lunes, 11 de diciembre de 2006

Sobre los sucesos en Abancay del 5 de diciembre

Sobre el etnocentrismo cultural en tiempos de globalizacion

Luis Alfredo Chocano
Licenciado en Sociología por la Pontificia Universidad Católica del Perú. Trabaja desde hace varios años en el Departamento de Apurímac.

[gracias a Guillermo Rochabrún por enviarme el texto]


Las siguientes líneas vienen motivadas a raíz de los hechos acontecidos en la ciudad de Abancay el 5 de diciembre último, y la forma como estos hechos han sido vistos, analizados y evaluados en el país.

A manera de resumen podríamos decir que todo sucedió cuando se descubrió la intención oculta de la presidenta regional en ejercicio Sra. Rosa Suárez de desviar dinero destinado a planes de desarrollo en la provincia de Abancay, a otros fines en la provincia de Andahuaylas. Descubierta la intención, los indignados abanquinos reclamaron a la presidenta no solo retractarse de la intención sino también su renuncia al cargo; las protestas por tanto tenían ese fin. Lamentablemente, ánimos exacerbados y una mala actuación de la policía para enfrentar esta situación -hasta donde sabemos las balas al aire no provocan heridos, ni menos la muerte- desencadeno las consecuencias que todos lamentamos.

Pero quizá lo que más se deba lamentar es el desconocimiento o ceguera que sobre el tema se dio en Lima. Cuando el Premier trato de justificar el nivel de represión que se dio para “evitar otro andahuaylazo”, estaba muy alejado de haber comprendido siquiera qué es lo que había pasado.

Si recordamos bien los hechos acontecidos en Andahuaylas hace unos años atrás, fueron comandados por un ex-militar limeño, que en su afán de llamar la atención a su causa escogió para su levantamiento la ciudad de Andahuaylas, como pudo escoger otra que le pareciera conveniente a sus fines. De hecho la mayor parte de reservistas del señor Antauro Humala no eran andahuaylinos.

Por otra parte los participantes en dicho movimiento habían planeado el asunto con mucha anticipación, con la intención de llamar la atención y desestabilizar al gobierno nacional de turno.

Podemos concluir en varias diferencias fundamentales con el movimiento abanquino: 1) no fue algo planeado porque el motivo fue un hecho especifico sucedido en esos días; 2) los participantes solo fueron abanquinos espontáneos y no reservistas pre organizados, y fundamentalmente 3) que la intención de las protestas era la renuncia de una autoridad a la que se había descubierto un acto de corrupción, y en ningún momento desestabilizar al gobierno nacional de turno, como en el caso del movimiento del señor Antauro Humala.

Una vez hechas estas precisiones, pasemos a un análisis mas profundo. Lo primero que manifestaban algunos abanquinos luego de lo sucedido era su desazón por un juicio equivocado de lo que había pasado, tanto por las autoridades nacionales como por la prensa nacional. Lo que para ellos había sido un acto reivindicativo de la dignidad de la provincia, para otros haya sido calificado como un acto subversivo y sedicioso.

Quizá exagero cuando hablo de autoridades nacionales o prensa nacional, pues deberíamos hablar de autoridades limeñas y de prensa limeña. Es lamentable decirlo, pero no podemos dar el titulo de nacional a quienes conocen poco o nada de su nación. Digamos que la ignorancia sobre lo que pasaba en Abancay tanto por las autoridades como por la prensa es para sentir vergüenza ajena.

Irónicamente para los medios nacionales la noticia del día era un bus caído en Puno, y no los sucesos de Abancay, siguiendo la tradición arraigada en los últimos años de poner de titular la noticia policial, de transito, o aquella que produzca mas muertos o mas escándalo farandulesco. Era necesario acaso que hubiera mas muertos en Abancay para ser noticia de primera plana.

A inicios del siglo XXI hablamos de un mundo globalizado que en la realidad no es tal. Parece que esta globalización en lugar de ampliar nuestros conocimientos tiende a achatarlos. Conocer al otro o a los otros solo es valido en la medida que nos reporte una utilidad, sea ésta económica, política, o de otra índole. El conocimiento de algo que no nos reporte utilidad inmediata en el corto plazo no tiene relevancia.

Ahora más que antes tenemos los medios para saber más de los demás, y sin embargo la tendencia es a centrarnos a lo que dicta la corriente de pensamiento imperante. Si estas en eso estás in, si no estás out, como dirían huachafamente algunos limeños. Por lo mismo este nuevo etnocentrismo cultural es más indignante.

Antes los medios para saber sobre y entender mejor nuestro país eran más limitados y eso podría justificar el desconocimiento, el etnocentrismo cultural, y el miedo a lo raro, a lo que no conozco. Hoy los limeños tenemos los medios para poder entender y conocer mejor nuestro país pero sólo los usaremos cuando nos reporte utilidad inmediata; luego de eso, saber del resto de peruanos no interesa, no importa. Por eso en cada proceso electoral nos mostramos profundamente sorprendidos y consternados, sin saber comprender ni interpretar por qué se votó de tal o cual forma.

El ideal del individuo globalizado de inicios del siglo XXI, es alguien que sepa castellano e inglés, maneje la computadora mínimamente a nivel de usuario, y que desarrolle su vida laboral para ser un empresario de éxito y un as en los negocios. Cualquier orientación que se desvié de esta línea maestra no sólo será vista como incomprensible o rara, sino que será severamente desalentada y/o castigada.

En consecuencia los peruanos debemos prepararnos para comprender e integrarnos al mundo globalizado, así no hayamos comprendido o integrado aun al resto del Perú y los peruanos. Así como los migrantes peruanos deben demostrar conocer la lengua y cultura local para adquirir nuevas ciudadanías, pareciera que las autoridades y prensa limeñas exigen lo mismo a los otros peruanos para poder entenderlos e integrarlos.

Si le preguntamos a cualquier peruano no limeño medianamente informado, sobre las ultimas noticias o acontecimientos que se estén dando en Lima, probablemente no tendrá ningún problema en contestar, dado que los medios y el constante intercambio de información con amigos o parientes que van y vienen de Lima, lo mantienen al tanto. Para el peruano no limeño, comprender o entender al peruano limeño es importante.

Si queremos realizar el ejercicio a la inversa -preguntar a un limeño medianamente informado sobre las noticias o acontecimientos del momento en otro lado del Perú-, las probabilidades de una respuesta acertada o completa disminuirán profundamente. Para el peruano limeño, buscar comprender o entender al peruano no limeño, no siempre le será importante. La lógica de “lo importante es que él me entienda a mí y no que yo le entienda a él”, nos pone en serios problemas de comunicación.

Estas líneas solo pretenden llamar la atención sobre un fenómeno que creo se esta dando sin que nos percatemos, o por lo menos le demos la importancia debida y evitar sus consecuencias.

Lo acontecido en Abancay tiene un contexto político, regional, quizá más profundo. Pero este tema proferiría desarrollarlo en un segundo ensayo pues mi hipótesis ahí cuestiona la existencia de un departamento -ahora región- casi híbrido de nacimiento, que fue creado de forma ficticia como se crearon muchos estados africanos del siglo XX. De esta forma albergan en su interior divisiones o rivalidades que, en el marco de una débil legislación electoral para elegir a los presidentes regionales u otras autoridades, generan un caldo de cultivo propicio para acontecimientos de este tipo. (Abancay, 11/Dic/2006)

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Mi punto de vista es algo distinto sobre lo sucedido.
Saludos cordiales,
Wilfredo

CONFLICTOS DE GOBERNABILIDAD: UN ESCENARIO DE ALTO RIESGO

Wilfredo Ardito Vega

El féretro con el cuerpo del taxista Cirilo Tuero ha sido trasladado por las calles de Abancay, en medio del dolor de familiares y vecinos. Se trata de la segunda persona en lo que va del actual gobierno muerta por la policía mientras reprime una protesta popular. El primero fue el adolescente Jonathan Condori, fallecido el 30 de agosto, durante las protestas contra los bares-prostíbulos clandestinos que existen en Sicuani.

Durante el régimen de Toledo, la represión de manifestaciones generó la muerte de 15 personas. Los últimos de ellos, asesinados este año, fueron Mario Vargas, un estudiante de Datem del Marañón que protestaba contra la postergación de su provincia; Zoilo Huertas, un pescador que participaba en una manifestación contra una empresa langostinera que causaría daños irreversibles a Puerto Pizarro (Tumbes) y Guillermo Tolentino, un campesino de Huaraz que exigía mejores condiciones laborales al “service” mediante el cual la empresa Barrick ofrece trabajo a los comuneros.

Sin embargo, la movilización de Abancay tiene varias diferencias preocupantes porque no se debía a un problema de recursos naturales o exclusión: se trataba de un conflicto de gobernabilidad. A fines de noviembre, la Presidenta Regional de Apurímac, Rosa Suárez Aliaga, había anunciado que, ante la imposibilidad de realizar ciertas obras en Abancay, ejecutaría la partida presupuestal en Andahuaylas, pero algunos integrantes del gobierno regional la convencieron para que dejara sin efecto esa medida.

Sin embargo, varios días después, alentados por algunos dirigentes políticos y por varias emisoras radiales, centenares de habitantes de Abancay salieron a las calles a protestar. Atacaron violentamente el local del gobierno regional, exigiendo la renuncia de Rosa Suárez, a la cual le quedaban apenas veinte días de mandato.

En conflictos ambientales o laborales es posible un espacio de negociación y llegar a un acuerdo, especialmente si las partes logran respetarse mutuamente como interlocutores. En el conflicto de Puerto Pizarro, por ejemplo, se acordó que no se construiría la langostinera y el conflicto de Huaraz se diluyó cuando Barrick aceptó incrementar el salario a los trabajadores y atender a los heridos. En cambio, en un conflicto de gobernabilidad, no es posible la negociación, porque no es posible compartir el poder y los beneficios económicos.

Habitualmente, quien pretende ocupar el cargo sostiene que lucha contra la corrupción o la arbitrariedad y quien no desea dejarlo argumenta estar amparado por la legalidad. La tensión se incrementa cuando el formalismo, la ineficiencia o lentitud son la respuesta de las autoridades encargadas de procesar denuncias por corrupción o fraude electoral.

En este contexto, se pasa abruptamente a mecanismos violentos, debido, además, a que los involucrados intentan adrede generar sentimientos colectivos de indignación, normalmente usando emisoras locales, que suelen inventar impunemente todo tipo de acusaciones. En algunos casos, pandilleros y delincuentes comunes se incorporan a los bandos en conflicto, sin que éstos muestren mayor rechazo a estos “refuerzos”.

De esta forma, los conflictos de gobernabilidad terminan generando graves daños a la propiedad privada, a edificios públicos y, lo más grave, a las vidas humanas. El caso más conocido es el del alcalde de Ilave, Fernando Robles, pero también las muertes del soldado Elmer Rojas en Chavín de Huántar durante las elecciones de noviembre y de la señora Casilda Infantas en la municipalidad de Chao (La Libertad), reflejan el grado de intolerancia que caracteriza a estos conflictos.

Cuando la protesta termina convirtiéndose en una sucesión de delitos, las fuerzas de seguridad deben intervenir, pero lamentablemente, las autoridades policiales parecen desconocer que existen formas no letales de dispersar a una población y el desenlace puede ser trágico.

Para enfrentar estas crisis, existen algunas propuestas: por ejemplo, durante la anterior legislatura, el congresista Yohny Lescano presentó un proyecto para modificar los artículos 191 y 194 de la Constitución y permitir que los alcaldes y regidores puedan renunciar, lo cual implicaría una válvula de escape en muchos conflictos de gobernabilidad.

A manera preventiva, Lescano planteaba también que ningún gobierno local o regional pudieran ser asumido por un candidato con menos del 20% de los votos. De ser el caso, los dos candidatos más votados deberán pasar a una segunda vuelta electoral. El proceso podría ser costoso, pero aseguraría una mayor legitimidad.

A más recursos lleguen a gobiernos locales y regionales, más probables serán los conflictos de gobernabilidad y es más urgente prevenirlos. Pueden ocurrir en todo el país, pero cuando surgen en las zonas más excluidas, se aprecia que muchos habitantes participan, porque se sienten (o los hacen sentirse) directamente afectados.

Esperemos que el régimen de Alan García comprenda que existen otras maneras de enfrentar y prevenir estos conflictos, más allá de la simple represión. De lo contrario, será cada vez más frecuente que lugares antaño apacibles como Abancay se transformen en espacios de ingobernabilidad.

Martín dijo...

Wilfredo,

gracias por el mensaje. Creo que escribí algo que está en sintonía con lo que dices refiriéndome a la dinámica de la violencia después de las elecciones. Está en
http://martintanaka.blogspot.com/2006/11/sobre-la-violencia-poselectoral.html
También en mi columna de Perú 21 de hoy, en http://martintanaka.blogspot.com/2006/12/conflictos-inter-e-intra-comunales-y.html