATHERINE


· El estado del Estado en América Latina: Desafíos, desafiantes, respuestas y déficits
EATON, KENT


· La construcción de estatalidad híbrida: Fuentes del accionar policial en el conurbano
DEWEY, MATÍAS


· Un sistema adaptativo complejo: Redes, carreras armamentistas y peligros morales
POLICZER, PABLO


· Más allá del Estado mínimo: Hacia una agenda alternativa
MAILLET, ANTOINE


· Avanzando en el estudio de la estatalidad en América Central: Metodología y algunos hallazgos ilustrativos
VARGAS CULLELL, JORGE


· Estatalidad en disputa y construcción del Estado en Haití
BARANYI, STEPHEN


· Midiendo la historia "de éxito" colombiana
FELDMANN, ANDREAS E

RECENSIONES

·
John P. McCormick (2011), Machiavellian Democracy
TAVERA, HUGO

lunes, 18 de febrero de 2013

Corrupción, ética y política (2)

Artículo publicado en La República, domingo 17 de febrero de 2013

La semana pasada llamaba la atención sobre la necesidad de una profunda reforma judicial no solo por la obvia necesidad de acceso a la justicia, sino también por los efectos que sus decisiones tienen sobre el sistema político. No hay confianza en el sistema judicial y hay actores políticos importantes que parte de la ciudadanía identifica como corruptos. Si los sistemas anticorrupción funcionaran bien, algunos de los imputados deberían pagar condenas, y los inocentes deberían ser librados de sospechas; como no funcionan, terminamos teniendo culpables impunes e inocentes falsamente implicados en la comisión de delitos. La percepción de injusticia hace que se cuestione permanentemente la institucionalidad judicial, que la política tienda a asumir la forma de controversias morales, y que su dinámica tienda a “judicializarse”, a recurrirse reiteradamente a los tribunales para intentar saldar lo que se considera como cuentas pendientes. Esto aumenta la presión política sobre los jueces, con lo que, como en una profecía autocumplida, la judicatura tiende en efecto a politizarse. Como es de esperarse, cuando la moralidad está en juego, el intercambio, la negociación y la búsqueda de acuerdos políticos se dificulta, porque se asume que están en juego valores absolutos. Así es muy difícil contruir una comunidad política democrática.

En todos los países de la región, el debilitamiento de los partidos como canales de representación hace que la política tienda a judicializarse; los actores intentan conseguir mediante acciones legales la solución a demandas que no se consiguen mediante la movilización política. La complejidad y autonomía de lo jurídico hace en ocasiones que actores débiles obtengan grandes victorias políticas. El problema es, nuevamente, que la judicatura se politiza, se debilita a los partidos, se hacen menos previsibles los resultados judiciales, lo que entorpece el intercambio político.

De todo esto no se debe deducir que corresponde refundar el sistema de justicia “desde afuera”; ese es un camino que ha llevado siempre a autoritarismos y a un mayor control político de las decisiones judiciales. Urge por el contrario una gran reforma judicial y el reforzamiento de un sistema anticorrupción lo más autónomo de presiones políticas. Urge un gran acuerdo político y entre los poderes del Estado para limpiar la política de la percepción de corrupción, que amenaza la legitimidad del sistema político. En segundo lugar, urge que los partidos y actores políticos sobre los que hay sospechas de impunidad o problemas por falta de transparencia que colaboren con las investigaciones necesarias para despejar toda duda y no refigiarse en artilugios legales. Y tercero, por parte de todos los actores políticos y sociales, no dejarse llevar por el expediente fácil de acusar a alguien de corrupto para intentar ganar disputas políticas, y por parte de los medios de comunicación el no dar cabida a acusaciones sin fundamento.


VER TAMBIÉN:

Corrupción, ética y política

jueves, 14 de febrero de 2013

ALACIP 2013




Atención con las fechas:

7o. Congreso Latinoamericano de Ciencia Política – Bogotá 2013

Presentación de propuestas – hasta el 28 de febrero de 2013 OJO

Decisiones sobre propuestas, mesas y simposios – 15 de abril de 2013

Inscripción al congreso – hasta el 7 de julio de 2013

Recepción de ponencias definitivas – hasta el 16 de agosto de 2013

El próximo Congreso de ALACIP se celebrará en la Universidad de los Andes de Bogotá, los días 25, 26 y 27 de septiembre de 2013.

Más información aquí.

martes, 12 de febrero de 2013

Corrupción, ética y política

Artículo publicado en La República, domingo 10 de febrero de 2013

En la vida política siempre habrá intereses y visiones contrapuestas, en ocasiones muy enconadas, especialmente cuando se percibe que hay opciones éticas en juego. El régimen democrático nos da un mecanismo para procesar institucionalmente esas diferencias: el más importante es el voto popular y la regla de mayoría. Aquellos que consiguen más votos ocupan las posiciones de gobierno, y los demás, aunque no les guste, lo deben aceptar. En los últimos años hemos tenido elecciones muy reñidas, pero al final terminó imponiéndose ese criterio. Actores pueden incluso no estar de acuerdo con la conducta y decisiones de los organismos electorales, pueden estar convencidos de que se equivocaron y los perjudicaron, pero al final están obligados a respetar sus fallos, y no cuestionan la legitimidad de los resultados.

En nuestro país parece estar medianamente asentado el reconocimiento de las elecciones como mecanismo democrático, que va por supuesto de la mano con un funcionamiento considerado aceptable de los organismos electorales. Sin embargo, no hemos avanzado mucho en otro mecanismo democrático esencial, que es el funcionamiento del sistema de justicia, del que forman parte el Poder Judicial, el Ministerio de Justicia, la fiscalía, la policía, etc. Acá también deberíamos tener un mínimo de confianza en su funcionamiento, de modo tal que puede haber múltiples percepciones y denuncias de corrupción, pero debería ser un criterio compartido que quien determina eso en última instancia es el Poder Judicial. Y uno puede discrepar con sus fallos, criticar sentencias, pero al final estos deben ser aceptados en todas sus consecuencias.

El problema se agrava cuando algunos de los actores políticos que sectores de la población identifican como corruptos gozan de respaldo popular y representan políticamente a sectores importantes de la sociedad. Las reglas institucionales obligan a reconocerlos como interlocutores en un sentido pleno, y la política solo puede funcionar si se logra poner “entre paréntesis”, por así decirlo, las objeciones éticas, para poder entrar al terreno de la negociación política. Ejemplo: la designación del Defensor del Pueblo o de los magistrados del Tribunal Constitucional. Poner por delante consideraciones morales haría imposibles los acuerdos políticos que se necesitan.

La consecuencia de esto es que urge avanzar en la mejora del sistema judicial, porque su falta de legitimidad crea serios problemas que dificultan el intercambio político. En el corto plazo no parece quedar otra que aceptar los fallos judiciales, individualizar las responsabilidades penales y no hacerlas extensivas a colectividades políticas. Decir esto puede resultar impopular en el contexto de confrontación que se vive en medio de la campaña de la revocatoria, pero precisamente por eso es necesario hacerlo. Resolver el dilema existente entre las percepciones de justicia y el respeto a las instituciones es clave para nuestra democracia.

domingo, 3 de febrero de 2013

La racionalidad popular

Artículo publicado en La República, domingo 3 de febrero de 2013

En las últimas semanas distinguidos políticos, analistas, columnistas, han planteado que la revocatoria del 17 de marzo debería entenderse como una elección entre la “decencia” y la “corrupción”. No tengo duda de que al frente, detrás y a los lados de la causa de la revocatoria hay intereses personalistas y mafiosos; como ha sido dicho, mafias afectadas por el cierre del marcado de La Parada, por la propuesta de reforma del transporte público, por el cambio en la lógica de actuación de los funcionarios municipales en cuanto a adquisiciones, contrataciones, concesiones, respecto a la gestión anterior, deben ser promotores entusiastas de la causa del “Sí”. Además, los alineamientos políticos producidos alrededor del “Sí” y del “No” y sus justificaciones muestran que unos se suman oportunistamente a una ola de descontento, mientras que otros muestran preocupación por el bienestar de la ciudad, independientemente de la popularidad de esta postura.

Lo que nos lleva precisamente al punto que quiero resaltar: planteadas las cosas en el terreno de la moralidad, resulta extremadamente problemático el que el “Sí” haya mostrado hasta el momento un apoyo mayoritario. La salida ha ido por señalar que quienes optan por el “No”, según las encuestas, serían sectores más educados y informados. De este modo, quienes están hasta el momento a favor del “Sí”, mayoritariamente en los sectores C, D y E de las encuestas, lo estarían porque serían víctimas de una campaña de desinformación, así como de errores en la estrategia comunicacional de la Municipalidad (en el peor de los casos, se denuncia que ese apoyo es consecuencia de una “compra” –a cambio de una bolsa de fideos- o de presiones –“si no apoyas pierdes el vaso de leche”-).

El problema con este razonamiento es que, visto a lo largo del tiempo, resulta que el pueblo está siendo engañado o manipulado cuando muestra preferencias contrarias a las de uno, mientras que se le presenta como sabio, lúcido, conciente, cuando coincide. Así, desde la derecha se oscila entre querer regresar al tiempo del voto censitario (porque los pobres son resentidos e ignorantes), y aplaudir su espíritu emprendedor y empresarial; y desde la izquierda entre denunciar su alienación por los “poderes fácticos” y los medios de comunicación, y su creciente movilización y conciencia de clase. En realidad, en los sectores A y B, y en el “mundo letrado” en general, hace falta mucho más información y comprensión sobre cómo se informan, forman opinión, perciben la política y toman decisiones al respecto en el mundo popular, de allí que tienda a caerse reiteradamente en imágenes estereotipadas. Y como ha sido dicho correctamente por muchos también, la campaña por el “No” ganaría en eficacia si se concentrara en lanzar una oferta atractiva para a los sectores más pobres de la ciudad, antes que apelar a la moralidad e intentar convencer a sus votantes reacios llamándoles la atención por indolentes o desinformados.

lunes, 28 de enero de 2013

El voto limeño

Artículo publicado en La República, domingo 27 de enero de 2013

En la década de los años setenta, especialmente con la invasión en Pamplona, que dio posteriormente origen al distrito de Villa el Salvador, empezó a hacerse evidente que la Lima “tradicional” quedaba definitivamente atrás. Frente a esta evidencia, fue la izquierda la más entusiasta en presentarse como la representante de los inicialmente invasores, mientras que los partidos de derecha, por el contrario, mostraban preocupación por la migración, la irregular ocupación urbana, la vulneración de la propiedad pública y privada, la extensión de la informalidad. Por su parte el APRA parecía incapaz de ir más allá de los sectores populares “tradicionales” (Chorrillos, Rímac, La Victoria). Los mapas electorales de las elecciones municipales de 1980 y 1983 crearon la imagen de una “Lima popular” orientada hacia la izquierda: al norte, Carabayllo, Comas, Independencia; el este El Agustino, San Juan de Lurigancho, Ate; al sur San Juan de Miraflores, Villa María del Triunfo, Villa el Salvador, dieron pie a la imagen de un “cinturón rojo” que cercaba la Lima tradicional.

Era ciertamente una imagen exajerada, pero daba cuenta de que, en el plano del discurso político, era básicamente la izquierda la que se identificaba con las demandas de reconocimiento, titulación, acceso a servicios básicos, de los “nuevos limeños”. Recién en 1986 Hernando de Soto difundió un discurso liberal dedicado al mundo popular limeño, y habló de una “revolución informal”, demostrando que este no tenía por qué asumirse como izquierdista. En 1989, el inesperado triunfo de Ricardo Belmont mostró que el pueblo limeño era mucho menos ideológico y politizado que lo que se había pensado, y las autoridades políticas descubrieron que la Lima producto de las invasiones no debía verse como una amenaza, sino como una importante fuente de legitimidad política. Por ese mismo camino, esencialmente, transitaron Alberto Andrade y Luis Castañeda. Los tres consolidaron liderazgos legitimados por la reivindicación del orden y la construcción de obras públicas. Y los resultados de las elecciones presidenciales de 2006 y 2011 en Lima más bien sugirieron un carácter “conservador” en los limeños.

El triunfo de Susana Villarán, con una votación asentada básicamente en distritos populares, fue leído equivocadamente por algunos como una nueva “izquierdización” del electorado, cuando se trató de un encuentro circunstancial. También sería equivocado asumir que en Lima el apoyo a Villarán es mayor en los sectores socioeconómicos más altos porque allí estaría la población más educada y más cercana a “valores postmaterialistas”, como ocurre en otras ciudades capitales del mundo. En realidad, las opciones electorales siguen siendo muy volátiles; lo que sigue siendo una constante es la persistencia de importantes diferencias sociales entre nuestras distintas “limas”, entre los distritos tradicionales y las Limas del norte, este y sur, que han aflorado de mala manera en esta campaña.

lunes, 21 de enero de 2013

Lima y el Perú

Artículo publicado en La República, domingo 20 de enero de 2013

Esta semana Lima celebró el 478 aniversario de su fundación española, en medio del proceso de revocatoria a la alcaldesa Villarán. Para analizar ambos temas contamos con los resultados de la última encuesta “Lima cómo vamos 2012”, aplicada por tercer año consecutivo, esta vez en noviembre del año pasado, y varias encuestas de opinión recientes sobre la revocatoria.

En cuanto a las percepciones ciudadanas sobre la marcha de la capital, podría decirse que Lima muestra las mismas ambigüedades y paradojas que el país en general. Es decir, hay un ligero aumento en la satisfacción por vivir en Lima, una percepción de mejora en cuanto a los principales problemas de la ciudad, un mayor optimismo respecto a la situación de la familia en el año que empieza, una reducción en el número de personas que se perciben como pobres, una mejora en la evaluación de la gestión municipal y de la alcaldesa frente al año pasado; pero al mismo tiempo tenemos descontento, una percepción de empeoramiento de la calidad de vida, especialmente entre los más pobres. Al mismo tiempo, la brecha en las percepciones de bienestar entre el grupo de distritos más consolidados y los menos se hace más grande, especialmente en los distritos al sur. Es decir, a la ciudad le va mejor en general, pero algunos se sienten estancados o incluso peor.

Esto es coherente con los datos que muestran las encuestas de opinión sobre la desaprobación a la gestión de la alcaldesa, más baja en sectores altos, más alta en sectores populares. Es decir, a las percepciones existentes sobre la marcha de la ciudad se ha sumado un estilo de conducción política que lejos de contrarrestar esa brecha, tiende a ahondarla. Podría decirse que, sin proponérselo e inadvertidamente, la gestión de Villarán se identificó con iniciativas (reforma del transporte, mercado mayorista, impulso a la cultura) y estilos (resaltando la transparencia, nuevas formas de gestión), que sintonizan mejor con los sectores más acomodados que con los populares, con lo que estos se sienten desatendidos. Paradójico tratándose de una gestión de izquierda, que tiene como eje de su discurso la noción de una Lima diversa, plural, popular. Ocurre que esa Lima no tiene voceros ni representación propia, y el liderazgo de Villarán, percibido inicialmente durante la campaña como cercano, pasó luego a ser visto como ajeno, como un liderazgo politizado e ideológico, en una ciudad más bien pragmática y antipolítica.

La Lima actual, a la que se busca apelar desde el discurso de la diversidad, no tiene una identidad definida todavía (aunque esté en construcción), por lo que resulta difícil sintonizar con ella políticamente. Debe considerarse que incluso el voto por el “sí” en la revocatoria no es un apoyo en absoluto a ningún promotor de la misma, ni a ninguna propuesta alternativa en particular, sino una nueva apuesta, un nuevo “salto al vacío”, una expresión más la crisis de representación política nacional.

VER TAMBIEN:

Lima cómo vamos 2012

IPSOS-APOYO
Popularidad presidencial, desprestigio parlamentario y revocatoria
Enero 2013


domingo, 13 de enero de 2013

Qué pasa con el Congreso

Artículo publicado en La República, domingo 13 de enero de 2013

Se ha comentado mucho sobre el Congreso en estos días, se han denunciado problemas y se han propuesto algunas soluciones, pero me parece que todavía no tenemos clara la naturaleza de la enfermedad que queremos curar, por lo que algunas de las medicinas y tratamientos propuestos pueden ser inadecuados. Me parece que en el Congreso hay tres grandes tipos de problemas: el primero se refiere a quiénes llegan a éste; luego, cómo funciona, y tercero, qué hacen los elegidos una vez que llegan al Congreso.

Al Congreso llega mucha gente cuestionable: algunos con buenas intenciones pero nada de experiencia ni conocimiento sobre temas políticos y públicos, con lo que terminan siendo percibidos como inútiles; otros sí llegan con la intención de hacer de la gestión parlamentaria una extensión de sus actividades particulares previas, obtener beneficios personales. ¿Por qué sucede esto? Porque la mayoría de partidos no tienen militantes ni presencia en todas las regiones, y además hay muchos partidos. Por esta razón las listas se arman de cualquier manera, y terminan siendo electos aquellos que tuvieron la suerte de pertener a una lista con capacidad de arrastre, y de ganar la lucha del voto preferencial, basándose en alguna reputación ganada en la región o en tener dinero para hacer una buena campaña. La solución a esto pasa por seguir la lógica de reducir el número de partidos (ser exigente con el cumplimiento de la ley de partidos), hacer funcionar la democracia interna, eliminar el voto preferencial; es decir, mecanismos que le den al partido más control del personal que están proponiendo.

Segundo, el problema de cómo funciona el parlamento. Se pierde de vista que los congresistas son elegidos como representantes de un partido, que debe tener una bancada y una agenda parlamentaria clara, no son representantes individuales. Esto hace que algunos congresistas de cuando en cuando, o salgan con iniciativas estrafalarias, o se dediquen a favorecer intereses particulares. Se debe cambiar la lógica para fortalecer los grupos parlamentarios y a los líderes de las bancadas, y son ellos quienes deben reponder políticamente por las conductas de sus colectivos.

Tercero, qué hacen los congresistas. Además de representar a un partido, representan a una región. El problema está en que el Congreso privilegia las funciones legislativas y fiscalizadoras nacionales en desmedro de la de representación de los intereses de las regiones, y las iniciativas intentadas hasta el momento no han estado bien encaminadas. En muchos países, el momento cumbre de la función de representación es la aprobación del Presupuesto General de la República, que en el Perú viene muy cerrado desde el Ministerio de Economía y Finanzas. Mientras no se den espacios y alguna capacidad de negociar políticamente el presupuesto desde la representación regional, los ciudadanos sentirán que sus representantes no atienden sus intereses.

lunes, 7 de enero de 2013

Albert Hirschman (1915-2012)

Artículo publicado en La República, domingo 6 de enero de 2013

El pasado 10 de diciembre falleció el economista Albert Hirschman; nació en Alemania, estudió en Berlín, París, Londres y Trieste; fue voluntario republicano en la guerra civil española, luchó con los franceses frente a los nazis, y colaboró luego en la fuga a los Estados Unidos de intelectuales y artistas perseguidos por estos. En este país desarrolló su carrera académica, que combinó con importantes cargos en el sector público. Sus contribuciones académicas fueron muy variadas: Hirschman fue un economista muy heterodoxo, especialista en el arte de “traspasar fronteras” intelectuales, pasando de la economía a la política y a la filosofía. Acaso el centro de sus preocupaciones fue el tema del desarrollo; no concibió una teoría general para dar cuenta de este, pero su obra está llena de ideas, conceptos, de “alcance medio” tremendamente útiles, por lo que su relectura es necesaria. Llama la atención cómo en Hirschman la sencillez de sus razonamientos conduce a muy agudas constataciones, demostrando aquello de que el sentido común es el menos común de los sentidos. La lectura de Hirschman nos ayuda a liberarnos de los prejuicios adquiridos por la importación acrítica de teorías generales o por el peso de las ideologías, que nos impiden ver lo que muchas veces está simplemente a la vista.

El desarrollo de América Latina fue parte central de su reflexión. Hirschman analizó algunos de los problemas de las políticas públicas en nuestros países, y habló del problema de la “fracasomanía”: la noción de que todos los esfuerzos previos al de uno han sido inútiles, por lo que hay siempre que empezar desde cero; de que si no hay reformas completas, complejas, integrales, entonces cualquier esfuerzo es vano. Esta actitud lleva a la inacción, a desestimar la ocurrencia de cambios positivos, así como a soslayar la ocurrencia de fenómenos inesperados, que plentean nuevos retos y que también abren nuevas oportunidades; todo lo cual impide que ocurran aprendizajes y la acumulación de conocimiento.

En esta actitud, paradójicamente, coinciden los izquierdistas más radicales con los derechistas más recalcitrantes. Los primeros desdeñan las reformas porque quieren una revolución y desconfían de un Estado visto como “capturado” por la clase dominante; los segundos porque defienden el status quo, y porque quieren un “mercado libre” sin intervención estatal. Pensando en el Perú actual, las advertencias de Hirschman son de una gran pertinencia. La precariedad de nuestras instituciones y de nuestros actores políticos nos llevan a subestimar la ocurrencia de cambios que, aunque en pequeña escala, pueden llevar a la larga a nuevas situaciones, diferentes, en donde pueden aparecer oportunidades de transformación inesperadas. Detectarlas en un país en medio de muchos cambios es una tarea fundamental; un sentido crítico mal entendido, que se expresa en frases como “aquí no pasa nada” puede llevar a dejarlas pasar.

lunes, 31 de diciembre de 2012

2012-2013

Artículo publicado en La República, domingo 30 de diciembre de 2012

Llega nuevamente el momento de evaluar el 2012 y de especular sobre el año que empieza. Recordemos cómo veíamos al inicio el año que se va: el Consejo de Ministros presidido por Oscar Valdés se veía muy frágil, después de la rápida caída del de Salomón Lerner; se temía un giro “autoritario” del gobierno, y la implantación “a sangre y fuego” del proyecto minero Conga. A mediados de año se presentó una situación de polarización exacerbada e innecesaria, alimentada tanto por sectores de una izquierda que se radicalizaban y denunciaban la derechización y militarización del gobierno, y sectores del gobierno recelosos de los antiguos aliados de izquierda y que proponían precisamente un endurecimiento. Paradójicamente, estas visiones se complementaban y reforzaban entre sí, y llevaron a un callejón sin salida.

El gobierno empezó su segundo año con el Consejo de Ministros presidido por Juan Jiménez, que retomó el camino del diálogo, confirmándose la naturaleza esencialmente pragmática de aquél, y su apuesta por mantener la dinámica de crecimiento (para lo cual se ve como esencial la continuidad de la política económica), para así generar recursos que se puedan destinar a la política social. Se trata por lo tanto de un gobierno similar al de otros gobiernos progresistas de la región, pero con la gran diferencia de que no cuenta con un partido o una coalición política que lo sostenga; descansa sobre la gestión de técnicos independientes, que son al mismo tiempo su fortaleza (eficiencia, agenda sectorial), y debilidad (falta de orientación estratégica clara, de capacidades de operación política). Con todo, terminamos el año con la percepción de contar con un presidente y un gobierno que han logrado consolidar condiciones mínimas de operación política y de gestión, lo que se expresa en el aumento de la aprobación ciudadana a la actuación del presidente.

El presupuesto del 2013 trae algunas novedades que pueden ayudar a preveer el curso del próximo año. Este presupuesto es casi el triple del de hace diez años, el doble del de 2006, 13.5% más grande que el del 2012. Los programas de inclusión social tendrán un 67% más de recursos, 20% más en defensa e interior, se quintuplicará el presupuesto para atención de desastres, entre otros cambios importantes, y se calcula un crecimiento del 6%. En otras palabras, a finales de 2013, cuando lleguemos a la mitad de la gestión del presidente Humala, podríamos tener un gobierno con niveles de popularidad inéditos si los comparamos con las gestiones anteriores.

Por supuesto, todo esto debe ser puesto en condicional. Las debilidades en cuanto a capacidad de operación política siguen siendo las mismas, a pesar de los aprendizajes resultantes de los errores cometidos en el pasado. Con todo, el hecho de que 2013 se presente sin nubarrones significativos en el horizonte podría y debería hacer que el gobierno se plantee la posibilidad de implementar iniciativas y planteamientos de reformas más ambiciosas.

lunes, 24 de diciembre de 2012

Gustavo Gutiérrez

Artículo publicado en La República, domingo 23 de diciembre de 2012

Si bien me considero agnóstico, he tenido una formación católica y siempre me ha conmovido el mensaje de su religiosidad. Este mensaje se simboliza por supuesto en dos grandes imágenes: primero, la de un dios que se hace hombre, que nace en una cuna humilde en medio de una historia de persecusión política; y segundo, la de un dios crucificado, un dios incomprendido que termina siendo víctima de aquellos a quienes pretende salvar, sacrificado, inmolándose por todos. Este dios, Jesús, predica un mensaje desde la humildad, desde una identificación con los marginados, con los que sufren.

Vistas las cosas desde este ángulo, la obra de Gustavo Gutiérrez siempre me pareció una de las maneras más cuerdas y razonables de entender el catolicismo, y de pensar en su vigencia en los tiempos actuales. Existe en el mundo un amplio debate sobre el sentido y el futuro de la religión, y hay quienes han defendido la necesidad de abandonarla, porque la consideran una fuente de consolación basada en ideas artificiosas, para adoptar una ética enteramente laica (Ronald Dworkin o Christopher Hitchens, por ejemplo). Hay otros que han buscado un nuevo sentido a la religiosidad, pero distanciándose de las religiones oficiales y encontrándoles un sentido secular y humanista (Richard Rorty, Gianni Vattimo, por ejemplo).

En este marco, destaca la obra del padre Gustavo Gutiérrez, quien recibió hace unos días merecidamente el Premio Nacional de Cultura, otorgado por el Ministerio de Cultura y Petroperú, en reconocimiento a su trayectoria. Me parece que cuando se habla de Gutiérrez se suele considerar a su libro Teología de la liberación. Perspectivas, de 1971, como el centro de su obra, cuando en realidad es apenas el inicio. Me parece que su hilo conductor está en considerar como lo esencial del mensaje cristiano la identificación de Jesús con los pobres, los humildes, los marginados, los que sufren; pero que esa identificación no debe llevar solamente a la caridad, sino a cuestionar las estructuras y contextos sociales opresivos e injustos, fuente de ese dolor.

En los años setenta la reflexión sobre estos temas asumía la forma de un examen sobre el papel de la iglesia latinoamericana y su compromiso social en un contexto de intenso cambio social y político. Más adelante, Gutiérrez extendió este razonamiento al sentido de la presencia de dios en medio del dolor y de la injusticia, en Hablar de dios desde el sufrimiento del inocente. Una reflexión sobre el libro de Job (1986). Más adelante, en En busca de los pobres de Jesucristo. El pensamiento de Bartolomé de las Casas (1992), Gutiérrez ilustra cómo el dominico dignifica a los indígenas americanos al considerarlos parte del mensaje salvador del dios hecho hombre también en ellos. Todo lo cual lleva a la necesidad de alguna forma de acción política.

Me parece que con los años, su línea argumental, lejos de envejecer, tiende a adquirir mayor relevancia. Bueno recordarlo en estas fiestas.

lunes, 17 de diciembre de 2012

El laberinto de la choledad

Artículo publicado en La República, domingo 16 de diciembre de 2012

Sigo con temas relacionados con la discriminación a propósito de la publicación de la segunda edición de El laberinto de la choledad: páginas para entender la desigualdad (Lima, UPC 2012), de Guillermo Nugent. La nueva edición cuenta con dos ensayos adicionales, un prólogo de Jorge Nieto, una introducción y un posfacio, en el que el autor reflexiona sobre la vigencia de su libro veinte años después de la primera edición.

Si bien el Perú de 2012 se muestra muy diferente al de 1992, la intención polémica del libro sigue siendo justificada por la sorprendente vigencia de las ideas que cuestiona. Esto hace que las tesis que defiende sigan sonando atrevidas, a pesar del tiempo transcurrido.

Nugent denunció en 1992 la persistencia de jerarquías discriminadoras en el Perú, expresadas en la imagen artificiosa de una “arcadia colonial”. Como respuesta a las migraciones y los cambios en las ciudades, las élites criollas buscaron recomponer un esquema de jerarquías y exclusiones en el que “cada uno tenía su sitio”, precisamente cuando lo que empezaba a hacerse más evidente era la mezcla y el encuentro entre mundos antes separados. En ese “laberinto” se forjó una jerarquización a través del “choleo”, en donde uno siempre es choleado por alguien y uno siempre cholea a otro, dependiendo de las circunstancias. En esta manera de denunciar la discriminación, Nugent reivindicaba implícitamente el espíritu democratizador proveniente desde abajo, y cuestionaba la idea según la cual ella era producto de una herencia de exclusión antigua, estática, mantenida a través de tiempo sin mayores cuestionamientos.

En la actualidad, para Nugent, el desafío de la lucha contra la discriminación sigue siendo vigente, pero en los último años se habría sustituido la tesis de la vigencia de una “tradición autoritaria de la herencia colonial” por la de considerar al racismo como la “patología central de la vida social peruana”. En esta lectura, la discriminación se fundamenta en la exclusión o subordinación de aquellos de origen indígena, perdiéndose de vista lo más importante, que es la “proliferación de formas particulares de inclusión para evitar formas generales de inclusión”. En este esquema, lo racial es un componente, pero no el más importante de la ecuación. Nugent caracteriza estas prácticas como fundadas en lo que antes se llamaría prácticas “gamonalistas” y que hoy califica como “encadenamiento jerárquico de argollas”.

Creo entender que Nugent sugiere que la denuncia del racismo como fuente de discriminación de alguna manera libera a todos de responsabilidad en la construcción de estas jerarquías excluyentes (nadie, o muy pocos, se consideran racistas, o lo son solo como “último recurso”): por el contrario, casi todos somos cotidianamente parte o víctimas de diferentes tipos de “argollas”. Otro de los puntos fuertes del libro, nos invita a una introspección, todos somos parte del problema, no es un problema de los “otros”.

lunes, 10 de diciembre de 2012

La discriminación en el Perú

Artículo publicado en La República, domingo 9 de diciembre de 2012

La semana pasada comentaba sobre la persistencia de actitudes discriminadoras en nuestro país. El análisis puede complementarse con la información del Latinobarómetro 2011, en donde Perú aparece como un país en el que la discriminación es importante y se ubica por encima del promedio latinoamericano, pero no como uno de los países percibidos como más discriminadores, que serían Guatemala, Brasil, Bolivia y México. Así, cuando se pregunta por cuántos nacionales son discriminados, las respuestas en Perú (47%) se ubican ligeramente por encima del promedio de la región (45%); estos porcentajes bajan en todas partes cuando se pregunta a los entrevistados si son parte de algún grupo discriminado: el promedio de la región baja a 20% pero en Perú llega a un 28%, solo por debajo de Brasil, Bolivia y Guatemala. Cuando se pregunta por la raza como fuente de discriminación, en Perú se considera que un 39% de nacionales son discriminados por esa razón, cuando el promedio de la región es 36%. Si bien es claro que la “raza” se percibe como fuente de discriminación, en el Perú su rechazo no pasa por la reivindicación de la etnicidad como seña de identidad; por el contrario, este ha ido principalmente por la reivindicación de alguna forma de identidad mestiza. Según el Latinobarómetro, en Guatemala un 45% de los entrevistados se define como indígena; en Bolivia, un 27%; en México, un 19%; en Perú, apenas un 7% (en Brasil, un 30% se define como mulato o negro).

¿Cuál es el peso de la “raza” como fuente de discriminación? El consenso dentro de las ciencias sociales peruanas podría resumirse (groseramente, por supuesto), diciendo que somos un país que tiene una tradición histórica fuertemente jerárquica y discriminadora, en la que la etnicidad ha sido muy importante, pero que ha ido cambiando a lo largo del tiempo. Así, en la actualidad las fuentes de discriminación serían variadas, y dentro de ellas lo “étnico” sería importante, pero tendería a ser subestimado y camuflado; respecto a cómo funciona la discriminación, se piensa que ella asume formas siempre cambiantes y fluidas, según el tipo de interacción social en el que las personas se encuentren, de allí que resulta tan difícil su comprensión. En este marco, resulta muy útil la lectura del libro La discriminación en el Perú. Balance y desafíos (Cynthia Sanborn, editora, Lima, Universidad del Pacífico, 2012); en general, los trabajos registran cómo interactúan en la discriminación la etnicidad, el entorno socio-económico general y el marco institucional. Así por ejemplo, Arlette Beltrán y Janice Seinfeld, y Juan Castro y Gustavo Yamada constatan la existencia de brechas étnicas en cuanto a los resultados que deja el acceso a la educación inicial, y a la culminación de estudios secundarios y matrícula en educación superior; pero esa brechas no tendrían necesariamente que ver con prácticas excluyentes y discriminatorias, sino con la escasa calidad de la oferta educativa.

VER TAMBIÉN:

Latinobarometro 2011

lunes, 3 de diciembre de 2012

Argumentos, año 6, n° 5, noviembre 2012

En este número...

COYUNTURA

Las elecciones en los Estados Unidos: actores, reglas y estrategias, 
John Polga-Hecimovich y Sofía Vera 

La reivindicación de una Cataluña independiente de España, 
Núria Sala i Vila 

La hegemonía se preserva: las elecciones presidenciales en Venezuela 2012, 
Thais Maingon 

La ley de consulta previa y las paradojas de la indigeneidad en la sierr a del Perú, 
Stéphanie Rousseau 

¿QUÉ ES SENDERO LUMINOSO HOY?

El genio y la botella: sobre Movadef y Sendero Luminoso en San Marcos, 
Pablo Sandoval 

Cada época marca a sus jóvenes: la opción armada y las motivaciones de los militantes de Sendero Luminoso,
Dynnik Asencios 

Sendero en la prisión: apuntes etnográficos sobre los senderistas del penal Miguel Castro Castro
Manuel Valenzuela 

Movadef: radicalismo político y relaciones intergeneracionales, 
Jefrey Gamarra 

CRÍTICA Y RESEÑAS

Entrevista a Elizabeth Jelin, 
Pablo Sandoval 

LAPOP 2012

Artículo publicado en La República, domingo 2 de diciembre de 2012

Acaban de aparecer los resultados de las últimas encuestas del Latin American Public Opinion Project (LAPOP), proyecto coordinado por la Universidad de Vanderbilt, que ya va en su quinta edición, que comprende 26 países de las américas y del caribe, siendo la mejor fuente de información disponible sobre la cultura política de nuestros países. La edición local aparece bajo el título Cultura política de la democracia en Perú, 2012: hacia la igualdad de oportunidades (Julio Carrión, Patricia Zárate y Mitchell Seligson, Lima, Instituto de Estudios Peruanos, 2012).

Informes anteriores de LAPOP, así como los del Latinobarómetro, resaltaron que Perú es uno de los países con los más bajos niveles de apoyo a la democracia, al sistema político, y de confianza en las instituciones políticas, así como de confianza interpersonal. La novedad del informe de 2012 es que esos indicadores, aunque todavía bajos, muestran signos de recuperación, que parecen consecuencia del crecimiento económico, de la reducción de la pobreza y de la desigualdad ocurridas en los últimos años.

Llama la atención que Perú tenga los más altos niveles de percepción de inseguridad y de victimización de toda la región, y que Lima en particular sea percibida, junto con México D.F., como la ciudad más insegura. A diferencia de otros países, nuestra victimización pasa más por hurtos que por asaltos armados, pero igual esto hace que la violencia e inseguridad aparezcan como el principal problema del país, por encima de problemas económicos. Tenemos también los más altos niveles de participación en protestas: pero atención que en 2010 compartimos la punta con Haití, Argentina y los Estados Unidos, y en 2012 con Bolivia, Haití, Paraguay y Chile. Esta mezcla de países sugiere que las protestas solo son un problema cuando desbordan cauces institucionales y adquieren formas violentas.

Llama también la atención la persistencia de actitudes discriminadoras. LAPOP registra que en todos los países el color de la piel marca diferencias en la educación de los entrevistados; en Perú, tener la piel más clara implica dos años más de escolaridad que aquellos con piel más oscura. Bolivia y Guatemala aparecen como los países más discriminadores, y Perú integra un grupo medio junto a Brasil, México, Colombia, Ecuador y República Dominicana. De otro lado, si bien un 66% piensa que la pobreza es consecuencia de que las personas han sido tratadas de manera injusta, registramos con Guatemala, República Dominicana y Trinidad y Tobago los porcentajes más altos de quienes piensan que la pobreza es consecuencia de la cultura. Un 49.5% de nuestros encuestados piensa que los receptores de asistencia pública son “perezosos”, uno de los porcentajes más grandes de las américas. Eso ayuda a entender el atraso del Perú en cuanto a la implementación de programas de transferencia condicionada de dinero, que cuenta con el menor número de beneficiarios de toda la región, después de Honduras.

VER TAMBIÉN:

Latin American Public Opinion Project (LAPOP)
(con acceso a todos los datos de todos los países)

ACTUALIZACIÓN, 8 de diciembre

Cultura política de la democracia en Perú, 2012: hacia la igualdad de oportunidades (Julio Carrión, Patricia Zárate y Mitchell Seligson, Lima, Instituto de Estudios Peruanos, 2012).

lunes, 26 de noviembre de 2012

La revocatoria de Villarán

Artículo publicado en La República, domingo 26 de noviembre de 2012

Impresiona recordar el recorrido de Villarán: de una candidata menor y desconocida a la alcaldía a ganadora, con una votación anclada preferentemente en los sectores populares, precisamente donde ahora la desaprobación es más alta; al mismo tiempo, quienes desconfiaban de ella, en los sectores más altos, son ahora quienes están mayoritariamente en contra de la revocatoria.

El encanto inicial de Villarán estuvo en ser percibida como una carismática “luchadora social” cercana al pueblo, no como una “política tradicional”. Sin embargo, desde su triunfo electoral se pudo percibir una tendencia a sobreestimar su respaldo, sus capacidades de gestión, a politizar y leer equivocadamente las expectativas de la ciudadanía, a privilegiar un enfoque “tecnocrático” y no político de los problemas, y a subestimar el poder de sus adversarios, de lo que se ha comentado extensamente. La rápida caída en la aprobación a la gestión se ha buscado enfrentar con un ambicioso programa de inversiones en infraestructura vial así como con la reforma del transporte público, cuestiones absolutamente necesarias, pero que terminaron alejando a la alcaldesa cada vez más de la imagen con la que ganó las elecciones. Los sucesos de la Parada han acentuado esa lectura.

Analizar estas iniciativas ayuda a terminar de entender el cambio en la demografía de su desaprobación y rechazo a la revocatoria. Los sectores altos, con horizontes temporales más largos entienden los beneficios a mediano plazo de las reformas y casi no son tocados por los costos en el corto plazo; por el contrario, los sectores más bajos asumen casi enteramente los costos de las reformas. En el caso del transporte, por ejemplo, los sectores altos, en los que prevalece el uso de automóviles, se percibe rápidamente el beneficio que dará la nueva infraestructura vial, el ordenamiento de las rutas y la modernización de las unidades de transporte público. Para los sectores bajos, lo que hay es confusión respecto a las nuevas rutas y sus conexiones, y temor frente a un posible aumento en el costo del transporte y en el tiempo total de traslado; esto porque, si bien el tiempo dentro de las unidades de transporte será menor, el tiempo total puede aumentar por el cambio en las conexiones y el establecimiento de paraderos rígidos. Ojo que la caótica implementación del TranSantiago en 2007 en Chile es un referente que debe estudiarse de cerca, que llevó incluso a una crisis de gabinete durante el gobierno de Bachelet.

De aquí en adelante la alcaldesa no solo debe comunicar mejor los beneficios de la reforma del transporte y del plan de inversiones en marcha. Debe demostrar a su base electoral original qué otras iniciativas está desarrollando que les dará a los vecinos beneficios tangibles inmediatos y significativos, y recuperar la percepción de “cercanía” que perdió; cómo así, reconociendo un “mal comienzo” ha hecho un aprendizaje por el que merece una “segunda oportunidad”.

lunes, 19 de noviembre de 2012

Lo andino no es lo peruano

Artículo publicado en La República, domingo 18 de noviembre de 2012

Recibí el libro hace más de un año, pero quedó debajo de una ruma de papeles, y recién lo acabo de recuperar. Un feliz y oportuno redescubrimiento en medio de los debates actuales sobre la multiculturalidad del país, los alcances que debería tener el ejercicio del derecho a consulta para los pueblos indígenas, cómo entender lo popular en el Perú, especialmente cuando en Lima la esperanza puesta en el “desborde popular” esbozado por José Matos Mar puede terminar también en sucesos como los vistos recientemente en el ex mercado mayorista de La Parada. Cuánta falta nos hace hoy la inteligencia y sensibilidad de Roberto Miró Quesada (RMQ), fallecido tempranamente en 1990. Ricardo Soto tuvo la feliz iniciativa de editar y publicar una antología de sus escritos bajo el título Lo andino no es lo peruano. Ensayos sobre la cultura peruana (Huancayo, Universidad del Centro del Perú, 2011).

Como muchos otros, rechazaba una propuesta de mestizaje conservador, basada en una jerarquía en la cual lo “occidental criollo” ocupa una posición superior a la andina y a otras tradiciones culturales, fundamento de diferentes formas de discriminación. Pero a diferencia de otros, no pensaba en una suerte de “vuelta de tortilla” como alternativa, haciendo de lo andino el centro de la peruanidad, que podría llevar a nuevas exclusiones de otras tradiciones, como la africana, amazónica, y las resultantes del incesante flujo de migrantes a nuestro país.

RMQ buscó evitar una visión condenatoria de lo occidental y laudatoria de lo andino. Llamó a ser crítico con las tradiciones andinas, que veía como fuertemente permeadas por herencias feudales españolas, de allí que tuvieran mucho de conservador y anacrónico; en eso se coincidía con el conservadurismo de nuestras elites supuestamente globalizadas, de allí que viera las bases de la discriminación en patrones autoritarios tradicionales compartidos tanto por los de arriba como por los de abajo.

La salida estaba en entender la identidad peruana afincada en el mundo popular, pero no entendiendo este como una concesión sin más a las preferencias mayoritarias, ni como aceptación de los patrones predominantes. RMQ entendía la cultura como un campo fundamentalmente político, expresión de hegemonías, proyectos, correlaciones de fuerza, imposiciones, resistencias y resultados inesperados; de allí que postulara entender lo peruano y popular entendido como una construcción política pendiente, orientada hacia el futuro, democrática, integradora, respetuosa de las diferencias, construida sobre la base de nuestras diversas tradiciones, pero al mismo tiempo distinta de cada una de ellas. Llamaba a reivindicar la modernidad occidental, base de la ciudadanía y de la democracia, a la cultura popular masiva cada vez más presente en nuestras urbes, y a nuestras “tradiciones” históricas, y veía en ese encuentro conflictivo, caótico y difícil el germen de la peruanidad.

VER TAMBIÉN:

Roberto Miró Quesada: "Innovaciones en políticas culturales y transformaciones en el campo cultural: el caso de Perú". En: José Joaquín Brunner et. al., ¿Hacia un nuevo orden estatal en América Latina? Innovación cultural y actores socio-culturales. Buenos Aires, CLACSO, 1989, p. 241-289.


lunes, 12 de noviembre de 2012

La voz del soldado desconocido

Artículo publicado en La República, domingo 11 de noviembre de 2012

Trabajo en el Instituto de Estudios Peruanos, así que me he impuesto reseñar solo excepcionalmente alguna de las muchas y muy buenas publicaciones de nuestro sello editorial. Esta es una de esas ocasiones, dada la importancia del libro Memorias de un soldado desconocido. Autobiografía y antropología de la violencia, de Lurgio Gavilán, con prólogo de Carlos Iván Degregori y con la colaboración de Yerko Castro (Lima, IEP - Universidad Iberoamericana, 2012). En el libro el autor, de 39 años, cuenta parte de su alucinante biografía: es prácticamente un niño campesino analfabeto que se integra al senderismo, ascendió de militante miembro de la “fuerza principal” a “camarada”, casi muere en un enfrentamiento con el ejército, un teniente lo salva y lo integra al ejército. De adulto se convierte en instructor militar y participa en acciones contrasubversivas. Luego se vuelve aspirante, novicio y misionero para convertirse en sacerdote franciscano. No termina ese camino, luego estudia y se gradúa como antropólogo de la Universidad San Cristóbal de Huamanga. En la actualidad es estudiante de doctorado en la Universidad Iberoamericana en México, becado por la Fundación Ford.

Si bien podría decirse que nada de lo que el autor relata no ha sido analizado ya en alguna parte de los nueve volúmenes del Informe Final de la Comisión de la Verdad y Reconciliación, el gran mérito del libro es que aborda esa temática en primera persona, dando cuenta de la cotidianeidad tanto de la vida senderista como de la vida del ejército en misiones contrasubversivas. Así, resulta estremecedora en la descripción de Gavilán entrever la humanidad de quienes perpetran crímenes espantosos. El autor es testigo y partícipe de acciones senderistas de gran crueldad que tienen como víctimas a miembros del ejército, de comunidades campesinas, y del propio senderismo (los mandos senderistas asesinan a adolescentes que se quedan dormidos haciendo guardias nocturnas, por ejemplo). Observa también cómo en medio del conflicto comuneros y comunidades se enfrentan y se matan entre sí. En el ejército observa asesinatos de detenidos, la detención de mujeres luego forzadas a prostituirse y luego asesinadas. En medio de esto, está la vida cotidiana de seres humanos con miedos, sueños, rencores, de personas que en el fondo no decidieron estar allí, en un mundo sin ley ni derechos, donde la vida prácticamente no vale nada, donde cayeron por no tener mejores oportunidades.

El relato de Gavilán sugiere que la militancia senderista en el campo fue una opción que buscaba alguna forma de integración, que responde a una búsqueda de sentido (que se politiza por una prédica que proviene de la escuela pública, que difunde una narrativa histórica de pura opresión, primero de españoles, luego de chilenos, al final de de todos los gobiernos). De allí que para el autor no haya sido tan extraño el pasaje del senderismo al ejército y a la iglesia.

VER TAMBIÉN:

Memorias de un soldado desconocido. Autobiografía y antropología de la violencia. Lurgio Gavilán, con prólogo de Carlos Iván Degregori y con la colaboración de Yerko Castro (Lima, IEP - Universidad Iberoamericana, 2012).

domingo, 4 de noviembre de 2012

Rousseau y Hobbes en Perú

Artículo publicado en La República, domingo 4 de noviembre de 2012

El 25 de octubre, mientras en La Parada se intentaba hacer cumplir la resolución municipal que declaró “zona rígida” a sus calles aledañas, se presentó el libro ¿Qué es república? de Hugo Neira (Lima, Universidad de San Martín de Porres, 2012), útil manual de teoría política que empieza por los clásicos griegos y romanos, pasa por el pensamiento medieval y moderno, llega a la revolución francesa y termina con la revolución estadounidense y latinoamericana. ¿Es una ilustración de la distancia que separa a las preocupaciones de la filosofía política de la realidad pedestre? Todo lo contrario. Lo que preocupa a Neira es la debilidad de los fundamentos que construyen la noción de república en nuestro país, que podrían resumirse en la búsqueda del bien común basada en el respeto a la ley, en la existencia de una comunidad política de ciudadanos, en un balance entre derechos y responsabilidades, en un equilibrio en el ejercicio del poder. Según Neira escasea la virtud republicana, que ponga por delante la razón de Estado, el bienestar colectivo, que vaya más allá de los intereses particularistas, del adormecido sentido común. Todo esto sonaba de una particular actualidad el 25 de octubre.

Ahora bien, me atrevo a sostener que se pueden distinguir dos grandes vertientes en la tradición de pensamiento republicana, representadas por pensadores como Rousseau y Hobbes. El libro de Neira podría leerse poniendo del lado de Rousseau a San Agustín y a los revolucionarios franceses, y del lado de Hobbes a Maquiavelo y los revolucionarios americanos que escribieron El Federalista. Los primeros tienden a considerar que los ciudadanos pueden definir una “voluntad general”, resultado de sus tendencias a la cooperación y de su igualdad básica. Los segundos ven la vida social como signada por la diferencia de intereses y por el conflicto, por lo que el interés general solo resulta de poner la ley por encima de los intereses particulares, y como un producto indirecto del equilibrio resultante de las búsquedas individualistas de todos. Vicios privados, virtudes públicas, como decía Bernard de Mandeville.

No hay manera de resolver esta controversia en el plano filosófico u ontológico, sí en el plano empírico: no se trata de debatir sobre la naturaleza humana, sino de evaluar qué supuestos nos permiten entender mejor la realidad concreta. En el Perú actual, marcado por la desconfianza interpersonal, el descrédito de las instituciones y de los proyectos colectivos, por la crisis de la representación, me inclino por el bando hobbesiano. El problema es que ni en la cultura política en general ni en el análisis político en particular estamos acostumbrados a pensar en esos términos. Neira cita a Ortega y Gasset y se refiere a “esa bobería del hombre santo para gobernar aunque sea nulo”… no pedía políticos intachables sino “capaces de gobernar con tino ante las circunstancias”. Nuevamente, el 25 de octubre sonaba de gran actualidad.