domingo, 29 de abril de 2012

La soledad de los liberales (2)




La semana pasada me preguntaba sobre las razones por las cuales no tenemos una derecha liberal democrática con arraigo popular en nuestro país, y decía que una de las razones podría ser que las tradiciones intelectuales de nuestros liberales se alimentaban principalmente de corrientes “libertarias”. Mencionaba que después de la crisis de 1929 la economía capitalista y la democracia como régimen se legitimaron ampliamente en el mundo nor-occidental en torno a un gran consenso socialdemócrata (que competía con el socialismo como modelo alternativo), en donde la libertad individual se construía sobre la noción de que correspondía al Estado generar las oportunidades para el desarrollo de la ciudadanía, base a su vez de la legitimidad democrática. El medio para ello fueron las políticas sociales y de bienestar.

El asunto es que desde la década de los años setenta el consenso socialdemócrata empezó a crujir, manifestándose problemas de inflación, déficits fiscales, recesión, estancamiento de la productividad, lo que llevaba a crecientes niveles de protesta y movilización social. Es este marco el que constituye el punto de partida de las corrientes libertarias que tuvieron como preocupación principal la reducción al mínimo del papel del Estado y la ampliación máxima de los mercados y de la iniciativa privada. Ronald Reagan en los Estados Unidos y Margaret Thatcher en Inglaterra durante la década de los años ochenta fueron los grandes referentes políticos de estas propuestas. La década de los años noventa fueron años de búsqueda de un equilibrio entre mercado y Estado (expresión política de ello fueron las presidencias de Bill Clinton y Tony Blair), que todavía no se ha logrado, de allí que en la actualidad tanto el capitalismo neoliberal como la socialdemocracia aparezcan deslegitimadas y en crisis, y eso es lo que está en discusión en el actual contexto electoral en los Estados Unidos o en Francia.

El debate está abierto. El tema es que las principales posiciones liberales en el mundo se sitúan ya sea a la derecha o a la izquierda de las alternativas principales de los sistemas de partidos, mientras que las posiciones libertarias se ubican en el extremo derecho, en posiciones cada vez más radicales, y es de esas posiciones de las que parecen alimentarse muchos de nuestros liberales nacionales. Una cosa es ser liberal combatiendo los monopolios y los privilegios que obtienen actores privados poderosos coludidos con funcionarios públicos inescrupulosos, y otra ser liberal criticando el Estado y promoviendo la privatización de empresas y actividades públicas. Una cosa es luchar porque haya igualdad de oportunidades para todos los ciudadanos y estar en contra de la discriminación, y otra defender la libertad individual contra la intromisión del Estado. Todas estas posturas se inspiran en nociones liberales, pero sus consecuencias políticas son muy diferentes. El problema con esto es que nuestros liberales tiende a ser más conservadores y defensores del statu quo que propiamente reformistas. 

VER TAMBIÉN:

Martín Tanaka
La soledad de los liberales

ACTUALIZACIÓN, 30 de abril

La Columna del Director | 29-04-2012 |  Juan Carlos Tafur
Los falsos evangelistas peruanos del liberalismo

ACTUALIZACIÓN, 2 de mayo

J. Bradford DeLong
Apr. 30, 2012
Re-Capturing the Friedmans

miércoles, 25 de abril de 2012

"El poder visto desde abajo", en línea

Está disponible en línea el libro del que soy compilador y coautor, El poder visto desde abajo: democracia, educación y ciudadanía en espacios locales (Lima, Instituto de Estudios Peruanos, 1999). El índice del libro es el siguiente:

CONTENIDO

Introducción. MARTÍN TANAKA 11

Primera parte

LA REESTRUCTURACIÓN DE LA POLÍTICA: NUEVAS
FORMAS DE MEDIACIÓN ENTRE SOCIEDAD Y ESTADO
EN ESPACIOS LOCALES 17

Del “jirón” al “Boulevard Gamarra”. Estrategias políticas y
gobierno local en La Victoria-Lima.
DAVID SULMONT HAAK

Introducción 19
1. Gamarra y los” gamarrinos” (algunos de ellos) 26
2. ¿Quién es Gamarra? Las disputas por la “representación” 46
3. Del “jirón” al “boulevard” Gamarra: el conflicto por
las calles 57
4. “Ellos hacen las cosas como nosotros queremos”:
el mercado de la política 79
5. Reflexiones finales 94
Anexo 100
Bibliografía 101

La participación social y política de los pobladores
populares urbanos: ¿ del movimientismo a una política
de ciudadanos? El caso de El Agustino.
MARTÍN TANAKA

Introducción 103
1. ¿Por qué El Agustino? 104
2. Antecedentes: la izquierda, las organizaciones
populares y la participación (1980-1992) 108
3. La “transición”: nuevos sentidos de la participación 114
4. La reestructuración (1995-1998) 129
5. Perspectivas hacia delante: accountability horizontal
y vertical 143
Referencias bibliográficas 148

Liderazgos locales y nuevos estilos de hacer política
bajo la sombra del fujimorismo.
CARLOS VARGAS 155

1. Nuevos actores políticos en el escenario nacional 156
2. Liderazgos locales y nuevos estilos de hacer política
2.1. José Murgia: liderazgo autoritario, gobierno concertador 161
2.2. Carlos Valencia y la tecnocracia local 167
2.3. Juan Manuel Guillén: la visión sesgada y ambigua de
los independientes 173
3. Observaciones finales 179
Referencias bibliográficas 182

Segunda parte

EDUCACIÓN RURAL, CIUDADANÍA Y DEMOCRACIA 185

Educación y democracia en el sur andino: posibilidades y
esfuerzos de las familias campesinas para educar a sus hijos
FRANCESCA UCCELLI LABARTHE

Introducción 187
Capital cultural y desempeño escolar 190
Familias en contextos de exclusión 193
1. La fragilidad de la relación niño/a-escuela en el campo 195
1.1. Punto de partida 201
2. Contexto y esfuerzo familiar 203
2.1. Características de la comunidad campesina y su escuela 206
2.2. Metodología 211
2.3. Características de los niños y niñas que permanecen
en la escuela más de cinco años 215
2.4. ¿Cómo son las familias de los que permanecen
en la escuela? 216
2.5. ¿Cómo cumple la escuela las expectativas familiares? 242
3. Desafíos de la educación en el campo 247
Bibliografía 252
Anexo 257

El poder en el aula: un estudio en escuelas
rurales andinas. PATRICIA AMES

Introducción 267
La escuela como espacio de socialización política 268
La metodología de investigación 272
Las escuelas y las comunidades 274
1. El control como rasgo dominante de la institución escolar 276
1.1. El orden y los medios de control 277
1.2. Normas y resolución de conflictos 281
1.3. Qué difícil es cambiar 285
2. Guión alterno 289
2.1. Resistencia y transgresión 289
2.2. Adaptación 294
2.3. Solidaridad vs. Agresión 295
2.4. Las relaciones entre los niños y las niñas 300
3. La diferencia en el espacio escolar 302
Escuela, ciudadanía y diferencia 303
3.1. Los profesores y su visión de los niños 304
3.2. El “problema” de la lengua materna 308
3.3. Ser niño, ser niña 310
3.4. Los padres y los profesores 312
3.5. La escuela como fuente de habilidades personales 316
4. Formando ciudadanos… ¿de qué tipo? 320
4.1. Autoridad y control 321
4.2. Aprendiendo a través de la experiencia escolar 322
4.3. La autoestima y el sentido del logro 324
Anexo 327
Bibliografía 330 

El libro se puede descargar desde aquí. 

martes, 24 de abril de 2012

La soledad de los liberales

Artículo publicado en La República, domingo 22 de abril de 2012

Desde hace algunas semanas, diversos columnistas hemos abordado el tema del liberalismo en el Perú, lamentando la no existencia de un derecha liberal democrática con arraigo popular en nuestro país. En una conferencia reciente en la Universidad Católica, Enrique Ghersi decía que los liberales peruanos son tan pocos que pueden reunirse cómodamente en un chifa, a pesar de contar con figuras como Mario Vargas Llosa o Hernando de Soto.

En América Latina en general, cuando las derechas son fuertes políticamente suelen ser más conservadoras que liberales; y cuando han encabezado agendas reformistas liberales, como la implantación de modelos orientados al mercado desde la década de los años noventa, han tenido de un lado que compartir el crédito con otras fuerzas políticas, que también asumieron la necesidad de implementarlas y, del otro, han tenido que asumir totalmente la carga de los costos sociales que esas políticas implicaron. Una razón adicional para entender la soledad de los liberales en nuestro país está en el hecho de que sus tradiciones intelectuales son más “libertarias” que liberales. Me explico.

El liberalismo como corriente de pensamiento que inspiró políticas gubernamentales específicas en el mundo tuvo un periodo de hegemonía, en términos generales, desde la segunda mitad del siglo XIX hasta la segunda década del siglo XX. Se trató de un periodo de expansión de la economía mundial sobre la base de políticas de libre comercio y protagonismo de actores privados, con Estados “mínimos”. Este modelo entró en una gravísima crisis en 1929, y los socialistas y comunistas pensaron que se asistía al final del capitalismo y al advenimiento de una revolución social. Sin embargo, el capitalismo salió de esa crisis sobre la base de una solución de compromiso, que dio origen a los “Estados de bienestar”: se mantuvieron políticas orientadas al mercado, pero el Estado asumió un papel regulador, promotor e integrador muy importante. A esto se le podría llamar el consenso socialdemócrata. A él llegaron algunos desde el liberalismo, como Karl Polanyi o John M. Keynes; y desde el socialismo, como Eduard Bernstein y luego la Internacional Socialista. Muchos filósofos liberales reflexionaron posteriormente sobre la importancia de hacer convivir la libertad con la solidaridad y sobre cómo generar igualdad de oportunidades, como John Rawls, Richard Rorty o Amartya Sen.

El problema es que los liberales peruanos a los que alude Ghersi no siguen estas corrientes, sino a otras más radicales que se ubicaron mucho más a la derecha: Hayek, Friedman, y los libertarios estadounidenses, que podríamos considerar algo así como el ala derecha del partido republicano, para quienes Barack Obama es un presidente socialista. Me parece que el liberalismo así entendido siempre tendrá dificultades para desarrollarse en países tan desiguales como el nuestro, en donde no basta la iniciativa individual y en donde se suele considerar que la intervención del Estado es clave para compensar la debilidad de los sectores desfavorecidos.

VER TAMBIÉN:

Enrique Ghersi
El liberalismo en el Perú

La Columna del Director | 21-04-2012 |
Juan Carlos Tafur
¿Secta liberal?

domingo, 15 de abril de 2012

La respuesta estatal a los conflictos

Artículo publicado en La República, domingo 15 de abril de 2012

Cada mes, la Defensoría del Pueblo presenta su reporte sobre conflictos sociales; cada mes sabemos de la aparición de nuevos conflictos, o que conflictos latentes se convierten en activos. Cada mes comprobamos que la mayoría de conflictos son “socio-ambientales”, y que afectan la inversión considerada indispensable para mantener el crecimiento económico. Cada cierto tiempo sabemos de conflictos que se expresan en acciones de violencia. Más todavía, este panorama se presenta desde hace años: tanto en el gobierno actual, como en el de García y Toledo, encontramos una dinámica parecida. Y cada vez que se analizan los conflictos se llega a la conclusión de que el Estado interviene tarde y mal, y que sería muy importante trabajar en la prevención, y no seguir una lógica de “bomberos”.

Si este panorama es tan conocido, recurrente, y lleva a tensiones y problemas tan grandes, la pregunta es por qué el Estado no responde adecuadamente a los mismos. Es difícil responder a la pregunta, pero varios factores ayudan a entender esta paradoja. En primer lugar, tiende a haber en las élites gubernamentales una visión conspirativa de las protestas. Es decir, ellas no tendrían razones verdaderamente atendibles, sino que serían consecuencia de maniobras políticas de sectores que manipulan a la población en función de intereses ilegítimos. Esta visión es alentada porque las élites gubernamentales descansan en gran medida en información provista por fuentes policiales y de inteligencia, que miran la realidad de una manera sus sesgada. El peso de estas fuentes debería estar balanceado por una red paralela de recojo de información propiamente política, pero ya sabemos que los partidos no existen como tales, y que no cuentan con redes propias que les permitan hacer mejores diagnósticos de lo que ocurre en la coyuntura.

En segundo lugar, la complejidad de la conflictividad social y la precariedad tradicional del Estado ha hecho que las autoridades en la práctica asuman que la lógica de prevención le corresponde a los actores privados, no a la autoridad pública. Si es el sector privado el que obtiene grandes beneficios con la minería, entonces que ellos atiendan las demandas sociales a través de sus políticas de responsabilidad social. En tercer lugar, ocurre que, si bien la naturaleza y dinámica de los conflictos es por lo general multidimensional, intersectorial y cruza niveles de gobierno, la toma de decisiones y responsabilidades dentro del Estado es estrictamente sectorial y parcelada. Así, los diversos sectores juegan a que los costos de actuar y decidir sean asumidos por otros.

Si así son las cosas, ¿qué cabe esperar? Lo más probable es que se siga con la lógica de los últimos años, que podría resumirse en la promoción de la inversión hasta el límite que marque la protesta social. Un cambio de esquema requeriría de una voluntad política y de una claridad respecto a un modelo alternativo que el gobierno ni tiene ni parece interesado en tener hasta el momento.

domingo, 8 de abril de 2012

La epopeya de José Matos Mar

Artículo publicado en La República, domingo 8 de abril de 2012

José Matos Mar ha publicado recientemente el libro Perú: Estado desbordado y sociedad nacional emergente. Historia corta del proceso peruano (Lima, U. Ricardo Palma, 2012). El texto es al mismo tiempo un apasionado manifiesto a favor de la población provinciana migrante y una síntesis de las preocupaciones intelectuales y vitales del autor, que ya cumplió 91 años.

Matos cuenta una “historia jamás imaginada [por el] Perú oficial y sus gobernantes”, “apasionante y gigantesca”, en la que palabras como “gesta” o “hazaña” marcan el tono de la narración. Para el autor, la migración de la población provinciana a Lima y las principales ciudades de la costa marca un hito en la historia del país tan importante como 1535 y 1821. Este proceso que arranca en 1940 y llega hasta nuestros días tiene dos etapas, la primera va de 1940 a 1990, y registra el paso de “migrantes a ciudadanos”; y la segunda va de 1990 hasta hoy, en la que se consolida la posibilidad de construir una verdadera “sociedad nacional”. Así, pasamos de un país “agrario y rural, de yanaconas y colonos… fraccionado más en castas que en clases”, a un país moderno, basado en ciudadanos.

Muchos otros autores han llamado la atención sobre la importancia de estos procesos, como Aníbal Quijano, Julio Cotler, Carlos Franco o Hernando de Soto, por mencionar algunos. Sin embargo, nadie con la convicción y optimismo de Matos. Quijano señala los límites de esta “sociedad emergente” dada la persistencia de la colonialidad del poder; Cotler, por la debilidad de las instituciones; Franco, por el funcionamiento de una democracia elitista y excluyente; De Soto por la persistencia de prácticas “mercantilistas”. En la lectura de Matos, el “otro Perú” ha realizado por sí mismo, sin la ayuda del “Perú oficial” (que solo ha intentado controlarlo o cooptarlo) un gigantesco cambio estructural, una “revolución cultural” pacífica. Si bien el autor advierte que “si el Perú oficial no dialoga y soslaya sus compromisos con los sectores populares y medios en ascenso, y cede ante los poderes fácticos, la crisis del Estado podría agudizarse”, también postula que los protagonistas del “desborde popular”, “en pocos años más comenzarán a incursionar más activamente en política, con lo cual al representar mejor al íntegro de la población total estarán en condiciones de [lograr] una auténtica gobernabilidad concordante con su historia y geografía, con una nueva democracia participativa comunitaria”.

La visión del Perú de Matos tiene el gran mérito de desplazar la mirada del “Perú oficial” al “otro Perú”, antes excluído y subordinado, ahora evidente en su “desborde”. La gran pregunta es si, efectivamente, de ese Perú emergerá un “neosocialismo andino”, una “auténtica sociedad nacional emergente y pluricultural”. Responder esa pregunta requeriría acaso estudiar mejor la interacción entre el Perú oficial y el “otro Perú”, tarea que nos deja Matos a las nuevas generaciones de científicos sociales.

domingo, 1 de abril de 2012

Redentores, de Enrique Krauze

Artículo publicado en La República, domingo 1 de abril de 2012

El pasado martes 20 se realizó en Lima el seminario “América Latina, retos y desafíos”, organizado por la Fundación Internacional para la Libertad, presidida por Mario Vargas Llosa. Participaron como ponentes los expresidentes Álvaro Uribe, Jorge Quiroga, Vicente Fox, Luis Alberto Lacalle y Alejandro Toledo. En el evento también se respaldó la candidatura panista a la presidencia de México de Josefina Vásquez. Si bien se trata de presidentes democráticos que no merecen una descalificación, el gobierno de Uribe tuvo un marcado personalismo y prácticas que pusieron al límite la continuidad institucional en Colombia, y enfrentó serios casos de corrupción, violación a los derechos humanos, influencia de intereses paramilitares; Quiroga fue un razonablemente buen presidente de transición, pero no logró controlar la crisis que terminó con la llegada al poder de Evo Morales; Fox encarna la desilusión posterior a la ansiada transición democrática en México; Lacalle un intento de reforma neoliberal no aceptada por los uruguayos, que terminaron optando por propuestas más bien socialdemócratas; y de las limitaciones de Toledo todos conocemos. En suma, los referentes políticos concretos de la propuesta liberal resultan poco seductoras.

En cuanto a aportes intelectuales, la figura a mi juicio más notable es la del mexicano Enrique Krauze, autor del reciente libro Redentores. Ideas y poder en América Latina (México D.F., Debate, 2011). Este consiste en los perfiles biográficos, políticos e intelectuales de doce figuras latinoamericanas, en la que Octavio Paz aparece como el gran eje articulador: antes de él, cuatro “profetas” (José Martí, José Enrique Rodó, José Vasconcelos y José Carlos Mariátegui), luego dos “iconos revolucionarios” (Eva Perón y el Che Guevara), dos novelistas (Gabriel García Márquez y Mario Vargas Llosa), dos protagonistas de los sucesos de Chiapas (el sacerdote Samuel Ruiz y el “subcomandante” Marcos), y finalmente el “caudillo postmoderno” Hugo Chávez. Todos estos disímiles personajes tienen en común ser cada uno a su manera “redentores”, estar imbuídos de una cultura política que sería típicamente latinoamericana, de orígenes neoescolásticos, marcada por concepciones organicistas y caudillistas, motivados por una suerte de misión salvífica con raíces en el catolicismo. Paz y Vargas Llosa lograron convertirse al liberalismo democrático y evitar un horizonte utópico que deviene, casi inevitablemente para el autor, en alguna forma de violencia o autoritarismo.

Si bien la mayoría de personajes retratados por Krauze no son de sus simpatías políticas, este los retrata con cierto embeleso. Es que el discurso de la redención es seductor por naturaleza, y frente a él solo cabe oponer “la insípida, la fragmentaria, la gradualista pero necesaria democracia, que ha probado ser mucho más eficaz para enfrentar estos problemas [pobreza y desigualdad]” (p. 517). ¿Podrá el liberalismo en nuestros países construir una propuesta más atractiva? Una pista la sugiere Krauze cuando recuerda el señalamiento de Paz sobre la necesidad de “repensar nuestra tradición, renovarla y buscar la reconciliación de las dos grandes tradiciones políticas de la modernidad, el liberalismo y el socialismo” (p. 517).

jueves, 29 de marzo de 2012

Argumentos, año 6, n° 1, marzo 2012

Salió el último número de Argumentos, con una colaboración de este servidor, dedicada a Carlos Franco. Creo que el número está interesante, saludos.

Coyuntura

Impacto de la crisis económica en los sistemas políticos europeos: reflexiones desde el caso español
Jorge Morel

La democracia en el Perú a 20 años del 5 de abril

“Todavía somos una sociedad post-Fujimori”
Entrevista a Julio Cotler por Jorge Aragón y Rodrigo Barrenechea

“Aquí las personas cambian, teniente, nunca las cosas”: una reflexión sobre la política peruana actual desde una perspectiva institucional
Yusuke Murakami

El Congreso está abierto
Jorge Valladares

El nacimiento del bicéfalo: reflexiones en torno al 5 de abril y su sentido para el fujimorismo
Adriana Urrutia

Violencia y memorias en conflicto

“Aunque no lo hemos vivido”: memoria, transmisión y educación
Ponciano del Pino y Sebastián Muñoz-Najar

El proyecto posmemorial de Coravip. Inversión imaginativa y negociación intergeneracional en una organización de afectados de Ayacucho
Sebastián Muñoz-Nájar Gálvez

Cultura y sociedad

“Conga no va”, “Conga no se va”: sentimiento y resentimiento carnavalesco en Cajamarca
Julio Vargas

Crítica y Reseña

Carlos Franco, el realismo desencantado (y su amor por el Perú)
Martín Tanaka
http://www.revistargumentos.org.pe/carlos_franco.html

El tiempo de los intentos: intervención a propósito de la presentación del libro "Apogeo y crisis de la Izquierda peruana"
Anahí Durand

El número completo se puede ver aquí:
http://www.revistargumentos.org.pe/

domingo, 25 de marzo de 2012

La “captura” del Estado (2)

Artículo publicado en La República, domingo 25 de marzo de 2012

La semana pasada comenté que tanto desde la derecha como desde la izquierda se denuncia la “captura del Estado” como explicación de los males del país. Ambos enfoques coinciden en mirar el Estado partiendo de los intereses de los grupos sociales: ellos tratarán siempre de sacar beneficios particularistas e intentarán controlar el Estado, la diferencia está en que para la primera la solución es más competencia y más mercado, mientras que para la segunda el fortalecimiento de la autoridad pública. Puesto el debate en estos términos, ideológicos y abstractos, no tiene solución. La pregunta es qué modelo es más pertinente para entender la realidad peruana actual y luego, qué es lo que necesita el país en estos momentos.

Responder estas preguntas requiere a mi juicio entender una cuestión fundamental: que precisamente porque el Estado sufre de déficits crónicos de legitimidad, tiende a desarrollar en lo interno retóricas, discursos, y a aprobar normas, regulaciones que buscan satisfacer las demandas de todos los grupos sociales; y en lo externo, a asumir como propios los consensos internacionales referidos a las “mejores prácticas” existentes. Esto tiene como consecuencia, en lo interno, que el Estado intente quedar bien con cualquier grupo que lo presione, hasta el punto en que no contravenga otros compromisos o no choque contra algún otro grupo de interés. Esto ayuda a entender por qué nuestro Estado no tiene ningún espíritu reformista, y por qué tiende a primar la inercia. Así, se aprueban los decretos de Bagua o se promueve Tía María, pero si la oposición es mucha, a ambos se les deja caer. En lo externo, esto explica que el Estado esté dispuesto a aceptar tanto la lógica liberal del libre comercio y de la promoción de la inversión, como el Convenio 169 y la Consulta Previa a los Pueblos Indígenas, como la jurisdicción de la Comisión y la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Una consecuencia de todo esto es que formalidad legal resulta una herramienta muy útil de negociación política, no es para nada “letra muerta”.

En el Perú actual, diría que tenemos un Estado que si bien ha promovido una reforma de mercado, todavía tiene a darse una concentración monopólica y subsiste una cultura empresarial que busca desarrollarse mediante favores estatales. Segundo, ha quedado pendiente la reforma del Estado: esto hace que los funcionarios y la burocracia, en vez de seguir políticas de Estado, tomen decisiones en función de “no meterse en problemas”: esto, dependiendo de los casos, favorece a diversos grupos de interés, desde el gran poder económico, hasta pequeñas mafias que pululan por doquier. Afortunamente, tanto izquierdistas como liberales podrían estar de acuerdo en limitar las prácticas rentistas mediante el estímulo de la competencia y mayores capacidades de regulación. Y también en la necesidad de una reforma del Estado que construya un cuerpo de funcionarios autónomos y profesionales. En realidad, si no se avanza no es por culpa ni de la izquierda ni de la derecha, sino por la persistencia de lógicas populistas.

VER TAMBIÉN:

Ollanta: ¿metamorfosis o captura?
Sinesio López
http://www.larepublica.pe/columnistas/el-zorro-de-abajo/ollanta-metamorfosis-o-captura-25-03-2012

Continuidad I
Eduardo Dargent
http://diario16.pe/columnista/18/eduardo-dargent/1632/continuidad-i

domingo, 18 de marzo de 2012

La “captura” del Estado

Artículo publicado en La República, domingo 18 de marzo de 2012

En los últimos tiempos se comenta mucho sobre la “captura” del Estado. El término se refiere a una situación en la cual grupos con intereses específicos logran controlar el proceso de toma de decisiones de las autoridades públicas para obtener beneficios particulares, pasando por encima del interés general de la sociedad. Según la encuesta Latinobarómetro, el Perú es uno de los países de la región en los que más se cree que se gobierna a favor de grupos poderosos y no del pueblo. Lo contrario a un Estado capturado sería un Estado “autónomo”, con un cuerpo de funcionarios profesionales de carrera, que toman decisiones siguiendo políticas definidas tanto por criterios técnicos basados en evidencia como por los resultados de la deliberación y el debate público.

Tanto desde la izquierda como desde la derecha se denuncia la captura del Estado como explicación central de los males del país, pero cada quien le asigna contenidos diferentes. En los trabajos de Francisco Durand o Sinesio López, por ejemplo, se señala que el modelo neoliberal ha debilitado las funciones reguladoras del Estado y ha favorecido los intereses de los grandes grupos de poder económico nacionales y extranjeros (afincados principalmente en la banca y el sistema financiero, las mineras, medios de comunicación, provisión de servicios), precisamente por la influencia y el poder de los mismos, en desmedro de la población más necesitada. Desde esta perspectiva, habría que poner en la mira a sectores que caen recurrentemente en conflictos de interés, mediante el uso del mecanismo de “puertas giratorias”, que los hace pasar de la defensa de intereses privados a cargos de responsabilidad pública, para luego pasar a ser formadores de opinión en medios, y así sucesivamente.

Por el contrario Jaime de Althaus y otros argumentan que la preeminencia que se obtiene respetando las reglas de competencia en el mercado sería enteramente legítima. El problema estaría en obtener privilegios indebidos gracias al control del Estado (el “mercantilismo” de Hernando de Soto), donde la intervención estatal es precisamente la fuente de los problemas. Así, sería con el modelo vigente hasta las reformas de la década de los años noventa que el Estado estaba capturado por intereses particularistas, mientras que la adopción de mecanismos de mercado le habría permitido contar con más autonomía. Desde este ángulo, sectores del Estado estarían todavía capturados en tanto la lógica de la competencia no se ha introducido, por intereses particularistas que se oponen a las necesarias reformas pendientes. Así, a quienes habría que poner en la mira es a aquellos sectores que gozan de tratos especiales por parte del Estado, como exoneraciones tributarias, subsidios o regímenes especiales, o a quienes se resisten a la introducción de criterios meritocráticos dentro de la administración pública (cuestión especialmente crítica en áreas como la educación y la salud).

¿Cómo caracterizar correctamente la naturaleza del Estado en el Perú actual? Seguiremos la próxima semana.

miércoles, 14 de marzo de 2012

Democracia sin partidos, en línea

Está disponible en línea un trabajo mío cuya edición lleva un buen tiempo agotada, Democracia sin partidos. Perú, 2000-2005. Los problemas de representación y las propuestas de reforma política (Lima, Instituto de Estudios Peruanos, 2005, 144 p.).

El índice del texto:

RESUMEN 9

INTRODUCCIÓN 11

I. LOS LÍMITES DE UNA DEMOCRACIA SIN PARTIDOS: DIAGNÓSTICO DE LA SITUACIÓN POLÍTICA ACTUAL EN PERSPECTIVA COMPARADA 19

El fujimorismo, su caída y la transición al gobierno de Alejandro Toledo 20
El gobierno de Alejandro Toledo: la rápida erosión de la legitimidad presidencial y los límites de la oposición 28
La apertura como remedio a los males del régimen político 42
El reformismo institucional en los países andinos como respuesta a los problemas de legitimidad política 54

II. LAS PROPUESTAS DE REFORMA POLÍTICA: ¿REMEDIOS PEORES QUE LAS ENFERMEDADES? 81

La "necesidad" de una reforma política en el Perú 82
¿Cuál es el problema del sistema político en el Perú? 96
La debilidad de los partidos. ¿Qué se puede hacer para mejorar la representación política? 118

BIBLIOGRAFÍA 131

RESUMEN

"EN ESTE TRABAJO, estudio la dinámica política del país durante el gobierno del presidente Alejandro Toledo, y evalúo la conveniencia de las principales propuestas de reforma del régimen político y del sistema electoral lanzadas con el ánimo de mejorar la representación política, desde una perspectiva comparada. Sostengo que el principal cambio político ocurrido en el Perú posterior al fujimorismo ha sido el establecimiento de una situación de competencia política plena entre los actores políticos, consecuencia de la caída del actor hegemónico previo, y que es solo en este sentido que cabe hablar de una "transición democrática", o de un "cambio de régimen"; es decir, la clave de la democratización ha estado en lograr una lógica de equilibrios y contrapesos entre los actores que no existió durante los años noventa.

Sin embargo, existe un sentido común bastante extendido, con el que discrepamos, según el cual la clave de la democratización estaría en el cambio de las reglas de juego formales del régimen político, en la necesidad de cambiar las reglas propias de una "dictadura" para así pasar a una democracia "verdadera". Por ello, correspondería realizar cambios sustanciales en el plano institucional, buscando ampliar y renovar una representación política supuestamente cerrada y, por ello, carente de legitimidad, incorporando además mecanismos de democracia participativa y directa. En realidad, el verdadero problema no está tanto en las reglas formales del régimen como en los protagonistas del juego político: los partidos, o más precisamente, la ausencia de partidos mínimamente consolidados y, por tanto, de un sistema de partidos.

Emprender un camino de reformas institucionales en un sentido "aperturista" ha sido un patrón en la región en los últimos años. Este reformismo ha sido la salida con la que se ha querido contrarrestar los problemas de legitimidad de los sistemas políticos de nuestros países. El balance que hacemos de estos procesos es que han logrado efectivamente ampliar el espacio político y activar sectores sociales antes desmovilizados; pero también han tenido efectos problemáticos como el debilitamiento de los partidos, la fragmentación de los sistemas de partidos, el aumento de la volatilidad electoral, la irrupción de outsiders y el desarrollo de tendencias antisistémicas, entre otros. En otras palabras, la ampliación de la representación y la participación, por un lado, y del mantenimiento de la gobernabilidad democrática, por el otro, se han revelado como principios difíciles de compatibilizar. En el caso peruano, soste-nemos que seguir ahora una lógica aperturista sería altamente contraproducente, dada la extrema debilidad de los actores políticos y del sistema de partidos; además, el sistema político se caracteriza ya por ser bastante abierto. En este trabajo, sostengo que las reformas institucionales pertinentes deben buscar construir partidos nacionales democráticos sólidos, que perduren en el tiempo, y así construir un sistema de partidos que canalice los diversos intereses sociales y políticos sobre la base de lógicas centrípetas de competencia. El criterio que debería orientar las propuestas de reforma es seguir la dirección marcada por la reciente Ley de Partidos: elevar las barreras de entrada y propiciar la formación de partidos políticos nacionales estables que puedan ser responsables ante la ciudadanía, limitando la fragmentación y el espacio para opciones improvisadas, antipolíticas y antisistémicas".

El texto se puede descargar aquí:
http://www.iep.org.pe/docs.php?id=0361

Y de aquí:
http://www.iep.org.pe/textos/DDT/democraciasinpartidos.pdf

lunes, 12 de marzo de 2012

Populismo y personalismo en la región

Artículo publicado en La República, domingo 11 de marzo de 2012

En las últimas dos semanas escribí sobre la izquierda y la derecha en la región. Mientras la primera tiene el desafío de ir más allá de la movilización y la protesta, para asumir las responsabilidades de ser gobierno y desempeñarse eficazmente, la segunda debe ser capaz de ir más allá de la defensa de intereses empresariales y construir una representación popular. Tanto una izquierda como una derecha “orgánicas” deben hacerse un espacio y evitar el riesgo de quedar subsumidas por liderazgos personalistas con estilos populistas. Cuando estos liderazgos se convierten en fuerzas mayoritarias o en referentes políticos importantes, la izquierda pierde base popular, y se divide entre un sector principista pero marginal, y otro influyente pero cooptado; al mismo tiempo, la estabilidad y fortaleza gubernamental que construyen estos liderazgos le quita espacio a una derecha autónoma, fortalece una relación directa y particularista entre el gobierno y los poderes de facto, aunque supeditada a la voluntad y al pragmatismo del líder.

Los liderazgos populistas tienen algunos rasgos esenciales: la personalización, la ambigüedad ideológica, la construcción de un discurso que crea una polaridad entre el pueblo y sus enemigos, el seguir una lógica de construcción de mayoría, desde la cual se menosprecia la búsqueda de acuerdos o consensos. Si entendemos así a estos liderazgos, encontramos que pueden ser tanto de izquierda como de derecha. Hacer política sobre la base de estos liderazgos ha sido en general muy exitoso en América Latina y en nuestro país.

Desde este punto de vista, hacia la izquierda tenemos a Chávez en Venezuela, Correa en Ecuador, Morales en Bolivia, los Kirchner en Argentina, donde se acosa a la oposición de derecha, se coopta a parte de la izquierda mientras que otra queda reducida a casi la marginalidad política. Hacia la derecha tuvimos a Fujimori en nuestro país, o a Alvaro Uribe en Colombia, que acosaron a la izquierda, cooptaron una buena parte de la derecha, y llevaron a la marginalidad a una derecha liberal democrática. Todos estos líderes, cabe mencionar, exhiben muy distintos grados de personalismo y respeto a la institucionalidad democrática. Allí donde el personalismo y el estilo populista es menor, más fértil el terreno para izquierdas y derechas más programáticas: estos serían los casos de países como Chile, Uruguay, Costa Rica, Brasil desde los años de Cardoso.

¿Y el Perú? En los últimos años, tanto Fujimori como Toledo, García y Humala han sido muy personalistas, y proclives a retóricas populistas, aunque en diverso grado. En todo caso, Fujimori y García acosaron y arrinconaron a la izquierda, y cooptaron a parte de la derecha, debilitando opciones liberales; mientras que Toledo y Humala cooptaron a una parte de la izquierda, debilitando opciones socialistas. ¿Se consolidarán en el futuro opciones de derecha e izquierda más orgánicas? Otra opción es que liderazgos personalistas se institucionalicen. Ya veremos.


VER TAMBIÉN:

La derecha peruana en la región
http://martintanaka.blogspot.com/2012/03/la-derecha-peruana-en-la-region.html
La izquierda peruana en la región
http://martintanaka.blogspot.com/2012/02/la-izquierda-peruana-en-la-region.html

domingo, 4 de marzo de 2012

La derecha peruana en la región

Artículo publicado en La República, domingo 4 de marzo de 2012

Históricamente, podría decirse se ha habido dos grandes tipos de derechas en nuestros países: unas han logrado tener arraigo popular y ser competitivas electoralmente. En estos casos, los sectores populares votan por la derecha siguiendo lógicas tradicionalistas, y están bajo el control o la hegemonía de poderes locales conservadores; de allí que la derecha suela ser más fuerte entre los pobres de las ciudades pequeñas y en las áreas rurales, y debilitarse en las ciudades más grandes. Encontraremos este patrón en Colombia, México, Brasil antes de Lula, Paraguay, o en muchos países de Centroamérica (Perú también hasta antes de Velasco, y cambió con la reforma agraria, que destruyó las elites tradicionales). En los países con derechas fuertes, los sectores conservadores pueden aceptar sin mayor angustia el juego democrático, confiados en que sus partidos defenderán sus intereses. No es casualidad que los países con más tradición democrática, como Costa Rica, Chile, Uruguay, Colombia, Venezuela, hayan contado con partidos socialcristianos o conservadores importantes, capaces de llegar al poder por la vía electoral, o de ganar importantes espacios de poder.

En otros países las derechas no han tenido arraigo popular: allí, las aperturas democráticas y los procesos electorales llevaron al triunfo a partidos populistas o de izquierda, y el temor de los grupos de poder terminó propiciando golpes de Estado. Este patrón puede verse en países como Perú, Argentina, Ecuador o Bolivia. Con la democratización de la década de los años ochenta, los golpes de Estado resultaron inviables; sin embargo, el fracaso de las políticas populistas y estatistas, y la posterior hegemonía neoliberal, permitó que se aplicaran políticas de derecha, con o sin partidos de derecha. Es más, viejos partidos populistas y de izquierda aplicaron políticas que preservaron los intereses fundamentales de la derecha, como el justicialismo argentino con Menem, el APRA con García, el PRI mexicano, el MNR boliviano con Sánchez de Lozada, la concertación chilena, el PT en Brasil o el Frente Amplio uruguayo. El problema para la derecha aparece cuando fuerzas populistas o de izquierda construyen hegemonía e intentan implementar sus propias políticas, como en Venezuela, Bolivia o Ecuador.

En general, podría decirse que las derechas más “civilizadas” son las que se han visto obligadas a ampliar sus plataformas y establecer coaliciones para conquistar el voto popular o enfrentar enemigos mayores, como en Chile durante la dictadura. En Perú, la derecha liberal democrática se forjó en su enfrentamiento a Fujimori; su desafío es ser competitiva electoralmente, dejar de ser partido limeño de clases medias y altas. Otros sectores añoran los años del autoritarismo, o se cuelgan del saco de liderazgos populistas, como los de García y ahora Humala; pero se trata siempre de apuestas riesgosas, de allí que se viva al borde del ataque de nervios, que refuerza sus reflejos más tradicionalistas.

viernes, 2 de marzo de 2012

La izquierda en el Perú: vagones sin locomotora

La izquierda en el Perú: vagones sin locomotora
En las últimas semanas se discute sobre la izquierda en el Perú, y quisiera hacer un modesto aporte al debate. Este texto, "La izquierda en el Perú: vagones sin locomotora", de abril de 2007 y actualizado a abril de 2009, iba a ser publicado en un libro de CLACSO, que lamentablemente no vió la luz. El texto salió publicado con ligeras modificaciones en inglés, bajo el título “The Left in Peru: Plenty of Wagons and No Locomotion”, en el libro editado por Jorge Castañeda y Marco Morales, Leftovers. Tales of the Latin American Left (New York, Rouledge, 2008, p. 193-212). Espero que les resulte interesante, saludos.

jueves, 1 de marzo de 2012

Think Tanks and Political Parties in Latin America

Acabo de saber que apareció la versión en inglés del libro Dime a quien escuchas... think tanks y partidos políticos en América Latina (Lima, IDEA Internacional - ODI, 2009), editado por Enrique Mendizabal y Kristen Sample. En ese libro hay un capítulo de este servidor escrito con Sofía Vera y Rodrigo Barrenechea, “Think tanks y partidos políticos en el Perú: precariedad institucional y redes informales” (p. 209-239).

Sobre el libro en español, ver:
http://martintanaka.blogspot.com/2009/10/think-tanks-y-partidos-politicos-en.html

Este libro se complementa muy bien con Vínculos entre conocimiento y política. El rol de la investigación en el debate público en América Latina, de Norma Correa y Enrique Mendizábal, editores (Lima, CIES, 2011). Allí también tengo un capítulo en coautoría con Rodrigo Barrenechea y Jorge Morel, con el título "La relación entre investigación y políticas públicas en América Latina: un análisis exploratorio” (p. 35-81). Ver:
http://martintanaka.blogspot.com/2011/09/vinculos-entre-conocimiento-y-politica.html

El libro in inglés apareció con el título Thinking Politics. Think Tanks and Political Parties in Latin America; y el capítulo con el título "Think Tanks and Political Parties in Peru. Shaky Institutions and Informal Networks". La versión del libro en inglés puede descargarse aquí:
http://www.idea.int/publications/thinking_politics/upload/Think-Tanks_overview_English_inlay.pdf

lunes, 27 de febrero de 2012

La izquierda peruana en la región


Artículo publicado en La República, domingo 26 de febrero de 2012

La izquierda en el Perú muestra una gran vitalidad política e intelectual en la década de los años veinte del siglo pasado; entre las décadas de los treinta y sesenta fue relativamente marginal, articulada alrededor del Partido Comunista, y vivió a la sombra de un populismo de masas, el APRA. La derechización o las ambigüedades del partido populista y la revolución cubana abrieron un nuevo espacio, articulado alrededor de experiencias guerrilleras, que fueron derrotadas. En los setenta la percepción de la amenaza del comunismo llevó a la implantación de dictaduras militares (o al “endurecimiento” de otras formas de régimen), que persiguieron a las izquierdas, y a las cuales combatió. Hasta aquí, la trayectoria peruana es similar a la de otros países de la región. Argentina, Brasil, Uruguay, Bolivia, Venezuela, Colombia, Ecuador, México, podrían ajustarse a este esquema, con sus matices.

En este grupo de países, en medio de los procesos de democratización, algunas izquierdas lograron crecer de manera importante, aprovechando el debilitamiento de los populismos: en los años ochenta, la Izquierda Unida y el PT en Brasil, acaso porque ambas enfrentaron dictaduras que no impulsaron políticas neoliberales. En Bolivia tuvimos a la UDP, pero fracasó en medio de un caos hiperinflacionario. Se trataba de izquierdas ideologizadas que seguían un paradigma revolucionario, alentado por lo que ocurría en Centroamérica: los sandinistas tomaban el poder en Nicaragua, y las izquierdas, combinando lucha guerrillera y lucha legal, avanzaban en El Salvador y Guatemala. Un camino muy diferente se registraba en Uruguay, con el Frente Amplio; aquí la experiencia dictatorial favoreció más bien una desideologización y una valoración de las libertades democráticas. Vistas las cosas retrospectivamente desde el presente, vemos izquierdas importantes o en crecimiento en casi todos esos países, México, El Salvador, Colombia, Brasil, Chile, Uruguay; e izquierdas asociadas a liderazgos personalistas en Nicaragua, Argentina, Venezuela, Ecuador, Bolivia.

Así, un camino al poder parece estar dado por la asociación a algún proyecto personalista, una apuesta muy riesgosa. Otro pasa por construir un proyecto propio, para lo cual parece crucial aceptar las reglas de juego democrático, apostar por ser gobierno y demostrar capacidad de gestión, generalmente partiendo de la alcaldía de la capital del país, o de importantes gobiernos subnacionales, para de allí hacer el salto al gobierno nacional. La ideologización excesiva dificulta la apuesta por ser gobierno y lleva a la implosión, como en Perú o Guatemala; también el fracaso en la gestión como con la UDP en Bolivia o el FREPASO en Argentina. La pregunta es cuál es el camino que seguirá la izquierda peruana, una parte cercana al humalismo, otra tratando de sacar adelante la Municipalidad de Lima, y otra en gobiernos y movimientos regionales, pero pensando más en la movilización que en la gestión, aparentemente.

martes, 21 de febrero de 2012

La historia y la identidad peruana

Artículo publicado en La República, domingo 19 de febrero de 2012

La semana pasada participé en un seminario con docentes en el que discutimos sobre las miradas del país que transmite nuestra escuela pública, y vimos que aún ahora se halla relativamente vigente lo que Gonzalo Portocarrero y Patricia Oliart llamaron en 1986 “la idea crítica del Perú”, en la que la historia del país aparece como una sucesión de “episodios traumáticos y de esperanzas frustradas”. El imperio incaico, nuestra “mejor época” fue destruido por un puñado de invasores. La colonia está marcada por el abuso, y el fracaso de Túpac Amaru impidió que esto cambiara, de allí que la independencia no tuviera mayor significación y fuera traída “desde afuera” por San Martín y Bolívar. En el siglo XIX vivimos “a la deriva”, y por eso fuimos derrotados en la Guerra del Pacífico. Finalmente, en el siglo XX, diversos intentos reformistas fueron derrotados por la oligarquía. El Perú sería un país inmensamente rico, y si el pueblo es pobre es porque la riqueza es apropiada por potencias extranjeras, gobernantes y élites corruptas y egoístas. La enseñanza de la historia debería mantener vivo este recuento de agravios para fundamentar una futura liberación, que requeriría necesariamente de cambios muy radicales. No debería sorprendernos la vigencia de estas ideas en la escuela y en nuestra cultura política; hace unas semanas comentaba un artículo de Sinesio López en el cual, a grandes rasgos, se basaba en este tipo de lectura (“La captura de Ollanta, LR, 29 de enero de 2012).

De cara a la conmemoración o celebración del bicentenario de nuestra independencia, urge un gran debate nacional en torno, primero, a la veracidad histórica de esta visión y, segundo, si es que esta es la visión de nuestra historia a partir de la cual queremos construir nuestro futuro como país. Respecto a lo primero, habría que decir que el mundo prehispánico fue admirable pero despótico, y se derrumbó por sus contradicciones internas, como han señalado María Rostworowski y otros. Nuestro orden colonial está marcado por el mestizaje y la asimilación local de los elementos provenientes de occidente, donde, si bien fue estamental, en él pudo desarrollarse una élite indígena. Habría que leer más a Juan Carlos Estenssoro y otros. Sobre la independencia habría que leer más a Scarlett O’Phelan, quien rescata una larga historia de sublevaciones mestizas y criollas en nuestro territorio. Sobre el siglo XIX y la formación del Estado nacional habría que leer a Cristóbal Aljovín, Gabriela Chiaramonti o Cecilia Méndez, por ejemplo, quienes muestran complejas articulaciones políticas entre elites y sectores populares. Más adelante perdimos la Guerra con Chile, pero como muestra Carmen McEvoy, sería un error asumir el discurso del triunfador, según el cual ellos ganaron por ser “superiores” y nosotros “inferiores”. Finalmente, ya en el siglo XX, el propio Sinesio López ha planteado la visión de un Estado que va democratizándose progresivamente a partir de “incursiones de los de abajo”.

Sobre estas bases podríamos abordar mejor el segundo desafío. No deberíamos entender la historia como el remoto e inescapable origen de los males que, inalterados, sufrimos en el presente, sino como un escenario complejo y cambiante siempre abierto a diversos desenlaces, donde no hay oposiciones binarias ni determinismos ni esencias inevitables, de modo que el cambio está disponible para todos en el futuro y no pasa por fórmulas simplistas.

VER TAMBIÉN:

La "idea crítica": una visión del Perú desde abajo
Gonzalo Portocarrero y Patricia Oliart
http://www.cholonautas.edu.pe/modulo/upload/Portocarrero%20y%20Oliart.pdf

El párrafo final de mi artículo está inspirado en un artículo que leí de Juan Carlos Estensoro, “Del paganismo a la santidad. Historia de un libro” (en: Libros & artes: revista de cultura de la Biblioteca Nacional del Perú, n° 8, octubre 2004, p. 10-12):
http://www.bnp.gob.pe/portalbnp/pdf/libros_y_artes/Librosyartes8_4.pdf

“… para mí la reflexión histórica debe convertirse en una suerte de mala conciencia que obligue a un ejercicio crítico permanente respecto del presente, poniendo en duda nuestras certidumbres y ello con el máximo rigor posible. La Historia debería también servir para ofrecer, sin imponer ninguna moraleja reductora, los elementos para comprender el momento que se vive devolviéndole su complejidad y tratando de mostrar que todo en el pasado no conduce a él y que, por lo tanto, no es en ningún caso una fatalidad. Que el pasado, si no es deformado por el anacronismo, sirve para cobrar conciencia del cambio, para hacernos experimentar cómo somos (y podemos ser) diferentes a nosotros mismos, que somos otros (distintos de lo que éramos, de nuestros orígenes), en definitiva para recordarnos la alteridad de la que somos portadores. A cada uno luego de reconocerse o no en una historia que, sin ignorar, silenciar, ni dejar de denunciar los intereses del poder, incluso y sobre todo los más crueles, deje de estar polarizada entre ganadores y perdedores o que pretenda imponer identidades atávicas” (p. 12).

domingo, 12 de febrero de 2012

Conga, Cajamarca y el país

Artículo publicado en La República, domingo 12 de febrero de 2012

La “Marcha por el Agua” no debe ser subestimada. Si el problema crucial en el proyecto Conga es uno de desconfianza, resulta muy desacertada la manera en que el gobierno está enfrentando su negociación. Antes que construir espacios de diálogo y entendimiento con los actores relevantes, que permitan un peritaje creíble que evite un camino de pura confrontación, las señales que se dan muestran intolerancia y poca transparencia. La falta de iniciativa del nuevo Ministro del Ambiente, Manuel Pulgar-Vidal, un experto en estos asuntos, llama la atención. Después de esta marcha, el gobierno debería reevaluar sus estrategias; el rumbo actual se parece demasiado al del gobierno anterior, y el desenlace es conocido: pese a la retórica favorable a la gran inversión, el mal manejo de los conflictos termina paralizando los proyectos.

Ahora bien, esta marcha ha sido también ocasión para que sectores de izquierda intenten recomponerse después de su alejamiento del gobierno. Sin embargo, cabe preguntarse si, independientemente de la justicia de esta causa, esta sea la mejor estrategia. Si bien para la cultura de izquierda “recuperar la calle” y representar a los movimientos de protesta constituye casi un acto reflejo, la pregunta es qué diferenciaría esta apuesta de otras detrás de líderes como Alberto Pizango o Nelson Palomino, o de diferentes Frentes de Defensa. Ese camino, si bien refuerza la identidad y presencia en el movimiento social, en el plano electoral y nacional llevaron a la marginalidad política. Supuestamente, los sectores de izquierda que apostaron por Humala lo hicieron en nombre del realismo, apostando a ser gobierno, no solo oposición, a construir mayorías, no solo representar a los núcleos tradicionales, estando dispuestos para ello a construir alianzas y plataformas amplias.

Lo que los organizadores de la Marcha por el Agua y los sectores de izquierda que la respaldan deben aclarar es cuál es su propuesta de desarrollo para Cajamarca y para el país; porque, como resulta obvio, paralizar el proyecto Conga por sí solo es simplemente mantener el statu quo. Al respecto resulta muy útil el texto de Waldo Mendoza y José Gallardo, Las barreras al crecimiento económico de Cajamarca (Lima, CIES, 2011), donde muestran que el crecimiento en la región está muy asociado a la minería, que también ha aumentado la desigualdad. La actividad agropecuaria emplea mayoritariamente a la población, pero con muy bajos niveles de productividad. Los problemas están principalmente en la conflictividad social, en la falta de infraestructura y en la debilidad institucional. Podría decirse que la solución pasaría por cambiar la relación entre Estado, minería y comunidades, y hacer viables proyectos que generen recursos que permitan elevar la productividad, invertir en infraestructura y en fortalecimiento de capacidades. Salomón Lerner, desde la presidencia del Consejo de Ministros, parecía apostar por este camino. ¿No debería intentarse darle continuidad a estos esfuerzos?

VER TAMBIÉN:

Las barreras al crecimiento económico en Cajamarca
Waldo Mendoza y José Gallardo
http://cies.org.pe/actividades/las-barreras-al-crecimiento

lunes, 6 de febrero de 2012

Las tesis de Sinesio López

Artículo publicado en La República, domingo 5 de febrero de 2012

En las últimas semanas, mi maestro y colega Sinesio López ha fundamentado su alejamiento del gobierno debido a que “la hoja de ruta ha sido políticamente prostituida” (“Las hojas de ruta”, LR, 15 de enero), lo que habría permitido pasar de “la captura del Estado a la captura de Ollanta” por parte de “la derecha económica, política y mediática” (“La captura de Ollanta”, LR, 29 de enero). La tarea ahora sería construir un proyecto de izquierda autónomo, “desde… las conciencias de la gente de a pie, en las demandas y propuestas ciudadanas, en la sociedad civil, en los movimientos sociales y en sus representaciones políticas” (“Carta desde la sociedad civil”, LR, 1 de enero). La materialización práctica de esta nueva apuesta serían las conversaciones iniciales con Gregorio Santos y otros. En tanto las ideas de López han constituido en el pasado y representan ahora el fundamento intelectual para la construcción de un proyecto de izquierda, analizar su discurso resulta importante.

En “La captura…” López presenta una mirada según la cual vivimos un orden marcado por la conquista y la colonia, en el que los intentos por revertirlo han fracasado: Túpac Amaru, Haya y Mariátegui, el velasquismo, la Izquierda Unida y el propio Humala antes de su “captura”. Este razonamiento guarda cierto parentesco con el que presentó en “De imperio a nacionalidades oprimidas” de 1979 (en Nueva historia general del Perú, de Carlos Araníbar et.al., Lima, Mosca Azul eds.). López sostenía entonces que las fuerzas del cambio estaban en el movimiento popular, en particular el movimiento campesino. Eran los años de las protestas contra la dictadura militar y de la influencia del maoísmo.

Años después, con una izquierda ubicada al interior del régimen democrático, López presenta una visión más equilibrada: no estamos ante reiterados fracasos, si no de “sucesivas incursiones democratizadoras” de los excluidos, que “impulsan la integración, ensanchan la participación y desarrollan mejores condiciones para el funcionamiento de la democracia”; así, en el siglo XX, Haya, Mariátegui y Velasco no son fracasos sino éxitos parciales, y además se reconoce el aporte de sectores no izquierdistas a la democratización del país (Acción Popular, la Democracia Cristiana y el Social Progresismo. El dios mortal. Lima, IDS, 1991). Esta democratización también es social, y se expresa en una ampliación y desarrollo de la ciudadanía, aunque con grandes desigualdades (Ciudadanos reales e imaginarios. Lima, IDS, 1997).

Con la derrota política de la izquierda en 2006, y sin un movimiento popular al cual apostar, ante el dilema de construir un proyecto propio o apoyar a Humala, López optó por lo segundo. Se impuso el “realismo político”. Ese mismo justificó después la “Hoja de ruta” y la incorporación de “los Velarde y Castilla” como parte de un “paso decisivo para darle gobernabilidad al país”, y de “establecer equilibrios complejos entre los diversos campos de las relaciones de poder” (“Ollanta entre el temor y la esperanza”).

Podría decirse que hasta aquí en López se estaba dando una evolución política práctica equiparable a la que pasaron las izquierdas de Chile, Brasil o Uruguay, que los llevó a aceptar la democracia como régimen, al mercado como motor principal de la economía, y a la búsqueda de pactos o acuerdos como práctica por encima de la pura confrontación. Sin embargo, volver de pronto a considerar que nuestros males son coloniales, que nuestra historia es una de fracasos, en la que se imponen “los descendientes de Pizarro”, donde está pendiente “superar las deficiencias de 1821” y “construir un Estado nacional republicano”, parece fundamentar un lógica binaria y una retórica de confrontación, un viraje que podría llevar a perder lo ganado en nombre del “realismo”.

VER TAMBIÉN:

Un par de citas completas que por razones de espacio fue imposible incluir. La primera es del texto “De imperio a nacionalidades oprimidas. Notas sobre el problema nacional indígena”. En: Nueva historia general del Perú. Un comprendio [1979]. Carlos Araníbar et.al., Mosca Azul eds., 2ª ed., 1980.

“El Perú es una nación en formación. La independencia no pudo resolver el problema nacional producido por la conquista y la colonia que contrapusieron dos sociedades distintas económica, cultural y racialmente.

La divergencia histórica del movimiento nacional indígena y del movimiento nacional criollo en el proceso de la independencia, la derrota del primero y el triunfo del segundo, dieron origen a un Estado formalmente burgués y soberano sobre una sociedad feudal-multinacional. Hoy existen nuevas fuerzas sociales capaces de corregir las aberraciones de la historia colonial y semicolonial, prontas a subsanar las deficiencias de la independencia y decididas a forjar la nación peruana y a resolver nuestra crisis de identidad nacional. A su formación concurren el contingente campesino-indígena y las fuerzas nacionales del contingente criollo-mestizo constituidas por la clase obrera, las clases medias y algunos sectores de la burguesía nacional. De estas fuerzas sociales, son el campesinado y la clase obrera, a pesar de su aparente juventud, los que tienen profundos ancestros nacionales. Pero es el campesinado principalmente el heredero directo de las viejas tradiciones históricas de la sociedad andina de cuya transformación proviene (p. 231).

(…) Aquellos sectores que no se han enfeudado a los intereses gran-burgueses e imperialistas combaten, junto al movimiento popular, al centralismo gran burgués. Ya no tiene sin embargo, como sucedió en la década del 60, la hegemonía de las luchas regionales. Esta ahora reposa sobre los hombros del movimiento popular. En en las luchas regionales donde la nación se construye desde sus cimientos. En ellas converge el contingente campesino-indígena con las fuerzas nacionales del contingente criollo-mestizo” (p. 263).

La segunda es del libro El dios mortal. Estado, sociedad y política en el Perú del siglo XX. Lima, IDS, 1991):

“Como esta confrontación no alcanza generalmente los niveles de una revolución exitosa, los partidos y las organizaciones de los grupos sociales excluidos conquistan la participación social y política y logran cambiar parcialmente las reglas de juego a través de sucesivas incursiones democratizadoras y de múltiples oleadas sociales y electorales que los catapultan a los diversos pisos de la escena oficial: el Ejecutivo, al Parlamento, a los municipios y los gobiernos regionales. De este modo, los sectores excluidos institucionalizan la confrontación y el conflicto social y político, impulsan la integración, ensanchan la participación y desarrollan mejores condiciones para el funcionamiento de la democracia. Como no pueden tomar el edificio estatal desde fuera, los excluidos lo infiltran y lo van tomando por dentro en etapas sucesivas: primero las clases medias y populares de los años ’30 organizadas en el Apra se integran en 1956, luego las nuevas clases medias de los ’60 organizadas en Acción Popular, la Democracia Cristiana y el Social Progresismo incursionan al Parlamento en 1956 y al Ejecutivo en 1963 y finalmente las clases populares organizadas en el clasismo y en la izquierda que entran a la Constituyente en 1978, al Parlamento en 1980 y 1985, a los municipios en 1983 y a los gobiernos regionales en 1989” (Introducción, p. 29-30).

Mi punto es: ¿no es la visión de López de los años noventa más históricamente acertada, políticamente más inclusiva, más acorde a los desafíos que enfrenta la izquierda peruana hoy que la lógica binaria y confrontacional de los años setenta, hacia la cual parece estar encaminándose la "nueva" propuesta política en formación? Seguiré con el tema la próxima semana...

ACTUALIZACIÓN, 21 de febrero:

La respuesta de Sinesio López:
Perú: Confrontación y concertación
Domingo, 19 de febrero de 2012
http://www.larepublica.pe/columnistas/el-zorro-de-abajo/peru-confrontacion-y-concertacion-19-02-2012

domingo, 29 de enero de 2012

Memoria y MOVADEF

Artículo publicado en La República, domingo 29 de enero de 2012

Como a muchos, a mí también me ha dado mucho que pensar el pedido de inscripción del “Movimiento Por Amnistía y Derechos Fundamentales” (MOVADEF) en el registro de partidos políticos. Se ha comentado bastante sobre el desconocimiento de los jóvenes en general respecto a lo ocurrido durante lo que la Comisión de la Verdad y Reconciliación llamó el “conflicto armado interno”, y se ha expresado preocupación en tanto ese desconocimiento podría dar margen para un resurgimiento del terrorismo. Se ha pedido que la escuela pública informe a los jóvenes, y que los partidos políticos hagan trabajo en las universidades.

Bien vistas las cosas, lo que el MOVADEF ha hecho es hacer evidentes los límites de las maneras en que como sociedad hemos enfrentado el tema de la memoria de lo ocurrido en esos años. En primer lugar, la desinformación es la expresión natural de una ciudadanía desinteresada en los asuntos políticos. Según la encuesta “Perfil del elector” del Jurado Nacional de Elecciones de 2010, un 67% de los peruanos declara tener poco o ningún interés en la política, y el porcentaje sube al 71% en Lima. Esto es consecuencia de una esfera pública empobrecida en los últimos veinte años, al amparo de discursos antipolíticos y de reducción de espacios de debate y deliberación, que los medios de comunicación masivos en general, lejos de contrarrestar, refuerzan.

También hay un problema de cómo recordar y procesar sucesos tan traumáticos. Una encuesta del Instituto de Democracia y Derechos Humanos de la Universidad Católica, de finales de 2006, mostró que, a pesar de que una gran mayoría teme que esos sucesos puedan repetirse, un tercio de los limeños piensa que “es mejor olvidar y no remover el pasado”, porcentaje que sube hasta un 58% en Huánuco y Junín, y a un 64% entre los ayacuchanos. De allí la importancia de que la memoria vaya acompañada de justicia, reparación, reformas institucionales, políticas de desarrollo.

Esto respecto a la actitud que tenemos como sociedad frente a lo ocurrido. Otro tema es lo que sucede en las universidades. En realidad, la existencia de militantes del MOVADEF no es resultado de la desinformación: por el contrario, es consecuencia de la manera en que funciona buena parte de la escuela y la educación superior pública, siguiendo patrones autoritarios, de mala calidad, excesiva ideologización y dogmatismo en torno a un “empobrecido marxismo de manual”, tal como fue señalado por la CVR. Se suele presentar allí una narrativa derrotista y fatalista sobre el país, una imagen falsamente crítica que lo presenta como víctima inerme de siglos de injusticias y explotación sin esperanza de cambio. De allí a denunciar a la democracia y a sus instituciones como una farsa y a asumir que la redención solo vendrá con una revolución dirigida por una vanguardia que implicará un alto costo de sangre, no hay demasiada distancia. ¿Qué hemos hecho desde las universidades y desde las ciencias sociales para combatir estas visiones?

VER TAMBIÉN:

CVR y MOVADEF
http://martintanaka.blogspot.com/2012/01/cvr-y-movadef.html

Perfil del elector peruano
http://martintanaka.blogspot.com/2011/03/perfil-del-elector-peruano.html

El perfil del elector peruano
http://martintanaka.blogspot.com/2010/09/el-perfil-del-elector-peruano.html

La memoria y el museo de la memoria
http://martintanaka.blogspot.com/2009/03/la-memoria-y-el-museo-de-la-memoria.html