miércoles, 11 de febrero de 2009

Comentarios de César Azabache (y una breve réplica)

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Martes 10 de Febrero de 2009

Profesor,

Vi tu excelente comentario esta mañana en La República (”Especulaciones”). No uso facebook, de modo que no he podido, contra lo que habría sido mi deseo, comentar el texto en su versión electrónica. Te escribo porque me siento representado en el texto. De hecho, acabo de publicar un comentario ridiculizando la hipótesis del robo común en el caso Echaíz (El Comercio, 07/02/09). Confieso que no había leído tu texto (anterior al mío) antes de hoy, de modo que ni te respondí al escribir ni me respondiste al hacerlo, pero ambos textos están en dos lados del debate, de modo que creo que, si no te quito demasiado tiempo, vale la pena ensayar el equilibrio entre ambos llamados de atención (el tuyo y el mío).

Revisando la información que existe sobre el comportamiento de los agentes en el mercado del robo de vehículos, la hipótesis del robo me parece francamente absurda. Pero no niego, con tu texto, que la denuncia del absurdo conduce a una lectura conspirativa del evento. Y eso tiene, cómo no, riesgos enormes. Sin embargo confieso temer más a los riesgos asociados al facilismo de la opción del robo, sobre levantada últimamente en mi opinión desde el Ministerio del Interior. Me preocupa esa insistencia, porque la hipótesis del accidente está asociada en nuestra memoria de crímenes selectivos a eventos horrendos. Cito en el texto que te cuento escribí, el caso del alcalde Salazar Barauín, pero hay varios otros en la lista que tienen historias ocultas atrás y que son presentados públicamente como expediente. Me atrevo a decir que en este tipo de casos, la insistencia oficial en el accidente (el robo es un accidente desde el punto de vista del magnicidio, sea una amenaza o un intento de homicidio) es una señal de alerta.

El comportamiento político no es, esencialmente, conspirativo. Pero como explicas con precisión, hay eventos en que la política (pero no siempre es la política, ¿verdad?, también la competencia desleal, más en mercados clandestinos) se mezcla con el crimen. Y en esas áreas hay una semántica del comportamiento que, siendo estándar, permanece oculta de las primeras planas de los diarios. Creo en general, que en esa zona gris hay, de hecho, eventos que resultan ser mensajes perversos. No siempre hay una conspiración detrás. Pero hay un lenguaje. Es evidente que no todos los eventos que parecen ser resultado de este encuentro perverso entre escena pública y comportamientos clandestinos resultan de la emisión de verdaderos mensajes perversos. Hay sin duda una cuota de error que produce otros tantos comportamientos ridículos o sobre reacciones paranoides (generalmente denuncias desproporcionadas o víctimas neuróticas buscando amenazas debajo de su mesa). Por eso aciertas al decir que la exageración en la búsqueda de significados puede ser, de hecho, absurda. Pero la renuncia absoluta puede ser producto de un descuido.

Evitar la paranoia no nos puede llevar entonces al descuido que nos deja indefensos. La clave entonces está en buscar puntos de equilibrio que eviten el “ismo” detrás de las teorías conspirativas. El conspirativismo es una reducción de las posibilidades de interpretar la realidad que pasa por una reducción de los agentes que pueden intervenir y los desfigura, imponiéndoles una racionalidad que no logran tener (en muchos casos por falta de competencia, como bien anotas). Como también anotas, siempre es mejor considerar que en todo sector de actividad intervienen no una sino varias combinaciones de intereses contrapuestos y, por ello, la resultante difícilmente puede ser determinada por una conspiración. Pero sin embargo, hay conspiraciones y eventos conspirativos que no se pueden revestir de casualidad. El asunto sigue siendo mantener el equilibrio.

Las hipótesis conspirativas son tan infantiles como los esquemas binarios en moral, en los que siempre hay uno bueno, uno malo y por lo general un “yo” justo que decide con cuidado quien es el bueno y quien el malo. En lo personal, he criticado la moralidad binaria que se expresa en algunos juicios injustos del pasado reciente. La crítica desproporcionada a los economistas alrededor de del IPE de los noventa, por ejemplo. Sin embargo, mi rechazo a los esquemas de moralidad binaria no implica dejar de reconocer que por ejemplo el movimiento de derechos humanos (del que vengo), muchas veces binario en política, reivindica con justicia casos en que otro, el atacante, puede ser presentado sin problemas como un “malo universal”. El de los derechos humanos es un espacio en que incluso la moralidad binaria empata con un sentido normativo mínimo de la moralidad pública y entonces el carácter binario de cualquier visión se hace irrelevante ante lo horrendo del comportamiento que se denuncia. El caso de Barrios Altos, por ejemplo, muestra un caso de ese tipo: la descripción binaria de los hechos no resulta allí, en absoluto impertinente, como puede serlo, en mi opinión, en la descripción de los salvatajes bancarios de finales de los noventa, por ejemplo,

Creo por ello que es posible equilibrar ambas visiones.

Saludos, espero que no haya sido aburrido o impertinente.


César Azabache Caracciolo


Martes 10 de Febrero de 2009

Estimado César:

gracias por tu comentario. Como dices, se trata de buscar un equilibrio y de no descartar de antemano nada. Puedes tener razón, es más, tal vez tú manejas información que yo no, y eso te inclina a pensar lo que piensas. Por mi lado, yo anoto que quienes sostenían la hipótesis del atentado y no del robo aludían a cosas que después no fueron tales: que los delincuentes dispararon al vehículo, a las llantas, que se encontraron casquillos de un tipo de arma muy particular, y resulta que nunca dispararon a las llantas, que varios de los disparos fueron hechos dentro del vehículo, que los casquillos encontrados eran de las armas usadas por la seguridad de Echaiz, no por los delincuentes. Pero concuerdo con que no hay que descartar nada a priori.

Un gran abrazo,

Martín

3 comentarios:

Anónimo dijo...

.." y resulta que nunca dispararon a las llantas,.."

Hay una foto que salio en los periodicos donde muestran a la camioneta con el agujero de un disparo "muy cerca" a la llanta izquierda de la parte posterior. Ese disparo no fue hecho de adentro hacia afuera.
Se suman las amenazas de muerte hechas al guardaespalda de Echaiz.
Parece que todavia quieren robarse la camioneta.

Martín dijo...

Al anónimo:


es cierto que los delincuentes dispararon a la camioneta, pero respondiendo al fuego del personal de seguridad. No era que quisieran dañar el vehículo.

De otro lado, las amenazas al guardaespalda... ¿no puede ser que vengan de los delincuentes que no quieren ser implicados? Ojo que el guardaespaldas "reconoció" a uno de los detenidos, lo que abona a la hipótesis del intento de robo. Más bien la amenaza no tiene sentido si asumimos la hipótesis del intento de asesinato o la amenaza: ¿no es que se quiere amenazar a la fiscal? ¿Por qué amenazar al guardaespaldas, más todavía, cuando él ha reconocido a uno de los delincuentes detenidos?

Ahora, todo esto para decir que no se debe descartar el robo; también puede ser que sea otra cosa, pero hasta ahora solo veo especulaciones, y no evidencia. No tendré ningún problema en rectificar si aparece evidencia en otro sentido. Saludos.

veronica dijo...

“facilismo” es decir que se trata de un atentado contra la fiscal de la nación, por estos días la “líder” de la lucha contra la corrupción...no querer aceptar que la delincuencia en nuestra cuidad es tal que cualquier puede ser victima es una irresponsabilidad…acaso no saben que aquí te matan por un celular o por unas zapatillas? Y por supuesto que lo harían por una camioneta…de lo que no estoy segura es que los delincuentes atrapados estén relacionados a este intento de robo…la policía esta patas arriba y muestra de ello es que hasta la fiscal de la nación puede ser asaltada