martes, 18 de septiembre de 2007

Una columna más sobre Majaz

.
Artículo publicado en Perú21, martes 18 de setiembre

¿Por qué comunidades pobres se oponen a proyectos mineros que traerían grandes beneficios a todo el país? Fácil: porque esos beneficios son muy evidentes para otros, pero no para ellos. El gobierno (nacional, regional, local) recibe tributos (que luego gasta privilegiando centros urbanos antes que poblaciones rurales dispersas), profesionales acceden a empleos, empresas obtienen ganancias; pero el campesino de la sierra de Piura teme perder sus tierras y su forma de vida, y que cualquier alteración ambiental le haga perder lo poco que produce.

Dice la empresa que, pese a que dirigirá una explotación gigantesca, no afectará la ecología, o el acceso al agua. ¿Y si no es así? Entonces, el Estado debería encargarse de poner a la empresa en vereda. Sin embargo, si nos guiamos por la experiencia, lo que vemos es una empresa que no se ha preocupado por la población de la zona y autoridades del Estado empeñadas en que Majaz salga "sí o sí". La propia empresa ha reconocido un mal manejo de las relaciones comunitarias y ofreció disculpas por ello en setiembre de 2006; de otro lado, las autoridades del Estado central solamente enfatizan la prevalencia de su derecho sobre el subsuelo por encima de los derechos de los campesinos como propietarios del suelo, y satanizan a quienes se oponen a la minería, acusándolos de estar manipulados o de servir "oscuros intereses".

En este marco, ¿puede ser creíble para la población el Estudio de Impacto Ambiental que presentará la empresa? ¿Y que el Estado vigilará escrupulosamente, y sancionará duramente, de ser el caso, a una empresa que dirigirá una operación que durará varias décadas? Y cuando las comunidades han querido garantías, apoyo, asesoría, no la ha encontrado en quienes promueven la minería, sino en quienes la cuestionan. Estamos aquí ante una disputa política entre modelos de desarrollo y proyectos de país, en donde unos hacen su trabajo y otros solo aparecen a última hora con actitudes prepotentes, como muy bien ha sugerido Rosa María Palacios el sábado pasado. La consulta del domingo debe entenderse como parte de esta lucha política.

¿Podrían haber sido las cosas diferentes? Sí, si hubiéramos tenido una institucionalidad estatal capaz de fijar algún límite a la expansión minera, y si es que las comunidades hubieran percibido desde el principio que la minería les iba a traer costos mínimos y beneficios tangibles, como fideicomisos manejados por ellos mismos y sus autoridades, participación de las utilidades de la empresa, protagonismo en espacios de concertación de iniciativas de desarrollo juntos a todos los actores involucrados, como sucede en otros lugares del país... ¿Estaremos a tiempo de encontrar una salida? Y si no, ¿cuál es la palanca para el desarrollo de esas zonas?


AMPLIACIÓN

En los últimos días no he posteado nada porque estuve unos días en Arequipa en la convención minera, y luego muy ocupado poniéndome al día con cosas pendientes. Estuve para comentar la ponencia de Eduardo Morón, “Competitividad en el sector minero”, compartiendo la mesa presidida por Pablo de la Flor, con Carlos Adrianzén y Carmen Rosa Graham.

http://www.convencionminera.com/content/content.php?pID=4&Fecha=2007-09-12

http://www.convencionminera.com/trabajos/miercoles/misti/Eduardo_Moron.pdf

La ponencia de Morón es interesante para mirar las cosas desde el ángulo empresarial: así, si bien el Perú tiene un gran potencial minero, de los mayores en el mundo, para los inversionistas internacionales el Perú no es tan atractivo dado su marco regulatorio, su régimen tributario, los reclamos de las comunidades y la inestabilidad política. Así, los empresarios perciben que están perdiendo grandes oportunidades de inversión, por lo que sería bueno mantener la lógica de contratos de estabilidad tributaria, y ciertamente, mejorar el problema con las relaciones comunitarias. Mi participación precisamente se centró en ese tema, y giró en torno a los temas del artículo de arriba.

Si bien sólo estuve unas horas en la convención, mi impresión es que los asistentes estaban genuinamente convencidos de que la minería trae enormes beneficios para el país, por lo cual, si las comunidades se oponen, es porque les falta información (responsabilidad del Estado y autocrítica), y por eso son manipuladas por grandes intereses, bien financiados y organizados, básicamente ONGs extranjeras y actores políticos de izquierda; esos beneficios se hacen tangibles a través de los pagos de canon e impuesto a la renta, entre otros, que llegan a los gobiernos regionales y locales. La manipulación puede prosperar porque esos gobiernos no saben gastar, y por ello las comunidades no se dan cuenta de los beneficios de la minería.

En general, en la convención hubo mucha información e interés sobre tecnologías, y relativamente poco sobre temas sociales. ¿Por qué no se los toma más en serio? Creo que primero, hay cierta inercia de viejas prácticas, y cierta subestimación de la población alrededor de los asentamientos mineros, población pobre, aislada, sin mucho poder, por lo que se percibe que, en última instancia, no constituye un desafío mayúsculo; segundo, hay un tema de minimización de costos y cortoplacismo: invertir en relaciones comunitarias implica gastar, retrasar las operaciones, para obener resultados dudosos. Finalmente, el mundo minero es muy “ingenieril” y “técnico”, alejado de los temas sociales. Como alguna vez me dijo algún asesor de empresas mineras, “esos tipos distinguen perfectamente una piedra de la otra, pero son incapaces de distinguir un cholo de otro cholo”. Priman entonces prácticas tradicionalistas, lamentablemente cercanas a la extorsión y el soborno.

Termino reconociendo que, pese a todo, la conciencia de la importancia sobre estos temas ha crecido mucho entre los mineros en los últimos años, así como su apertura a los temas sociales. Cada vez hay más antropólogos, sociólogos y comunicadores, entre otros, trabajando para empresas mineras. Pero no sé si sea suficiente para que las cosas cambien...

8 comentarios:

Antonio Azul aazul2007@gmail.com dijo...

Curioso que los antimineros no saben nada de contaminacion, y son democratas y sin embargo solo ellos han manejado el escenario mediatico. O sea los pobladores conocen las desventajas (los costos ineludibles del progreso), pero no conocen los beneficios de Majaz ni los mecanismos técnicos para reducir los costos. Cutivalú y otros medios y ONGs impiden la libertad de decision de los pobladores, o sea deslegitimaron la consulta popular.

Pavel Reyes M. dijo...

Por qué apostar por el cortoplacismo? si aquí en mi localidad tenemos extensas areas verdes en las que podemos invertir en ecoturismo y cultivos no tradicionales? Resulta que ahora los limeños, tienen que marcarnos la pauta! suficiente con la eleccion de Alan Garcia, mi ciudad apuesta por la vida de nuestras futuras generaciones, ya que no queremos que tengan como monumento de la estupidez los grandes relaves y desperdicios mineros. Asi que tanaka, unete con la chichi valenzuela que hacen buen equipo, uno el lado pacional y el otro el pensante.

Benedicto Sifuentes dijo...

Me sigo preguntando, alguna minera ha pagado las sanciones impuestas por contaminación en los últimos 10 años?

Martín dijo...

Un comentario breve.

La historia de Majaz no es una historia de empresa buena vs. ONGs malos manipuladores. La empresa ha cambiado en su composición de acciones, ha cambiado de políticas, y ha cambiado de equipos de relaciones comunitarias. En esto último la cosa funcionó tan mal que la propia empresa tuvo que pedir disculpas en setiembre 2006, y armar un nuevo equipo, bastante bueno, pero que renunció hace unos meses, porque la empresa no seguía sus recomendaciones, ojo. Y al frente, un Estado más preocupado en asegurar que el proyecto salga, antes que cualquier otra cosa.

Finalmente, como intenté decir en mi artículo, acá están en debate modelos de desarrollo y proyectos de país. Pero las cosas no son tan sencillas como de un lado relaves y desperdicios, y del otro ecoturismo y cultivos no tradicionales. Esa oposición es una caricatura, el reverso de minería=modernidad=progreso vs. agro=pobreza=atraso.

Los pro-mineros deben responder cómo nos aseguran el cuidado del ambiente y beneficios para todos, empezando por las comunidades afectadas. Y deben entender que no es posible abrir una mina en cualquier parte, la expansión debe tener un límite. Los no-mina deben decirnos cuál es la propuesta para desarrollar las zonas pobres donde quiere asentarse la minería. Y ojo que el turismo y los cultivos no tradicionales son una buena idea, pero no siempre son viables.

Finalmente: no comparto el enfoque que ha tenido Cecilia Valenzuela para tratar este asunto en los últimos días, aunque ciertamente respeto su opinión.

Roberto dijo...

"mi impresión es que los asistentes estaban genuinamente convencidos de que la minería trae enormes beneficios para el país, por lo cual, si las comunidades se oponen, es porque les falta información (responsabilidad del Estado y autocrítica)"

experiencia de parte: participé en un trabajo para apoyo y yanacocha el 2003. en dicho trabajo se investigó sobre la conflictividad en la zona cercana al quilish. entre las conclusiones del informe estaba que se había sentado un mal precedente en las negociaciones entre la minera y la población campesina, construyéndose relaciones paternalistas y de clientelaje entre ambos actores. es decir, frente a un estado ineficiente, la minera actuó como un estado benefactor.

el informe fue presentado a directivos de yanacocha, y entre nuestras recomendaciones estaba no solamente informar, sino ver a la población adyacente a la mina como socios potenciales, construir relaciones horizontales y sentar al estado para que cumpla su función.

evidentemente los de yanacocha buscaron a otra consultora.

dudo que el problema sea de información solamente. entre los testimonios en ayabaca están los estudiantes que cuentan que la mina les regaló computadoras.

como que repiten el mismo libreto aquí y allá (o tienen a los mismos consultores finales).

dicho sea de paso martín, casi ha habido disolución del consejo nacional del ambiente (todos los directores pasaron a ser cargos de confianza).

más aquí: http://elmorsa.blogspot.com/2007/09/majaz-autogolpe-en-el-consejo-nacional.html

saludos

Susana dijo...

Pero por supuesto que el problema no es de información... Es estructural, es psicológico en el fondo, son las creencias que estos grupos tienen, sus visiones del mundo, la forma en que se han construido como seres humanos y la manera en que se defienden con mecanismos cognitivos internos que evitan que se sientan mal (que sientan algo parecido a la culpa o el remordimiento o alguna otra emocion moral) cuando dañan al otro. Y eso nos e cambia con información. No se cambia en realidad, se educa (en las generaciones que vienen) y se combate en las que tienen el poder con mecanismos legales y presion d ela sociedda civil que evite que hagan lo qyue les de la gana. Yo no soy tan optimista como Martin...

Daniel Salas dijo...

A mí me asombra que el primer comentarista siga sin ver el punto que tan claramente ha expuesto Martín. Si un día me dicen que tengo que abandonar mi casa por el bien del Perú, definitivamente no voy a estar muy contento. "El bien del Perú" no me dice nada si no recibo directamente un beneficio (y no solo una compensación). No me dice nada no porque sea un traidor a la patria o un egoísta, sino porque ya sé perfectamente que los primeros beneficiados van a ser las empresar y sus funcionarios que van a obtener enormes rentas. A mí me exigen un sacrificio (abandonar mi casa, mi forma de vida y mi trabajo) con la promesa de que pronto se verá alguna mejora en la comunidad. En cambio, la empresa y sus gerentes se beneficiarán de inmediato. Si se me exige solidaridad a mí, ¿por qué no se la exigen a ellos? Es claro para mí que se trata de una injusticia, porque cuando se promete "progreso" aquí, eso a lo más consiste en que yo, en vez de trabajar mi chacra, voy a pasar a limpiar los carros de los gerentes o a venderles menúes a los mineros. El canon va para las autoridades regionales y ya se verá en qué se va a gastar. Si, en cambio, se me reconoce como accionista de la mina y con voz y voto para decidir cómo explotarla, mi perspectiva cambiaría radicalmente. Los liberales deberían ser los primeros en entender que nadie debería estar forzado a hacer negocios con el Estado; sin embargo, esta vez, precisamente cuando se afecta los bienes de la gente pobre, toman partido por el estatismo, la solidaridad y la responsabilidad social. Y después se asombran del resentimiento.

Ernesto dijo...

Justamente a proposito de modelos de desarrollo, este revuelo nos viene a indicar en que seguimos anclados en el modelo de las exportaciones primarias, antes que en la generacion de valor agregado.

Algo de eso lo comento en "Solo la mineria salvara al Peru?, debemos mirar mas alla del paradigma de la riqueza que no se aprovecha y pensar como generar riqueza a traves de las ultimas etapas de la cadena de valor. Te lo dice alguien con formacion ingenieril ;)