domingo, 31 de diciembre de 2006

Sobre los pronósticos para el 2006 y para el 2007

Hola a todos, me tomo unas breves vacaciones de mis vacaciones para comentarles que encontré entre mis archivos un artículo que escribí en febrero de 2006 sobre las elecciones presidenciales de abril, y que no llegó a ser publicado. Me parece que puede ser útil reproducirlo, ahora que terminamos un año y empezamos otro, por la razón siguiente.

Todos solemos hacer previsiones sobre el futuro, basándonos en determinados supuestos. Por ejemplo, podemos hacer pronósticos sobre el rumbo del país en el 2007, y todos ellos tendrán en su base diagnósticos sobre una serie de cosas. Lo que puede ser realmente instructivo y útil es escribir en un papel nuestras previsiones para el 2007, justificar por qué razones las hacemos, y a finales de 2007, releer ese texto, y evaluar en qué acertamos, en qué nos equivocamos, e indagar las razones. ¿A qué le dimos más importancia de la que merecía? ¿Qué cosas subestimamos? ¿De qué manera intervino el azar o aparecieron cuestiones imprevisibles? ¿Qué sesgos tuvieron nuestros pronósticos? Dicho sea de paso, este es un ejercicio interesante que se puede hacer no sólo para el rumbo del país, sino también para nuestra vida en general...

El problema es que, lamentablemente, todos hacemos pronósticos, y luego nunca evaluamos qué pasó y por qué, y así perdemos valiosas ocasiones de aprendizaje. Un ejemplo trivial: los programas de tv, en vez de pedirles a las brujas que hagan pronósticos para el 2007, deberían sentarlas ahora a confrontar sus pronósticos para el 2006, y preguntarles por qué acertaron o se equivocaron, y en función de ello, pedirles que sigan haciendo pronósticos, o descartarlas de plano por desacertadas. Algo así debería hacerse para el análisis social y político.

Bueno, termino con esta vacación de mi vacación. Y ya que estamos 31, ¡feliz año 2007 para todos! ¡Pásenla muy bien! Regreso al blog regularmente a partir del 9 de enero, calculo.


Ya evaluaremos... (sobre los pronósticos en época electoral)

Martín Tanaka
Febrero de 2006

Mi amigo, el economista Silvio Rendón, cada vez que discrepamos sobre el rumbo que podrían tomar los acontecimientos, termina la discusión sentenciando: “ya evaluaremos...”. En efecto, tiempo después seguimos el debate y evaluamos: quién tuvo razón, quién se equivocó, pero sobre todo, por qué: qué supuestos nos hicieron preveer tal o cual cosa, de qué manera los acontecimientos mostraron lo inadecuado o acertado de nuestras premisas, cuáles fueron los mecanismos que relacionaron esas premisas y rumbo de las cosas, hasta qué punto sucesos imprevisibles y azarosos terminaron siendo decisivos en los desenlaces, etc. Esta es la única manera de aprender de los debates acerca de qué pasará en el futuro, aprendizaje posible porque el presente es evidentemente el futuro de ayer.

El problema es que, como siempre nos quejamos en nuestras conversaciones con Silvio, en el debate público rara vez ocurre lo mismo. En éste se dan acalorados debates sobre el rumbo futuro de los acontecimientos, pero lamentablemente, pasa el tiempo, las polémicas de ayer parecen olvidarse en medio de las polémicas de hoy, y no llegamos a aprovechar el hecho de que la incertidumbre del pasado se disipa en el presente con la marcha de los acontecimientos. Rara vez se regresa al debate pasado para hacer las evaluaciones respectivas, y sentenciar quién tuvo razón, quién se equivocó, y sobre todo, por qué.

Respecto a la campaña electoral, en los últimos años y meses hemos tenido varias discusiones que en este momento podríamos evaluar, que, entre otras, se expresan en las frases siguientes: “Lourdes ya fue”, “Paniagua es el mejor candidato” (o “va a crecer porque tiene poco voto de rechazo”), “la segunda vuelta será entre el Alan y el antiaprismo”, o la más reciente, “Ollanta ganará en primera vuelta” (una última, de debate actual, sería “Martha Chávez se ganará con los votos que pierda Humala”).

Como decía, para aprender de estos debates del pasado reciente, a la luz de lo que revela el presente, lo importante es analizar los supuestos detrás de cada afirmación, y evaluar entonces su ajuste con la realidad. Así, detrás de la frase “Lourdes ya fue”, esbozada en los primeros momentos de la campaña (en aquel lajano tiempo, cuando Paniagua encabezaba las encuestas de intención de voto, seguido por García), se encuentra la idea según la cual la derecha “nunca” podría ganar una elección, dado su carácter “limeño”, “pituco” e inevitablemente alejado de la sensibilidad popular. Lo que la campaña nos revela es que la derecha también puede, cuando tiene un buen candidato, colocarse encarnando aspiraciones de cambio y progreso presentes en el mundo popular. Esto no debería sorprendernos tanto, porque ocurre a cada rato en otros países. La campaña actual, con Flores a la cabeza, nos revela también que el clivaje izquierda-derecha es solamente uno, pero no el único, pertinente para decidir el voto.

El optimismo respecto a las posibilidades de Paniagua tiene a mi juicio en su base una valoración excesiva del gobierno de transición y del carácter democrático del mismo, que a su vez descansa en la idea de que éste descansaba en un amplio movimiento social de respaldo, que se habría movilizado en contra de la “dictadura”. En realidad, el gobierno de Paniagua resultó siendo mucho más frágil de lo que parecía, la alianza que lo sostuvo muy circunstancial, con lo que al final su candidatura terminó expresando al gris aparato tradicional de Acción Popular, apuntalado por los igualmente grises Somos Perú y la CNI. Además, puede Paniagua tener muy bajo voto de rechazo, pero cuando no quieres ganar, o eres mal candidato, no hay mucho que pueda hacerse...

El diagnóstico de la centralidad del APRA y de García en el escenario electoral responde a un espejismo del pasado, que aparentemente se habría verificado con la segunda vuelta de la elección de 2001. Sin embargo, lo que estamos aprendiendo es que ya el APRA no ocupa el espacio política que tenía antes, que en el 2001 tuvo atractivo por identificarse con el cambio y la renovación, cosa que hoy no logra hacer. En el 2001 los votos del APRA no fueron apristas, por lo que García tiene que salir a pescar votos al mar de indecisos junto a todos los demás candidatos.

Finalmente, el crecimiento de la intenciòn de voto por Ollanta Humala generó en algún momento la sensación de que se trataría de un fenómeno imparable, que a su vez se fundamentaba en un diagnóstico según el cual el Perú sería un país profundamente marcado por la exclusión, la desigualdad, y la irritación popular por ello, y que por lo tanto los patrones de votación estarían abrumadoramente marcados por tendencias antisistema. Sin embargo, la estrategia política de Humala y su caída reciente en las encuestas muestran, por el contrario, que si bien existe un porcentaje importante de electores que responden a esa caracterización, en realidad el voto antisistema es (al menos todavía) minoritario, y que así como existen tendencias centrífugas en el sistema político, también las hay centrípetas, que llevan a la moderación, a buscar un votante promedio mucho menos radical.

Para terminar, propongo un ejercicio: escribamos en un papel nuestros pronósticos sobre lo que ocurrirá en abril y en junio, y sobre qué bases hacemos esas proyecciones; y mirémoslo en julio para evaluar por qué acertamos o nos equivocamos, por qué esas bases resultaron o no adecuadas para pensar nuestra realidad política, y qué conclusiones generales podríamos sacar de todo ello. Podríamos hacerlo en grupo también; corren las apuestas.

1 comentario:

Susana Frisancho dijo...

Hola Martin,

Interesante que toques este tema porque efectivamente, a mi siempre me ha parecido que un talón de aquiles de muchos científicos sociales es precisamente su gran capacidad de especular y especular, a veces sin base alguna, y pronosticar dos cosas: o lo muy evidente, o lo totalmente fallido. Y nunca pasa nada. Son pocos los que hacen un trabajo serio a este nivel, y menos los que evaluan.