jueves 30 de noviembre de 2006

Rafael Correa's 'outsider's dilemma'

ANDRES MEJIA ACOSTA
Andres Mejia Acosta is a governance research fellow at the University of Sussex's Institute of Development Studies.
Special to Globe and Mail Update

Rafael Correa's victory in Sunday's Ecuadorean presidential election has tipped the balance on the number of Latin American countries that elected some form of left-leaning government in the past year.

Mr. Correa's win is explained by a strong anti-party discourse, reinforced by his promise to punish traditional politicians (his last name translates as "whip"), and his pledge to call a constitutional assembly (his campaign did not endorse congressional candidates).

His pledge to prioritize social investment, and his criticism of free-trade agreements with the United States helped defeat banana tycoon Alvaro Noboa in the runoff election. While his strong stand against the United States, supported by abundant oil revenues, invokes a reference to Venezuela's Hugo Chavez, Mr. Correa's political amateurism in Ecuador's turbulent political scene brings him closer to a Bolivian Evo Morales. Paradoxically, Mr. Correa's outsider politics, which launched him to the presidency, are now likely to conspire against cementing government coalitions, and putting an end to the perverse Ecuadorean practice, since 1997, of ousting presidents from office.

Mr. Correa's victory reflects a much anticipated, but long overdue, collapse of the traditional political parties in Ecuador. For at least two decades, party leaders from the right-leaning Social Christians or the left-leaning Social Democrats have had strategic control of government entities, including oversight bodies, electoral and constitutional authorities, and the judiciary.

Governance in Ecuador was sustained on fragile cross-party alliances, but political agreements within the ruling elite also help to explain the congressional dismissal of three presidents. In 2006, Ecuadorean voters punished these traditional practices by sending "outsider" presidential candidates into the runoff and giving outsider parties the majority of congressional seats.

Mr. Correa now faces an "outsider's dilemma." Like Mr. Chavez, his indifference to conventional politics and direct appeal to voters can be sustained with oil revenues. But he lacks enough political support from any organized group, such as the indigenous or the military, to bypass congressional parties and overhaul the constitution through a national assembly. Mr. Noboa's party holds the largest plurality of seats, and 80 per cent of subnational governments (mayors and provincial authorities) are still in the hands of traditional parties.

The alternative is to compromise and strike alliances with some traditional and other outsider parties that were criticized during the campaign.

Like Mr. Morales, a muddling-through strategy, aimed at surviving contentious politics and settling for a modest agenda of reforms cemented with oil wealth, may anger voters who expected radical and immediate changes. Ecuador confirms a pattern of polarized politics that is eroding weak Latin American democracies. Voters and politicians are polarized not just along the left-right spectrum but also along an outsider versus establishment dimension.

The collapse of established political parties, the magnetic appeal of outsider candidates and the pervasiveness of a populist, oil-rich rhetoric work against any genuine government attempt at redistribution of wealth. What is at stake in Ecuador is not only the possibility of a reversal to authoritarian or anarchic practices, such as those observed in Venezuela or Bolivia, but the collapse of state institutions altogether.

Without a domestic commitment to strengthen democratic governance, the erosion of the Ecuadorean state would affect the country's ability to pursue growth by promoting fair-trade agreements with neighbouring countries and regional bodies, protect citizens from organized crime and other security threats and, most important, achieve social policies that benefit the poor.


[ Ver: http://www.theglobeandmail.com/servlet/story/
RTGAM.20061130.wcomment1130/BNStory/International/]

César Germaná sobre Aníbal Quijano

Discurso leído por César Germaná, en la ceremonia de reconocimiento de Aníbal Quijano como profesor emérito de la Universidad de San Marcos.

ANÍBAL QUIJANO: EL ARTE DE PENSAR SIMULTÁNEAMENTE LA VIDA SOCIAL EN TÉRMINOS INTELECTUALES, MORALES Y POLÍTICOS

Tengo el honroso encargo de la Facultad de Ciencias Sociales de presentar al Dr. Aníbal Quijano en esta ceremonia donde le rendimos homenaje porque a lo largo de su vida intelectual se propuso -y logró con éxito- la exigente tarea de pensar los modos de organización y de transformación del Perú y América Latina desde la perspectiva de las propias y específicas condiciones socio-históricas de nuestras sociedades y, por esa razón, le reconocemos como Profesor Emérito de nuestra Universidad. Ciertamente, a Aníbal Quijano no le hace falta ninguna presentación pues ocupa un lugar prominente en la comunidad de las Ciencias Sociales de América Latina y del mundo y su obra es bien conocida por todos aquellos que, como él, comparten la legítima esperanza de que “otro mundo es posible”.

Sin embargo, como rito de admisión y de investidura, esta ceremonia realiza de manera simbólica el acto por el cual un antiguo maestro se reincorpora al claustro sanmarquino. La eficacia mágica del ritual descansa en el intercambio silencioso e invisible entre quien es reincorporado y la actual comunidad de profesores y estudiantes. Al recibirlo como a un maestro eminente –como Profesor Emérito- su obra adquiere, para todos nosotros, el privilegiado lugar de ser parte de la tradición clásica de las Ciencias Sociales; de aquella tradición cuya “característica esencial –tal como lo señaló C. Wright Mills- es el interés por las estructuras sociales históricas; y que sus problemas tienen una relación directa con los urgentes problemas públicos y las insistentes inquietudes humanas”...

[Ver el texto completo en: http://martintanaka1.blogspot.com/2006/11/csar-german-sobre-anbal-quijano.html ]

[Gracias a Ramón Pajuelo]

Sergio Ramírez: la memoria al pie de la letra

ALEJANDRO GOMEZ
El Nuevo Herald
Miami, Nov. 2006

Sergio Ramírez Mercado es hombre de convicciones fuertes. Terminó una beca en Alemania Occidental en 1975 y viajó para incorporarse a la lucha armada contra Anastasio Somoza. Después del triunfo llegó a ser vicepresidente de Nicaraguay su defensa del pluralismo y la democracia le hicieron romper con el líder del Frente Sandinista de Liberación Nacional, Daniel Ortega.

Nacido en 1942, Ramírez es uno de los principales novelistas latinoamericanos. De 1984 a 1990 sirvió en la Junta del Gobierno de Reconstrucción Nacional y como vicepresidente de Nicaragua. Tras la derrota de Ortega en las elecciones de 1990, Ramírez encabezó el bloque parlamentario sandinista hasta 1995. Ese año fundó el Movimiento de Renovación Sandinista, que aboga por una profundización de la democracia en su país.

En la última década se ha dedicado a escribir una extensa obra, cuyo último título, Reino animal, vino a presentar en la 23ra. Feria del Libro de Miami, organizada por el Miami Dade College. Aquí, aceptó un diálogo mucho más político que literario sobre el pasado, el presente y el complejo futuro nicaragüense.

- ¿Cuándo se incorpora a la lucha contra Somoza?

Yo regresé de Alemania en 1975. Tenía una beca de escritor en Berlín Occidental y volví con la intención de incorporarme al movimiento armado para derrocar a Somoza. Lo hice en Costa Rica.

- Luego llegó a la vicepresidencia de Nicaragua.

Yo formé parte de lo que se llamó la Tendencia Tercerista del Frente Sandinista, que planteaba una alianza con empresarios, la Iglesia, la sociedad civil y los partidos tradicionales para derrocar a Somoza y al mismo tiempo lanzar una ofensiva militar. Parte de este esquema era organizar un gobierno provisional y fui el encargado de hacerlo, con gente de todos los sectores. En octubre de 1977 se lanzó la ofensiva militar y fracasó. Ante esto, todos los sectores dieron su apoyo público al sandinismo, lo que se llamó el Grupo de los Doce, que fue ariete frontal en contra de la dictadura. Por primera vez, personas muy conocidas en el país reconocían y respaldaban la lucha del Frente Sandinista.

- Lo que usted describe hace pensar en un enorme capital político. ¿Cómo se dilapidó?

Este Grupo de los Doce fue el primer gobierno que tuvo Nicaragua. Yo pasé a ser miembro de la Junta de Gobierno y todos los que estaban allí tuvieron puestos claves en este gobierno. Allí se expresó el espíritu de unidad nacional que tuvo la lucha contra Somoza. Después, el Frente Sandinista empezó a ubicarse de una manera más ideológica que política. Después pesaron más los prejuicios de copar los puestos claves con gente de confianza ideológica y este gobierno de unidad nacional vino desapareciendo. Luego, con la guerra con los contras, el gobierno se volvió más cerrado, más sectario. Se produjo una confrontación interna, una polarización que fue la que atizó principalmente la guerra. La pérdida de consenso, la idea de que el amigo es el enemigo, al final minaron la unidad del proceso revolucionario.

- ¿Vio tanta corrupción como se dice que hubo?

La verdad que durante el gobierno sandinista no hubo corrupción. En la filosofía sandinista tener era un delito. No enriquecerse sino el simple hecho de tener algo. Los que teníamos algo estuvimos obligados a darlo. Mi hermana y yo cedimos las tierras de café heredadas de mi abuelo. Era una época de desprendimiento y no cabía el concepto de tener. Esta regla pudo haber sido violentada por quienes tenían más poder pero no era lo común. La regla se rompe abruptamente con la derrota del Frente Sandinista, en 1990. Una vez en la llanura, comenzaron a decir que se habían sacrificado mucho y no habían pensado ni en ellos ni en los suyos y que ahora era el momento de hacerlo. Hubo un gran descalabro moral. También dijeron que para que el Frente Sandinista pudiera regresar al poder tenía que acumular dinero y con este pretexto se cometieron toda clase de desmanes y estas riquezas que iban a ayudar a regresar al poder quedaron en manos personales. Fue lo que se conoció como La piñata.

- ¿Cuándo rompe con el frente?

En 1995. Comenzamos una lucha para que se denunciara La piñata como un acto de corrupción y reclamamos una democratización del Frente, alegando que teníamos que hacer honor a la decisión de haber dejado el poder por medio de las urnas y para transformarlo en una alternativa democrática. Mi gran disidencia con Daniel Ortega fue que yo pensaba que la lucha debía darse en democracia, a través del diálogo y el Parlamento, y él, quizás arrepentido como consecuencia de la derrota inventó el eslogan del “Poder desde abajo”. Comenzó una lucha violenta en las calles para desestabilizar al gobierno de doña Violeta, que ya era débil. Esto comenzó a abrir los factores de disidencia. Yo era jefe del grupo parlamentario y con el respaldo de la mayoría llevamos adelante una reforma de la Constitución, contra la voluntad de Daniel Ortega. Esta reforma que prohibía la reelección presidencial, prohibía que el jefe del Ejército pudiera ser familiar del presidente. Prohibía el nepotismo. Esta fue la gota que derramó el vaso y terminamos siendo expulsados en 1995.

- ¿En algún momento se habló de algún tipo de socialismo con un esquema marxista?

El modelo más cercano al sandinismo era Cuba. Cuba apoyó a Nicaragua con maestros, médicos, puentes, caminos. Toda esta idea del Comité Central, del Buró Político, del Partido como un poder alternativo al gobierno chocaba con el pluralismo político. Este partido único, vertical, con una estructura casi militar fue lo que comenzó a minar todo.

- A partir Violeta Chamorro no se ha roto el ciclo institucional pero tampoco aparece una clase política que dé respuesta a la necesidad de la gente. ¿A qué lo atribuye?

Lo que pasa es que había una inflación récord en el mundo, una enorme deuda externa, caída de las exportaciones. Había un gran desastre económico. No sólo por el mal manejo de la economía, también fue porque el Estado financió una guerra sin recursos. Los programas de desarrollo agrícola y las inversiones cruciales se interrumpieron. A Nicaragua se le aplicó un programa de shock. Esto duró todo el gobierno de doña Violeta. El Fondo Monetario puso como condición que el Estado se desprendiera de los bienes que tenía. Y tenía muchos de carácter agrícolas, industriales. Esta privatización resultó en un verdadero desastre porque muchos de los bienes fueron a parar a las manos de antiguos sandinistas. Esta segunda piñata fue la más grande de todas. La presión de Daniel Ortega sobre doña Violeta fue que el 30 por ciento de la empresa privatizada fuera a manos de los sindicatos. Pero esto fue un pretexto.

Nunca hubo sindicatos ricos en Nicaragua sino gente que se enriqueció con la fachada de los sindicatos. Muchas de las fortunas de los nuevos ricos sandinistas vinieron a allí. Doña Violeta saneó financieramente el país pero vino el gobierno de Arnoldo Alemán, que creó un estado de corrupción que nunca se ha conocido en Nicaragua. Alemán llegó a asaltar el estado, como una plaga de langosta, ávido de enriquecimiento. Llegaron a disponer de los fondos que el país recibió por el huracán Mitch. Uno de los lugartenientes de Alemán fue procesado por usar fondos internacionales de ayuda al país para construir una casa de playa de tres pisos. El país fue asaltado por una banda de delincuentes. Compraron propiedades en la Florida, que el gobierno de Estados Unidos ha venido liquidando y entregando el dinero a Nicaragua. Pisos enteros en condominios de lujo y el lavado de dinero de centenares de millones de dólares con cuentas en Panamá. Eso hizo también retroceder al país.

- ¿En este contexto aparece la alianza de Alemán con Ortega?

Alemán y Ortega hacen una reforma de la Constitución para hacer retroceder la que habíamos promulgados nosotros. Aquella establecía la elección en dos vueltas si un candidato no tenía el 45 por ciento del voto. Ortega sabía que nunca superaría el 40 por ciento. Hizo que el umbral del voto bajara del 45 al 35 por ciento. A cambio, Ortega aceptó que el presidente saliente se integrara a la Asamblea Nacional como diputado. Por la inmunidad y porque el plan de Alemán era el gobernar desde la Asamblea. Cuando asumió su asiento hizo elegir un presidente por pocos días y después fue elegido él. Creó todo un aparato de poder en la Asamblea y esto lo percibió Bolaños. Cuando llegó a la presidencia seguían llegando facturas de las maniobras ilegales de Alemán. Bolaños tiró de la cuerda hasta que [. . .] mandó a procesar a Alemán. Daniel Ortega se aprovechó de todo el proceso que se inició para quitarle la inmunidad a Alemán.

Como en el pacto Alemán y Ortega se habían repartido la Corte Suprema de Justicia, que a su vez nombra a los jueces, cuando el proceso de Alemán se abre, los jueces que lo procesan responden a Ortega y este comenzó a manipular el proceso. Alemán es condenado y enviado a la cárcel Modelo, a la cual siempre le tuvo horror y negocia con Ortega que lo manden a su casa. Desde entonces, cuando Alemán no hace lo que Ortega dice, lo amenaza con volver a la cárcel.

- Esto parece más ambición de poder que un objetivo ideológico.

Eso se terminó. Lo que Daniel Ortega cree es que el país está en deuda con él. Porque perdió la elección ya que el país estaba en guerra. Siente que se va a poner la banda presidencial que le habían quitado.

- ¿Cómo logra presentarse de nuevo como una alternativa para la gente?

El tenía que alinear los astros. Logró tener como aliado al cardenal Miguel Obando, que era su gran enemigo. Quitarse de encima esa araña peluda de la Iglesia, que lo tenía siempre acosado. En las elecciones que ganó Alemán, Obando fue uno de los artífices de la derrota de Ortega, hablando frontalmenteen su contra.

- ¿A qué atribuye la incapacidad de América Latina de construir instituciones fuertes, una justicia independiente y todo eso que es necesario para eldesarrollo?

Creo que, desde los tiempos de Sarmiento, esto es una expresión de la cultura rural, que sigue siendo fuerte a pesar de los visos de modernidad. A fines de los años 40, Argentina tiene las mayores reservas de oro del mundo, pero sigue siendo un país esencialmente rural y eso permite la aparición de Perón y el caudillismo. Y además tiene dinero para repartir, porque el caudillismo cuesta. Esto de la cultura rural es más patente todavía en Centroamérica. El caudillo es padre de familia, es dueño de la hacienda, de la tierra, es el que sabe lo que es bueno. Esta cultura de la sociedad patriarcal impregna las estructuras del Estado o crea los moldes del Estado. El ejercicio de cerril del poder fue el mismo para conservadores y liberales: el autoritarismo. Lo decía el viejo Somoza: sería temerario darle a un país democracia de una sola vez, igual que a un niño de pecho no se le debe dar un tamal.

- Se habla mucho del giro a la izquierda de América Latina. ¿Cree que hay un giro a la izquierda o una profundización del populismo?

Creo que lo que hay son países, más que modelos. Nada tiene que ver la Bolivia de Morales con el Brasil de Lula. Lula puede ser muy pro Chávez inaugurando un puente, pero cuando vuelve a Brasil su realidad es otra. Brasil produce aviones supersónicos y tiene gente viviendo de la caza y la pesca en la selva. Tiene industrias de punta y una clase financiera internacional. Transnacionales que compiten en el mundo. ¿Qué socialismo se puede hacer en Brasil? Chávez es dueño de unos pozos de petróleo y ha logrado que las transnacionales acepten sus reglas. ¿Pero qué tiene que ver Chávez con Bachelet? Nada. Bachelet es el producto de una sociedad más desarrollada, con grandes consensos. Chávez vive del petróleo y de su propuesta populista. En Venezuela hay más pobres ahora que nunca, eso está en las estadísticas.

- ¿Qué alternativa le ve en Nicaragua a esa lucha por el poder mismo?

Creo que Nicaragua entra en una situación muy delicada en este momento. Si Ortega usa toda su sensatez se va a dar cuenta de que mover el barco en otra dirección sería peligroso. No sólo para él, sino que podría ser un descalabro para el país. El país está atado a la suerte de Ortega, porque él es un gobernante legítimo. No por las reglas que yo hubiera querido. Porque no tiene consenso, un 60 por ciento de la gente no votó por él. Como ocurría en la Constitución de Bolivia, donde un presidente podía ser electo con un 18 porciento, porque el Congreso lo confirma. Ortega es legítimo pero no tiene consenso ni afuera ni adentro.

[gracias a mi pata Nicanor Domínguez]

miércoles 29 de noviembre de 2006

Emergency ethics —Michael Walzer

What is wrong with utilitarianism? Jeremy Bentham designed his doctrine for political leaders, and the design seems to have been successful. Hasn’t cost-benefit analysis become the standard form of moral reasoning in the arenas of public life? Isn’t this the educational core of most university courses on decision theory and policy choice and, I would guess, on military strategy? We value and respect moral taboos but consign them largely to the private sphere. We expect our leaders to be goal-oriented, and we judge them more by the goals they attain than by the rules they uphold. “When the act accuses, the result excuses.” How can we avoid, why should we want to avoid, the kind of reckoning this maxim requires?

The problem is that it’s too easy to juggle the figures. Utilitarianism, which was supposed to be the most precise and hard-headed of moral arguments, turns out to be the most speculative and arbitrary. For we have to assign values where there is no agreed valuation, no recognised hierarchy of value, no market mechanism for determining the positive or negative worth of different acts and outcomes. Suppose we agree that justice is not in fact beyond measure, invaluable. Then we have to find some way of measuring it, of fixing, for example, the moral cost of murder. How do we do that? Is the cost eight or twenty-three or seventy-seven? Eight or twenty-three or seventy-seven of what? We have no unit of measurement and we have no common or uniform scale. It’s not the case, I suppose, that every valuation is idiosyncratic. We are able, for specific purposes (insurance is the common example), to set a dollar price on a human life — though not on the act of taking a human life; the hire of a hit man isn’t a morally acceptable figure. In any case, market values for lives at risk rise and fall for morally irrelevant reasons. And in politics and war, cost-benefit analysis has always been highly particularistic and endlessly permissive for each particular. Commonly, what we are calculating is our benefit (which we exaggerate) and their cost (which we minimise or disregard entirely). Is it plausible to expect them to agree to our calculations?

Those first- and third-person plural pronouns ostensibly have no impact on utilitarian calculation; each and every person is valued in the same way; all utilities are measured as if there were a common scale. But this holds in practice only for men and women whose solidarity counterbalances all conflicts of interest among them. When solidarity collapses, in pure or almost pure adversarial situations — in war, for example — utilitarian calculation is zero-sum, and ‘we’ commonly attach only negative value to ‘their’ utilities. Negative valuation is clearest with regard to enemy soldiers when they are actually engaged in combat, but it is likely to extend (unless it is checked by absolutist prohibitions) across the entire population, first to soldiers who are not actually engaged, then to civilians at work in war-related industries, then to civilians who support the war effort indirectly, then to everyone who supports the supporters and the workers and the soldiers. Finally, no ‘enemy’ life has any positive value; we can attack anyone; even infant deaths bring pain and sorrow to adults and so undermine the enemy’s resolve. Of course, we can always juggle the figures and stop short of this horrific conclusion. But it is our sense of moral taboos that makes us want to stop short — and it is only by reflecting on the meaning of innocence and on the rights of the innocent that we can decide where in fact to stop.

So the weaknesses of utilitarianism lead us back to the theory of rights, and it is rights that fix the everyday constraints on war-making (and on all adversarial engagements). But these constraints seem to depend on some minimal fixed values, just as utilitarianism depends on some minimum solidarity of persons. When our deepest values are radically at risk, the constraints lose their grip, and a certain kind of utilitarianism re-imposes itself. I call this the utilitarianism of extremity, and I set it against a rights normality. The two together, it seems to me, capture the force of the opposed moral understandings and assign to each its proper place. I can’t reconcile the understandings; the opposition remains; it is a feature of our moral reality. There are limits on the conduct of war, and there are moments when we can and perhaps should break through the limits (the limits themselves never disappear). ‘Supreme emergency’ describes those rare moments when the negative value that we assign — that we can’t help assigning — to the disaster that looms before us devalues morality itself and leaves us free to do whatever is militarily necessary to avoid the disaster, so long as what we do doesn’t produce an even worse disaster. No great precision is required in calculations of this sort. Just as a jury in a capital case doesn’t look for a 51 percent probability of guilt but for overwhelming certainty, so we can only be overwhelmed by supreme emergency. And, of course, we must always be sceptical about political leaders who are, so to speak, too easily overwhelmed, just as jurors must always be sceptical about those of their fellows who are too quick to place themselves “beyond a reasonable doubt”.

Michael Walzer, political theorist, has written about a wide variety of topics in political theory and moral philosophy: political obligation, just and unjust war, nationalism and ethnicity, economic justice and the welfare state. This excerpt is from a compilation of his essays on different aspects of the Just War theory titled Arguing About War


[Ver http://www.dailytimes.com.pk/
default.asp?page=2006%5C11%5C28%5Cstory_28-11-2006_pg3_6]

martes 28 de noviembre de 2006

Giddens y la sociología

A call to arms

Why, during a period of transformative social change, is sociology not back at the forefront of intellectual life and public debate?

Anthony Giddens. November 26, 2006.


All you sociologists out there! All you ex-students of sociology! All of you (if there are such people) who are simply interested in sociology and its future! I'd like to hear from you. We live in a world of extraordinary change, in everyday life, family relationships, politics, communications and in global society. We are witnessing, among other things, a return of the gods, as religion re-emerges as a major force in our societies, locally and on a worldwide level.

All grist to the sociological mill, one would have thought. Sociology was born at a period of transformative social change, during the early part of the 19th century. It was a time of the "three great revolutions" - secular political revolution, the industrial revolution, and the emergence of a predominantly urban society, replacing a predominantly rural one. It would be very difficult to say whether developments today are as far-reaching as those of 150 years ago. But we can probably all agree that this is a time of very large-scale change, for the first time happening on a truly worldwide level.

My question is: in such circumstances, why isn't sociology again right at the forefront of intellectual life and public debate? In universities, sociology used to be much more popular than psychology; today it is the other way around. Media studies is as, or more, popular than sociology in universities where it is taught. No one doubts the importance of the media in the contemporary world, but they are only one part of a much more complex set of social institutions that it is the object of sociology to study.

A possible response might be to doubt the diagnosis. Perhaps it is a mistake to think that sociology isn't in the intellectual forefront any longer. Take the debate about globalisation, a debate which is an example of itself, because it is going on all over the world. Haven't sociologists contributed significantly to this discussion? Indeed they have, but it has been driven far more by economists - such as Joseph Stiglitz - or those in the field of international relations. What about the impact of the communications revolution? Sociologists - notably the Spanish author, Manuel Castells, have written important works on the issue. But I don't believe sociology has been the main source of contributions to the field.

One reason why sociology has disappeared from public view might simply be that it has become dismembered into a multiplicity of specialisms - media studies, gender studies, industrial sociology, political sociology, and so forth. I think there is something in this explanation. Specialism is the order of the day in most areas of intellectual endeavour, in the natural as well as the social sciences. But it is certainly not the whole answer. Specialism invites synthesis. Why aren't sociologists producing just that? There are massive changes going on in world society, and a whole range of social problems we face as a consequence. Sociology in the past has always sought to connect social diagnosis with problem-solving, and it should be no different today.

So what are the reasons for sociology's decline? I would suggest two main ones. First, sociology's star was dimmed by the rise of market-based philosophies from the early 1980s onwards. As a phase of government, market fundamentalism lasted some twenty years - roughly the period covered by the Reagan and Thatcher governments. Its overall influence lasted longer, since more sophisticated versions of it continue to guide international organisations, especially the IMF and World Bank, down to very recent times. If markets settle most aspects of social life, including social justice, the scope of social factors - the prime province of sociology - is correspondingly reduced. The economic, as it were, predominates heavily over the social.

A second reason I would single out is the impotence many people feel in the face of the future. There are no longer utopian projects that would supply a source of direction for social reform and a source of motivating ideas. I'm not saying that sociology was ever itself a form of utopianism. But sociological thinking, born of the political and economic revolutions of the 19th century, certainly was regularly stimulated by an engagement with those who wanted to change the world for the better. It is not surprising in these terms that psychology - which deals with enduring aspects of the human condition - has overtaken sociology in terms of popularity among students.

What is the remedy - given that one is necessary, as I definitely believe it is? Well, in some part the world is moving in a propitious way for a recovery of the sociological imagination. Market fundamentalism is disappearing from the scene. The stage is set for a return to the social. After all, even the IMF these days gives social and political factors a significant place in development processes - and Mrs Thatcher is long gone.

I'd like to ask you, my readers, for responses. The answer for me is a return to the style of thinking that originally drove the sociological enterprise. A little bit more utopian thinking might help too - well, why not? Politics in some ways has become deadly dull. We need more positive ideals in the world, but not empty ones - rather, they should be ideals that link to realistic possibilities of change. Most of all, though, we need to confront the big problems that face us, and provide a field of debate for helping us understand them better. Globalisation itself is far more than just an economic phenomenon. It's a set of processes that increasingly links our personal lives, even intimate aspects of them, to global events - the controversy over the Islamic headscarf is just such an example. Why is religion seemingly again so influential in the world today? What accounts for the resurgence of ethnical conflicts in so many countries? Is the family dying or not? These are quintessentially sociological questions. Let's get to work to answer them.

[Ver: http://commentisfree.guardian.co.uk/
anthony_giddens/2006/11/post_682.html]

Sobre la violencia poselectoral

Artículo publicado en Perú21, martes 28 de noviembre de 2006


En los días posteriores a las elecciones regionales y municipales, hemos quedado asombrados ante la ocurrencia de incidentes altamente violentos, sobre todo en municipios en zonas rurales, pero también en algunos distritos urbanos, en los que se cuestionaban los resultados electorales. Se echó mano de un repertorio de acciones que pasaron por la quema de actas, destrucción de edificios públicos, amenazas a candidatos y autoridades, movilizaciones "hasta las últimas consecuencias", entre otras.

Tenemos que entender que existen, en amplias zonas y sectores del país, un conjunto de factores que hacen que este tipo de manifestaciones no sea inesperado o sorprendente.

En primer lugar, encontramos una cultura política profundamente lejana y ajena a las autoridades, y al funcionamiento de las instituciones. Esto viene de hace varias décadas, y es consecuencia de procesos diversos, pero al final confluyentes. Está primero la prédica clasista de la izquierda, dentro de la cual el magisterio cumplió un papel fundamental; más adelante, la prédica senderista, pero también la liberal, y la fujimorista antisistema, en medio de sus enormes diferencias, contribuyeron todos a socavar las bases de la legitimidad del Estado.

En segundo lugar, tenemos, junto con estos sentidos comunes, la existencia habitual de prácticas, formas de hacer política, en las que la confrontación radical aparece como una interacción normal. Esto se expresa en la virulencia verbal, en el hábito de hacer acusaciones sin pruebas, en dar rienda suelta a rumores de todo tipo, que son difuminados y amplificados por la prensa regional y local. Más todavía, dentro del repertorio habitual de la acción política aparecen el secuestro, la toma de locales, el bloqueo de caminos, la destrucción de la propiedad pública y privada, aunque no siempre lleguen a la prensa nacional limeña. En cierto modo, los años de la violencia política legitimaron la idea de "hacer justicia por las propias manos", y esta es una pesada herencia con la que tenemos que lidiar.

En tercer lugar, tenemos operadores políticos locales que estructuran, organizan la movilización y la protesta. Ante la ausencia de referentes políticos nacionales que disciplinen mínimamente a estos brokers políticos, provenientes de la izquierda, del aprismo, del fujimorismo, aparecen hoy con juegos propios, con lógicas particularistas, que pretenden usufructuar el control de municipios y gobiernos regionales que manejan cada vez más recursos.

Esto último es bien importante para entender el hecho de que, siendo las cosas como las acabo de describir, las protestas están a medio camino entre la violencia antisistema y la cooptación clientelística. Hay mucho radicalismo, sí, pero este ocurre en un contexto de despolitización, desideologización, desarticulación política. Por esto, debajo de la radicalidad, encontramos demandas localistas, posibles de cooptar por una maquinaria estatal clientelística.

domingo 26 de noviembre de 2006

Raúl García Zárate en la Derrama Magisterial







El viernes pasado asistí a la ceremonia de homenaje a María Rostworowski, Fernando Cabieses, Luis Guillermo Lumbreras, Oswaldo Reynoso y Manuel Acosta Ojeda de la Derrama Magisterial, en la que se les condecoró merecidamente con la medalla José Antonio Encinas. Fue una ceremonia muy simpática, y como parte de ésta los asistentes tuvimos el privilegio de disfrutar un breve concierto del maestro Raúl García Zárate, que estuvo magnífico. Fui con mi camarita, que también graba algo de video, y grabé el clásico "Adiós pueblo de Ayacucho". Lo pongo acá para que lo disfruten, especialmente mis amigos que viven fuera del país. Me disculparán si mis habilidades como camarógrafo no son de las mejores...


[Sobre el maestro García Zárate ver: http://www.raulgarciazarate.nom.pe/rgz-video.htm ]

sábado 25 de noviembre de 2006

¡Julio Bocca en Lima!


Hoy haré una entrada alejada de mis comentarios habituales. Para comentar que tengo en mis manos dos boletos para ver a Julio Bocca este 9 de diciembre. Para los amantes de la danza, es de asistencia obligatoria; y una gran oportunidad, para los asistentes ocasionales, para descubrir este arte en su máxima expresión.

Desafortunadamente, es muy de vez en cuando que en Lima tenemos ocasión de ver espectáculos culturales realmente de primera. Ver a Julio Bocca será excepcional, y realmente vale la pena invertir dinero en ver a uno de los mejores bailarines del mundo. Es una oportunidad única porque Bocca se está retirando de la danza, y lo está haciendo mientras es todavía uno de los mejores.

Tuve la suerte de ver a Bocca dos veces hace un par de años, junto a la alucinante Alessandra Ferri, interpretando Romeo y Julieta de MacMillan en el American Ballet Theater, en la función en la que Bocca "se despidió" del papel de Romeo. Impresionante. Una hierofanía. Estoy seguro que el 9 todos saldremos contentos. Si no tienen entradas todavía, corran a Crisol a comprarlas.

viernes 24 de noviembre de 2006

La educación del futuro la construimos hoy

[publicado hoy en Perú 21]

Sabemos que nuestra educación atraviesa por una grave crisis estructural, que sólo puede ser revertida mediante una transformación profunda basada en una visión de largo plazo que comprometa la acción conjunta de la sociedad y los gobiernos, sostenida en el tiempo.

Es fundamental para confrontar el desafío de lograr una educación de calidad a la que puedan acceder todos los peruanos sin distinción, tener claridad en la visión de la educación que queremos y necesitamos construir, en los objetivos que debemos perseguir y en las políticas y medidas que debemos aplicar para lograrlo.

El Consejo Nacional de Educación ha logrado traducir esas aspiraciones en un Proyecto Educativo Nacional, presentado a toda la sociedad y a las autoridades como el marco estratégico para iniciar esa gran transformación. Saludamos la propuesta y hacemos nuestro ese proyecto.

Pero si queremos llegar a conseguir esa visión de la nueva educación que se nos propone para el 2021, debemos tener claro que es imperioso empezar hoy. Por ello, resulta urgente que el gobierno asuma la responsabilidad de aprobar el Proyecto Educativo Nacional y propiciar su adopción como política de Estado por el foro del Acuerdo Nacional, para revertir la histórica tendencia de entender los cambios de gobierno como cambios de las políticas de largo plazo.

Construyamos HOY la educación del mañana.

Lima, noviembre del 2006

Juan ACEVEDO (Comunicador)
Enrique AGOIS (Presidente EPENSA)
Carlos AMAT Y LEÓN (Ex ministro de Agricultura)
Carlos BASOMBRÍO (Ex vice ministro de Justicia)
Cecilia BLONDET (Ex ministra de la Mujer)
Cecilia BLUME (Ex jefe de asesores MEF y PCM)
Jorge BRUCE (Comunicador y analista Político)
Jorge CAPELLA (Ex decano de Fac. Educación PUCP)
Baltasar CARAVEDO (Foro Transformación Social)
Andrés CARDÓ (Ex ministro de Educación)
Gianfranco CASTAGNOLA (Apoyo Consultoría)
Luis Jaime CISNEROS (Maestro emérito PUCP)
Dante CÓRDOVA (Ex ministro de Educación)
Gino COSTA (Ex ministro del Interior)
José CHUECA (Director IPAE)
Aldo DEFILIPPI (Director gerente ANCHAM)
Javier DIEZ CANSECO (Ex congresista)
Rafael FERNÁNDEZ-STOLL (Empresario y consultor)
José GANDULLIA (Presidente Telmex-Perú)
Gastón GARATEA SS.CC. (Presidente Mesa de Concertación Para la Lucha Contra la Pobreza)Jorge GRUENBERG (Presidente Banco Financiero)
Gustavo GUTIÉRREZ (Premio Príncipe de Asturias)
Henry HARMAN (Director Fundación Fulbrigth)
Gloria HELFER (Ex ministra de Educación)
Luz María HELGUERO (Dir. Diario El Tiempo – Piura)
Claudio HERZKA (Presidente de IPAE)
Manuel IGUÍÑIZ (Presidente de Foro Educativo)
Juan INCHÁUSTEGUI (Ex ministro Energía y Minas)
José Antonio ITURRIZAGA (Patronato Cultural Metropolit.)
Jorge ISUZQUI (Director IPAE)
Drago KISIC (Director Macroconsult)
Baldo KRESALJA (Ex ministro de Justicia)
Hans LANDOLT (Comunicador)
Rafael LEÓN (Comunicador y analista)
Salomón LERNER FEBRES (Rector Emérito PUCP)
Alfonso LIZARZABURU (Consultor UNESCO HQ)
Nicolás LYNCH (Ex ministro de Educación)
Carmen LORA (Directora de revista Páginas)
Ramón MIRANDA (Ex ministro de Educación)
José Miguel MORALES (Presidente CONFIEP)
Herbert MOROTE (Escritor)
Luis PEIRANO (Decano PUCP)
Teresa QUIROZ (Presidenta Federac. Latinoamericana Facultades de Comunicación Social FELAFACS)
Bernardo REHDER (Director IPAE)
Fernando ROSPIGLIOSI (EX ministro del Interior)
Marcial RUBIO (Ex ministro de Educación)
Oswaldo SANDOVAL (Director IPAE)
Vicente SANTUC (Rector de la Univ. Ruiz de Montoya)
Leopoldo SCHEELJE (Ex presidente CONFIEP)
Alfredo STECHER (Consultor en desarrollo rural)
Javier SOTA (Ex ministro de Educación)
Martín TANAKA (Director Instituto de Estudios Peruanos)
José UGAZ (Ex Procurador Anticorrupción)
Patricia URIBE (Representante de UNESCO en el Perú)
Ricardo VALDÉS CAVASSA (Consultor en seguridad)
Mariano VALDERRAMA (Directivo SNV)
Dante VERA (Consultor en desarrollo minero)
Susana VILLARÁN (Ex ministra de la Mujer)
Manuel SOTOMAYOR (Ex presidente CONFIEP)
John J. YOULE (Presidente ConsultAndes)

(siguen firmas)

[Ver más en:http://www.cne.gob.pe/]

jueves 23 de noviembre de 2006

Una nueva izquierda, por Ulrick Beck

EL PAÍS - Opinión - 17-11-2006


Quien deseaba, tras la caída del muro de Berlín, que la imaginación política de la izquierda -liberada del dogmatismo marxista- alcanzara el poder, siente una profunda decepción.

Es poco probable que los países europeos sigan siendo Estados modernos, acomodados y avanzados, si los partidos políticos de Europa siguen actuando como jubilados. Estoy horrorizado ante la falta absoluta de análisis sobre la situación de Europa en el mundo y de nuevas ideas que exploren lo político.

¿Dónde está la izquierda? Callada. ¿Qué dicen los sindicatos? Han enmudecido. ¿Qué proponen los intelectuales? Nadie responde. Si realmente hay algo por cosechar, son las contradicciones podridas del árbol de la ciencia de la derecha.

El pensamiento ha perdido su capacidad política respecto a todos aquellos problemas que mueven el mundo, desde la protección del medio ambiente, pasando por la interdependencia de la economía mundial, hasta los movimientos migratorios y las cuestiones regionales y globales referentes a cómo alcanzar la paz. Todo aquello que da fuerzas al nacionalismo en Europa es, irónicamente, de ámbito internacional: el desempleo masivo, la afluencia de refugiados, las guerras y el terrorismo.

¿Y qué hay de la izquierda? Como tantas otras cosas, la izquierda se ha desmigajado y pluralizado. Si por un lado se diferencia lo "proteccionista" de lo "abierto al mundo" y por el otro lo "nacional" de lo "transnacional", entonces se pueden distinguir cuatro maneras de ser hoy de izquierdas: la proteccionista, la neoliberal (la tercera vía), la que vive encerrada en su ciudadela y la cosmopolita.

En todas partes se reclama "flexibilidad", lo que al fin y al cabo quiere decir que un patrón tiene el poder de despedir a su empleado con más facilidad. Los empleos serán más fácilmente rescindibles, lo que significa "renovables". La consecuencia es que cuantas más relaciones de trabajo sean "desregularizadas" y "flexibilizadas", más rápidamente se transformará la sociedad de trabajo en una sociedad del riesgo, en la que ni el modo de vida, para los individuos, ni las medidas, para el Estado y la política, serán previsibles.

La izquierda proteccionista se ha formado oponiéndose a esta política económica de la inseguridad. Su hechizo y su antídoto: la negación colectiva de la realidad. Estos representantes victoriosos de un proteccionismo del Estado social, nacional y de izquierdas sencillamente no quieren admitir que la crisis del sistema social no es coyuntural.

Acaba una época, que en Europa ha dado la impresión de que efectivamente hubieran sido resueltos todos los grandes retos para garantizar a la mayoría de las personas una vida segura y en libertad. Quien considere sagrado el volumen y el nivel de las prestaciones del Estado del bienestar -ante los previsibles desplazamientos en la pirámide de población, ante la reducción de la oferta de trabajo retribuido en el capitalismo digital y ante el aumento de demanda de trabajo retribuido- pone en peligro todo el conjunto.

El nacionalismo miope de la izquierda proteccionista (a la que tienden también comunistas y ecologistas) hace más fácil convertirse a la derecha xenófoba. Pues en la defensa del "nacionalismo del bienestar" las ideologías de la derecha y de la izquierda van de la mano.

La izquierda neoliberal se toma en serio el desafío de la globalización, busca un nuevo vínculo entre el Estado nacional y el mercado global, formulado en el programa político de la tercera vía, en particular en el Nuevo Laborismo. En palabras de Anthony Giddens, se trata de un intento de adaptar el programa de la socialdemocracia a un mundo que en las últimas cuatro décadas ha cambiado radicalmente. Precisamente la izquierda neoliberal se ha creado una identidad oponiéndose a la izquierda proteccionista. Por un lado, quiere acceder a las "nuevas realidades" con una política reformista de izquierdas. Por el otro, sigue estando atada al contenedor mental y a la idea de hacer política de ámbito nacional. Quien quiera cambiar algo bajo estas premisas incuestionables tiene que ser "injusto", restar y rechazar derechos.

Los reformadores neoliberales del Estado social pueden buscar con razón la comprensión y la aprobación para esta "necesidad patriótica" de ser obligatoriamente injustos. Sin embargo, fracasan en el hecho de que el margen de maniobra de los Estados se ve reducido al dilema entre financiar un menor nivel de pobreza a cambio de un alto nivel de paro (como ocurre en la mayoría de países europeos) o bien aceptar una pobreza evidente con un nivel de paro algo menor (como en Estados Unidos).

La izquierda que vive encerrada en su ciudadela (difícil de distinguir de una derecha también encerrada en su ciudadela) muestra los dientes cuando entra en contacto con los extranjeros.
La Unión Europea está a favor de proteger las fronteras nacionales con remedios europeos. Los Estados con una economía fuerte siguen una política de doble moral económica, al reclamar a otros países los principios de la economía libre de mercado, mientras que protegen su mercado interno de los "ataques extranjeros". Y esto no sólo es aplicable a la competencia económica, sino especialmente a la inmigración.

En lugar de ver en una política de apertura a la inmigración controlada una ventaja estratégica para la Europa dramáticamente envejecida, se valora la inmigración de manera globalmente negativa y se responde a ella con la construcción de la "Europa fortaleza", con amplio consenso de partidos y Gobiernos.

Muchos opinan que la izquierda cosmopolita es una izquierda idealista sin aparatos de partido y sin posibilidades de llegar al poder. A esto puede responderse: existe una afinidad electiva escondida entre las cuestiones del poder y las cuestiones de la igualdad. Se puede incluso decir que la cuestión de la igualdad se ha convertido en el núcleo de la cuestión del poder. Esto es válido en el marco nacional, pero también en la interrelación a la vez local y mundial entre las culturas y las religiones.

La renuncia a la utopía significa la renuncia al poder. La renuncia abierta a la utopía es un cheque en blanco al abandono de la política por parte de la propia política. Sólo quien es capaz de entusiasmarse, gana apoyos y conquista el poder.

El redescubrimiento de la cuestión de la igualdad es, al fin y al cabo, más realista que el supuesto realismo de los pragmáticos del "ir tirando". Sin embargo, presupone una idea de la política distinta, no nacional.

Todos los Gobiernos y todos los partidos políticos se plantean la cuestión clave de cómo limitar políticamente los riesgos desenfrenados del flujo de capital mundial. ¿Por qué no hacer entonces ambas cosas? ¿Ahorrar al máximo y desarrollar y explorar de nuevo la política en el ámbito transnacional, para así crear las condiciones para poder organizar los mercados globales y las soluciones a los problemas clave nacionales?

La respuesta a la globalización consiste en una mejor coordinación internacional de las políticas nacionales; en controles supranacionales de los bancos y de las instituciones financieras más fuertes; en una reducción de la competencia fiscal desleal entre los Estados, y en una colaboración más estrecha entre las organizaciones transnacionales y la consolidación de éstas conforme a una mayor flexibilidad política y legitimidad democrática. Éstas son vías, quizás las únicas, para recuperar el margen de maniobra nacional de la política. El camino para alcanzarlo es el método del realismo cosmopolita. Un toma y daca multilateral con el que, al final, cada uno pueda solucionar mejor sus problemas nacionales.

El vacío de legitimidad de las empresas transnacionales es evidente y temen la fragilidad de sus mercados. A largo plazo, no pagar impuestos y reducir o deslocalizar puestos de trabajo no debería ser suficiente para recuperar la confianza y estabilizar mercados. ¿Por qué entonces no seguir la estrategia política combinada? Por un lado, reducir los costes de trabajo y, por el otro, plantear abiertamente la pregunta de con qué contribuyen a la democracia en Europa las empresas que obtienen cada vez más beneficios con cada vez menos trabajo.

¿Por qué no reconocer la diversidad de trabajos autónomos precarios y hacer que esta autonomía precaria sea previsible para los individuos, gracias a una política social de protección básica (prestaciones de salud y pensiones independientes de las ganancias, financiadas por todos)? ¿Y por qué no hacer posible que las personas tengan por un lado mayor independencia, allanarles el camino y crear un marco de condiciones para ello, y por el otro reforzar las competencias del Estado y fundar de nuevo la cultura democrática y la igualdad social?
Éstos son los trabajos de Hércules con los que una izquierda cosmopolita puede desarrollar su perfil y su autoconciencia, y probar su eficacia.

La recuperación del poder y de la utopía son dos caras de la misma moneda. Cuanto más pequeña sea la política, cuanto más dependiente se haga de la propia adaptación a las presuntas leyes del mercado, tanto más débil será, hasta que acabe con ella misma y se entierre. También vale lo contrario.

Cuanto más imaginativa, más creíble y grande en su entusiasmo se convierta la pretensión de hacer política, tanto más fuerte será, porque reactivará su propia lógica interna y su independencia frente a la dinámica de la economía mundial.

Muchos se atrincheran, se conforman y murmuran mientras pasan el rosario de los posmodernos (fin de la política, fin de la historia...); entretanto, a su alrededor vuelve a irrumpir lo político. Pero precisamente en el sentido de una nueva idea de lo político que cabe reconocer, comprender y ensayar.


Ulrich Beck es profesor de Sociología en la Universidad de Múnich. Traducción de Martí Sampons.

Sentencia del Tribunal Constitucional sobre la Anticoncepción Oral de Emergencia

Hace unos días el Tribunal Constitucional hizo pública la sentencia que declara fundada la demanda de cumplimiento presentada por un grupo de mujeres para exigir que el Ministerio de Salud distribuya gratuitamente las píldoras de la Anticoncepción Oral de Emergencia. Una buena noticia.


EXP. N.° 7435-2006-PC/TC
LIMA
SUSANA CHÁVEZ ALVARADO Y OTRAS

SENTENCIA DEL TRIBUNAL CONSTITUCIONAL

En Lima, a los 13 días del mes de noviembre de 2006, el Pleno del Tribunal Constitucional, con la asistencia de los magistrados García Toma, Presidente, Gonzales Ojeda, Alva Orlandini, Vergara Gotelli, Landa Arroyo y Mesía Ramírez, pronuncia la siguiente sentencia, con el fundamento de voto adjunto, del magistrado Mesía Ramírez

ASUNTO

Recurso de Agravio Constitucional interpuesto por doña Susana Chávez Alvarado y otras contra la sentencia de la Tercera Sala Civil de la Corte Superior de Justicia de Lima, de fojas 143, su fecha 23 de marzo de 2006, que sin pronunciarse sobre el fondo de la demanda interpuesta declaró la sustracción de la materia y el archivo de la causa...

[La sentencia completa puede verse en:

http://martintanaka1.blogspot.com/2006/11/sentencia-del-tribunal-constitucional.html]

Mapas electorales





























Excelente información tomada del Observatorio de la Vigilancia Social,

martes 21 de noviembre de 2006

Amenazas contra Marco Arana y Mirtha Vásquez (GRUFIDES, Cajamarca)

17 de noviembre de 2006


El Observatorio para la Protección de los Defensores de Derechos Humanos, programa conjunto de Federación Internacional de Derechos Humanos (FIDH) y la Organización Mundial contra la Tortura (OMCT), solicita su intervención URGENTE ante la siguiente situación en Perú.

Descripción de la situación:

El Observatorio ha recibido información de la Asociación Pro Derechos Humanos (APRODEH) sobre graves actos de hostigamiento y amenazas contra los miembros de la ONG Grupo de Formación e Intervención para el Desarrollo Sostenible (GRUFIDES), una institución que defiende el medio ambiente y realiza acciones de capacitación y asesoría legal a las comunidades campesinas de la provincia de Cajamarca, y en particular contra el Padre Marco Arana, sacerdote, miembro de GRUFIDES, Premio Nacional de Derechos Humanos 2005, y mediador entre el Gobierno y las empresas mineras[1], y la Doctora Mirtha Vásquez Chuquilin, Directora de GRUFIDES.

De acuerdo con las informaciones, el 3 de agosto de 2006, el Padre Marco Arana recibió llamadas telefónicas con amenazas de muerte e insultos, luego de la ocurrencia de disturbios violentos[2] en contra de las obras de expansión de la Minera Yanacocha. Posteriormente, el 31 de agosto de 2006 la Sra. Mirtha Vásquez Chuquilin recibió una llamada anónima en la cual le dijeron: “Te vamos a violar y luego te vamos a matar”. Ese mismo día y el 1 de septiembre de 2006, centenares de trabajadores de la Minera Yanacocha se movilizaron bajo órdenes de la empresa en contra de GRUFIDES, profiriendo insultos y amenazas.

Según las informaciones, desde el 3 de septiembre de 2006, el personal de GRUFIDES es víctima de intimidaciones y hostigamiento (desconocidos toman fotografías, les filman y anotan los horarios de ingresos a las oficinas). El 20 de septiembre de 2006, el personal de GRUFIDES informó al Viceministro del Interior, a la Comisaría, a la Prefectura de Cajamarca y a la Comisionada de la Defensoría del Pueblo de esos actos de hostigamiento, sin ningún resultado.

El 27 de septiembre, una sobrina del Padre Arana recibió una llamada telefónica en la cual un desconocido le dijo: “Dile a tu tío que no se meta, le vamos a disparar un balazo en la cabeza”. Además, en un periódico regional, en El Correo de Lima, en la prensa radial y televisiva se han hecho ataques al Padre Arana, acusándole de haber promovido conflictos en Celedín, donde la Minera Yanacocha tiene planes de iniciar un nuevo proyecto. A finales de septiembre, el Padre Arana fue a Celedín para asistir a un taller de la Red Muqui, una red nacional de ONG de derechos humanos y defensores del medio ambiente, y debido a una invitación de la Asociación de Promotores de Salud de Celedín acerca de los impactos ambientales y la protección de derechos de las comunidades afectadas por la minería. Uno de los ingenieros de la empresa minera irrumpió en el taller y filmó todo, filtrando luego la información a la prensa local.

Además, el 14 de noviembre de 2006, el Padre Arana fue seguido por un hombre - identificado como el Sr. Miguel Angel Saldaña - que filmó e informó telefónicamente sobre la rutina del Padre Arana, desde la salida de su domicilio hasta la vivienda de su madre. Cuando el Padre Arana le preguntó sobre su identidad, el hombre se dio a la fuga en un auto. No obstante, un embotellamiento de tránsito detuvo el vehículo en fuga, y miembros de GRUFIDES, que estaban acompañando el Padre Arana, procedieron a detenerle y a llevarlo a la Comisaría de Cajamarca, donde se encuentra todavía.

El Observatorio recuerda que estos hechos han sucedido luego que el pasado 1° de noviembre, dos desconocidos asesinaron de 17 balazos al Sr. Edmundo Becerra Palomino, Presidente del Sistema de Agua Potable del caserío Ahijadero-Yanacanchilla, integrante de la organización campesina Rondas Campesinas y secretario del Frente de Defensa del Medio Ambiente de Yanacanchilla. El Sr. Edmundo Becerra Palomino junto al Sr. Genaro López Célis y a otros dirigentes ambientalistas se encontraba amenazado por su permanente oposición a la explotación minera del cerro San Cirilo del proyecto El Solitario por parte de Minera Yanacocha (Ver llamado urgente PER 003/1106/OBS 132, emitido el 8 de noviembre de 2006).
El Observatorio teme que esas amenazas estén relacionadas con la labor de GRUFIDES en contra de los proyectos mineros. En particular, GRUFIDES defiende el medio ambiente y ha sido involucrado en negociaciones entre las comunidades campesinas y las empresas mineras.

El Observatorio destaca que esos hechos se suman a otros varios casos de amenazas a través de llamadas y acciones de hostigamiento que, según las denuncias, se han producido contra diferentes personas relacionadas con el medio ambiente y los derechos humanos.

El Observatorio manifiesta su seria preocupación por las consecuencias que puedan tener estos ataques sobre las actividades de GRUFIDES y particularmente sobre la integridad personal de cada uno de los miembros de todas organizaciones no gubernamentales actuando en consecuencia de los proyectos mineros en Cajamarca.

Acción solicitada:

Favor escribir a las autoridades Peruanas urgiéndolas a:

i. tomar de manera inmediata las medidas más apropiadas para garantizar la seguridad y la integridad física y psicológica del Padre Marco Arana y la Dra. Mirtha Vásquez Chuquilin, de todos los demás miembros y trabajadores de GRUFIDES, de sus familias, y en general de todos los defensores de derechos ambientales en la Provincia de Cajamarca y en general en Perú;

ii. garantizar una investigación independiente, inmediata, exhaustiva e imparcial en torno a las amenazas contre los miembros de GRUFIDES, en particular contra el Padre Marco Arana y la Dra. Mirtha Vásquez Chuquilin, con el fin de identificar a los responsables, llevarlos ante un tribunal competente, independiente, justo e imparcial y aplicarles las sanciones penales y/o administrativas previstas por la ley;

iii. asegurar la aplicación de lo dispuesto por la Declaración sobre los defensores de los Derechos Humanos, adoptada por la Asamblea general de la ONU el 9 de diciembre de 1998, en particular en lo referente a la protección del Derecho de toda persona « individual o colectivo, de promover la protección y el respeto de los derechos humanos, de las libertades fundamentales, tanto en el plano nacional como internacional y a esforzarse por ellos » (Art.1) y a “garantizar la protección de toda persona, individual y colectivamente, frente a toda violencia, amenaza, represalia, discriminación, negativa de hecho o de derecho, presión o cualquier otra acción arbitraria resultante del ejercicio legítimo de los derechos mencionados en la Declaración” (Art. 12.2);

iv. de manera general, conformar sus acciones a lo dispuesto por los Pactos y Convenciones internacionales ratificados por Perú.

[1] Esta mediación se inscribe en el marco de negociaciones llevando al establecimiento de reglas precisas para regular las actividades mineras, en particular las consecuencias ambientales.
[2] Los disturbios se produjeron durante una protesta en contra de la construcción de un dique cerca del Centro poblado Combayo, Cajamarca. La ampliación de las operaciones de la Minera Yanacocha en este proyecto, ha ocasionado la oposición de los campesinos de la zona de Combayo debido a los impactos ambientales de las operaciones mineras y a las expectativas de participación en beneficios sociales y económicos no satisfechos.

[Ver más en: http://grufidesinfo.blogspot.com/]

[Comentario: podemos estar de acuerdo o en desacuerdo con el trabajo de GRUFIDES, podemos respaldarlo o criticarlo, pero el clima actual de intolerancia, satanización y amenazas en contra de Marco Arana y Mirtha Vásquez debe ser censurado por todos. Mucho más en un contexto en el han ocurrido asesinatos a dirigentes populares que no han sido del todo aclarados. Si bien lo más probable es que estos crímenes nada tienen que ver con la condición de dirigentes sociales de las víctimas, el clima en Cajamarca está muy enrarecido, y todos deben hacer esfuerzos por bajar la tensión. Mi solidaridad para con Marco y Mirtha].

Primeras impresiones sobre los resultados del domingo

Artículo publicado en Perú21, martes 21 de noviembre de 2006


Perdieron los movimientos regionales y locales (sí, perdieron). En las elecciones de 2002 la mayoría de regiones y alcaldías fueron ganadas por “independientes”, y casi ninguno ha sido reelecto, o representantes de sus agrupaciones. Tenemos movimientos regionales y locales fantasmales, que ganan, luego sufren las consecuencias de su inexperiencia e improvisación, y luego desaparecen, y son sustituidos por otros similares, en un círculo vicioso. En medio de esto, el domingo ganaron algunos líderes regionales con posibilidades de repetir la buena experiencia de Yehude Simon en Lambayeque, debido precisamente a su experiencia y antecedentes políticos: José Murgia en La Libertad, Vladimiro Huaroc en Junín, Juan Manuel Guillén en Arequipa, César Villanueva en San Martín, Jesús Coronel en Cajamarca, entre otros.

Perdió (estrepitosamente) el humalismo. En junio de este año, la expectativa era que el humalismo “barriera” en estas elecciones; el humalismo se desvaneció de la misma manera en que apareció. Su sobrevivencia como movimiento es muy complicada, limitada a una bancada en el congreso muy heterogénea. Esto no significa que el caudillo Ollanta Humala desaparezca, pero sí que tiene por delante construir algo por ahora inexistente.

Perdió Unidad Nacional: nada nacional, poca unidad. La votación de UN confirmó lo visto en abril; prácticamente no existe fuera de Lima. Y en Lima, si bien ganó la alcaldía provincial con Castañeda, esto fortalece a éste y a su grupo personalista, Solidaridad Nacional, y debilita al PPC, el socio más articulado y políticamente solvente de la alianza. UN tiene un gran desafío por delante: construir una nueva identidad política desde los distritos populares limeños en los que ganó, y desde allí, conectarse con el país.

Perdió el APRA... El APRA perdió rotundamente si comparamos los resultados de 2002 con los de ahora, y el golpe de la provincia de Trujillo obviamente debe ser muy duro. Pero esto no es muy sorprendente, a la luz de los resultados de las elecciones de abril.

... pero no necesariamente Alan García. Ahora bien, ¿qué implicancias tiene esto para el gobierno? Los resultados en general dibujan un escenario de enorme fragmentación política: partidos nacionales minimizados, movimientos regionales y locales frágiles. Fragmentación horizontal y vertical: en general, quien ganó en una región, provincia o distrito no ganó en la vecina, y quien ganó en la región, no ganó en las provincias o en los distritos. Siendo las cosas así, hay dos situaciones posibles: que las nuevas autoridades sean fácilmente cooptadas por el gobierno, a cambio de concesiones puntuales, aprovechando su desarticulación; o que la dinámica sea de confrontación, en la que el gobierno se desgasta en una interminable sucesión de negociaciones particularistas. Entre los dos escenarios, por ahora, parece mucho más probable el primero: mientras el gobierno central sea popular, y tenga recursos, parecería mejor tratar de llevarse bien con él. Por ahora.

lunes 20 de noviembre de 2006

El nuevo mapa político regional


















Tomado de Perú21,

Presentación al país del Proyecto Educativo Nacional al 2021

CONSEJO NACIONAL DE EDUCACIÓN


El Perú debe tener un Proyecto Educativo Nacional. Este es un mandato de la Ley General de Educación (Art. 7), un compromiso asumido por el Foro del Acuerdo Nacional (Pacto Social de Compromisos Recíprocos por la Educación, disposición final) y una necesidad sentida por cuantos entienden y desean confrontar los desafíos del desarrollo del país y de sus ciudadanos.

En el marco de la Ley, y en respuesta a las miles de personas y cientos de instituciones que han participado en el proceso de su elaboración a lo largo y ancho del país durante los últimos tres años, el Consejo Nacional de Educación (CNE) cumple con presentar a la nación y a sus autoridades la propuesta de “Proyecto Educativo Nacional al 2021”. Corresponde ahora al Gobierno y al Foro del Acuerdo Nacional determinar la ruta concreta que permitirá su puesta en marcha.

Esta propuesta es resultado de los diálogos y aportes recibidos después de la difusión del documento titulado “Hacia un Proyecto Educativo Nacional” en setiembre del año 2005. Ha sido debatida en las 26 regiones del país, en articulación con los procesos de elaboración de sus Proyectos Educativos Regionales.

Han participado en su formulación maestros, autoridades regionales, educativas y de otros sectores, así como empresarios y productores, profesionales de diversas especialidades, líderes de opinión, jóvenes, dirigentes de organizaciones sociales y del mundo de la cultura. Han revisado, criticado y aportado al texto numerosas organizaciones sociales de base y asociaciones civiles, así como medios de comunicación. La propuesta se ha nutrido también de las opiniones informadas de instituciones y expertos nacionales e internacionales, habiéndose tomado en cuenta propuestas educativas formuladas en otros espacios institucionales y gremiales, como el proyecto educativo del SUTEP o los planes de gobierno de los diferentes partidos políticos. Esta propuesta de Proyecto Educativo Nacional representa, en buena cuenta, un mayor desarrollo de la 12.ª Política de Estado del Acuerdo Nacional, especificando un conjunto consistente de políticas y medidas que permitirían concretarla.

Ahora, corresponde dar paso a una nueva etapa, en la que las propuestas de políticas se conviertan en planes operativos y presupuestos, los consensos sobre el sentido de la educación en concertaciones para la acción, las experiencias innovadoras en propuestas de cambio, el reclamo y la reivindicación en un movimiento ciudadano por la educación.

Confiamos en que este documento una vez aprobado como dispone la ley, servirá en adelante como marco estratégico para tomar decisiones y como referente para evaluar la acción educativa del Estado y de la sociedad.


Seis cambios por hacer

Como se ha advertido, el problema educativo descrito y las grandes metas nacionales que enfrentamos demandan una solución integral —no parcial ni transitoria— que debe cobrar la forma de un Proyecto Educativo Nacional, entendido como un amplio acuerdo en que se expresan las principales aspiraciones de la sociedad peruana respecto al sentido y la función que deberá tener la educación a largo plazo en el desarrollo del país.

El objeto de un Proyecto Educativo Nacional se sitúa en dos dimensiones indisociables y mutuamente influyentes: una educación para la realización personal de todos los peruanos y una educación para la edificación colectiva de la democracia y del desarrollo del país. Para lograr esta educación, los peruanos necesitamos tomar y ejecutar decisiones concretas, reconocer nuestras fortalezas y capacidades, dejar atrás divisiones
menudas o de fundamentos egoístas y consolidar una voluntad colectiva dirigida tenazmente hacia una misma dirección.

¿Qué dirección debe ser ésta? Es imperativo reconocer en primer lugar, como verdad fundamental, que la educación es un derecho individual y colectivo y que el ejercicio de ese derecho debe ser una experiencia de disfrute y de enriquecimiento de nuestra humanidad.

Sobre la base de esa convicción, para el Consejo Nacional de Educación son seis los cambios que requiere la educación peruana:

Sustituir una educación que reproduce desigualdades por otra que brinde resultados y oportunidades educativas de igual calidad para todos, ajena a cualquier forma de discriminación.
Convertir cada centro educativo en un espacio de aprendizaje auténtico y pertinente, de creatividad e innovación y de integración en una convivencia respetuosa y responsable en el ejercicio de deberes y derechos.
Organizar una gestión éticamente orientada, con participación, descentralizada y con más recursos, los cuales utiliza con eficiencia óptima.
Pasar de un ejercicio docente poco profesional y masificante a una docencia con aspiraciones de excelencia profesional y conducida mediante un reconocimiento objetivo de méritos y resultados.
Propiciar la creación, la innovación y la invención en el ámbito de la educación superior con plena conciencia de que debe ser un soporte para superar nuestra histórica situación de pobreza y para alcanzar el desarrollo social y la competitividad del país.
Romper las fronteras de una educación encerrada en las estrechas paredes de la escuela para fortalecer una sociedad que forma a sus ciudadanos, los compromete con su comunidad y dibuja la educación del futuro.


Objetivos Estratégicos

PRIMER OBJETIVO ESTRATÉGICO:
OPORTUNIDADES Y RESULTADOS EDUCATIVOS DE IGUAL CALIDAD PARA TODOS
Una educación básica que asegure igualdad de oportunidades y resultados educativos de calidad para todos los peruanos, cerrando las brechas de inequidad educativa.

SEGUNDO OBJETIVO ESTRATÉGICO:
ESTUDIANTES E INSTITUCIONES EDUCATIVAS QUE LOGRAN APRENDIZAJES PERTINENTES Y DE CALIDAD
Transformar las instituciones de educación básica en organizaciones efectivas e innovadoras capaces de ofrecer una educación pertinente y de calidad, realizar el potencial de las personas y aportar al desarrollo social.

TERCER OBJETIVO ESTRATÉGICO:
MAESTROS BIEN PREPARADOS QUE EJERCEN PROFESIONALMENTE LA DOCENCIA
Asegurar el desarrollo profesional docente, revalorando su papel en el marco de una carrera pública centrada en el desempeño responsable y efectivo, así como de una formación continua integral.

CUARTO OBJETIVO ESTRATÉGICO:
UNA GESTIÓN DESCENTRALIZADA, DEMOCRÁTICA, QUE LOGRA RESULTADOS Y ES FINANCIADA CON EQUIDAD
Asegurar una gestión y financiamiento de la educación nacional con ética pública, equidad, calidad y eficiencia.

QUINTO OBJETIVO ESTRATÉGICO:
EDUCACIÓN SUPERIOR DE CALIDAD SE CONVIERTE EN FACTOR FAVORABLE PARA EL DESARROLLO Y LA COMPETITIVIDAD NACIONAL
Asegurar la calidad de la educación superior y su aporte al desarrollo socioeconómico y cultural sobre la base de prioridades, así como a una inserción competitiva en la economía mundial.

SEXTO OBJETIVO ESTRATÉGICO:
UNA SOCIEDAD QUE EDUCA A SUS CIUDADANOS Y LOS COMPROMETE CON SU COMUNIDAD
Fomentar en todo el país una sociedad dispuesta a formar ciudadanos informados, propositivos y comprometidos con el desarrollo y bienestar de la comunidad.

Noviembre 2006

sábado 18 de noviembre de 2006

"Los bloggers deberían aspirar a cumplir las normas éticas de los medios tradicionales"


ENTREVISTA: MATT MULLENWEG, creador de Wordpress
"Los bloggers deberían aspirar a cumplir las normas éticas de los medios tradicionales"
El autor de Wordpress asegura que "el futuro del 'software' es ser libre y gratuito"
PABLO FERNÁNDEZ - Sevilla
ELPAIS.es - 17-11-2006

Medio millón de páginas web se han creado con el servicio gratuito que presta Wordpress.com, un sistema de publicación creado en 2003 por el estadounidense Matt Mullenweg. Su empresa, Automattic, tiene 12 empleados -entre los que se encuentra Toni Schneider, ex vicepresidente de Yahoo!- y ya ha rechazado ofertas de compra millonarias. El millón de dólares que recibieron del capital riesgo sigue en el cajón, y es que en Wordpress quieren seguir siendo pequeños.

Matt Mullenweg (Houston, 1984) se presenta en el hotel en el que vamos a realizar la entrevista cargado con una cámara digital y dos objetivos. Ha venido a Sevilla para participar en ‘Evento Blog España’, en el que se debatirá sobre los desafíos, ventajas, y desarrollos futuros de esta forma de publicación. El creador de Wordpress -que permite que cualquiera cree una página web en pocos minutos- llegó hace un par de días a la capital andaluza que ha aprovechado para disfrutar de una de sus pasiones, la fotografía. Otra es la música: varias versiones de su software llevan el nombre de un músico de jazz o hace referencia a algún término musical. Mullenweg toca el saxo y el piano, una afición que terminó llevándole a Internet. “Cuando era más pequeño, en Houston, mi familia no tenía mucho dinero, y las clases de jazz costaban 15 dólares a la semana. Así que llegué a un acuerdo con los profesores: yo les hacía una página a cambio de las clases”, explica.

PREGUNTA. ¿Qué es un blog? ¿Cuando empezó usted a utilizarlos?

MATT MULLENWEG. Los blogs son herramientas que permiten a la gente expresarse en Internet. Antes la comunicación se realizaba en un solo sentido, tú accedías a la Red y podías leer y leer, éramos consumidores pasivos, como cuando ves la televisión o escuchas la radio. El efecto de la llegada de los blogs es un poco como el que produjo la llegada de la imprenta. Yo empecé a escribir en un blog relativamente tarde, entre 2002 y 2003, pero otros llegaron antes, en 1999 o 2000. La base de Wordpress es B2, que es software libre. El desarrollo de B2 se detuvo y nosotros lo retomamos donde otros lo dejaron, esa es la belleza del software libre, siempre se construye sobre otros que vinieron antes.

P. Ha afirmado usted que como mucho cinco personas usaron el primer Wordpress, publicado en 2003. ¿Cuáles son las cifras actualmente?

MM. Esperamos que el sistema de publicación que no necesita que el usuario instale nada, Wordpress.com, supere el medio millón de usuarios en diciembre, mientras que el software instalable ha superado ya el millón trescientas mil descargas. Creo que ese crecimiento se debe a que nos centramos mucho en la experiencia del usuario, no somos una gran empresa tratando de vender todo tipo de productos. La gente aprecia eso, la simplicidad. Además está la internacionalización, Wordpress ha sido traducido a 26 idiomas, entre ellos el español.

P. Pocos meses después de crear Wordpress fue contratado por una gran empresa CNET.com. ¿Cómo fue esa experiencia?

MM. Fue duro, sobre todo para mi familia, porque tuve que abandonar la universidad. Mi madre se enfadó, pero lo hizo aún más cuando dejé CNET. Tenía un trabajo, con Seguridad Social, en una gran compañía y quería dejarlo para fundar una start up. No podían entenderlo. Pero la experiencia fue muy positiva, CNET es un gran sitio que tiene ya 10 años y ha desarrollado mucho y muy buen contenido en todo este tiempo, ayudó a alumbrar muchas buenas funcionalidades de Wordpress.

P. Pudo presenciar así la llegada de los blogs a un gran medio de comunicación, algo bastante habitual en la actualidad pero que todavía tiene sus críticos. ¿Cómo reaccionó la redacción ante la novedad?

MM. Muchos de ellos estaban asustados. A los medios tradicionales les gusta controlar el mensaje, pero los blogs proporcionan cierto grado de equilibrio en la comunicación. La gente estaba deseando tener más voz en los medios, y los blogs se la dan. Pero pienso que blogs y periodismo son cosas distintas. Los periodistas contrastan sus fuentes y siguen muchas normas que los bloggers no cumplen, pero no creo que eso sea negativo, es parte de su poder. El blog es un medio menos estructurado y más informal, pero aún así sigue siendo fiable. Yo me equivoco a menudo cuando publico, pero enseguida llega alguien y me lo dice en el primer comentario. No hay nada que esconder. En todo caso, creo que todo el mundo debería seguir ciertas normas éticas, los bloggers deberían aspirar al menos a cumplir las de los medios tradicionales. Pero no creo que la falta de algunas de las estrictas reglas del periodismo sea un inconveniente.

P. ¿Han alcanzado ya los blogs su techo, qué sucederá con este formato en los próximos años?

MM. En la actualidad hay 50 millones de bloggers, pero creo que el fenómeno blog seguirá creciendo, todavía hay 5.999 millones de personas que no los utilizan. Llegan nuevas herramientas que facilitan aún más las cosas, Microsoft Office va a permitir directamente desde el procesador de textos, las grandes empresas de Internet están entrando a fondo en esto. Yahoo! acaba de decir que van a dar un nuevo impulso a sus esfuerzos en este campo. Para lograr que el crecimiento se produzca hay que hacer las cosas más fáciles, pero también incrementar las audiencias, que actualmente crecen más rápido que el número de gente que escribe blogs. Actualmente Wordpress.com, donde se crean 3.000 blogs diarios, tiene unos 470.000 bloggers, y sólo en septiembre recibieron 17 millones de visitas. La mayoría de la gente que escribe en Wordpress.com, el 70%, lo hace en inglés, y el resto lo hace en otros idiomas.

P. ¿Está el chino entre ellos? ¿Cuál es la postura de Wordpress respecto a la censura y las medidas aceptadas por otras compañías de Internet para poder hacer negocio en China?

MM. Tenemos muchos usuarios chinos, a pesar de estar bloqueados en ese país porque nos negamos a censurar a sus bloggers. Somos una compañía pequeña que se puede permitir respetar ciertas reglas morales y éticas, aunque eso signifique renunciar a dinero y crecimiento a corto plazo. Pese a que desde China no se puede acceder directamente a nuestro sitio, los usuarios siguen llegando e forma indirecta, pasando antes por otros sitios que hacen de puente, como Singapur o Japón. La gente está luchando para ser libre, para tener libertad de expresión. Personalmente, no estoy de acuerdo con la opción tomada por compañías como Yahoo! o Microsoft. El problema es que las grandes corporaciones solo responden ante sus accionistas, y han decidió plegarse a las exigencias chinas porque piensan que les va a beneficiar económicamente a largo plazo. Pero eso implica, en el caso de Yahoo!, la entrega de personas buscadas por Pekín, en un país donde pueden ser ejecutados o pasar el resto de su vida en la cárcel por expresar su opinión. No puedo estar de acuerdo con eso.

P. Parece que los contenidos audiovisuales han despegado definitivamente en Internet, ¿han notado también un incremento del uso del vídeo o las imágenes en Wordpress?

MM. El ocho por ciento de las entradas que se escriben cada día llevan un enlace a una foto de Flickr [servicio de alojamiento de imágenes], y un total del diez por ciento usa servicios similares. Eso hace que nos planteemos como integrarnos mejor con ellos, como con Youtube, con el que ya teemos un acuerdo por el que puedes publicar en Wordpress un vídeo que ellos alojen con sólo pulsar un botón. Veremos más cosas como esa. De todas formas, no creo que el texto vaya a desaparecer por el éxito del vídeo o el sonido en Internet. sobrevivirá milenios.

P. ¿Por qué eligió que Wordpress fuera software libre? ¿Cree que eso le ha dado más oportunidades?

MM. No podía ser de otra manera, el futuro del software es ser libre y gratuito. Incluso Microsoft está cambiando en este sentido y vende cada vez más servicios y no programas, como Google, que lo da todo gratis y luego hace dinero con la publicidad. El mundo del software libre se dio cuenta de esto hace quince o veinte años, de que hay otras formas de hacer dinero. Si Wordpress no fuera código abierto no estaríamos aquí. El usuario medio en realidad no se preocupa por el tipo de licencia que utiliza un programa, muchos no saben si el programa que usa es software libre o no. Pero si prestan atención al precio, les gusta que sea gratuito, y se benefician del trabajo de la comunidad de desarrolladores, que no sería la que es si Wordpress no fuera libre. La comunidad es indispensable, Wordpress atrae a los mejores programadores, los mejores profesionales, y se beneficia de ello. Algunos de los trabajadores de mi compañía, Automattic, hacían cosas para Wordpress después de su trabajo, empleando horas y horas por la noche sin que nadie les pagara por ello. Hay software que se hace por dinero y software que se hace por amor. Creo que los usuarios saben diferenciar perfectamente el software que se hace por amor.

P. Akismet, un filtro para evitar los comentarios no deseados, el spam, es el otro gran producto de Automattic. ¿Cuáles fueron las razones que le llevaron a crearlo?

MM. Akismet nació en buena parte por culpa de mi madre. Cuando trabajaba para CNET vino a verme a San Francisco y me dijo que iba a crear un blog. Yo me preocupé porque mi madre es mucho más conservadora y tenía en mente el tipo de comentarios que el spam hace llegar a los blogs. Muy desagradables para mi católica madre, yo no quería que viera todo eso, y así nació Akismet. Un filtro contra el spam que funcionó correctamente durante un par de meses, detectando y eliminando los mensajes no deseados. El problema es que los que envían correo no solicitado tienen más dinero, más tiempo y menos escrúpulos que tu, y son capaces de encontrar la forma de saltarse los filtros. Primero cambiaron su modo de actuar tras dos meses, nosotros nos movimos y ellos encontraron la forma de saltarse el filtro en unas semanas. Decidimos entonces utilizar la inteligencia de la comunidad de usuarios. Cuando uno de ellos detecta y elimina un mensaje no deseado, la comunidad entera queda protegida ante él.

P. ¿Cómo están funcionando el negocio con ambos productos?

MM. Genial. Akismet ha tenido mucho éxito, hemos firmado acuerdos con Yahoo! y The New York Times en sus páginas. El spam supone un coste de dinero, porque el tiempo que empleas en eliminarlo es dinero perdido, por eso el filtro es interesante para muchas webs. Con Wordpress.com no hemos tenido producto de pago hasta hace unos meses, cuando ofrecimos la posibilidad de que los usuarios pusieran la dirección que quisieran a su página, un dominio propio, y está funcionando perfectamente. Este será probablemente el modelo de negocio para Wordpress.com.

P. Mucha gente desarrolla añadidos para Wordpress.com y algunos se añaden al producto final. ¿Cómo sienta eso a los programadores?

MM. No suelen molestarse, el figurar en la distribución final del software supone un aumento de popularidad y más trabajo para ellos. Aún así, muchas cosas siguen produciéndose fuera de la compañía. Automattic ha tenido éxito a pesar de no haber intentado quedarse con todo el valor que genera, eso sería un error. Preferimos crear una plataforma sobre las que otros desarrollan, crean software y ganan dinero. Actualmente más de 100 personas viven de lo que programan para Wordpress. Hay muchos ejemplos de empresas que funcionan igual, como Google, Sourceforge, eBay o Yahoo!. Nosotros no queremos crecer rápido, queremos un negocio sostenible.

P. Además de esos ingresos, ¿Automattic ha recibido dinero por otras vías, como el capital riesgo?

MM. Conseguimos poco más de un millón de dólares, pero estamos más interesados en inversores que quieran quedarse a largo plazo que en los que desean una ganancia rápida. Nuestro crecimiento estará ligado al de nuestros ingresos, no vamos a tomar determinados riesgos. El modelo de negocio de Automattic contempla un crecimiento orgánico, en el que realmente no sabemos muy bien a dónde nos dirigimos. Apple comenzó haciendo circuitos y ahora tiene el iPod.

P. Los gigantes de Internet están comprando muchas compañías, ¿ha recibido alguna oferta?

MM. Hemos recibido ofertas de compra, muy interesantes económicamente, pero mi idea de éxito no era trabajar para Yahoo!. Creo que entre los grandes de la Red Google ha sido el que mejor ha sabido conservar su carácter innovador, a pesar de ser una compañía enorme, pero en general las grandes compañías son incapaces de innovar, es algo reservado para los pequeños. Si tienes una aplicación y la utilizan 20 millones de usuarios cualquier cambio es muy difícil porque al hacerlo seguro que fastidias a 100.000. Por eso los grandes compran compañías pequeñas, aunque no tenga mucho efecto. Yahoo! compró Flickr y logró ponerse un poco a la última, pero la compra no ha cambiado mucho como compañía. Youtube logró hacer lo que Google, Microsoft, Apple o Yahoo! no fueron capaces y por eso la compraron, y no me parece mal, es bonito que hayan conseguido una recompensa por ello.

P. Hablando de compras y ventas, la tan traída Web 2.0, ¿es sólo la segunda oportunidad para hacer dinero en Internet, o implica algo más?

MM. Lo fundamental de la Web 2.0 es la capacidad de publicación, el valor está en la gente y los contenidos. Existe además un cambio de mentalidad de los internautas respecto a los contenidos que generan, sobre los que también están adquiriendo cierto control. Antes estábamos como en la Edad Media, donde muchos trabajaban la tierra de un señor y lograban por ello pocos beneficios. Ahora se comparten entre quien aloja los contenidos y quienes los producen. Es un cambio de mentalidad que provoca una revolución calmada. Dentro de veinte años habrá un presidente que hoy tiene un blog, y la gente volverá sobre él para ver que dijo.

viernes 17 de noviembre de 2006

Opening up Fortress Europe - Jürgen Habermas

Jürgen Habermas on immigration as the key to European unity

As a student, I often looked from the other side of the Rhine over here to the seat of the four high commissioners. Today I enter the Petersberg for the first time. The historic surroundings recall the deep roots that the old Bundesrepublik sank into the Rhine and Ruhr landscapes. I was always proud of a homeland characterised by a civil spirit, a certain Rhine-Prussian distance from Berlin, an openness to the West and the liberal influence of republican France. From here, the Bundesrepublik achieved its goal of sovereignty only in conjunction with the political unification of Europe; we only achieved national unity within the European framework.The genius loci invites us to consider the irritating fact that this benedictory European dynamic is flagging today.

In many countries, the return of the nation-state has caused an introverted mood; the theme of Europe has been devalued, the national agenda has taken priority. In our talk-shows, grandfathers and grandchildren hug each other, swelling with feel-good patriotism. The security of undamaged national roots should make a population that's been pampered by the welfare state "compatible with the future" in the competive global environment. This rhetoric fits with the current state of global politics which have lost all their inhibitions in social darwinistic terms.

Now we Europe alarmists are being instructed that an intensification of European institutions is neither necessary nor possible. It is being claimed that the drive behind European unification has vanished and for good reason, since the objectives of peace between the European peoples and the creation of a common market have been met. In addition, the ongoing rivalries between nation states are said to demonstrate the impossibility of a political collectivisation that extends beyond national boundaries. I hold both objections for wrong. Allow me to name the most urgent and potentially risky problems that will remain unsolved if we stay stuck along the way to a Europe that is politically capable of action and bound in a democratic constitutional framework.

The first problem, which has long since been identified, is a result of this half-heartedness: the European member states have lost democratic substance as a result of European unification. Decisions, ever greater in number and importance, are being made in Brussels and simply "applied" at home through national law. The entire process takes place beyond the political public of the member states, even though European citizens can only place their votes here – there is no European public space. This democratic deficit can be explained by Europe's lack of an internal political constitution. The next problem is European's inability to present themselves to the world as one.

Since the government in Washington has gambled away its own moral authority, the international community is turning to the European Union with expectations that it cannot fill unless it has a united foreign policy. While in the Near East, diplomacy can, for the first time since 1948, count on a third party with a robust UN mandate, the European governments, envious of each other, prefer to press ahead on their own rather than strengthen their chief diplomat Solana with a shared agenda. Sixty years after the Nürnberg trials, torn Europe's largest failure is the long overdue reform of the UN. If anyone, it will be the Europeans that will prevent their American allies from continuing to damage the only legitimate conception of world order that they themselves initiated: namely, the further development of classic international law to a politically defined world community.

Likewise the third problem, the progressive undermining of acceptable social standards, can no longer be solved by national governments alone. The justified criticism of the inconsistencies of neo-liberal orthodoxy cannot hide the fact that the obscene combination of rising share prices and mass layoffs rests on a compelling economic logic. Little can be done about this within the national context alone, because the relationship of politics to the market has gotten out of balance on a global scale. It would take a European Union with a cogent foreign policy to influence the course of the world economy. It could drive global environmental policy forward while taking first steps towards a global domestic policy. In so doing, it could provide an example to other continents of how nation-states can be fused into supra-national powers. Without new global players of this kind, there can be no equilibrium between subjects of an equitable world economic order.

The fourth pressing problem is the fundamentalist challenge to cultural pluralism in our societies. We have approached this problem from the perspective of immigration policy for far too long. In times of terrorism, there is a threat that it will only be dealt with under the heading of domestic security. Yet the burning cars in the banlieues of Paris, the local terror of inconspicuous youths in English immigrant neighbourhoods and the violence at the Rütli School (more) in Berlin have taught us that simply policing the Fortress of Europe is no real answer to these problems. The children of former immigrants, and their children's children, have long been part of our society. But since they are simultaneously not a part of it, they pose a challenge to civil society, not the Minister of the Interior. And the challenge we face is to respect the different nature of foreign cultures and religious communities while including them in national civil solidarity.

At first glance the integration problem has nothing to do with the future of the European Union, since every national society must deal with it in its own way. And yet it could also hold the solution to a further difficulty. The second objection of Euro-sceptics is that there could never be a United States of Europe, because the necessary underpinnings are lacking. In truth the key question is whether it is possible to expand civil solidarity trans-nationally, across Europe. At the same time, a common European identity will develop all the quicker, the better the dense fabric of national culture in the respective states can integrate citizens of other ethnic or religious origins. Integration is not a one-way street. When it is successful, it can inspire strong national cultures to become more porous, more sensitive and more receptive both domestically and abroad. In Germany, for example, the more a harmonious coexistence with citizens of Turkish origin becomes a matter of course, the better we will be able to understand other European citizens – from the Portuguese winegrower to the Polish plumber. In opening up domestically, self-contained cultures can also open up to each other.

The integration problem hits a raw nerve in European nation-states. These developed into democratic constitutional states through the forced creation of a romantically inspired national consciousness that absorbed other loyalties. Without the moving force of nationalism, the Bavarians and the Rhinelanders, the Bretons and Occitanians, the Scots and the Welsh, the Sicilians and the Calabrians, the Catalans and the Andalusians would never have merged to become citizens of democratic nations. Because of this tightly-knit and easily combustible social fabric, the oldest national states react far more sensitively to the integration problem than immigration societies like the USA or Australia, from whom we can learn a great deal.

Whether we're dealing with the integration of gastarbeiter families or citizens from the former colonies, the lesson is the same. There can be no integration without a broadening of our own horizons, and without a readiness to tolerate a broader spectrum of odours, thoughts and what can be painful cognitive dissonances. In addition, Western and Northern European secular societies are faced with the vitality of foreign religions, which in turn lend local confession new significance. Immigrants of other faiths are as much a stimulus for believers as for non-believers.

The Muslim across the way, if I can take the current situation as an example, confronts Christian citizens with competing religious truths. And he makes secular citizens conscious of the phenomenon of public religion. Provided they react sensibly, believers will be reminded of the ideas, practices and attitudes in their Church that fell afoul of democracy and human rights well into the 20th century. Secular citizens, for their part, will recognise that they have taken matters too lightly by seeing their religious counterparts as an endangered species, and by viewing the freedom of religious practice as a kind of conservation principle.

Successful integration is a reciprocal learning process. Here in Germany, Muslims are under great time and adaptation pressure. The liberal state demands of all religious communities without exception that they recognise religious pluralism, the competence of institutionalised sciences in questions of secular knowledge and the universal principles of modern law. And it guarantees basic rights within the family. It avenges violence, including the coercion of the consciences of its own members. But the transformation of consciousness that will enable these norms to be internalised requires a self-reflexive opening of our national ways of living.

Those who denounce this assertion as "the capitulation of the West" are taken in by the silly war cry of liberal hawks. "Islamofascism" is no more a palpable opponent than the war on terrorism is a "war". Here in Europe, the assertion of constitutional norms is such an uncontested premise of cohabitation that the hysterical cry for the protection of our "values" comes across like semantic armament against an unspecified domestic enemy. Punishing violence and combating hatred require calm self-consciousness, not rabble-rousing. People who proclaim against their better knowledge that the award of the Nobel Prize in Literature to Orhan Pamuk is proof of an unavoidable clash of civilizations are themselves propagating such a clash. We should not follow in the footsteps of George W. Bush in militarising the Western spirit as well.

In Germany, the tensions between Christianity and Islam that have been mounting since 2001 recently set off an exciting, high-level competition among confessions. The subject at issue is the compatibility of faith and knowledge. For Pope Benedict XVI, the reasonableness of belief results from the Hellenisation of Christianity, while for Bishop Huber it results from the post-Reformation meeting of the Gospel with the post-metaphysical thinking of Kant and Kierkegaard. Both sides however betrayed a bit too much intellectual pride. The liberal state, for its part, must demand that the compatibility of faith and reason be imposed on all religious confessions. This quality must not be claimed as the exclusive domain of a specifically Western religious tradition.

*This is an abbreviated version of the speech that Jürgen Habermas held on being awarded the state prize of North-Rhine Westphalia. The article originally appeared in German in the Kölner Stadtanzeiger on November 8, 2006.

Jürgen Habermas, born in 1929, is one of Germany's foremost intellectual figures. A philosopher and sociologist, he is professor emeritus at the Johann Wolfgang Goethe University in Frankfurt and the leading representative of the Frankfurt School of Critical Theory. His works include "Legitimation Crisis", "Knowledge and Human Interests", "Theory of Communicative Action" and "The Philosophical
Discourse of Modernity."

[Ver http://www.signandsight.com/features/1048.html]

Milton Friedman, Free-Market Theorist, Dies at 94

The New York Times

November 17, 2006
By HOLCOMB B. NOBLE

Milton Friedman, the grandmaster of free-market economic theory in the postwar era and a prime force in the movement of nations toward less government and greater reliance on individual responsibility, died yesterday. He was 94 and lived in San Francisco.

His death was confirmed by Robert Fanger, a spokesman for the Milton and Rose D. Friedman Foundation in Indianapolis.

Conservative and liberal colleagues alike viewed Mr. Friedman, a Nobel laureate, as one of the 20th century’s leading economic scholars, on a par with giants like John Maynard Keynes and Paul Samuelson.

Flying the flag of economic conservatism, Mr. Friedman led the postwar challenge to the hallowed theories of Lord Keynes, the British economist who maintained that governments had a duty to help capitalistic economies through periods of recession and to prevent boom times from exploding into high inflation.

In Mr. Friedman’s view, government had the opposite obligation: to keep its hands off the economy, to let the free market do its work. He was a spiritual heir to Adam Smith, the 18th-century founder of the science of economics and proponent of laissez-faire: that government governs best which governs least.

The only economic lever that Mr. Friedman would allow government to use was the one that controlled the supply of money — a monetarist view that had gone out of favor when he embraced it in the 1950s. He went on to record a signal achievement, predicting the unprecedented combination of rising unemployment and rising inflation that came to be called stagflation. His work earned him the Nobel Memorial Prize in Economic Science in 1976.

Rarely, colleagues said, did anyone have such impact on his own profession and on government. Though he never served officially in the halls of power, he was around them, as an adviser and theorist.

“Among economic scholars, Milton Friedman had no peer,” Ben S. Bernanke, the Federal Reserve chairman, said yesterday. “The direct and indirect influences of his thinking on contemporary monetary economics would be difficult to overstate.”
Professor Friedman also fueled the rise of the Chicago School of economics, a conservative group within the department of economics at the University of Chicago. He and his colleagues became a counterforce to their liberal peers at the Massachusetts Institute of Technology and Harvard, influencing close to a dozen American winners of the Nobel in economics.

It was not only Mr. Friedman’s antistatist and free-market views that held sway over his colleagues. There was also his willingness to create a place where independent thinkers could be encouraged to take unconventional stands as long as they were prepared to do battle to support them.

“Most economics departments are like country clubs,” said James J. Heckman, a Chicago faculty member and Nobel laureate. “But at Chicago you are only as good as your last paper.”

Alan Greenspan, the former Federal Reserve chairman, said of Mr. Friedman in an interview Tuesday: “From a longer-term point of view, it’s his academic achievements which will have lasting import. But I would not dismiss the profound impact he has already had on the American public’s view.”

To Mr. Greenspan, Mr. Friedman came along at an opportune time. The Keynesian consensus among economists, he said — one that had worked well from the 1930s — could not explain the stagflation of the 1970s. But he also said that Mr. Friedman had made a broader political argument: that you have to have economic freedom to have political freedom.

Mr. Friedman had a gift for communicating complicated ideas in simple and lucid ways, and it served him well as the author or co-author of more than a dozen books, as a columnist for Newsweek from 1966 to 1983 and even as the star of a public television series. He was a bridge between the academic and popular worlds, and his broader impact stemmed in large part from the fact that he was preaching a gospel of capitalism that fit neatly into American self-perceptions. He was pushing on an open door.

A Staunch Libertarian

As a libertarian, Mr. Friedman advocated legalizing drugs and generally opposed public education and the state’s power to license doctors, car drivers and others. He was criticized for those views, but he stood by them, arguing that prohibiting, regulating or licensing human behavior either does not work or creates inefficient bureaucracies.

Mr. Friedman insisted that unimpeded private competition produced better results than government systems. “Try talking French with someone who studied it in public school,” he argued, “then with a Berlitz graduate.”

Once, when accused of going overboard in his antistatism, he said, “In every generation, there’s got to be somebody who goes the whole way, and that’s why I believe as I do.”

In the long period of prosperity after World War II, when Keynesian economics was riding high in the West, Mr. Friedman alone warned of trouble ahead, asserting that policies based on Keynesian theory were part of the problem.

Even as he was being dismissed as an economic “flat-earther,” he predicted in the 1960s that the end of the boom was at hand. Expect unemployment to grow, he said, and inflation to rise, at the same time. The prediction was borne out in the 1970s. It was Paul Samuelson who labeled the phenomenon stagflation.

Mr. Friedman’s analysis and prediction were regarded as a stunning intellectual accomplishment and contributed to his earning the Nobel for his monetary theories. He was also cited for his analyses of consumer savings and of the causes of the Great Depression: he blamed the Federal Reserve, accusing it of bad monetary policy and saying it had bungled early chances for recovery. His prestige and that of the Chicago school soared, and his analysis of the Depression changed the way that the Fed thought about monetary policy.

Government leaders like President Ronald Reagan and Prime Minister Margaret Thatcher of Britain were heavily influenced by his views. So was the quietly building opposition to communism within the East bloc.

As the end of the century approached, Professor Friedman said events had made his views seem only more valid than when he had first formed them. One event was the fall of communism. In an introduction to the 50th-anniversary edition of Friedrich A. Hayek’s book predicting totalitarian consequences from collectivist planning, “The Road to Serfdom,” Mr. Friedman wrote it was clear that “progress could be achieved only in an order in which government activity is limited primarily to establishing the framework with which individuals are free to pursue their own objectives.”

“The free market is the only mechanism that has ever been discovered for achieving participatory democracy,” he said.

Professor Friedman was acknowledged to be a brilliant statistician and logician. To his critics, however, he sometimes pushed his data too far. To them, the debate over the advantages or disadvantages of an unregulated free market was far from over.
Milton Friedman was born in Brooklyn on July 31, 1912, the last of four children and only son of Jeno S. Friedman and Sarah Landau Friedman. His parents worked briefly in New York sweatshops, then moved their family to Rahway, N.J., where they opened a clothing store.

Mr. Friedman’s father died in his son’s senior year at Rahway High School. Young Milton later waited on tables and clerked in stores to supplement a scholarship he had earned at Rutgers University. He entered Rutgers in 1929, the year the stock market crashed and the Depression began.

Mr. Friedman attributed his success to “accidents”: the immigration of his teen-age parents from Czechoslovakia, enabling him to be an American and not the citizen of a Soviet-bloc state; the skill of a high-school geometry teacher who showed him a connection between Keats’s “Ode to a Grecian Urn” and the Pythagorean theorem, allowing him to see mathematical beauty; the receipt of a scholarship that enabled him to attend Rutgers and there have Arthur F. Burns and Homer Jones as teachers.
He said Mr. Burns, who later became chairman of the Federal Reserve, instilled in him a passion for scientific integrity and accuracy in economics; Mr. Jones interested him in monetary policy and a graduate school career at Chicago.

In his first economic-theory class at Chicago, he was the beneficiary of another accident — the fact that his last name began with an “F.” The class was seated alphabetically, and he was placed next to Rose Director, a master’s-degree candidate from Portland, Ore. That seating arrangement shaped his whole life, he said. He married Ms. Director six years later. And she, after becoming an important economist in her own right, helped Mr. Friedman form his ideas and maintain his intellectual rigor.

After he became something of a celebrity, Mr. Friedman said, many people became reluctant to challenge him directly. “They can’t come right out and say something stinks,” he said. “Rose can.”

In 1998, he and his wife published a memoir, “Two Lucky People” (University of Chicago Press), in which they reveled in “having intellectual children throughout the world.”

His wife is among his survivors. They also include a son, David, and a daughter, Janet Martel, four grandchildren and three great-grandchildren.

A Fateful Class

That fateful class at the University of Chicago also introduced him to Jacob Viner, regarded as a great theorist and historian of economic thought. Professor Viner convinced Mr. Friedman that economic theory need not be a mere set of disjointed propositions but rather could be developed into a logical and coherent prescription for action.

Mr. Friedman won a fellowship to do his doctoral work at Columbia, where the emphasis was on statistics and empirical evidence. He studied there with Simon Kuznets, another American Nobel laureate. The two turned Mr. Friedman’s thesis into a book, “Income From Independent Professional Practice.” It was the first of more than a dozen books that Mr. Friedman wrote alone or with others.

It was also the first of many “Friedman controversies.” One finding of the book was that the American Medical Association exerted monopolistic pressure on the incomes of doctors; as a result, the authors said, patients were unable to reap the benefits of lower fees from any real price competition among doctors. The A.M.A., after obtaining a galley copy of the book, challenged that conclusion and forced the publisher to delay publication. But the authors did not budge. The book was eventually published, unchanged.

During the first two years of World War II, Mr. Friedman was an economist in the Treasury Department’s division of taxation. “Rose has never forgiven me for the part I played in devising and developing withholding for the income tax,” he said. “There is no doubt that it would not have been possible to collect the amount of taxes imposed during World War II without withholding taxes at the source.

“But it is also true,” he went on, “that the existence of withholding has made it possible for taxes to be higher after the war than they otherwise could have been. So I have a good deal of sympathy for the view that, however necessary withholding may have been for wartime purposes, its existence has had some negative effects in the postwar period.”

After the war, he returned to the University of Chicago, becoming a full professor in 1948 and commencing his campaign against Keynesian economics. Robert M. Solow of M.I.T., a Nobel laureate who often disagreed with Mr. Friedman, called him one of “the greatest debaters of all time.” But his wisecracking style could infuriate opponents.

Mr. Samuelson, also of M.I.T., who was not above wisecracking himself, had a standard line in his economics classes that always brought down the house: “Just because Milton Friedman says it doesn’t mean that it’s necessarily untrue.”
But Professor Samuelson said he never joked in class unless he was serious — that his friend and opponent was, in fact, often right when at first he sounded wrong.
Mr. Friedman’s opposition to rent control after World War II, for example, incurred the wrath of many colleagues. They took it as an unpatriotic criticism of economic policies that had been successful in helping the nation mobilize for war. Later, Mr. Samuelson said, “probably 98 percent of them would agree that he was right.”

In the early 1950s, Mr. Friedman started flogging a “decomposing horse,” as Mrs. Thatcher’s chief economic adviser, Alan Waters, later put it. The horse that most economists thought long dead was the monetarist theory that the supply of money in circulation and readily accessible in banks was the dominant force — or in Mr. Friedman’s view, the only force — that should be used in shaping the economy.
In the 1963 book “A Monetary History of the United States, 1867-1960,” which he wrote with Anna Jacobson Schwartz, Mr. Friedman compiled statistics to buttress his theory that recessions, as well as the Great Depression, had been preceded by declines in the money supply. And it was an oversupply, he argued, that caused inflation.

In the late 1960s, Mr. Friedman used his knowledge of empirical evidence and statistics to calculate that Keynesian government programs had the effect of constantly increasing the money supply, a practice that over time was seriously inflationary.

Paul Krugman, a Princeton University economist and Op-Ed columnist for The New York Times, said Mr. Friedman then managed “one of the decisive intellectual achievements of postwar economics,” predicting the combination of rising unemployment and rising inflation that came to be called stagflation.

In this regard, his Nobel award cited his contribution to the now famous concept “the natural rate of unemployment.” Under this thesis, the unemployment rate cannot be driven below a certain level without provoking an acceleration in the inflation rate. Price inflation was linked to wage inflation, and wage inflation depended on the inflationary expectations of employers and workers in their bargaining.

A spiral developed. Wages and prices rose until expectations came into line with reality, usually at the natural rate of unemployment. Once that rate is achieved, any attempt to drive down unemployment through expansionary government policies is inflationary, according to Mr. Friedman’s thesis, which he unveiled in 1968.
For years economists have tried to pinpoint the elusive natural rate, without much success, particularly in recent years.

Mr. Friedman was right on the big economic issue of that time — inflation. And his prescription — to have the governors of the Federal Reserve System keep the money supply growing steadily without big fluctuations — figured in the thinking of policy makers around the world in the 1980s.

A Retort to Kennedy

Mr. Friedman also pursued his attack on Keynesianism in a more general way. He warned that a government allowed to regulate the economy could not be trusted to keep its hands off individual liberties.

He had first been exposed to this line of attack through his association with Mr. Hayek, who was predicting in the early 1940s that communism would lead inevitably to totalitarianism and the crushing of individual rights. In an introduction to a 1971 German edition, Professor Friedman called Mr. Hayek’s book “a revelation particularly to the young men and women who had been in the armed forces during the war.”

“Their recent experience had enhanced their appreciation of the value and meaning of individual freedom,” he wrote.

In 1962, Mr. Friedman took on President John F. Kennedy’s popular inaugural exhortation: “Ask not what your country can do for you. Ask what you can do for your country.” In an introduction to his classic book “Capitalism and Freedom,” a collection of his writings and lectures, he said President Kennedy had got it wrong: You should ask neither.

“What your country can do for you,” Mr. Friedman said, implies that the government is the patron, the citizen the ward; and “what you can do for your country” assumes that the government is the master, the citizen the servant. Rather, he said, you should ask, “What I and my compatriots can do through government to help discharge our individual responsibilities, to achieve our several goals and purposes, and above all protect our freedom.”

It was not that Mr. Friedman believed in no government. He is credited with devising the negative income tax, which in a modern variant — the earned-income tax credit — increases the incomes of the working poor. He also argued that government should give the poor vouchers to attend the private schools he thought superior to public ones.

In forums he would spar over the role of government with his more liberal adversaries, including John Kenneth Galbraith, who was also a longtime friend (and who died in April 2006). The two would often share a stage, presenting a study in contrasts as much visual as intellectual: Mr. Friedman stood 5 feet 3; Mr. Galbraith, 6 feet 8.

Though he had helped ignite the conservative rebellion after World War II, together with intellectuals like Russell Kirk, William F. Buckley Jr. and Ayn Rand, Mr. Friedman had little or no influence on the administrations of Presidents Dwight D. Eisenhower, Kennedy, Lyndon B. Johnson and Richard M. Nixon. President Nixon, in fact, once described himself as a Keynesian.

It was frustrating period for Mr. Friedman. He said that during the Nixon years the talk was still of urban crises solvable only by government programs that he was convinced would make things worse, or of environmental problems produced by “rapacious businessmen who were expected to discharge their social responsibility instead of simply operating their enterprises to make the most profit.”

Rising With Reagan

But then, after the 1970s stagflation, with Keynesian tools seemingly broken or outmoded, and with Ronald Reagan headed for the White House, Mr. Friedman’s hour arrived. His power and influence were acknowledged and celebrated in Washington.

With his wife, in 1978 he brought out a best-selling general-interest book, “Free to Choose,” and went on an 18-month tour, from Hong Kong to Ottumwa, Iowa, preaching that government regulation and interference in the free market was the stifling bane of modern society. The tour became the subject and Mr. Friedman the star of a 10-part PBS series, “Free to Choose,” in 1980.

In 1983, having retired from teaching, he became a fellow at the Hoover Institution at Stanford University. Five years later he was awarded the Presidential Medal of Freedom and the National Medal of Science.

The economic expansion in the 1980s resulted from the Reagan administration’s lowered tax rates and deregulation, Professor Friedman said. But then the tide turned again. The expansion, he argued, was halted when President George H. W. Bush imposed a “reverse-Reaganomics” tax increase.

What was worse, by the mid-1980s, as the finance and banking industries began undergoing upheavals and money began shifting unpredictably, Mr. Friedman’s own monetarist predictions — of what would happen to the economy and inflation as a result of specific increases in the money supply — failed to hold up. Confidence in his monetarism theory waned.

Prof. Robert Solow of M.I.T., a Nobel laureate himself, and other liberal economists continued to raise questions about Mr. Friedman’s theories: Did not President Reagan, and by extension Professor Friedman, they asked, revert to Keynesianism once in power?

“The boom that lasted from 1982 to 1990 was engineered by the Reagan administration in a straightforward Keynesian way by rising spending and lowered taxes, a classic case of an expansionary budget deficit,” Mr. Solow said. “In fairness to Milton, however, it should be said that one of the reasons for his wanting a tax reduction was to force the spending cuts that he presumed would follow.” Professor Samuelson said that “Milton Friedman thought of himself as a man of science but was in fact more full of passion than he knew.”

Mr. Friedman remained the guiding light to American conservatives. It was he, for example, who provided the economic theory behind “prescriptions for action,” as his onetime professor, Jacob Viner, put it, like the landslide Republican victory in the off-year Congressional elections of 1994.

By then Professor Friedman had grown into a giant of economics abroad as well. He was sharply criticized for his role in providing intellectual guidance on economic matters to the military regime in Chile that engineered a coup in the early 1970s against the democratically elected president, Salvador Allende. But for Mr. Friedman that was just a bump in the road.

In Vietnam, where the Constitution was amended in 1986 to guarantee the rights of private property, the writings of Mr. Friedman were circulated at the highest levels of government. “Privatize,” he told Chinese scholars at a meeting at Fudan University in Shanghai; and he told those in Moscow and elsewhere in Eastern Europe: “Speed the conversion of state-run enterprises to private ownership.” They did.

Mr. Friedman had long since ceased to be called a flat-earther by anyone. “What was really so important about him,” said W. Allen Wallis, a former classmate and later faculty colleague at the University of Chicago, “was his tremendous basic intelligence, his ingenuity, perseverance — his way of getting to the bottom of things, of looking at them in a new way.”

Louis Uchitelle and Edmund L. Andrews contributed reporting.

jueves 16 de noviembre de 2006

¿Debe la izquierda ser socialista? Por Philippe van Parijs

No existe una esencia profunda de la izquierda. No hay más que una metáfora espacial nacida por casualidad hace dos siglos, durante la celebración de la Asamblea Nacional de la Francia revolucionaria, y que ha conocido, en multitud de países y lenguas diferentes, un éxito que no parece dar signos de agotamiento.

Desde Izquierda Unida hasta Groenlinks, pasando por la New Left y los Democratici di Sinistra, un número innombrable de partidos y movimientos políticos reivindican aún hoy la expresión para designar al menos una parte de su identidad. A tenor de las fundaciones, escisiones, traducciones, fusiones y refundaciones, los límites de las doctrinas, posiciones, actitudes y agrupaciones calificadas ''de izquierdas'', no han dejado de fluctuar, a veces en la contradicción, a menudo en la confusión. De la nebulosa así formada emergen, mientras tanto, hechos diferenciales compartidos por un buen número de sus componentes. Refundar la izquierda al alba de su tercer siglo de vida es, para los que la reclaman, seleccionar simplemente una de estas características para definir la izquierda, en aquello que les resulte más relevante, sobre la base de nuevos valores y análisis al respecto. Ello significa, al mismo tiempo, relativizar, como accesorios puramente contingentes, esos hechos de los que la izquierda del futuro puede deshacerse sin complejos. Refundar la izquierda es, entonces, precisar sus límites, reformular el objetivo principal, y reordenar sus principios y preferencias. Con todo esto, entonces, ¿qué significa ser de izquierdas hoy en día?

Cinco interpretaciones

1. ¿Ser de izquierdas es, fundamentalmente, luchar contra el statu quo para promover el cambio? Absurdo. Desde el sufragio universal hasta el seguro obligatorio contra los accidentes de trabajo, desde el calor de las relaciones familiares a la tranquilidad de la vida en los pueblos, existen múltiples adquisiciones y múltiples vestigios que deben conservarse. Frente a las tentativas de desmantelamiento de las políticas sociales, como frente a la multiplicación de las autopistas urbanas, ser de izquierdas no es, para nada, ser progresista. Es ser conservador.

2. ¿Ser de izquierdas es, fundamentalmente, aceptar limitar la libertad para reducir las desigualdades? Aberrante. Es preciso que la izquierda no ceda a la derecha ni el monopolio ni la prioridad de la libertad. La libertad es un asunto de gran importancia. Tendría sentido decir que se es globalmente más libre bajo un régimen que bajo otro, pero eso no es de menos importancia que preguntarse cómo está repartida esa libertad. La izquierda no se distingue de la derecha por aceptar el sacrificio de la libertad en pro de la igualdad. Al contrario, es en razón de la extrema importancia que tiene la libertad -la libertad real, que abarca también los medios, y no solamente la libertad formal o el simple derecho- que la izquierda exige que ésta esté repartida de manera igualitaria, o al menos de tal manera que aquellos y aquellas que tienen menos, tengan tanto como sea posible (de una forma duradera).

3. ¿Ser de izquierdas es, fundamentalmente, promover el estado en detrimento del mercado? Para nada. Efectivamente, no es imaginable que el mercado pueda asegurar sin regulación estatal alguna, una asignación eficaz de los recursos materiales y humanos. Y es aún menos concebible que la interacción del mercado y del altruismo privado puedan, espontáneamente, engendrar una distribución mínimamente igualitaria de los recursos. Pero de ahí no se puede concluir que la izquierda deba identificarse con la idea de agigantar el estado en la vida económica y social, en detrimento del mercado. Los progresos de la izquierda no se miden por el número de empresarios, asalariados y voluntarios que hayan sido capaces de transformarse en funcionarios. El óptimo para la izquierda, que viene definido por la máxima libertad real para aquellos que tienen menos, es una combinación de trabajo asalariado, trabajo independiente, función pública y voluntariado. Una combinación en la que no podemos decir, a priori, si el mercado deberá jugar un rol más o menos extendido. Si ser socialista implica querer, por principio, un estado más fuerte, ser de izquierdas no implica, entonces, que uno sea socialista.

4. ¿Ser de izquierdas significa, fundamentalmente, querer convertir siempre nuestras sociedades en más democráticas? Tampoco. Es efectivamente difícil que pueda conseguirse, de manera duradera, una sociedad mínimamente equitativa sin un método democrático de decisión colectiva, en un sentido definido por tres características: sufragio universal, votaciones libres y regla de la mayoría. Por esta razón es legítimo esperar de la izquierda un apoyo resuelto a toda extensión del derecho de sufragio y del voto efectivo -a las mujeres, a los residentes extranjeros, a los menores de edad o a los excluidos- Pero de ahí no puede extraerse que la izquierda deba definirse por la tentativa de encaminar las decisiones públicas hacia la conformidad con la mayoría de los ciudadanos. Nada debe, por ejemplo, hacernos presumir que la izquierda deba apoyar, en principio, la democracia directa contra la democracia representativa, que deba preferir las listas abiertas a las listas cerradas, o que dude de la autonomía de las autoridades judiciales, científicas e incluso monetarias, a favor del poder político democráticamente elegido. Si se demostrase, tras un análisis, que un régimen más ''democrático'' en sus diversas dimensiones, tuviese un impacto negativo permanente sobre la libertad real de aquellos que tienen menos, entonces, poco importaría la democracia. Y si ser socialista significa trabajar por el máximo de democracia, entonces, desde ahí, ser de izquierdas no implicaría, para nada ser socialista.

5. ¿Ser de izquierdas es, fundamentalmente, combatir los privilegios de los afortunados para mejorar la situación de los menos favorecidos? Esto ya está mucho mejor, sobre todo si se interpreta la ''situación'' de los más desfavorecidos como su ''libertad real'', las posibilidades efectivas que tienen abiertas, y no solamente su poder de compra. Ser de izquierdas, desde esta perspectiva, es tomar en consideración los intereses de todos los miembros de una sociedad y poner de manera sistemática, incansablemente, en tela de juicio toda forma de privilegio. Quizás pueda esta ser también una interpretación de lo que es el socialismo. En la lucha contra el individualismo, considera como propiedad social todo aquello que puede ser fuente de ventajas o desventajas. No se deja limitar, en la caza de los privilegios, por los derechos de propiedad pretendidamente sagrados. Un proyecto ''ético''.

La izquierda y el socialismo, entendidos como sinónimos, no se dejan sin embargo reducir a un igualitarismo ciego: la lucha contra los privilegios de los afortunados debería legítimamente pararse en el momento en el que, al reducirlos aún más, se deteriorase a largo plazo la situación de los más desfavorecidos. Pero no tengamos miedo: ese punto a partir del cual la búsqueda de la igualdad deviene improductiva se sitúa mucho más allá del punto en el que los afortunados pretenden hacer creer que se encuentra, y aún mucho más allá del punto en el que nos encontramos hoy.

Vosotros, que me leéis, tenéis muchas posibilidades de formar parte, como yo mismo, de ese grupo de afortunados, si extendemos la ''sociedad'' de referencia a toda la humanidad. Hoy como siempre, el proyecto de la izquierda está en conflicto con el interés personal de algunos que se sienten apegados a la causa. Para ellos, este proyecto no puede tener otro sentido que el ''ético''. Pero también para el resto, hoy más que nunca, dicho proyecto tendrá más fuerza y más sentido si éste no está motivado solamente por los intereses, sino también por un ideal que puedan explicitar y defender ante el mundo, mostrando así la indignación que alienta sus reivindicaciones y debilitando la resistencia que oponen aquellos cuyos privilegios se ven amenazados.

Que la izquierda refundada deba ser resueltamente ética no implica que se deba convertir en moralizante. Efectivamente, una izquierda específicamente religiosa, trabajadora, o elitista, a menudo ha acompañado la ambición de mejorar la condición de los más desfavorecidos con la preocupación de regir su conducta conforme al ideal de virtud, al de trabajo o al de la cultura que pretende promover. Pero la izquierda realmente emancipadora que yo defiendo -la que se define por la ambición de aumentar la libertad real de aquellas y aquellos que menos tienen- no abarca nada de moralizante en ese sentido, sino que está definida y motivada por una concepción de lo que es una sociedad justa y, por lo mismo, fundamentalmente ética.

Que el proyecto de la izquierda sea un proyecto ético no implica para nada que deba reducirse a una cháchara angelical, animada por intenciones tan loables como inoperantes. Puede y debe ser al mismo tiempo marxista y maquiavélica. Marxista en el sentido de reconocer que el espacio de ''lo posible'' viene fuertemente obligado por la realidad económica -el ''nivel de desarrollo de las fuerzas productivas'' y las ''relaciones de producción''- y que una comprensión en profundidad (no exclusivamente marxista) de esa realidad se revela indispensable si quiere evitar darse de bruces con ella y fracasar. Maquiavélica en el sentido de que las instituciones políticas deben contribuir significativamente a moldear el campo de lo posible, y que un análisis en profundidad de su impacto -tomando a los ciudadanos como son y no como deberían ser- es crucial para su éxito final. Un proyecto ético no tiene ninguna necesidad de ser inocente. Puesto que la izquierda puede ser entendida como un proyecto ético, no es inocente creer que tiene por delante un bello futuro.

(*) Miembro del Consejo Editorial de SINPERMISO.

miércoles 15 de noviembre de 2006

Los cien primeros días del segundo gobierno de Alan García

Hola, acaba de aparecer el séptimo número del boletín electrónico Argumentos, del Instituto de Estudios Peruanos; Se puede descargar de la página web Cholonautas, en la siguiente dirección:
http://cholonautas.edu.pe/argumentos07.pdf

Argumentos, año 1, nº7, Noviembre, 2006Martín Tanaka, LOS 100 PRIMEROS DÍAS DEL SEGUNDO GOBIERNO DE ALAN GARCÍA. / María Isabel Remy, FRÍOS ELECTORALES. / Rodrigo Barrenechea y Sofía Vera, LA(S) IZQUIERDA(S) EN EL CONTEXTO ELECTORAL LATINOAMERICANO. / Roxana Barrantes, ¡CLARO QUE NO HAY COMPETENCIA EN MÓVILES. / Roberto Bustamante, EL JUEGO DE MÁSCARAS DE MADEINUSA.

Aprovecho para invitarlos a visitar la renovada página web del instituto, en www.iep.org.pe

A continuación, mi artículo del boletín.


Se supone que los primeros cien días de un gobierno son claves, porque es durante esta etapa que disfruta de una “luna de miel” en la que priman los buenos deseos, las ilusiones, la paciencia, el beneficio de la duda, la idea de que “se le tiene que dejar hacer” y no “poner piedras en el camino”. Idealmente, si se tiene un paquete ambicioso de reformas, ellas deberían lanzarse durante los primeros cien días, aprovechando esta “buena voluntad” ciudadana y el hecho de que la oposición está “desprevenida”. Más adelante las cosas serán crecientemente difíciles, las exigencias de la población serán más altas, y la oposición estará mejor preparada. Precisamente, una de las grandes limitaciones que tuvo el gobierno de Alejandro Toledo fue el haber desaprovechado sus primeros cien días de gestión, como consecuencia de la improvisación con la que se gestó su primer gabinete, de su falta de coherencia, de la ausencia de una conducción política firme, lo que se tradujo en una rápida caída en los índices de aprobación a su gestión.

Sin embargo, pese a que en estos primeros cien días del segundo gobierno de García no ha habido grandes iniciativas, la aceptación a la gestión del presidente es bastante alta. ¿Por qué la diferencia? La respuesta es que Toledo ganó despertando expectativas de cambios grandes y rápidos; mientras que García ganó para evitar los cambios radicales que prometía Ollanta Humala, para lo cual tuvo que conjurar los temores que despertaba su triunfo entre los sectores medios y altos. Recordemos que García quedó segundo en la primera vuelta de la elección presidencial con el 24.3% de los votos, y llegó hasta el 52.6% en la segunda; los 28.3 puntos porcentuales de diferencia eran “prestados”, y provinieron mayoritariamente de los votantes por Unidad Nacional.

En suma, la alta popularidad del gobierno se debe a la felicidad de los votantes apristas por llegar al poder, contra todo pronóstico que pudo haberse hecho hace apenas unos años, y al alivio de un electorado conservador, que aprecia precisamente la ausencia de grandes iniciativas por parte del gobierno, y valora la continuidad con el modelo económico, que alejaría los riesgos de la inflación, estatizaciones, o “paquetazos”, del pasado. Al mismo tiempo, todos valoran positivamente también los cambios, en cuanto al estilo político, entre los gobiernos de García y Toledo: la austeridad, la sobriedad, el discurso con énfasis en los deberes, frente al despilfarro, la frivolidad, la irresponsabilidad.

Así, en lo interno, García optó por un modelo de centro derecha, el “cambio responsable”; de otro lado, la oposición a Humala generó, en el plano internacional, una confrontación con Hugo Chávez, que llevó a García a erigirse en una figura de contrapeso a éste, camino que condujo rápidamente a la búsqueda de una relación privilegiada con los Estados Unidos, apuesta que el gobierno espera pueda concretarse en la ratificación del Tratado de Libre Comercio por el congreso de ese país.

Con estos parámetros, García conformó el Consejo de Ministros presidido por Jorge del Castillo. Formó un gabinete plural, encabezado por la figura con mayor credibilidad “hacia fuera” que tiene el APRA, convocando a figuras independientes y de reconocimiento técnico y profesional ajenas al partido para áreas críticas de la economía (MEF, comercio exterior, transportes y comunicaciones); a personalidades independientes y también reconocidos profesionales, pero cercanas a García, para otras áreas importantes (Cancillería, Defensa, Trabajo, Vivienda); mientras que los “hombres de confianza” del presidente cubrieron básicamente las carteras sociales: educación, salud, desarrollo social, agricultura. El problema es que estos últimos, en general, muestran un manejo de su sector mucho menor que los otros, y esto ha determinado que en estos primeros cien días haya primado la continuidad en lo económico, algunas iniciativas de reforma importantes en defensa y otros sectores, pero un relativo estancamiento en las áreas sociales, supuestamente prioritarias para el nuevo gobierno.

Parece que el presidente se hubiera empeñado en cubrir el vacío dejado por la falta de iniciativas sociales significativas con reiteradas “cortinas de humo”, propuestas llamativas y polémicas, pero de escasa viabilidad y sin resultados prácticos: empezando por la rebaja de sueldos a los funcionarios públicos, pasando por la propuesta de establecer la pena de muerte a los violadores de menores y a los terroristas, pasando por la propuesta del retorno a la bicameralidad, entre muchas otras. Al mismo tiempo, el gobierno ha forzado negociaciones con el sector privado para, sin romper los contratos vigentes, conseguir algunas concesiones que amplíen sus márgenes de maniobra (Telefónica, Cerro Verde, aporte voluntario de empresas mineras).

Hasta el momento las cosas han sido favorables para el gobierno, en términos de alineamientos políticos. Con la orientación de centro derecha, logró la colaboración de Unidad Nacional, que no podría por lo demás hacer oposición aunque quisiera, al quedar gravemente resquebrajada después de las elecciones generales. La oposición humalista se desinfló sola, con la división entre la Unión por el Perú (UPP) y el Partido Nacionalista Peruano (PNP), así como con el transfuguismo dentro del PNP. Finalmente, la falta de decisión en cuanto a hacer del combate a la corrupción un tema central del gobierno ha permitido un acercamiento preocupante con las fuerzas del fujimorismo.

En medio del desconcierto de las fuerzas supuestamente llamadas a erigirse en la oposición, y de la debilidad de los partidos políticos nacionales existentes, las elecciones regionales y municipales han tenido un “perfil bajo”, dado por la despolitización de las mismas, con lo que éstas no se convirtieron en una “tercera vuelta”, escenario considerado probable inmediatamente después de las elecciones de junio. Las campañas han tenido un cariz regional y local y poco político, por lo que el gobierno apuesta a que, a pesar de no ganar las elecciones, podrá fácilmente cooptar a las nuevas autoridades, y así desactivar la posibilidad de construir una oposición desde las regiones.

Estando las cosas así, el único nubarrón que aparece en el horizonte es el del riesgo de la protesta social en espacios locales, como se vio en los sucesos de Combayo. Allí los opositores no serían los partidos representados en el congreso, tampoco las autoridades regionales o municipales, sino una conjunción de operadores políticos locales articulados por medio de algunas ONGs y ciertas redes transnacionales. Según este diagnóstico, que parecen compartir amplios sectores del gobierno y del empresariado, desactivar la protesta social que pondría en riesgo la paz social y política necesaria tanto para el gobierno como para el sector privado, pasaría por controlar a las ONGs que “azuzan” la protesta, así como arrinconar a la “izquierda caviar” que estaría también agazapada en esos espacios. De allí la aprobación de la ley que modifica la ley de la Agencia Peruana de Cooperación Internacional (APCI), que contó con el apoyo del APRA, Unidad Nacional y el fujimorismo.

¿Qué se viene en el futuro? Considero que una clave para seguir la evolución del gobierno pasa por dilucidar el desenlace de las pugnas entre los distintos sectores del APRA, encabezados por Jorge Del Castillo (poder ejecutivo), Mercedes Cabanillas (congreso) y Mauricio Mulder (partido). Hasta el momento, a mi parecer, García juega a ser árbitro en última instancia de juegos iniciados por cada uno de ellos de manera descentralizada. Creo que el gobierno se entiende mejor desde esta perspectiva, antes que asumiendo que todo está fríamente calculado por García, y que sus segundos desempeñan pantomimas con disciplinada precisión. Antes que “escopeta de dos cañones”, considero más acertado pensar en simples contradicciones y pugnas al interior de un partido complejo.

martes 14 de noviembre de 2006

Nicaragua sin ilusiones

Artículo publicado en Perú21, martes 14 de noviembre

El pasado 5 de noviembre se celebraron elecciones en Nicaragua, que llevaron al poder nuevamente a Daniel Ortega, candidato del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), después de sus derrotas en 1996 y 2001; Ortega vuelve al poder después de haber sido jefe de la Junta de Gobierno entre 1979 y 1985, y presidente electo entre 1985 y 1990.

Para mi generación, que descubrió la política a finales de la década de los años setenta, creo que Nicaragua influyó en que muchos optáramos por posiciones de izquierda. La revolución sandinista era el resultado de la lucha del pueblo de Nicaragua en contra de la brutal dictadura de Somoza, y cuando el FSLN llegó al poder en 1979, llevaba implícitamente la promesa de evitar los errores de la revolución cubana; esta sí sería una revolución democrática. Esto sucedía paralelamente al avance de las fuerzas de izquierda en el Perú, expresado en la Asamblea Constituyente de 1978 y en la fundación de la Izquierda Unida en 1980.

Como en Cuba, la revolución tuvo que enfrentar la agresión del imperialismo, que financiaba a los contras (no olvidemos que los Estados Unidos vendían armas a Irán, en guerra contra Irak, para financiar las actividades de la contra nicaragüense), y tuvo que sortear toda serie de dificultades, que justificaron regímenes de excepción. En 1990, cuando se llevaron a cabo elecciones plenamente competitivas, el FSLN las perdió ante la Unión Nacional Opositora (UNO) de Violeta Chamorro; el FSLN cumplió con su promesa democrática, y Ortega entregó el poder a la nueva presidenta electa.

Sin embargo, una vez que los sandinistas dejaron el poder, empezaron a conocerse, en toda su dimensión, casos escandalosos de corrupción, niveles de represión extremos hacia la población miskita, y todo tipo de traiciones a los principios revolucionarios. Y desde 1990, Ortega intentó regresar al poder, para lo cual recurrió a todo tipo de maniobras. Una forma indulgente de verlo es que el FSLN ha sabido aceptar las reglas democráticas, y que se mueve según las reglas de la real politik; sin embargo, más acertado es pensar que, bajo el liderazgo de Ortega, cayó en el más burdo pragmatismo, dejando de lado los valores que inspiraron su acción política original. Hoy el FSLN aparece aliado a los ex contras y al partido liberal, sobre el que pesan graves denuncias de corrupción, con tal de asegurar el mantenimiento de parcelas de poder en el Estado. La realpolitik no tiene que estar reñida con la defensa de principios.

Para muchos de mi generación, la derrota electoral de los sandinistas en 1990, junto con la caída del muro de Berlín en 1989, y la división de la Izquierda Unida en el mismo año, fueron sucesos emblemáticos, que hacen que ahora veamos a la izquierda desde una perspectiva sumamente crítica. Hoy, al ver a Ortega nuevamente en el poder, no puedo sino lamentar que se trate de un regreso sin ilusiones.

domingo 12 de noviembre de 2006

Entrevista a Wolfgang Schluchter, el "guardián de la obra de Max Weber"

[tomado de la Revista Ñ, suplemento del diario El Clarín,
http://www.clarin.com/suplementos/cultura/2006/11/11/]

LUDWIGSBURG, 1938 , Sociólogo desde 1976, es profesor de sociología de la Universidad de Heidelberg. Su extensa carrera académica está estrechamente vinculada a la figura de Max Weber, y es uno de los principales responsables de la edición de sus obras completas. Sus libros más recientes son Grundlegungen der Soziologie (Tübingen: Mohr Siebeck, 2006) y Handlung, Ordnung und Kultur (Tübingen: Mohr Siebeck, 2005). Visitó por primera vez la Argentina el año pasado, en ocasión de un evento académico realizado en la UBA en homenaje a los 100 años de la publicación de La ética protestante y el espíritu del capitalismo.


Wolfgang Schluchter es único: uno de los últimos sociólogos teóricos y sistemáticos, polémico, agudo, edita la obra completa de Max Weber y custodia su legado y aun las interpretaciones diversas de sus ideas. Tajante para referirse a otros sociólogos: Ulrich Beck "no es serio", Niklas Luhmann "hizo mucho daño".

PABLO DE MARINIS. En una época en la cual la sociología se presta a cualquier tipo de utilización en clave tecnológica, resulta simpáticamente discordante la figura del profesor Wolfgang Schluchter, activo resistente ante lo que considera una "falsa americanización" de la universidad alemana. Autor de una extensa obra académica dedicada al estudio de Max Weber, y administrador fuertemente celoso de su legado.

— Usted nació en 1938. ¿La Segunda Guerra Mundial influyó en su recorrido intelectual?

—En verdad, la República Federal de Alemania (RFA) se fundó en 1949, y desde un comienzo ese fue el orden político con el cual pude identificarme. El nacionalsocialismo, como contra-modelo, se mantuvo para mí como algo muy abstracto, a diferencia de lo que le ocurrió a la generación anterior que incluso combatió en la guerra. Crecí en el contexto de una apertura hacia Occidente de la RFA, y esto impactó en momentos posteriores de mi carrera: estuve en universidades estadounidenses (Pittsburgh, la New School de Nueva York, Berkeley). A partir de la reunificación alemana, mi relación comenzó a estrecharse con la ex República Democrática Alemana (RDA). Colaboré con la reestructuración de la universidad en Leipzig, algo realmente necesario en ámbitos muy ideologizados como las ciencias sociales. En la RDA no había habido sociología en un sentido occidental: había sólo marxismo-leninismo y algunas experiencias en investigación social empírica. En Erfurt trabajé en la fundación de una nueva universidad. Luego estuve en varios países de Asia. Para un weberiano, estudioso de las perspectivas comparadas de la sociología de la religión, es muy interesante ir a China o a los "Estados Tigres" y ver de qué forma ha sobrevivido el confucianismo. Por eso he vivido un año en Singapur y he enseñado en Hong Kong, Taiwan, Corea del Sur.

—Hay diferentes recepciones nacionales del pensamiento de Weber. ¿Cómo influye el medio local en esa recepción?

—La recepción depende de los textos disponibles y de las buenas traducciones, porque gran parte de la recepción weberiana no se da a través de los textos originales. Esto supone la necesidad de tener conocimientos de alemán, aunque tampoco eso garantiza leerlos bien. Weber es un autor muy difícil, e incluso los alemanes tienen dificultades. Por otra parte, la recepción weberiana depende mucho de las constelaciones políticas y científicas de cada país. Fíjese en India. Weber escribió un estudio sobre hinduismo y budismo. No intentó analizar la historia social de la India, aunque algo de eso está presente. Su trabajo es una clara alternativa a la interpretación de la India de Marx. Pero en la India la escuela marxista siempre fue mucho más fuerte. Sorprendente, dado que la perspectiva marxista no se corresponde en absoluto con la autocomprensión de la India, y la perspectiva de Weber se correspondería mucho más.

—Los debates sobre Weber se dieron en Alemania desde los 60 ¿Cómo se relacionan con el problema de su recepción?

—Ciertas cosas que ya habían sido debatidas en el núcleo central de los estudios weberianos fueron recibidas tardíamente en otros lugares. Pese a la importancia que en todo esto tiene el idioma, existe hoy un weberianismo con diferentes centros que sin embargo no entran en contacto entre sí. Todos los autores escriben en una lengua y aquí está el nudo de la discusión. Porque no se puede decir que "todo vale": hay que ser cuidadoso con los textos, hay que intentar reconstruir lo que Weber ha intentado decir y pensar, porque él fue muy cuidadoso en sus conceptos. Por eso las traducciones se enfrentan a problemas serios. En su sociología de la dominación, por caso, hay muchos conceptos que proceden de la tradición jurídica, y que no tienen ninguna correspondencia en otras lenguas o tradiciones jurídicas. Por ejemplo Anstalt (instituto), un bello concepto. Talcott Parsons lo tradujo al inglés como organization: un error. Otro ejemplo es el famoso debate entre Parsons y Reinhard Bendix, alrededor de la traducción de Herrschaft (dominación), que no existe en inglés. ¿Cómo decidir entre power, domination o authority?. Esto es en inglés, pero imagínese en japonés o chino: es para enloquecerse...

—¿Qué pasa en otros campos culturales?

—Es un gran problema para los estudios comparativos. Veamos el concepto de Weber acerca de la religión: tomado estrictamente, el concepto no se podría usar para hablar del confucianismo, porque no es una religión. Pero Weber lo necesita para poder llevar a cabo sus investigaciones comparadas. Así, hay muchos otros ejemplos, como Pietät, que juega en China un rol central y que Weber había tomado del derecho romano. Cuando se realizan estudios comparados, ya desde la propia terminología se da un cierto etnocentrismo que no se puede evitar. Weber tenía claro que sus estudios eran eurocéntricos, pero su eurocentrismo no se concibe normativamente, como el de Marx, quien vaticinó que todas las economías asiáticas iban a sucumbir; Weber siempre explicitó que se trataba sólo de un punto de vista.

—Sin estos problemas de la traducción, ¿no hay y hubo también en Alemania muchas diferentes formas de leer a Weber?

—Es cierto. Mi interés por su obra surgió tomando clara distancia de las posiciones marxistas que jugaban un creciente papel en las ciencias sociales y en los movimientos estudiantiles y radicales de la RFA de los años 60 y 70. Inicié mi carrera con un trabajo sobre un pensador político socialdemócrata de la época de Weimar, Hermann Heller, que se exilió en Madrid, donde lamentablemente murió a poco de llegar. Si la posición política que él defendió hubiera sido compartida, habría impedido el surgimiento del nacionalsocialismo. Fue una tremenda injusticia que se apreciara, no la obra de Heller, sino la de otros que tuvieron posiciones democráticas poco claras o claras posiciones antidemocráticas, como Carl Schmitt. Antes que a él habría que haberle dado a Heller el lugar que merece y no tuvo. Luego dirigí mis preguntas hacia contextos más amplios. Así empezó mi trabajo con Weber. Desde 1976 estoy en Heidelberg. Pensé que era buena idea trasladarme al sitio donde Weber había estado, para hacer sociología en el sentido de Weber.

—¿Qué significa "hacer sociología en el sentido de Weber"?

—En el sentido de Weber significa llevar adelante una investigación cultural-comparativa, fundada en una teoría de la acción y en la cual las constelaciones institucionales desempeñen un papel importante. El debate alemán de los 60 y 70 fue ideológicamente muy cargado, con un renacimiento de posiciones marxistas académicas y no académicas, los continuadores de la Escuela de Frankfurt, los primeros ensayos de una teoría de sistemas de Niklas Luhmann. En este contexto, la investigación sobre Weber salió a la palestra, justamente en Alemania, donde siempre se procuraron investigaciones de carácter universal, históricas y comparativas, tradición de Marx, Weber y, en cierto punto, de Norbert Elias.

— ¿Cómo impactó la reunificación alemana?

— La reunificación puso en cuestión la "naturalidad" de la pertenencia de Alemania a Occidente. Mi inserción en las universidades de la ex RDA es parte de un compromiso político. Teníamos el deber de intervenir. Está por verse si nos ha salido bien o mal, pero lo hicimos.

—¿En qué estado se encuentra la edición de las obras completas de Weber?

—El proyecto surgió a mediados de los 70. Dirk Käsler sostiene que éste era el contraproyecto de las obras completas de Marx y Engels, y eso me parece un poco trivial. Ese proyecto fue iniciativa de Johannes Winckelmann y yo tuve la responsabilidad de formular las reglas básicas para la edición. Por supuesto tuve en cuenta la edición de las obras de Marx y Engels, y de otros autores, simplemente para ver cómo hacían ellos. El producto terminó siendo muy ambicioso. Si llegan a terminarse (se ríe), las obras completas comprenderán unos 40 tomos. Hasta ahora ha aparecido algo más de la mitad. Tiene 3 secciones: la primera, la más importante, es la de los escritos y los discursos: la segunda son las cartas; la tercera comprende las clases. Pronto aparecerá la primera de la serie de clases que Weber dio a fines de siglo XIX acerca de la teoría general de la economía nacional. Son clave, porque permiten ver cómo Weber se posicionó fuertemente en la "disputa por el método" y trabajó temas retomados tras su colapso nervioso. Así podría contradecirse la hipótesis del "quiebre" tras ese problema de salud.

—¿Qué efecto va a tener la publicación de "Economía y Sociedad" en las obras completas?

—Va a transformar la recepción, o debería hacerlo. En la versión que existe hasta ahora (la de Marianne Weber y las reediciones de Winckelmann) esta obra consta de dos partes, y eso es totalmente insostenible. Economía y Sociedad es un proyecto que transcurrió en diferentes fases: la primera transcurrió entre 1910 y 1912, cuando Weber empezó a recolectar el material. Desde 1913 tiene lugar la segunda fase, que se corta abruptamente con la Primera Guerra Mundial. Los manuscritos quedaron como estaban, sin orden coherente. Recién en 1919 retoma seriamente el trabajo y se sirve de los viejos manuscritos para escribir los nuevos. En suma, no es una obra dividida en dos partes, sino distintas etapas de un mismo proyecto. Habría que leer Economía y Sociedad empezando por atrás y terminando al comienzo.

—¿Y las cartas?

—Es un tomo realmente importante por lo que revelan acerca de las redes personales de Weber. Hay allí muchos comentarios riquísimos sobre libros que leía, sobre cómo pretendía que se entendieran sus propias posiciones.

—¿Cómo caracterizaría el debate sociológico actual en Alemania?

—Fue fundamental que Habermas retomara la discusión weberiana de los años 70 en su Teoría de la acción comunicativa. Gracias a él, el discurso de Frankfurt se transformó, en comparación con Adorno y Horkheimer, que tenían una comprensión bastante rudimentaria de Weber. Entre los que trabajamos sobre Weber también hay grandes controversias. Wolgfang Mommsen y yo hemos discutido muchísimo alrededor de ciertas interpretaciones. Algunos se ignoran entre sí. Quizás esto tenga que ver con que esta obra impacta existencialmente sobre los que se dedican a estudiarla. Por un lado, esas visiones abiertas del mundo que Weber tenía, y por otro lado su comprensión tan profunda sobre la conflictividad de toda vida social, y sobre la dificultad para conducir la propia vida.

—Creo que estas controversias están vinculadas a que las interpretaciones de Weber pertenecen a ámbitos más amplios de discusión cultural. Los luhmannianos sólo discuten entre sí, y los "outsiders" no tenemos idea de lo que sucede allí adentro.

—Sí, de acuerdo. Además, creo que la teoría de sistemas de Luhmann ha hecho un gran daño. Desde un punto de vista histórico universal, en comparación con Weber, su teoría es increíblemente simple y primitiva: una reflexión conceptual que se pliega sobre sí misma, una escuela cerrada con importantes efectos, eso sí, sobre otras disciplinas. En definitiva, esta teoría va en una dirección equivocada. Vamos a ver si aparecen desarrollos posteriores y si no serán sólo repetición de lo que ya dijo Luhmann, porque los discípulos no tienen la estatura del maestro, que escribió de manera brillante.

—¿Luhmann no pertenece también a la tradición alemana?

—Sí, quizás pertenece a la tradición alemana. No lo quiero expatriar... (se ríe). Bueno, esta es una de las direcciones en el debate alemán. La segunda dirección es una versión muy elaborada del rational choice (el autor más importante es Harmut Esser). La tercera dirección sería la weberiana, que tiene diferentes facetas. Finalmente, la teoría de la acción comunicativa: Habermas, y lo que produjo. La divisoria de aguas se da entonces entre teoría de sistemas y teoría de la acción.

—Me llama la atención de que no mencione a Ulrich Beck.

—No creo que sea un sociólogo que haya que tomar en serio.

—Me imaginaba que iba a decir esto. Pero es muy famoso. Y escribió con otros importantes sociólogos, como Giddens...

—Es famoso, es cierto. Pero no conozco a nadie a quien yo tome en serio que lo tome en serio a él.

—¿Para usted el concepto de Beck de la "sociedad del riesgo" no dice nada?

—¡Por favor! ¡Tonterías! Mire: soy uno de los coeditores de la Kölner Zeitschrift für Soziologie und Sozialpsychologie, una de las revistas alemanas de sociología más importantes. Beck siempre quiso publicar allí. Nosotros nos hemos propuesto que vamos a publicarle algo, siempre y cuando el manuscrito que nos envíe nos convenza. Pero todo lo que hemos recibido de él es tan increíblemente malo que no hemos podido publicarle nada, y de la misma opinión son los evaluadores externos consultados. Son textos de Feuilleton. De ahí también su gran impacto.

—¿Una interfaz entre las ciencias sociales y el periodismo?

—Sí, algo así. Igualmente creo que es muy importante intervenir en ese espacio. En Alemania hemos tenido muchas figuras de este estilo. Ralf Dahrendorf, por ejemplo, siempre ha desempeñado un papel público. Pero en su caso al menos había un sostén teórico. Habermas tiene muy conscientemente estas dos facetas. Sus publicaciones están orientadas para realizar la transferencia de la ciencia hacia el amplio debate de la opinión pública.

—La sociología en Alemania es una empresa enorme y diver- sificada. Pocos trabajan en el campo de la teoría, la mayoría hace investigación empírica.

—Hay un grupo pequeño, personas mayores, que se ocupa de cuestiones teóricas, pero el sociólogo o la socióloga normal, joven, con aspiraciones, realiza investigación empírica. Hay una creciente tendencia de retroceso de todo el debate teórico, también en los planes de estudio.

—¿Puede hablarse aún de "la" sociología, como disciplina con límites más o menos definidos?

—Es muy difícil. También en un sentido institucional la disciplina tiende a disgregarse. Se discute mucho en Europa acerca de la reestructuración de las carreras universitarias: habría primero un Baccalauréat, luego magister, finalmente doctorado. También se propone cambiar la primera fase de estudios en un sistema de créditos, donde sociología se combina con economía, antropología o lo que a usted se le ocurra... quizás de aquí a 10 años ya no haya un certificado final de estudios titulado "sociología".

—Y en este contexto, ¿qué papel va a jugar Weber? Cuando llegué a Alemania, en 1991, encontré graduados en sociología que habían leído poco o nada de Weber. Me parecía increíble viniendo de la UBA, donde Weber aparecía en la primera materia.

—Esto en Heidelberg no sucede.

—Pero en la mayoría de las universidades la formación sociológica es muy poco "clásica".

—Es cierto. Pero en Heidelberg sí, y vamos a ver cuánto tiempo lo podremos sostener. Las universidades en Alemania están en fuerte transformación. La llamada "Reforma" es mucho más radical de lo que suponíamos. La masa de los recursos se destina a otros sectores como las ciencias naturales y medicina. Carreras como sociología y economía van a tener que luchar por su supervivencia. Estas nuevas concepciones pretenden adaptar las universidades a la empresa: tienen que competir entre sí, vender sus productos en el mercado, y si no funcionan, se cierran. La comercialización del ámbito académico. Se busca formar a estudiantes en capacidades que luego puedan utilizar en el mercado de trabajo. Con esto se pierde algo que era esencial para la universidad alemana: la idea de que estudiar era una tarea en sí misma. El "saber por el saber mismo" está en retroceso. Hoy se ofrecen habilidades extracurriculares: capacidad de trabajar en equipo, retórica... Quizás Weber termine sólo en el posgrado. No lo sé. Ahora es un hecho de que las carreras tienen que ser "acreditadas", hay "agencias de acreditación", procedimientos de evaluación, todo debe ser evaluado... Una suerte de "evaluación reflexiva" (risas).

—Weber es un clásico indiscutible de la sociología. ¿Qué pasó con otros autores, que podrían haberlo sido y no lo fueron? Ferdinand Tönnies, Werner Sombart. ¿Fue casualidad?—Sombart es un buen ejemplo. Simmel, también, que hoy es un cierto boom, pero que no creo que se vaya a sostener... Seguramente fueron decisivos quienes se encargaron de la recepción de los autores. Pero tiene que haber algo en la cosa misma que lo justifique. Estoy trabajando en un libro sistemático de historia de la teoría con una larga reflexión sobre por qué y cómo se dieron estas apariciones en la sociología. Hay quienes opinan, como Luhmann, que la historia de la sociología se acabó, ya es pasado, y hay que hacer algo nuevo.

—Lo mismo pensaba Robert Merton: la historia y la sistemática en la sociología debían mantenerse separadas...

—La construcción de teoría se ve como independiente de la historia de la disciplina, como en física, donde se cree que el conocimiento es una continua acumulación. La otra posición es la de la "historia de la sociología", habitualmente sostenida por historiadores, que sólo describen una cierta fase del desarrollo. Se presentan diversos autores, diversos aportes teóricos, contexto histórico, intervenciones políticas...

—Los libros de texto...

—Sí. Y ahí uno y dice "yo voy a tomar a Marx, Tönnies, Simmel y Weber". Y viene otro y dice "yo voy a tomar sólo a Marx". Pero no aparece ningún criterio de selección. Así hizo Dirk Käsler (se ríe) en un libro para sus clases. Hay 30 autores allí metidos, y un capitulito sobre cada autor. Pero esto es insatisfactorio, como la otra posición que mencioné antes. La tercera posición es lo que hizo Parsons en La estructura de la acción social, Habermas en su Teoría de la acción comunicativa, y lo que siempre hice yo: una historia de la teoría sistemática, con un criterio de selección de autores, por qué los elijo y por qué los pongo en relación aunque sean enfoques rivales.

—Especificando los criterios...

—El criterio es: que la posición pueda fundamentar un "programa de investigación", que tenga un núcleo metafísico, que heurísticamente muestre cómo se llega a obtener nuevos conocimientos, que tenga una metodología; una teoría sobre la relación entre acción, orden y cultura, y que muestre casos empíricos (cómo se puede aplicar todo el modelo).

—Pocos autores quedan en pie.

—Sí, muy pocos: Marx, Durkheim, Weber. El Marx del 18 Brumario. En Durkheim, Física de las costumbres y el Derecho. En Weber, naturalmente, La ética protestante y los trabajos de ética de la religiones universales.

—¿Y Parsons?

—Sí, incluyo a Parsons, que abrió el "giro sistémico" que luego prosiguió Luhmann. Y George H. Mead, que abrió el "giro lingüístico" en el que luego abrevó Habermas. Cierro el libro con esta confrontación "teoría de la acción-teoría de sistemas" que, como decía, es la divisoria de aguas del debate sociológico actual.

Samuel P. Huntington revisits "The Clash of Civilizations"

[tomado de New Perspectives Quarterly, http://www.digitalnpq.org/index.html]

Samuel P. Huntington, a Harvard professor, is famous for his 1996 book "The Clash of Civilizations and the Remaking of World Order." He was interviewed for Global Viewpoint by Amina R. Chaudary of Islamica Magazine.

By Samuel P. Huntington

Global Viewpoint: Your theory on the clash of civilizations argues that global politics today result from deep-seated conflicts between different cultures and religions. This thesis gained momentum as a result of Sept. 11, and now the war against terrorism is often defined in terms of the West against Islam as a fundamental clash. Do you feel that your thesis has been used or misused since 9/11? Would you moderate this view in any way?

Samuel Huntington: My view is that relations between countries in the coming decade are most likely to reflect their cultural commitments, their cultural ties and antagonism with other countries rather than other factors.

Quite obviously, power will continue to play a central role in global politics, as it always does. But usually there is something else behind conflicts. In the 18th century in Europe, the issues to a large extent involved questions of monarchy versus the emerging republican movements, first in America and then in France. In the 19th century, it involved states identifying themselves through nationalism. In the 20th century, ideology came to the fore, largely, but not exclusively, as a result of the Russian Revolution. We had fascism, communism and liberal democracy competing with each other.

Well, that’s pretty much over. Liberal democracy has come to be accepted, in theory at least, around the world, if not always in practice. So the question really is what will be the central focus of global politics in the coming decades?

My argument remains that cultural identities, antagonisms and affiliations will not only play a role, but play a major role in relations between states.

GV: You have written: “For 45 years, the Iron Curtain was the central dividing line in Europe. That line has moved several hundred miles east. It is now the line separating the peoples of Western Christianity, on the one hand, from Muslim and Orthodox peoples on the other.”

Doesn’t making such a dichotomous distinction between the West and Islam imply there is a uniformity within those two categories? Doesn’t it ignore the reality that Islamic communities exist within the Western world?

SH: That implication is totally wrong. I don’t suggest that the West is uniform. Obviously there are divisions within the West and divisions within Islam. There are different sects, different communities, different countries. So neither Islam nor the West is homogenous at all. I don’t think it is all that useful to think in terms of two solid blocks. But there is still commonality within. People everywhere talk about Islam and the West. Presumably that has some relationship to reality and has some meaning. Of course, the core of that reality is differences in religion.

GV: Is there any reconciliation or point of convergence between the two sides of this new “Iron Curtain”?

SH: As I’ve said, both sides have divisions. Western countries collaborate with Muslim countries and vice versa. It’s a mistake, let me just repeat, to think in terms of two homogenous sides starkly confronting each other. Global politics remains extremely complex and countries have different interests, which will also lead them to make what might seem as rather bizarre friends and allies. The U.S. has cooperated and still is cooperating with various military dictatorships around the world. Obviously we would prefer to see them democratized, but we are doing it because we have national interests, whether it’s working with Pakistan or Afghanistan or whomever.

GV: You have argued that as civilization changes in America, it has moved toward focusing on democratic liberalism as an ideology.

SH: That always has been the American ideology. Since the revolution of the 18th century, America has basically had an ideology of liberal democracy and constitutionalism, though generally I try to avoid the use of the term ideology to describe this. I talk of American beliefs and values.

When you mention the word ideology, everyone has communism in the back of their minds, which was an entirely well-formulated ideology and statement of belief. You read the Communist Manifesto and you know what the core of it is. What we have, however, is a looser set of values and beliefs, which have remained fairly constant for two and a half centuries or so. And that’s really rather striking.

Obviously, changes and adaptations have occurred as a result of economic development, industrialization, the huge wave of immigrants that have come to this country, economic crisis, depression and world wars. But the core of the American set of beliefs has remained pretty constant.

If one of the drafters of the Declaration of Independence came back today, he would not be surprised about what Americans were saying and believing and articulating in their public statements. It would all sound rather familiar.

GV: How is the Muslim world faring in the context of a world that has mostly accepted, if in theory not practice, liberal democracy?

SH: We’ve seen at least the beginnings of rather significant social and economic change in the Muslim world, which I think will in due course lead to more political change. Obviously, Muslim societies, like societies elsewhere, are becoming increasingly urban, many are becoming industrial. But since so many have oil and gas, they don’t have a great impetus to change.

At the same time, the revenue that natural resources produce gives them the capability to change. Countries like Iran are beginning to develop an industrial component.

GV: Do you think that the “Islamic civilization” will become increasingly coherent in the future?

SH: Certainly we’ve seen movements in that direction. Certainly there are various trans-Islamic political movements, which try to appeal to Muslims in all societies. But I am doubtful that there will be any sort of real coherence of Muslim societies as a single political system run by an elected or non-elected group of leaders.

But I think we can expect leaders of Muslim societies to cooperate with each other on many issues, just as Western societies cooperate with each other. I wouldn’t rule out the possibility of Muslim, or at least Arab, countries developing some form of organization comparable to the European Union. I don’t think that’s very likely, but it conceivably could happen.

GV: You’ve written, “Islamic culture explains, in large part, the failure of democracy to emerge in much of the Muslim world.” Yet large parts of the Muslim world have democracy -- Indonesia, Mali, Senegal and even India, with its large population of Muslims. What is the connection, or lack of it?

SH: I don’t know what the answer to that question is because I’m not an expert on Islam, but it is striking the relative slowness with which Muslim countries, particularly Arab countries, have moved toward democracy. Their cultural heritage and their ideologies may be in part responsible. The colonial experience they all went through may be a factor in the fight against Western domination, British, French or whatever. Many of these countries were, until recently, largely rural societies with landowning governing elites.

I think they are certainly moving toward urbanization and much more pluralistic political systems. In almost every Muslim country, that is occurring. Obviously, they are increasing their involvement with non-Muslim societies. One key aspect that will influence democratization, of course, is the migration of Muslims into Europe.

GV: What do you think of the argument made recently by your Harvard colleague Stephen Walt and John Mearsheimer, of the University Of Chicago, that U.S. foreign policy is disproportionately affected by pro-Israeli groups that do not act in the best interests of America. Do you think this argument has any merit?

SH: I think it’s an argument that other people have to take seriously. They are not polemicists by any means. I am not entirely persuaded by their argument, but I guess the word that caught my attention is “disproportionately.” I don’t know how you judge that. U.S. foreign policy is in every area impacted by ethnic groups of one sort or another as well as economic groups and regional groups. There has been an Irish lobby that has impacted U.S. foreign policy for a century and a half, and at times made our relations with Great Britain very difficult. Other comparable lobbies exist.

The Israeli lobby is not unique. It may differ from the others because it is focused on just one issue -- the survival of Israel as well as the promotion of aid to Israel.

GV: Do you believe that, as many argue, the reason for instability in the Middle East is directly and primarily linked to the tension between Israelis and Palestinians?

SH: Obviously there have been and still are fault lines of conflict in the Middle East between Israelis and Palestinians, but there have been plenty of other fault lines as well over the years -- between Israel and Egypt, the struggles between various religious factions in Lebanon, between Baathist and opposition movements. There are lots of conflicts going on in the Middle East.

In terms of stability, it is unclear which country will emerge, if any, as the dominant or hegemonic power in the Middle East. In South America, we have Brazil; in Africa, we have South Africa; in Central Africa, we have Nigeria; in East Asia we have China and Japan; South Asia, India.

What is the comparable power in the Middle East? Israel has military capabilities, including nuclear weapons, far surpassing any other power in the Middle East, but it’s a small country. The rest of the Middle Eastern peoples are Muslim and Israelis are not, so it is hardly in any position to become the leading power.

Iran is a possibility, though, of course, it is Shiite while the bulk of the Arabs are Sunni. That is a problem or could be a problem. Also, there is the simple fact that Iran is non-Arab and most of the Muslims in the Middle East are Arab.

Then there is the question of Turkey, which is an important state, but again it’s not Arab and it has very concrete interests in the oil and gas in northern Iraq and in securing borders against secessionist movements.

So, what prospects are there for an Arab state serving a leading role comparable to the role that other states place in other regions? There is no obvious candidate. Saudi Arabia has the money but a relatively small population. Iraq was a great potential leader, as a sizable country with great oil resources and a highly educated population, but it went off in the wrong direction. Maybe Iraq will come back and become the dominant power among Arab countries. That seems conceivable.

GV: Many tout Turkey as a bridge between the Western world and the Muslim world. Do you see that?

SH: I wouldn’t put a great deal of emphasis on that. Turkey has its own interests and, historically, Turkey conquered most of the Arab world, and the Arabs had to fight wars of liberation to free themselves from the Turks. That’s in the past, of course, and doesn’t necessarily shape what is going to happen. But it’s there in people’s memories.

GV: Is it in the interest of the U.S. to ensure that no regional hegemonic power emerges?

SH: That all depends on who that hegemonic leader is. In theory, the United States finds it much easier to deal with situations where there is a leading country. You can go to the leaders of that country and say, for example, to India, “There are all these problems in Bangladesh, we really have to do something about it, what do you suggest we can do to work out a common policy?” But when you don’t have the equivalent of India, you have to go capital to capital trying to put together a coalition, which is extraordinarily difficult, especially in the Arab world, because of the historic rivalries and branches of Islam.

GV: Your colleague Amartya Sen at Harvard criticizes your civilizational thesis, saying that “identity is not destiny” and that each individual can construct and reconstruct chosen identities. He argues that the clash-of-civilizations theory suggests a “miniaturization of human beings” into “unique and choiceless” identities that fit into“boxes of civilization.” What is your perspective on citizens who have multiple identities?

SH: I think that statement by Amartya Sen is totally wrong. I never argue that, and I realize that people have multiple identities. What I argue in my book, as I indicated earlier, is that the basis of association and antagonism among countries has changed over time. In the coming decades, questions of identity, meaning cultural heritage, language and religion, will play a central role in politics. I first elaborated this idea over 10 years ago, and much of what I said has been validated during that time.

GV: How do you negotiate people with multiple identities, say, a Muslim or a Jewish person who lives in America and who may have these two identities. How do they negotiate that?

SH: They work out accommodations, and that’s been done for the past two or three centuries, at least. When you have increased migration of peoples and ethnic and religious minorities, you develop a set of rules and language the larger society can accept and the minority community can accept.

The larger society has to recognize some degree of autonomy for the minority: the right to practice their own religion and way of life, and to some extent their language. Many of the most difficult questions concerning the role of ethnic minorities centers on language. To what extent are they educated in their own language or in the national language? To what extent does the society formally or informally become a country of two national languages? Or is only one language used in the public proceedings, courts, legislatures, executive branch and politics? These, as we know, can become very tricky issues.

GV: How do you think that fundamentalism -- the radical idea that one’s own identity is superior to all others -- influences global politics today? Do you think there is a particular radicalism that is only associated with Islam, or do you think it exists in all faiths?

SH: I think fundamentalism is what you said: this radical attitude toward one’s own identity and civilization as compared to other people’s identities and cultures. Fundamentalist tendencies and movements have existed in all societies and civilizations. Certainly here in the U.S., we’ve had fundamentalist movements that have taken very critical and hostile attitudes toward immigration and the assimilation of immigrants into our society and culture. So these tendencies are fairly universal.

The problem is when these fundamentalist attitudes get out of hand and become the dominant factor in a society, which can only lead to the oppression of minorities or even to war with neighboring societies with differing cultures. That’s why it’s important to try to keep these tendencies toward extremism under control.

GV: Why are there more tensions among Muslims and other groups in European societies as opposed to America, where Muslims seem to be better adjusted? How would this relate to your thesis about identity and culture in regard to Hispanic communities in the United States?

SH: First of all, the biggest difference as far as Muslims in Europe and America are concerned is that the number of Muslims in America is small compared to the number in Europe. Secondly, those that are here have come across several thousands of miles of oceans, not just walked across the border or taken a short boat ride across the Mediterranean.

We don’t border on Muslim countries. European countries do, and that seems to be a fundamental difference.

How does the position of Muslims in Europe compare to the position of Hispanics in the United States? There are fundamental differences because the United States has always been an immigrant country. The Hispanics who come here are largely from Mexico and South America. They are Catholics, but that is an American religion. One-third of our population is Catholic, so that does not have the same impact as Muslims coming into Europe. They speak Spanish or Portuguese, which are languages we are familiar with, so it doesn’t seem to pose the same types of problems as Arabic-speaking Muslims do in Europe.

The major difference for us with respect to Hispanic immigration is that it is so large and it is coming from neighboring countries rather than those countries off the Atlantic or Pacific. That creates different issues and different problems for us as compared to the past. It is still very different, however, from the situation in Europe, where we see people with a very different non-European religion coming from neighboring countries.

(c) 2006 ISLAMICA MAGAZINE/GLOBAL VIEWPOINT

Regresando de Puno...


He estado ausente, en medio de demasiadas cosas que hacer, y luego estuve en Puno el jueves y viernes, en una actividad del proyecto del instituto "Siembra democracia: fortalecimiento de la institucionalidad democrática local", que trabaja con municipalidades y actores locales, especialmente en ámbitos rurales de la región Puno. Para los interesados en el tema, ver el portal MUNICIPIO AL DÍA, http://www.municipioaldia.com.pe/index.php Uno de los aspectos interesantes del proyecto es que las autoridades municipales pueden hacer consultas gratuitas vía internet sobre temas de gestión municipal. Saludos...

martes 7 de noviembre de 2006

Aprendizajes políticos

Artículo publicado en Perú21, martes 7 de noviembre de 2006


En estos días de debate sobre la ley de la Agencia Peruana de Cooperación Internacional (APCI), un tema de fondo implícito es el de los aprendizajes políticos. Toda democracia requiere, por parte de los actores políticos, de un compromiso valorativo sobre su importancia, al margen de sus intereses inmediatos. Este compromiso no viene necesariamente de consideraciones principistas, si no de duros aprendizajes políticos. Es decir, amargas experiencias de violencia, o de dictadura, represión y arbitrariedad del poder, hacen a los actores conscientes del valor de la democracia como régimen.

La reacción de muchas ONG y organizaciones de la sociedad civil en contra de las modificaciones a la ley de la APCI en nombre de la defensa de libertades democráticas y en nombre de la autonomía de agentes privados para contratar al margen del Estado, es ciertamente aleccionadora del aprendizaje político (con todas las limitaciones que pueda haber) por el que han pasado personajes provenientes de la izquierda, como ha sido sugerido por comentaristas como Gianfranco Castagnola en este diario, y Miguel Santillana en Correo. Esto es algo positivo. Las reacciones en el mismo sentido de personajes de formación liberal en contra de la ley es más natural y consecuente (Rosa María Palacios, Augusto Álvarez), aunque a algunos les cueste trabajo compartir posiciones con adversarios tradicionales (Carlos Adrianzén).

En nuestro medio, la experiencia del fujimorismo ha sido un factor clave de aprendizaje sobre las bondades de la democracia, así como de los riesgos de una actuación estatal sin contrapesos institucionales. La izquierda aprendió a valorar la democracia como régimen al sufrir la represión y el autoritarismo, y los liberales, en medio de la corrupción y del descrédito "fujimontesinista", aprendieron que las reformas pro mercado no conducen al liberalismo sin instituciones democráticas sólidas.

En cuanto a los partidos, es preocupante que Unidad Nacional (junto con algunos sectores del empresariado) hayan apoyado una ley "estatista"; al parecer, se estarían dejando llevar por su encono frente a algunas ONG críticas o contrarias a la inversión privada en algunas áreas, así como por la idea de que las protestas serían, fundamentalmente, acción de agentes externos a las poblaciones, financiados por estas organizaciones (en esta línea, también alguien como Aldo Mariátegui). Controladas las ONG, controlada la protesta.

¿Y el Apra? Es un partido complejo y de memoria larga y, por lo visto en estos días, el patrón de conducta que parece imponerse es el que dicta que la sobrevivencia y los intereses políticos inmediatos justifican todo tipo de acuerdos, cuya utilidad se evalúa según la coyuntura, de allí la coincidencia con UN y con el fujimorismo en torno a una estrategia de "contención de la protesta". Tal vez más adelante, evaluando también las conveniencias del momento, retrocederán; pero eso dependerá de un estricto cálculo de costos y beneficios.

[Sobre el tema en general, ver: Jennifer McCoy, ed., Political Learning and Redemocratization in Latin America : Do Politicians Learn from Political Crises? North-South Center Press, University of Miami; Boulder, CO: distributed by Lynne Rienner Publishers, ©2000.]

domingo 5 de noviembre de 2006

13 libros para entender el mundo actual

Según el suplemento Babelia, de El País:

http://www.elpais.es/suple/babelia/index.html?d_date=20061104

LECTURAS

El fin de la historia. Francis Fukuyama (Planeta).

El choque de civilizaciones. Samuel Huntington (Paidós).

Imperio. Antonio Negri y Michael Hardt (Paidós).

Orientalismo. Edward Said (Debolsillo).

La era de la información. Manuel Castells (Alianza).

El contrato sexual. Carole Pateman (Anthropos).

La estructura de la teoría de la evolución. Estephen Jay Gould (Tusquets).

Genoma. Matt Ridley (Taurus).

Después del fin del arte. Arthur C. Danto (Paidós).

Modernidad líquida. Zygmunt Bauma (Fondo de Cultura Económica).

La corrosión del carácter. Richard Sennett (Anagrama).

Estado de excepción. Giorgio Agamben (Pre-Textos).

La sociedad del riesgo global. Ulrich Beck (Siglo XXI).

Violaciones a la Constitución de la ley APCI

Este es el resumen del estudio realizado por el abogado Javier de Belaunde sobre las violaciones a la constitución de la ley recientemente aprobada por el congreso.


PROYECTO DE LEY N° 025-2006/PE
DERECHOS Y PRINCIPIOS CONSTITUCIONALES VULNERADOS


El Proyecto de Ley No. 025/2006-PE, que modifica la Ley N° 27692, Ley de Creación de la Agencia Peruana de Cooperación Internacional-APCI, como principal cambio, busca establecer la obligación de que todas las entidades de cooperación –sin distinciones sobre la naturaleza de fuente cooperante o la participación del Estado en la gestión de los recursos– deban inscribirse en los registros de la APCI como condición para que puedan “ejecutar cooperación técnica”. De esta forma, las ONGs extranjeras y nacionales para poder otorgar y recibir donaciones (y en general recibir y otorgar financiamiento) quedarían sujetas a las facultades de fiscalización y control de la APCI.

En ese sentido, consideramos que de ser aprobado el citado proyecto, se vulnerarían los siguientes derechos fundamentales:

1. Libertad de asociación (numeral 13, artículo 2 de la Constitución), en el sentido que la norma plantea un requisito de obligatorio cumplimiento (el registro) para que los particulares puedan perseguir fines legítimos, con lo cual se estaría estableciendo una limitación administrativa irrazonable que les restringiría irrazonablemente la posibilidad de perseguir sus fines

Asimismo, la modificatoria restringe el espectro de los fines que los particulares podrían perseguir, pues al establecer como una infracción sancionable el “orientar los recursos de la cooperación técnica en actividades que afecten el orden público, o perjudiquen la propiedad pública o privada”, o el hacer un “uso indebido de los recursos y donaciones de la cooperación técnica internacional”, se está imponiendo indirectamente a los particulares la persecución exclusiva de aquellos fines acordes con las políticas, planes y programas aprobados por el Estado, a través de la APCI.

2. Libertad de contratación (numeral 14, artículo 2 y artículo 62 de la Constitución), en el sentido que la norma otorgaría facultades a la APCI para “armonizar (…) la cooperación técnica internacional no reembolsable (…) en función de la política nacional de desarrollo y el interés público”, desconociéndose de esta forma el contrato privado de donación por el cual el donante establece a qué fines y proyectos se debe destinar su dinero a través de las entidades de cooperación. Como se puede ver, la norma establece una inconstitucional intervención administrativa en contratos privados afectando específicamente a la libertad contractual, esto es, la libertad de todo particular de determinar el contenido de sus relaciones contractuales.

Adicionalmente la Primera Disposición Complementaria del Proyecto de Ley vulnera la libertar de contratar a establecer que solo el Estado peruano es quien recibirá y ejecutará los recursos provenientes de la cooperación de otros Estados u Organismos Internacionales, lo que equivale prohibirles a estos últimos que contraten (donen y en general canalicen recursos) a entidades privadas nacionales.

3. Secreto e inviolabilidad de las comunicaciones (numeral 10, artículo 2 de la Constitución). Este derecho se vulneraría con la imposición del deber genérico de revelar a la APCI información sobre los proyectos y las fuentes de cooperación, como una consecuencia de su registro administrativo, que como hemos visto, se impone de manera obligatoria. Estos documentos y comunicaciones están protegidos, por formar parte de la “privacidad institucional” de las asociaciones.

4. Derecho a la participación en la vida política, económica, social y cultural de la Nación (numeral 17, artículo 2 de la Constitución). Este derecho se encontraría vulnerado al obstruir la participación de los ciudadanos (organizados a través de alguna forma asociativa) en estos aspectos de la organización de la nación. De esta manera, bajo la genérica fórmula de “actividades que afecten el orden público, las buenas costumbres o perjudiquen la propiedad pública o privada” el Estado se encontraría habilitado a imponer, de acuerdo a la calificación de la actividad que el propio Estado haga, una serie de sanciones, que, en buena cuenta, suponen una forma de censura o de penalización a posiciones disidentes de la política del gobierno, pero que resultan ser formas legítimas de participación ciudadana en la vida económica, social y cultural de la nación.

5. Derecho de propiedad privada (numeral 16, artículo 2 de la Constitución). El proyecto de ley permitiría al Estado actuar sobre propiedad ajena (recursos) y determinar su utilización, lo que resulta contrario a la facultad de disponer libremente del propio patrimonio, que constituye el núcleo esencial del derecho de propiedad.

6. Principio de proporcionalidad (artículo 200, último párrafo de la Constitución). Este principio constitucional supone que el Estado solo puede restringir los derechos y libertades de los ciudadanos en la medida estrictamente necesaria para cumplir fines legítimos, y cuando no exista alguna otra vía igualmente eficaz pero menos restrictiva de tales derechos y libertades. Este principio estaría claramente vulnerado por diversas normas del proyecto de ley, pues aunque la finalidad perseguida con ella sea loable (canalizar los recursos de la cooperación técnica internacional a aquellas áreas o sectores que más lo necesitan), ello puede obtenerse a través de la adopción de políticas de fomento e incentivos que atraigan o canalicen tales recursos hacia tales sectores, en lugar de imponer a los particulares el destino que deben otorgar a los recursos provistos por la cooperación técnica internacional.

7. Principio de subsidiariedad horizontal (artículo 59 de la Constitución). Este principio define las relaciones entre el Estado y los particulares señalando que éste sólo debe hacer uso de sus potestades de regulación de actividades privadas (lucrativas o no), cuando el ejercicio de la libertad por los particulares lesione o pueda lesionar ciertos bienes públicos constitucionalmente protegidos (la salud, la seguridad o la moral), pero no en ningún otro caso (como por ejemplo los fines que el legislador con un criterio político considere convenientes). El proyecto de ley supone una utilización por parte del Estado de sus poderes de fiscalización y control para supuestos en que no se está lesionando ninguno de esos bienes protegidos por la norma constitucional, lo que estaría proscrito por el principio de subsidiariedad.

8. Derecho a la igualdad (numeral 2, artículo 2 de la Constitución). El proyecto de ley establece un régimen legal diferenciado para las personas jurídicas no lucrativas, distinguiéndolas de las demás personas jurídicas, sin que exista un sustento objetivo para la diferenciación. Así, no se entendería porqué las inversiones extranjeras en la actividad económica o, inclusive, la inversión en actividad no lucrativa canalizada por entidades diferentes a las de cooperación, no reciben el mismo tratamiento legislativo.

9. Principios constitucionales del derecho sancionador (legalidad y tipicidad)

De acuerdo con el Reglamento de la Ley de Cooperación vigente (artículo 78), la presentación de información inexacta a la APCI, la utilización indebida de beneficios derivados del Registro de ONGD y ENIEX, o la aplicación de recursos de CTI a fines distintos de aquellos para los cuales fueron proporcionados, son causales de cancelación del Registro respectivo.

Asimismo, conforme al proyecto de Ley, las mismas conductas antijurídicas arriba señaladas también podrían ser reprimidas con otras sanciones (como el pago de multas hasta por la suma de S/. 170’000).

Esto quiere decir, que ante una misma conducta antijurídica la APCI podría aplicar de manera discrecional diversas sanciones. Con ello, se lesiona el principio de legalidad en la medida que no existiría una ley cierta que establezca previamente la sanción aplicable a una conducta determinada; lo que colocaría al administrado en una situación de indefensión.

De otro lado, el numeral 10) del artículo 22 que se pretende incorporar con la aprobación del Proyecto de Ley pretende que mediante una norma de rango reglamentario (Decreto Supremo) se puedan tipificar nuevas infracciones.

Ello contraviene el principio de tipicidad de la potestad sancionadora del Estado, desarrollado en el artículo 230 de la Ley del Procedimiento Administrativo General (LPAG), en la medida que la infracción no se encontraría establecida de manera previa en una norma de rango legal.



04 de noviembre de 2006

Nicaragua, ética personal y ética pública

Hoy tenemos elecciones generales en Nicaragua, y en El País encontré un muy buen artículo de Sergio Ramírez, que continúa de algún modo la reflexión que planteé en entradas anteriores sobre las relaciones entre la ética personal y la ética pública, y cómo la ética y los principios se relajan en nombre de "los grandes objetivos": pueden ser la revolución, la gobernabilidad, la unidad partidaria, lo que ustedes quieran, pero el resultado es el mismo: la quiebra moral y política.


Pecados veniales

La tesis del sacerdote Houtart y el comandante nicaragüense Ortega

SERGIO RAMÍREZ
(escritor y ex vicepresidente de Nicaragua)

El País, domingo 05-11-2006

En estos días anteriores a las elecciones en Nicaragua [las elecciones se celebran hoy], en la prensa internacional se ha reproducido un artículo del sacerdote belga François Houtart, a quien conocí, y llegué a apreciar, a raíz de sus constantes visitas a este país en los años de la revolución. Sus aportes de entonces, desde la perspectiva de la teología de la liberación, fueron sobre todo éticos. Y es sobre la ética que mi viejo amigo de la izquierda católica escribe en su artículo.

Dice que hay tres niveles de ética a tomar en cuenta, desde la perspectiva de la izquierda, a la hora de definir los respaldos a las fuerzas políticas: "La lucha contra el neoliberalismo es el imperativo moral más importante. Se trata del nivel ético que tiene que orientar los otros y que constituye la base de cualquier izquierda", afirma Houtart. Los otros dos quedan subordinados a ese primer nivel: la ética interna de los partidos y la ética personal de sus dirigentes. En consecuencia, se puede faltar a la ética interna y a la ética personal, mientras se esté en lucha contra el neoliberalismo, el imperativo moral más importante. Todo esto alega Houtart, en abono de su apoyo público al comandante Daniel Ortega, candidato del FSLN.

Esta conclusión me deja perplejo, sobre todo cuando el padre Houtart reconoce que ese partido es lo más que se acerca a la izquierda, y a lo que él llama "el eje progresista latinoamericano". Y no lo entiendo del todo, porque siempre he creído que el orden de los factores éticos es otro, y que sin ética personal y sin ética política no es posible entregarse a la lucha por ningún fin superior.

Ortega y el FSLN dejaron de ser de izquierda hace tiempo, empezando por la perspectiva ética personal y de conjunto, y sus posiciones políticas se disputan el cetro de la extravagancia cavernaria con los más connotados partidos de derecha, digamos el PP de España, como, por ejemplo, la penalización del aborto terapéutico, votada en la Asamblea Nacional en estos días, con el respaldo vehemente de Ortega y de su esposa, y traducido en el voto en bloque del FSLN. Desde ahora, los responsables de un aborto terapéutico irán a la cárcel con pena de cuatro años.
Esto tiene para mí mucho que ver con la ética, aunque no tenga que ver nada con el neoliberalismo. Alguien que se somete sin pudor a las posiciones de la jerarquía católica, que está en su derecho de condenar el aborto terapéutico, solamente porque piensa granjearse el favor del cardenal Obando y Bravo, y atraer los votos de la clase media conservadora, organizada en cofradías y congregaciones alrededor de esa jerarquía, está dejando en harapos su credibilidad. Y son, de todas maneras, unos votos que nunca podrá atraer.

Aun cuando Ortega se proclamara en contra del divorcio civil y a favor de su restitución al ámbito religioso, o declarara que va a establecer la educación religiosa en las escuelas públicas, algo que no descarto si ganara las elecciones, esos sectores conservadores seguirían siendo enemigos suyos.

Ortega encabezó en las calles marchas altisonantes en contra de la aprobación del Tratado de Libre Comercio (TLC) con Estados Unidos y luego ordenó a sus diputados que dejaran aprobar el tratado. Antes de empezar la campaña electoral despotricaba contra el FMI y el neoliberalismo, pero su candidato a vicepresidente, que fue miembro del directorio de la contra en Miami, ha sido ahora comisionado de notificar a los representantes de ese organismo en Managua que las relaciones de Ortega con ellos, de ganar las elecciones, serán más que excelentes. Y por si fuera poco, el mismo candidato a vicepresidente ha declarado que varios ministros del actual Gobierno neoliberal del presidente Bolaños han recibido ofertas de quedarse a servir en un Gobierno del FSLN.

Fácil comprobación

Tal vez son cosas que Houtart no sabe, pero que fácilmente puede comprobar. Y si ya las sabe, me cuesta mucho entender cómo es posible que la renuncia a los principios, el oportunismo político, la mentira y la doblez, todos ellos asuntos que corresponden a la ética personal y a la ética de un partido, no terminen derribando y sepultando lo que él pone como imperativo moral más importante: la supuesta lucha contra el neoliberalismo. Para no hablar de las otras violaciones a la ética, como son la inmoralidad en la conducta personal, el enriquecimiento ilícito y el fomento de la corrupción del sistema judicial, que se halla a las órdenes de esa misma cúpula.
La corrupción, los actos ilícitos, la mentira política, la mentira demagógica, se vuelven así pecados veniales, que el padre Houtart puede remitir desde la ventanilla del confesionario y el pecador podrá seguir cometiéndolos siempre que proclame su adhesión a la lucha contra el neoliberalismo y se mantenga cerca de lo que él llama "el eje progresista latinoamericano", que entiendo es el encabezado por Chávez. Si la corrupción y la violencia contra los principios éticos son justificables siempre que se proclame la adhesión a determinados cánones ideológicos o políticos seleccionados desde arriba, por ejemplo, el neoliberalismo, ¿en qué se diferenciará entonces un dirigente de izquierda de alguien como Pinochet, que al mismo tiempo que depositaba toneladas de oro en Suiza se robaba hasta los ladrillos para construir su mansión? Tal vez el padre Houtart nos lo pueda explicar.

jueves 2 de noviembre de 2006

Clifford Geertz, 1926-2006


PRINCETON, N.J., October 31, 2006 --

Clifford Geertz, an eminent scholar in the field of cultural anthropology known for his extensive research in Indonesia and Morocco, died at the age of 80 early yesterday morning of complications following heart surgery at the Hospital of the University of Pennsylvania. Dr. Geertz was Professor Emeritus in the School of Social Science at the Institute for Advanced Study, where he has served on the Faculty since 1970. Dr. Geertz's appointment thirty-six years ago was significant not only for the distinguished leadership it would bring to the Institute, but also because it marked the initiation of the School of Social Science, which in 1973 formally became the fourth School at the Institute.

Dr. Geertz's landmark contributions to social and cultural theory have been influential not only among anthropologists, but also among geographers, ecologists, political scientists, humanists, and historians. He worked on religion, especially Islam; on bazaar trade; on economic development; on traditional political structures; and on village and family life. A prolific author since the 1950s, Dr. Geertz's many books include The Religion of Java (1960); Islam Observed: Religious Development in Morocco and Indonesia (1968); The interpretation of Cultures: Selected Essays (1973, 2000); Negara: The Theatre State in Nineteenth Century Bali (1980); and The Politics of Culture, Asian Identities in a Splintered World (2002). At the time of his death, Dr. Geertz was working on the general question of ethnic diversity and its implications in the modern world.

Peter Goddard, Director of the Institute, said, "Clifford Geertz was one of the major intellectual figures of the twentieth century whose presence at the Institute played a crucial role in its development and in determining its present shape. He remained a vital force, contributing to the life of the Institute right up to his death. We have all lost a much loved friend."

"Cliff was the founder of the School of Social Science and its continuing inspiration," stated Joan Wallach Scott, Harold F. Linder Professor in the School of Social Science at the Institute. "His influence on generations of scholars was powerful and lasting. He changed the direction of thinking in many fields by pointing to the importance and complexity of culture and the need for its interpretation. We will miss his critical intelligence, his great sense of irony, and his friendship."

Dr. Geertz's deeply reflective and eloquent writings often provided profound and cogent insights on the scope of culture, the nature of anthropology and on the understanding of the social sciences in general. Noting that human beings are "symbolizing, conceptualizing, meaning-seeking animals," Geertz acknowledged and explored the innate desire of humanity to "make sense out of experience, to give it form and order." In Works and Lives: The Anthropologist as Author (1988), Geertz stated, "The next necessary thing...is neither the construction of a universal Esperanto-like culture...nor the invention of some vast technology of human management. It is to enlarge the possibility of intelligible discourse between people quite different from one another in interest, outlook, wealth, and power, and yet contained in a world where tumbled as they are into endless connection, it is increasingly difficult to get out of each other's way."

Dr. Geertz was born in San Francisco, California, on August 23, 1926. After serving in the Navy from 1943 through 1945, he studied under the G.I. Bill at Antioch College in Yellow Springs, Ohio, where he majored in English. His internship as a copyboy for The New York Post dissuaded him from becoming a newspaper man. "It was fun but it wasn't practical," he said in an interview with Gary A. Olson ("Clifford Geertz on Ethnography and Social Construction," 1991), so he switched to philosophy, partly because of the influence of philosophy professor George Geiger, "the greatest teacher I have known." "I never had any undergraduate training in anthropology [Antioch didn't offer it at the time] and, indeed, very little social science outside of economics," Geertz told Olson. "Finally, one of my professors said, 'Why don't you think about anthropology?'"

After receiving his A.B. in philosophy in 1950, Geertz went on to study anthropology at Harvard University and received a Ph.D. from the Department of Social Relations in 1956. It was a heady time, according to Geertz. "Multi- (or 'inter-' or 'cross-') disciplinary work, team projects, and concern with the immediate problems of the contemporary world, were combined with boldness, inventiveness, and a sense that things were, finally and certainly, on the move." Geertz recounted that he was exposed to a form of anthropology "then called, rather awkwardly, 'pattern theory' or configurationalism.' In this dispensation, stemming from work before and during the war by the comparative linguist Edward Sapir at Yale and the cultural holist Ruth Benedict at Columbia, it was the interrelation of elements, the gestalt they formed, not their particular atomistic character that was taken to be the heart of the matter."

At this point, Geertz became involved in a project spearheaded by cultural anthropologist Clyde Kluckhohn, who headed Harvard's Russian Research Center. Geertz was one of five anthropologists assigned to the Modjokuto Project in Indonesia, sponsored by the Center for International Studies at the Massachusetts Institute of Technology, and it was one of the earliest efforts to send a team of anthropologists to study large-scale societies with written histories, established governments, and composite cultures. In the late 1950s and early 1960s, anthropology was torn apart by questions about its colonial past and the possibility of objective knowledge in the human sciences. "For the next fifteen years or so," Geertz wrote, "proposals for new directions in anthropological theory and method appeared almost by the month, the one more clamorous than the next. I contributed to the merriment with 'interpretive anthropology,' an extension of my concern with the systems of meaning, beliefs, values, world views, forms of feeling, styles of thought, in terms of which particular peoples construct their existence."

Dr. Geertz began his academic career as a Research Assistant (1952-56) and a Research Associate (1957-58) in the Center for International Studies at the Massachusetts Institute of Technology, and also served as an Instructor in Social Relations and as a Research Associate in Harvard University's Laboratory of Social Relations (1956-57). In 1958-59, he was a Fellow at the Center for Advanced Study in the Behavioral Sciences in Stanford, California.

>From 1958 to 1960, he was Assistant Professor of Anthropology at the University of California at Berkeley, after which time he was Assistant Professor of Anthropology at the University of Chicago (1960-61), and was subsequently promoted to Associate Professor (1962), and then Professor (1964). He was later named Divisional Professor in the Social Sciences (1968-70). At Chicago, Dr. Geertz was a member of the Committee for the Comparative Study of New Nations (1962-70), its Executive Secretary (1964-66), and its Chairman (1968-70). Geertz was also a Senior Research Career Fellow at the National Institute of Mental Health from 1964 to 1970.

Consultant to the Ford Foundation on Social Sciences in Indonesia in 1971, he was Eastman Professor at Oxford University from 1978 to 1979, and held an appointment as Visiting Lecturer with Rank of Professor in the Department of History at Princeton University from 1975 to 2000. In 1970, Geertz joined the permanent faculty of the School of Social Science at the Institute, and was named Harold F. Linder Professor of Social Science in 1982. He transferred to emeritus status in 2000. Dr. Geertz is the author and co-author of important volumes that have been translated into over twenty languages and is the recipient of numerous honorary degrees and scholarly awards. He received the National Book Critics Circle Prize in Criticism in 1988 for Works and Lives: The Anthropologist as Author, and was also the recipient of the Fukuoka Asian Cultural Prize (1992) and the Bintang Jasa Utama (First Class Merit Star) of the Republic of Indonesia (2002). Over the years, he received honorary degrees from Harvard, Yale, and Princeton universities, from Antioch, Swarthmore, and Williams colleges, and from the University of Cambridge, among other institutions.

He was a Fellow of the American Academy of Arts and Sciences, the Council on Foreign Relations, the American Philosophical Society, the National Academy of Sciences, and the American Association for the Advancement of Science; a corresponding Fellow of the British Academy; and an Honorary Fellow of the Royal Anthropological Institute of Great Britain and Ireland. Dr. Geertz was a frequent contributor to The New York Review of Books.

Dr. Geertz's fieldwork was concentrated in Java, Bali, Celebes, and Sumatra in Indonesia, as well as in Morocco. In May 2000, he was honored at "Cultures, Sociétiés, et Territoires: Hommage à Clifford Geertz," a conference held in Sefrou, Morocco, where he had conducted work for a decade. It was particularly gratifying, commented Geertz, because "Anthropologists are not always welcomed back to the site of their field studies."

Dr. Geertz is survived by his wife, Dr. Karen Blu, an anthropologist retired from the Department of Anthropology at New York University; his children, Erika Reading of Princeton, NJ, and Benjamin Geertz of Kirkland, WA; and his grandchildren, Andrea and Elena Martinez of Princeton, NJ. He is also survived by his former wife, Dr. Hildred Geertz, Professor Emeritus in the Department of Anthropology at Princeton University. A Memorial will be held at the Institute for Advanced Study. Details will be announced at a future date.

http://www.ias.edu/Newsroom/announcements/Uploads/view.php?cmd=view&id=354

Ultima sobre el respeto a la intimidad... y la dimensión política

Un añadido final que quiero hacer a mi artículo de Perú 21, y que no pude incluir allí por falta de espacio, y porque se trata de una apreciación muy subjetiva. Se ha dicho en varios lados que, para quienes están en el poder político, el tema de las relaciones e hijos extramatrimoniales es un asunto privado, mientras no se actúe hipócritamente, mientras no se quiera vender una imagen pública falsa. Mientras se sea discreto. En mi artículo digo que esto puede ser un tema de debate público en tanto plantea el asunto de los roles de género, los modelos de familia, el respeto entre las personas.

Acá quiero añadir que hay una dimensión política importante en las relaciones privadas cuando se trata de quienes están en el poder, sobre la que propongo reflexionar.

Lo pongo de esta manera. Hace algunos años leí un par de libros sobre la (fracasada) revolución sandinista, Adiós muchachos de Sergio Ramírez, y Nicaragua bajo mi piel de Gioconda Belli. Ambos libros son testimonios de la lucha revolucionaria contra el somocismo, del triunfo de la revolución, y luego de su caída. Cada uno intenta responder, a su manera, el cómo y por qué tanto idealismo, tanto sacrificio, tanta nobleza, terminó en corrupción, pragmatismo exacerbado, pérdida de principios. Ambos libros cuentan una historia de pequeñas traiciones, ligeros síntomas, que luego se convierten en grandes males. Líderes revolucionarios que poco a poco empiezan a ser seducidos por el poder. Poco a poco desarrollan una conciencia según la cual a ellos se les están permitidas cosas que a los demás no, pequeños privilegios, concesiones, debido a su papel de grandes líderes revolucionarios. Luego pasan a justificar pequeñas trasgresiones y faltas, en nombre de la defensa de la revolución. Por eso camino se termina en lo que terminó Nicaragua, o antes Cuba.

Leyendo a Belli me impresionaron algunas anécdotas que cuenta, que me hicieron ver lo importante que es el asunto de género y las implicancias políticas que tiene. Belli cuenta por ejemplo cómo el General Torrijos, presidente de Panamá se le “mandó”, y lo justificó apelando a la “soledad del poder”. Belli cuenta también cómo Fidel Castro también se le mandó, pero tratando de sacarle información sobre Nicaragua. Cuenta también cómo fue obligada a ocupar posiciones subordinadas como mujer y pareja en nombre de los intereses de la revolución y de sus líderes.

¿A qué quiero llegar? A que estos libros sugieren que a las grandes traiciones se llega empezando con las pequeñas, casi inadvertidamente, y que una de las primeras señales del relajo moral que luego termina en la debacle se puede ver en el asunto del género. Se empieza asumiendo esto que al gran líder se le está permitido tener varias mujeres; después, que puede tener varios autos y lujos; luego, que puede quedarse con algo de dinero; y así sucesivamente. Todas las trasgresiones tienen una justificación. Sin darse cuenta, se terminan abandonando los principios.