domingo, 28 de octubre de 2012

Qué pasó en La Parada

Artículo publicado en La República, domingo 28 de octubre de 2012

Lo visto en Lima en estos días no es nada nuevo. Recordemos rápidamente algunos antecedentes que vienen al caso.

Marzo 2012, Madre de Dios: protestas de mineros informales en contra de iniciativas de formalización terminan con tres muertos y actos vandálicos. Mayo 2011, Juliaca y Puno: movilización en contra de diversos proyectos y actividades mineras termina en saqueos y vandalismo, acciones en las que operan intereses vinculados al contrabando (se atacan locales de SUNAT y aduanas). Marzo 2010, Piura: desalojo de comerciantes informales del mercado Modelo termina con cinco muertos, y saqueos en la ciudad. Enero 2009, Ferreñafe: desalojo de invasores del Boque de Pomac termina con dos policías asesinados y otros más heridos de bala. Junio 2008, Moquegua: empresas contratistas y sus trabajadores temen perder oportunidades de trabajo por la reducción de los altísimos montos recibidos por canon, bloquean la carretera panamericana, toman el puente Montalvo, se enfrentan a la policía, y secuestran al general a cargo del operativo de desalojo.

La lista podría seguir y completarse. Estamos ante la resistencia de actores ilegales o paralegales, o que obtienen beneficios desmedidos por diversas actividades, que recurren a formas de protesta extremadamente violentas (que implican la contratación de “expertos” en enfrentarse a la policía y en acciones vandálicas); que utilizan retóricas de otras acciones de contenidos más convencionales, pero igualmente disruptivas (defensa del trabajo o de actividades tradicionales, reivindicación de la dignidad popular, alusiones a que “correrá sangre” y a que “solo muertos saldremos de aquí”). Enfrentamientos con la policía en los que ésta es víctima y victimaria, con muertos y heridos de las fuerzas del orden, de quienes protestan, así como de inocentes que nada tenían que ver. Acciones represivas con serios problemas de diseño e implementación, que evidencian las limitaciones del trabajo de inteligencia, el mal equipamiento de nuestra policía. Iniciativas que traslucen también las escasas capacidades de operación política de los actores políticos.

Lo nuevo es que esto ocurre a unas cuadras de Palacio de Gobierno, y que la resistencia es contra un gobierno progresista, cuyos simpatizantes descubren que la ocurrencia de muertes en acciones de protesta no es consecuencia del carácter antipopular, neoliberal o reaccionario del gobierno, sino de razones mucho más de fondo: la precariedad de nuestros actores políticos y de nuestras instituciones; la fortaleza de los intereses asociados a actividades ilegales o paralegales; la instalación de una cultura política en la que “todo vale”; el escaso respeto a la autoridad y a la ley. Todo esto impacta porque percibimos de alguna manera que está en juego el propio contrato social, el fundamento que permite la vida civilizada: el respeto a reglas elementales de convivencia. En esto nuestra alcaldesa no puede retroceder ni fallar.

lunes, 22 de octubre de 2012

Los legados autoritarios

Artículo publicado en La República, domingo 21 de octubre de 2012

La semana pasada comentaba sobre algunos escenarios probables para el futuro de Venezuela, parte de una preocupación más grande por los legados que dejan regímenes autoritarios. Decía que lo más probable es que, después de Chávez, el régimen imperante caiga y Venezuela se democratice en lo político, y que en el nuevo escenario el Partido Socialista Unido de Venezuela tienda a desaparecer, ambas cosas como consecuencia del personalismo extremo del presidente Chávez.

Ciertamente no es un destino inevitable. Algunos regímenes altamente personalistas han sido capaces de sobrevivir a su líder fundacional: ello ocurre cuando existe una buena “segunda línea”, con la calidad, experiencia, ascendencia dentro de la organización, control del Estado, y capacidad de ponerse de acuerdo en un mecanismo de convivencia y sucesión. Varios regímenes de partido único ilustran esto, como el cubano, por lo menos hasta el momento. Ahora bien, es mucho más difícil para estos regímenes sobrevivir al pluralismo político que a la muerte de sus líderes fundadores. El Partido Comunista Soviético, por ejemplo, se desplomó con la democratización; de allí que ni en China ni en Cuba el pluralismo esté en agenda. Desde este ángulo, es notable la continuidad del PRI mexicano, capaz de sobrellevar tanto los desafíos de la sucesión, de la democratización y de la alternancia en el poder. Es que el reto aquí es no solamente mantener el partido unido, también mantener el atractivo político y electoral para los ciudadanos en general. En ocasiones, ambos objetivos están relacionados, en tanto puede ocurrir que los dos dependan del mantenimiento de las redes clientelares y de patronazgo tradicionales.

De otro lado, ¿qué pasa con la democratización posterior a estos regímenes autoritarios? Sabemos que después de contextos dictatoriales, cuando los sistemas de partidos previos eran fuertes, los viejos actores partidarios previos reaparecen y retoman sus posiciones, como en Chile o Uruguay. Cuando no hay tradiciones partidarias fuertes, o las que había se debilitaron, pues de lo que se trata es de empezar de nuevo, como en Brasil o Ecuador, y como probablemente suceda en Venezuela.

Vistas las cosas desde este ángulo, el Perú aparece, para variar, como un caso enigmático. Caído el fujimorismo, envuelto en escándalos de corrupción, dividido el núcleo básico de poder que le dio sustento, parecía condenado a una lenta extinción. De otro lado, no teníamos partidos previos muy fuertes, de allí que el toledismo con Perú Posible haya aparecido como eje de la transición. Sin embargo, luego el APRA volvió al poder con García, después de haber estado minimizado, y después Keiko Fujimori revitalizó un fujimorismo en declive, y esos actores disputan el espacio con otros nuevos. Para variar, en Perú aparecen en simultáneo y coexistiendo caminos que en otros contextos aparecen como alternativos.

VER TAMBIÉN:

El futuro de Venezuela

domingo, 14 de octubre de 2012

El futuro de Venezuela

Artículo publicado en La República, domingo 14 de octubre de 2012

¿Qué pasará en Venezuela en el futuro? Dado que es imposible prever el futuro, los politólogos esbozamos escenarios posibles basados en la información disponible y así evitamos la pura especulación.

¿Qué desafíos enfrenta Chávez? El principal, a mi juicio, es la falta de una propuesta orientada al futuro: después de todas las reelecciones anteriores Chávez gobernó sobre la base de una agenda de reformas que implicaban “profundizar” la revolución: primero nueva Constitución y un amplio conjunto de reformas institucionales; luego reforma agraria, expropiaciones de tierras y política de hidrocarburos; luego política de nacionalizaciones (telefonía, electricidad) entre otros. A pesar de todas estas reformas, y a pesar de los altos precios del petróleo, el sector público enfrenta un alto déficit, un alto nivel de endeudamiento, la economía muestra un tipo de cambio notoriamente sobrevaluado y una alta inflación. Así, más que “profundizar la revolución” lo que parece estar en agenda es la necesidad de hacer ajustes y poner la casa en orden. De hecho, gran parte de la campaña de Chávez buscó plantear una suerte de plebiscito entre la continuidad y el supuesto riesgo de un reestablecimiento del “viejo orden”, pero sin muchas ideas nuevas para el futuro.

Esto en el escenario de que la salud de Chávez sea buena, y pueda gobernar hasta completar su periodo en 2019. Si tuviera impedimentos físicos hasta el cuarto año de mandato, en 2017, el recién designado vicepresidente, Nicolás Maduro, estaría obligado a convocar a elecciones. Ellas podrían ser ganadas por Capriles, si fuera nuevamente el candidato de la oposición, considerando que dentro del oficialismo no hay nadie capaz de acercarse al liderazgo de Chávez. Para evitar ese escenario, y asegurar que el vicepresidente complete el periodo de gobierno, habría que cambiar la Constitución, para lo cual podría proponerse una enmienda o reforma constitucional que luego debería ser sometida a referéndum. Esto implica una aprobación de la Asamblea Nacional (Congreso), que inició sus funciones en enero de 2011 y llegará hasta diciembre de 2016; en la actualidad, el chavismo tiene mayoría en la asamblea, aunque no mayoría calificada.

Otra pregunta que se abre es qué pasará en Venezuela después de Chávez. El gran desafío de los regímenes políticos construidos sobre la base de liderazgos personalistas es sobrevivir la sucesión: Cuba parece estarlo logrando con Raúl Castro, pero el nivel de institucionalización política en ese país es muchísimo mayor que en Venezuela. Por lo general, desaparecido el líder, el movimiento tiende a declinar y disgregarse; ¿es posible evitarlo? De otro lado, ¿qué pasaría con el actual campo opositor? Lo mejor sería que la Mesa de la Unidad Democrática se consolide; el gran problema sería que la desarticulación del campo chavista lleve también a la desarticulación del actual campo opositor, lo que le auguraría a Venezuela un futuro de fragmentación e inestabilidad.

domingo, 7 de octubre de 2012

Debate

Artículo publicado en La República, el domingo 7 de octubre de 2012

La semana antepasada escribí un artículo con algunos “consejos” para la izquerda; los amigos Carlos Mejía, desde su blog “Bajada a bases” y Alberto Adrianzén desde su columna en La Primera tuvieron la generosidad de responderme de manera crítica e inteligente.

En mi artículo, tomando algunos ejemplos de la coyuntura reciente, decía que urgía cuestionar un esquema según el cual sectores de origen popular se identifican automáticamente con el “bien común”; en donde el “pueblo organizado” y sus dirigentes representan a quienes dicen representar; y en donde lo popular aparece como un mundo de intereses armónicos que se contrapone con el mundo de los “de arriba” también monocromáticamente excluyente. Tanto Mejía como Adrianzén sostienen que ese sentido común ya habría sido superado, y parecen reafirmarse en el camino de lograr la unidad o confluencia de los “hombres, mujeres, jóvenes, asalariados urbanos y rurales, independientes, estudiantes y demás ciudadanos que en colectivos, partidos y movimientos están trabajando por cambiar de verdad este país” (Mejía). Eso está muy bien, pero me pregunto si ese es el camino que llevará a representar el “mundo popular”. Recordemos que la simple sumatoria de los colectivos dispersos puede dar un resultado muy pequeño: quizá no tanto como la suma de los votos de Villarán, Diez Canseco y Moreno en 2006, pero nada sustancialmente diferente de ello.

Otro camino complementario es el de buscar la representación de las comunidades, sindicatos, organizaciones en conflicto, que expresarían los límites del “neoliberalismo”. Pero no veo porqué esa estrategia tendría éxito, cuando antes la intentaron Washington Román, Nelson Palomino, Alberto Pizango y otros. Ahora la “esperanza” estaría en Gregorio Santos o Marco Arana. Cabe preguntarse si la izquierda no tiene ninguna autocrítica que hacer a la manera en que esos líderes han conducido la protesta en Cajamarca, o la manera en que Patria Roja ha enfrentado la huelga del SUTEP, por ejemplo.

¿Por dónde lograr entonces la ansiada representación? Obviamente no pretendo tener la respuesta, pero una pista es cómo interpretar hoy el legado político de lo que José Matos llamó en 1984 el “desborde popular”. Carlos Iván Degregori, Nicolás Lynch y Cecilia Blondet, en Conquistadores de un nuevo mundo (1986) sugerían que ese “desborde” podría discurrir por cauces “democratizadores” e implícitamente sugerían que la izquierda debería intentar representar el mundo de organizaciones populares de barrio que describen en su libro. El tema es que por lo menos parte importante de ese mundo popular está siendo cada vez más de “clase media”, por lo menos en sus aspiraciones, y cada vez menos “ideológico” en sus concepciones del país; a ese mundo la izquierda tiene muy poco o nada que decirle, y para ese mundo la izquierda es vista como parte del “viejo orden”, no una alternativa novedosa y atractiva.

VER TAMBIÉN:

Lecciones para la izquierda
(23 de setiembre)

lunes, 1 de octubre de 2012

Argumentos, año 6, n° 4, setiembre 2012

COYUNTURA

Veinte días de furia. Una crónica sobre la Ley de Reforma Magisterial,
Ricardo Cuenca p. 3 /

¿El retorno del “ogro filantrópico”? Elecciones y política en México,
Rolando Rojas p. 7 /

El vuelo de una crisis. Genealogía del desmantelamiento del Estado de bienestar en España,
Jorge Resina de la Fuente p. 14

DESIGUALDAD Y MOVILIDAD SOCIAL

Apuntes sobre y para la investigación de la movilidad social en el Perú , Jorge Aragón, Tania Vásquez y Carmen Yon p. 23 /

Rol del Estado y desigualdad: hallazgos desde la encuesta sobre movilidad social del IEP ,
Jorge Morel Salman p. 30 /

Un vistazo a la capacitación en TIC desde las experiencias de los docentes,
Paz Olivera y Rodrigo Niño p. 37

CRÍTICA Y RESEÑAS

La guerra senderista: el juicio de la historia,
José Luis Rénique p. 45

Número completo aquí.

domingo, 30 de septiembre de 2012

Lecciones para la derecha

Artículo publicado en La República, domingo 30 de setiembre de 2012

A la luz de varios acontecimientos recientes, me atrevo a sugerir algunas ideas que considero deseable que fueran asimiladas por la derecha.

La reciente resolución de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, que pidió la anulación de la sentencia que redujo las penas de Vladimiro Montesinos y de miembros del “Grupo Colina” por el caso Barrios Altos, debería llevar a repensar la actitud de amplios sectores de derecha respecto a estos asuntos. Ellos suelen simpatizar con un razonamiento que implica reducir o minimizar la responsabilidad penal de quienes dirigieron e implementaron políticas que llevaron a la violación sistemática de los derechos humanos; y denostar del sistema interamericano de protección y defensa de los mismos, supuestamente controlados por “caviares”.

Deberían entenderse que esta retórica y práctica política conduce inevitablemente a un callejón sin salida en lo doméstico y a un papelón en el ámbito externo. Así, está muy bien reivindicar la importancia del Centro Internacional de Arreglo de Diferencias Relativas a Inversiones (CIADI), institución del Banco Mundial con sede en Washington D.C., para asegurar la estabilidad de los contratos y velar por la buena imagen del país como destino de inversiones; pero no se puede vivir la esquizofrenia de negar al mismo tiempo la importancia del respeto al Estado de derecho y a los derechos humanos. Una derecha moderna debería por lo tanto marcar distancias con sectores ultras marcados por la retórica más rancia y tradicionalista del fujimorismo, que también tiene pendiente una reconversión democrática.

Otro asunto está relacionado con la suspensión de facto del proyecto Conga y las buenas noticias en cuanto a las perspectivas de crecimiento económico y ritmo de la inversión privada. En la práctica esto significa que la derecha no tiene por qué asumir colectiva y corporativamente los errores de manejo de una empresa particular. En los pasillos del Club Empresarial se puede escuchar decir que la mala reputación de Yanacocha es comprensible dados los muchos errores cometidos, pero que ellos no deberían afectar otras empresas empeñadas en desarrollar buenas prácticas. Pero es un discurso que debería ser público, y la derecha poner por delante una propuesta clara de desarrollo inclusivo, y no la defensa a rajatabla del sector privado.

Finalmente, en las últimas semanas se comentó de un incidente de racismo en las calles de San Isidro, protagonizadas por un grupo de jóvenes en estado de ebriedad. Algunos comentaristas de derecha escribieron columnas condenando el hecho específico y el racismo en general. Otro ejemplo que debería ser seguido: la bandera de la lucha contra la discriminación no tendría que ser ajena a una derecha liberal, así como tampoco la crítica a la irresponsabilidad, frivolidad, indolencia, de la “élite limeña”. En esto debería retomarse una larga tradición, por lo que caería bien releer Paisajes peruanos, de José de la Riva Agüero, a cien años de su publicación.

A propósito de una "chiquita" de Correo...


El pasado 27 de septiembre, el diario Correo, se refiere indirectamente a un post de este blog publicado en marzo de 2007. Quisiera decir algo muy breve al respecto.

Veo con sorpresa que algo que escribí en marzo de 2007 concite ahora tanta atención; atención que solo se explica por la actual ofensiva tanto de la ultra izquierda como de la ultra derecha en contra de la defensa de los derechos humanos, en contra de la Comisión de la Verdad y Reconciliación, que tienen como blanco común a los llamados sectores "caviares". Denostar a quienes se identifican con esas banderas es parte central de esa estrategia.

Respecto al post de marzo de 2007, solo tengo que reiterar lo que ya dije:

"No voy a mencionar los nombres de los protagonistas de esta historia, porque no se trata de juzgar a las personas. Tal vez este pata no sea el tipo de persona que esta historia sugiere, tal vez estuvo en un penoso cuarto de hora. No sé (...) He conocido gente magnífica, de primera, trabajando en ONGs o en la militancia de izquierda, con las que he tenido contacto. Ejemplos de compromiso, consecuencia, con las causas por las que trabaja, de gran calidad humana. También he conocido gente como la que les cuento, que prefiero no calificar. Vistas las cosas retrospectivamente, ese día descubrí que la izquierda no tiene el monopolio de la moralidad, de las buenas intenciones, de la conducta ética. Desde entonces, he conocido gente deplorable en todas las tiendas y posiciones políticas; también gente de primera en todas las tiendas y posiciones políticas. Para mí, ahora, eso es lo que verdaderamente importa".

Lamento especialmente que a algunos no les importe en absoluto pisotear honras, utilizar personas, manipular la información, con tal de hacer avanzar sus objetivos políticos antidemocráticos.

lunes, 24 de septiembre de 2012

Lecciones para la izquierda

Artículo publicado en La República, domingo 23 de setiembre de 2012

A la luz de varios acontecimientos recientes, me atrevo a sugerir algunas ideas que considero deseable que fueran asimiladas por la izquierda.

La reforma del transporte en Lima, el desalojo del mercado de La Parada y el traslado a Santa Anita y otros sugieren que operar bajo el supuesto de que sectores populares o de origen popular se identificarán con el “bien común” o el “interés general”; y de que el “pueblo organizado” y las “organizaciones de la sociedad civil”, y sus dirigentes en efecto representan a quienes dicen representar, constituye una gran ingenuidad política. Al mismo tiempo, desafíos como el de la revocatoria sugieren que la democracia directa no siempre es mejor que la representativa, y que la “iniciativa popular” puede ser “capturada”, por intereses particularistas. En otras palabras la noción de que “el mundo popular” es un mundo de intereses armónicos que se contrapone con el mundo de los “de arriba” también monocromáticamente excluyente, no parece ser una guía suficiente para la acción política en nuestro país. De este modo, nociones centrales en el discurso tradicional de la izquierda, que reivindican el protagonismo o “empoderamiento” popular, el trabajo con organizaciones sociales, con dirigentes populares, la promoción de la participación como alternativa o complemento a la democracia representativa está muy bien, pero resulta muy insuficiente a estas alturas.

La izquierda necesita no solamente un programa de gobierno, también un diagnóstico actualizado de la realidad social peruana. Acaso uno de los grandes problemas que explica las desventuras de la izquierda es que no entiende el país, a pesar de contar con un importante grupo de académicos e intelectuales: más precisamente, el problema es que la visión de ese grupo aparece cada vez más alejada de lo que sucede en el país. Más precisamente aún: en general, las ciencias sociales tienen, tenemos, el reto de repensar y entender mejor el país.

De otro lado, diversos grupos de izquierda inician nuevamente, conversaciones en función de crear nuevos partidos y constituir un nuevo frente político. ¿Cómo evitar repetir la historia que empieza con la declaración de buenos propósitos y la propuesta de construir la unidad sobre la base de un programa, sigue con debates y desacuerdos, desencadena una división en medio de acusaciones testempladas y termina con la postulación improvisada de diferentes grupos, algunos trepándose a carros ajenos, y otros presentando candidaturas sin ninguna opción? Acaso habría que partir por sincerar los proyectos y preferencias políticas, y no forzar la unidad de lo que no es unificable; pero ser concientes también de que las diferentes alternativas de izquierda no están como darse el lujo de ser excluyentes y celosamente principistas. Lo importante es que la izquierda “conecte” con una sensibilidad popular que le ha resultado esquiva, más cercana a la derecha y al populismo.

La próxima semana, lecciones para la derecha.

ACTUALIZACIÓN, 28 DE SETIEMBRE

Ver también:

27 de septiembre de 2012
Algunas preguntas sobre las "lecciones" de Tanaka a la izquierda
Por Carlos Mejia A.

26 de septiembre de 2012
DIEZ CONSEJOS PARA MIS AMIGOS DE IZQUIERDA
Jose Alejandro Godoy

ACTUALIZACIÓN, 28 DE SETIEMBRE

Domingo 30 de setiembre del 2012
¿Qué izquierda?
Alberto Adrianzén M.


jueves, 20 de septiembre de 2012

¿Hay lugar para los pobres en el Perú?


Está disponible en línea el libro ¿Hay lugar para los pobres en el Perú? Las relaciones Estado-sociedad y el rol de la cooperación internacional (Patricia Zárate, ed., Lima, DFID, 2005), que cuenta con un par de capítulos escritos por este servidor. Pese a los años pasados desde su publicación, creo que sigue siendo una lectura útil para los interesados en el tema. Presento el índice y añado un párrafo que describe el contenido de los capítulos a mi cargo.

Contenido

Presentación

1. ¿En qué consiste el cambio a favor de los pobres?
Sue Unsworth

2. Las relaciones Estado-sociedad en el Perú: un examen biblográfico
Gonzalo Portocarrero

3. Las relaciones entre Estado y sociedad en el Perú: desestructuración sin reestructuración
Martín Tanaka

Este documento es, a la vez, un ensayo bibliográfico y una reflexión personal sobre las discusiones existentes en torno a las relaciones entre sociedad y Estado en el Perú. Aquí sostengo que en los últimos años se ha producido un cambio profundo en esas relaciones y que en la actualidad se observa una profunda brecha entre ambos, rotos los mecanismos de intermediación que brinda un sistema de partidos, debilitados y  aislados los grupos de interés y movimientos sociales, todo esto en medio de una profunda crisis de legitimidad del Estado y del sistema político ante la ciudadanía. Esta situación es consecuencia inmediata de la herencia del fujimorismo, que desarticuló las instancias de mediación que estuvieron en gestación desde finales de los años setenta y en desarrollo a lo largo de los años ochenta. El fujimorismo se caracterizó por una práctica explícita en contra de los partidos políticos, las instituciones estatales autónomas, las formas de acción colectiva y organizada de los distintos grupos sociales, y por el control y la manipulación de los medios para vincularse con la opinión pública ciudadana. Destruidos los mecanismos “normales” de intermediación entre sociedad y Estado, el fujimorismo los sustituyó por prácticas neoclientelistas
dentro de un esquema que combinó neoliberalismo en lo económico, neopopulismo en cuanto a la relación con la sociedad y autoritarismo como estilo de gobierno.

4. Las élites en el Perú y su papel en las políticas “pro pobre”
Martín Tanaka

En este documento se sostiene que las élites en el Perú muestran una gran precariedad, como consecuencia de un largo proceso de debilitamiento, al haber sido golpeadas una y otra vez por el fracaso sucesivo de los diversos intentos de recomponer las relaciones entre sociedad y Estado una vez cancelado el orden oligárquico en los años sesenta. El velasquismo en este decenio, la democracia de los años ochenta y el fujimorismo en los noventa fueron intentos fallidos de dar forma a las energías sociales liberadas por
un profundo proceso de democratización social, que no ha logrado asumir formas institucionales estables. En este contexto, encontramos que las élites en el Perú se caracterizan por haber pasado por sucesivas rupturas, lo que ha impedido que se constituyan en actores fuertes con capacidad de perfilar proyectos o visiones de largo aliento que incluyan políticas a favor de los pobres. Todo lo dicho se expresa en lo político, en el colapso del sistema de partidos; en lo económico, en la existencia de grupos empresariales en constante asedio y recomposición, y casi siempre encerrados en la defensa de intereses inmediatistas; en lo social, en la debilidad de los actores, en problemas de legitimidad de los poderes de facto y en la escasa audiencia e influencia de núcleos intelectuales.

5. El sector informal y su relación con el Estado
Romeo Grompone

6. Hacia un cambio a favor de los pobres en el Perú: El rol de la comunidad internacional
Francisco Sagasti

martes, 18 de septiembre de 2012

Héroes y referentes morales

Artículo publicado en La República, domingo 18 de setiembre de 2012

Esta semana celebramos los veinte años de la admirable operación de inteligencia policial que permitió la captura de Abimael Guzmán. Se ha hablado, con razón, de la injusticia que implica el no haber reconocido como héroes nacionales a los miembros del Grupo Especial de Inteligencia, los artífices de la captura. No es el único caso, lamentablemente: los Comandos de la Operación Chavín de Huántar, los combatientes del Cenepa, por ejemplo, tampoco han tenido el trato que merecen; y cada cierto tiempo sabemos de situaciones penosas por las que pasan miembros de las fuerzas armadas o policiales protagonistas de acciones valerosas en defensa de la sociedad, para tener atención médica, o sus familiares para poder acceder a pensiones o beneficios. ¿Por qué?

En parte esto es consecuencia simplemente del mal funcionamiento del Estado, de la proverbial ineficiencia a la que nos tiene acostumbrados. Pero también, me parece, es consecuencia de lo difícil que es para un país como el nuestro tener figuras, referentes, que despierten unánimemente adhesión, admiración, identificación. En otras palabras, también es consecuencia de nuestra precariedad como sociedad.

Hay quienes llegan a ser héroes como consecuencia de algunas circunstancias; la persona normal que hace acciones extraordinarias en momentos extraordinarios, pero cuyo reconocimiento se ve mellado por su trayectoria previa, que no resulta tan admirable, por así decirlo. Eso se traduce posteriormente en disputas, rencillas o denuncias, resultado de celos, conflictos, agravios, equivocaciones o malas acciones que suelen tienen una historia larga. De otro lado, es muy excepcional que quienes resultan siendo héroes o personajes dignos de admiración o consideración especial, mantengan esa condición. Para que ello sea posible estos personajes deberían en efecto mantenerse en otra situación, que los saque de las vicisitudes cotidianas. En otros contextos esto implicaría una pensión vitalicia, un escenso significativo y la dedicación a asuntos menos controversiales. Así, algunos expresidentes se dedican a construir bibliotecas, grandes personajes se dedican a dar conferencias o integrar consejos consultivos de diversas instituciones o proyectos. En nuestro país, nuestros héroes o personajes dignos de admiración están o se sienten obligados a seguir en la lucha cotidiana: así, Ketín Vidal intenta infructuosamente hacer una carrera política, Marco Miyashiro aparece como asesor de Keiko Fujimori, Benedicto Jiménez como candidato del APRA a la alcaldía de Lima, por ejemplo. Mario Vargas Llosa, nuestro premio nobel, o Javier Pérez de Cuéllar, ex Secretario General de las Naciones Unidas, se sintieron obligados a protagonizar o participar activamente en campañas electorales o a intervenir más de una vez en asuntos políticos altamente controversiales.

Siendo así las cosas, nuestros héroes o referentes morales escasean, y suelen ser personalidades semiretiradas, de edad avanzada.

lunes, 10 de septiembre de 2012

El PRI vuelve

Artículo publicado en La República, domingo 9 de setiembre de 2012

El 31 de agosto pasado, Enrique Peña, candidato presidencial del Partido Revolucionario Institucional (PRI) fue proclamado oficialmente ganador de las elecciones del pasado 1 de julio, con lo que este partido volverá al poder después de doce años de gobierno del Partido Acción Nacional (PAN). En 2000, México parecía querer terminar de manera definitiva con más de setenta años de predominio priísta, de allí el desconcierto que genera este resultado. El candidato perdedor, Andrés López, del Partido de la Revolución Democrática (PRD), alega la existencia de un fraude electoral, ha desconocido el resultado e incluso ha llamado a la desobediencia civil, tal como hizo después de las elecciones de 2006, que llevaron a Felipe Calderón a la presidencia. Por supuesto, López objeta el triunfo nacional del PRI, pero acepta como válidos los resultados en los que su partido ha resultado ganador, en el Congreso, en gubernaturas y municipios.

De un lado, estos acontecimientos nos dicen de lo difícil que es para algunos sectores de izquierda aceptar las reglas del juego democrático, y aceptar y entender que su visión del mundo no es la única que existe. Si se asume que el pueblo es “naturalmente” de izquierda, entonces el triunfo del supuesto enemigo y explotador de las masas, resulta moralmente inaceptable, y solo puede ser explicado mediante el fraude, la manipulación o la coacción. No se considera que la derrota sea simplemente consecuencia de no haber presentado una mejor propuesta a los electores. Esto no significa que la calidad de la democracia, y de las condiciones de la competencia electoral no deban mejorar; que no se deba limitar la influencia del dinero en las campañas electorales, y buscar el máximo de pluralismo, equidad y acceso de los candidatos a los medios de comunicación. Pero si se acepta que hay condiciones mínimas que permitan una elección competitiva, y se aceptan las reglas de juego, entonces se deberían respetar los resultados.

En lo que sí tiene mucha razón la crítica de izquierda es en denunciar que la vuelta del PRI es en gran medida consecuencia de una renovación cosmética, superficial, de imagen y de mercadotecnia, antes que de una renovación política profunda, resultado de un examen autocrítico de su desempeño en el pasado. Felizmente, para la democracia mexicana, la garantía de que no habrá una vuelta al pasado no está en la conversión democrática del PRI, sino en la fortaleza de la oposición y en la activación de la sociedad civil.

En nuestro país, ya se habla de las elecciones de 2016, y se anticipa una contienda entre viejos conocidos: Alan García, Keiko Fujimori, Alejandro Toledo, Lourdes Flores, Pedro Pablo Kuczynski. ¿Ofrecerán algo verdaderamente nuevo, o apostarán a que basta la cirujía estética para convencer a los electores? De otro lado, las fuerzas contentastarias y de izquierda, ¿podrán ofrecer algo mejor? ¿Qué lecciones se han aprendido de las gestiones de Susana Villarán y de Ollanta Humala?

VER TAMBIÉN:

La pugna poselectoral provoca la ruptura de la izquierda mexicana
El ala socialdemócrata del PRD y López Obrador planean sus propios partidos
Luis Prados 9 SEP 2012

lunes, 3 de septiembre de 2012

Sobre la moderación política

Artículo publicado en La República, domingo 2 de setiembre de 2012

Al llegar a la alcaldía de Lima en enero del año pasado, Susana Villarán intentó resaltar el inicio de un nuevo estilo de gestión, transparente, participativo, dialogante, lo que la llevó a marcar diferencias con el alcalde Luis Castañeda; al mismo tiempo, lanzó críticas al presidente de entonces, Alan García, por su estilo autoritario y cercanía con grandes empresas transnacionales, a propósito de la construcción del “Cristo del Pacífico”; e intentó llevar adelante iniciativas en el campo simbólico, como la ordenanza de respeto a toda orientación sexual, por ejemplo. Es decir, quería marcar claramente diferencias con autoridades de orientaciones políticas de derecha. Sin embargo, le fue muy mal políticamente; ahora, la alcaldesa finalmente ha detenido la tendencia a la caída en la aprobación ciudadana, pero bajo banderas que en principio no eran parte central de su identidad: llamar la atención sobre la realización de grandes obras de infraestructura, y reorganizar el tránsito de la ciudad, levantando la bandera del orden y el perfil de una autoridad que no teme enfrentar las “papas calientes”, una suerte de mezcla de los estilos de gestión de Castañeda y Andrade.

A finales de 2010, al inicio de la campaña electoral, Ollanta Humala hablaba de la “gran transformación”, pero empezó a darse cuenta de que con ese dicurso no ganaría la presidencia. Desde entonces pasó por el “Compromiso con el pueblo peruano” de marzo de 2011, la “Hoja de ruta”, y el “Compromiso en defensa de la democracia y contra la dictadura” de mayo de ese mismo año, viraje al centro consolidado como presidente electo y luego como como presidente en ejercicio. Estos cambios le permitieron ganar la elección, y en su primer año como presidente mantener el crecimiento económico y contar con niveles de aprobación ciudadana superiores a los de sus dos predecesores.

Lo que esta evidencia sugiere es que, al menos para Lima y para el país en su conjunto (las cosas son diferentes en algunos espacios regionales), la clave del éxito político se encontraría en la moderación y en cierta continuidad básica con las prácticas políticas de los gobiernos anteriores. Sin embargo, también lo es que para cualquier fuerza política progresista que se respete, es imperativo encontrar la manera de demostrar que su práctica de alguna manera marca una diferencia sustantiva con las opciones conservadoras. Está muy bien que las fuerzas de izquierda aprendan que es muy importante gobernar mostrando eficiencia, asegurando la estabilidad y la continuidad de las iniciativas que funcionan y que son apreciadas por la ciudadanía; y que sean realistas respecto a las posibilidades de aplicar sus plataformas originales. Sin embargo, también deben encontrar la manera, dentro de esos márgenes, de marcar una diferencia. La izquierda peruana parece oscilar entre el radicalismo maximalista y la resignación desencantada, y urge encontrar algún camino intermedio que tenga sentido.

ACTUALIZACIÓN, 5 de setiembre

Ver también:

Moderaciones
Raúl Wiener

Tanaka y la moderación política
Alexandro Saco

lunes, 27 de agosto de 2012

Sobre la oposición

Artículo publicado en La República, domingo 26 de agosto de 2012

Quienes escribimos sobre temas políticos solemos ocupamos del gobierno: es natural, porque allí se concentra el poder. Pero en democracia el poder cambia de manos, y más en el Perú, con una volatilidad electoral tan grande, por lo que es importante analizar también el desempeño de la oposición. A esta le corresponde fijar los límites al poder, y al hacerlo, debería establecer que haría si fuera gobierno, transmitir la idea de que con ellos en el poder las cosas serían diferentes y mejores, y que podrían serlo en las próximas elecciones.

Durante el primer año del gobierno, se comentaba que la oposición prácticamente no existía: o más bien, que ella estaba en las calles, en los movimientos de protesta, pero no en el parlamento. El giro hacia el centro del gobierno hizo que la derecha se sintiera a gusto, y las críticas más bien vinieron de disidentes del propio oficialismo. En los últimas semanas, sin embargo, con el desgaste que trajo el primer año de gobierno, y con el nuevo giro al centro con el Consejo de Ministros de Juan Jiménez, la movilización callejera ha amainado un poco y la oposición política parece haber despertado.

Sin embargo, si uno juzga su desempeño sobre la base de la interpelación a la ministra Salas, la presentación del Consejo de Ministros en el Congreso y otros debates recientes, se tiene la impresión de que oposición, al igual que el gobierno, responde de manera cortoplacista a las mareas de la opinión pública y a los “destapes” de los medios de comunicación; en otras palabras, ella reproduce a su manera las limitaciones del gobierno que critica. Es que no basta saber en contra de qué está la oposición, o las razones de su supuesta indignación: lo que realmente importaría saber es que haría ella de estar en el gobierno para solucionar los problemas que denuncian. Y muy poco hemos oído decir sobre propuestas de reforma de la educación, de combate a la corrupción, de políticas de defensa o seguridad ciudadana, de qué están haciendo como partidos “nacionales” para tener una presencia efectiva en todo el territorio, por mencionar algunos asuntos.

De otro lado, los grupos de oposición nos deben explicaciones sobre el rumbo en el que ellos mismos se encuentran: el APRA, ¿intentará consolidarse como un partido populista de derecha? ¿Cómo queda la relación entre García y el partido? El fujimorismo, que recientemente señaló que buscará perfilarse como una opción liberal, ¿buscará ir más allá de un liberalismo económico para incluir el político e institucional? El PPC, Pedro P. Kuczynski, y otros, ¿podrían construir una alianza? Si no, ¿qué propone cada uno? En cuanto a la oposición de izquierda, una vez conseguida la paralización del proyecto Conga, ¿cuál es la propuesta de desarrollo para Cajamarca y otros lugares? ¿Cuál es la agenda que reune a Ciudadanos por el Cambio, Fuerza Social, Patria Roja, el Partido Comunista, el Partido Socialista y Tierra y Libertad, más allá del registro electoral de este último?

lunes, 20 de agosto de 2012

En los márgenes de nuestra historia (2)

Artículo publicado en La República, domingo 19 de agosto de 2012

La semana pasada comentaba el libro En los márgenes de nuestra memoria histórica, de Max Hernández, en el que, desde el psicoanálisis y otras herramientas se pasa revista por momentos clave (¿episodios traumáticos?) de nuestra historia. Decía que en en libro se podía entrever una tensión entre la detección de la continuidad de grandes problemas históricos y el reconocimiento de esfuerzos reiterados, aunque infructuosos, tanto en las élites como a nivel popular, por romper con ellos. Hacia el final, el autor nos señala que “cuando se trata de experiencias traumáticas, el psicoanálisis busca la reconciliación de la persona consigo misma a través de la aceptación de una verdad particularmente difícil de asumir”; “el doloroso legado emocional de nuestra historia espera ser elaborado desde una nueva perspectiva (…) El momento es propicio pues la población mestiza, una anomalía dentro de la lógica del sistema colonial, es parte de la realidad que las nuevas corrientes de integración, transculturación y sincretismo van conformando”.

¿Qué contornos debería tener esa “nueva perspectiva”? Debería ser una que, sin dejar de ser crítica, mire también nuestra historia sin caer en anacronismos (exigir de los actores del pasado actuaciones basadas en los criterios que manejamos en el presente) o en expectativas infundadas (exigir desempeños que no se dieron en ningún país de características similares al nuestro). En el marco de esta discusión, es interesante leer el reciente libro En el nudo del imperio. Independencia y democracia en el Perú, editado por Carmen Mc Evoy, Maurio Novoa y Elías Palti (Lima, Instituto de Estudios Peruanos e Instituto Francés de Estudios Andinos, 2012).

En este libro, diversos autores analizan la independencia del Perú resaltando su importancia en nuestra historia; no es que nada hubiera cambiado después de la independencia por la continuidad de los legados coloniales, sino que ella “supuso no solo un giro político drástico, sino también un verdadero trastocamiento cultural”. Lo que ocurrió fue un “vuelco radical en cuanto a los principios sobre cuyas bases se fundará el sistema institucional”, dando paso a la democracia, al principio de soberanía popular, que “una vez proclamada, habrá de buscar modos de expresarse empíricamente, hacerse efectiva”. Desde esta perspectiva, no solo tendríamos la persistencia de herencias coloniales, también una tradición republicana y democrática sobre la cual construir, cuestión especialmente relevante de cara a nuestro bicentenario. En el libro, la colonia no se percibe como pura exclusión y violencia, y la independencia no se ve como una aventura liderada por fuerzas “extranjeras”; por el contrario, rescata algunas bases que dieron estabilidad al orden colonial, la participación tanto popular como de las elites locales en la independencia, proceso visto de manera continental, donde la contraposición entre lo “nacional” y “extranjero” no tiene sentido.

VER TAMBIÉN:

En los márgenes de nuestra historia (1)

lunes, 13 de agosto de 2012

En los márgenes de nuestra historia

Artículo publicado en La República, domingo 12 de agosto de 2012

Se presentó recientemente En los márgenes de nuestra memoria histórica (Lima, Universidad de San Martín de Porres, 2012), de Max Hernández, excelente trabajo con el que esta casa de estudios inicia el “Proyecto cultural del bicentenario peruano”.

Se trata de una aproximación ensayística del conjunto de la historia del país, y si bien no tiene una metodología precisa (o más bien, es muy compleja y diversa), podría decirse que está enclada en el sicoanálisis, con la noción de “trauma histórico”, que funcionaría de manera equivalente a un “trauma síquico”.

Simplificando, para Hernández el origen remoto del país se halla en el “horizonte temprano” de la cultura Chavín, momento del surgimiento de sociedades más complejas, con clases sociales: esto llevaría a la imposición de un orden con bases jerárquicas y autoritarias; posteriormente el Tawantinsuyo sería la expresión más sofisticada de una lógica de control territorial basada tanto en la imposición y la violencia, como en la cooptación y negociación con grupos muy diversos. La precariedad de este orden se haría evidente durante la conquista, evento cataclísmico, que pondría desde entonces a los indígenas americanos como “los grandes perdedores del encuentro con occidente”, que impuso una cultura letrada que relegó y oscureció la memoria de tradiciones milenarias. Con todo, el orden colonial se erigió bajo una lógica de “resistencia y adaptación”, de “enfrentamientos y alianzas, negociación y resistencia pacífica, rechazo del nuevo orden y adecuación a las nuevas circunstancias” que logró una notable estabilidad, de allí que tendiera a continuar durante la república e incluso hasta nuestros días. Luego, el proceso de la independencia nos planteó desafíos que superaron las capacidades de nuestras precarias elites; el Perú nació con un “Estado empírico asentado sobre un abismo social”, citando a Basadre, y los esfuerzos de construcción republicana sucumbieron a esta realidad, que a la postre llevaría a la derrota en la Guerra del Pacífico. En las primeras décadas del siglo XX, Belaunde, Haya y Mariátegui coincidiráin, cada uno a su manera, en una mirada crítica con el desempeño republicano y en la necesidad de transformar las estructuras sociales. En la década de los años ochenta y noventa, la violencia política nuevamente habría sacado a relucir que “la sociedad se ubicaba a ambos lados de la línea que separa los estereotipos de lo blanco y de lo indio”, “la segregación social y cultural enquistada desde la conquista”.

Diría que en el libro de Hernández se puede entrever una tensión constante entre la detección de la continuidad de grandes problemas históricos y estructurales, y el reconocimiento de esfuerzos reiterados, tanto en las élites como a nivel popular, por romper con ellos. Al final, el autor parece mostrar un moderado optimismo respecto a los cambios que podrían venir con la migración y la “cholificación” del país. ¿Será eso posible? Seguiré la próxima semana.

lunes, 6 de agosto de 2012

La nueva etapa del gobierno

Artículo publicado en La República, domingo 6 de agosto de 2012

Durante la gestión de Oscar Valdés como Presidente del Consejo de Ministros, diversos analistas señalaban que la derechización del gobierno de Ollanta Humala habría llegado al extremo de haber tomado la decisión de imponer la gran inversión “a toda costa”, para lo cual el endurecimiento y la represión a sangre y fuego de las protestas sociales marcaría un punto de no retorno. Por ello, el presidente habría colocado a personajes muy cercanos a él y a Valdés en los ministerios de defensa e interior.

A la luz de la conformación del nuevo consejo de ministros presidido por Juan Jiménez, esas lecturas han revelado que carecían de fundamento, y se confirma lo que otros habían señalado: que este es un gobierno pragmático, reactivo, corto placista, sin proyecto definido, que responde a las mareas de la opinión pública, sin cuadros políticos propios capaces de enfrentar los desafíos que se presentan. Si el consejo presidido por Lerner cayó por aparecer como desordenado y concesivo, el de Valés cayó por aparecer rígido e impermeable. El primero habría caído por creer ingenuamente que con el diálogo se solucionaban los problemas, el segundo por creer que la protesta se desactiva con la mano dura. De este modo, Humala ha actuado como el político que es, al igual que antes actuaron García y Toledo: promoverán la inversión, pero no cuando los costos políticos de hacerlo sean excesivos. Esto hasta Yanacocha parece haberlo entendido, y ya se cuenta con el proyecto Quellaveco para mostrar que sí habría casos de “minería responsable”. Y hoy en la PCM y en interior se habla nuevamente de diálogo, y en defensa hay un ministro que no es parte del entorno palaciego.

Ahora bien, también habría que reconocerle al gobierno que este pragmatismo podría haber llevado por otros rumbos, como cuando se especuló con la posibilidad de un acercamiento con Solidaridad Nacional. Tal vez este camino no se consumó porque, en realidad, el gobierno no enfrenta propiamente oposición en el parlamento. Ella está en la calle.

¿Cómo enfrentar el malhumor de la calle? Nuevamente, podría haberse intentado tener ministros más “políticos” que pongan énfasis en comunicación, gestos, golpes efectistas. Por el contrario, el gobierno, en la práctica, ha decidido reforzar una suerte de estilo tecnocrático-social para atenderlas, mediante una combinación de diálogo con los núcleos movilizados y de aplicación de políticas sociales eficientes focalizadas en los más necesitados, que permita justificar el discurso de la “gran transformación gradual y persistente”.

Queda por supuesto en el aire la pregunta de si esta apuesta permitirá oxigenar al gobierno más allá del corto plazo; la apuesta “tecnocrática-social” tiene sus límites, precisamente en la falta de manejo político. En lo inmediato, en los cuestionamientos a la ministra Patricia Salas, se juega la viabilidad de esta apuesta, y lo que ella necesita es responder más políticamente a los cuestionamientos que se le hacen.

jueves, 2 de agosto de 2012

OXFAM: Informe Perú 2011-2012

Acaba de aparecer el Informe Perú 2011-2012 de OXFAM, como siempre interesante. Encontrarán un artículo de este servidor sobre el primer año del gobierno de Humala. Saludos...

OXFAM: Informe Perú 2011-2012

Presentación

Mirando al Perú

Martín Tanaka
Los dilemas de Ollanta Humala

Jorge Bruce
El ambiente desplazó a lo social

Ricardo León
Territorios sin reglas

José de Echave
Se busca una política ambiental

Eduardo Gudynas
Hay vida después del extractivismo

Juan Chacaltana
La inclusión laboral de los jóvenes

Virginia Vargas
La necesidad de revalorar la diferencia

Fernando Eguren
El nuevo latifundismo peruano

Carlos Bedoya
Recetas contra el hambre

Duncan Green
La crisis como oportunidad de cambio

José Sato
El desastre sísmico que podemos evitar

Richard Chase Smith
¿Por qué no las vemos?

martes, 31 de julio de 2012

Economía y Sociedad 79

Acaba de aparecer el último número de la revista del CIES, con un artículo de este servidor, dedicado al análisis de los límites de la respuesta estatal a los conflictos sociales.

Se trata de una versión resumida de la investigación que llevó por título "¿Por qué el Estado no responde adecuadamente a los conflictos sociales? Y ¿qué hacer al respecto?" presentado al CIES en octubre de 2011.

El abstract de esa versión dice así: "En este trabajo se estudia por qué el Estado peruano no es capaz de canalizar por vías institucionales la conflictividad social, y concluimos que los desafíos que han planteado el crecimiento económico, la puesta en marcha de grandes proyectos de inversión y el proceso de descentralización, han excedido las capacidades de respuesta tanto del aparato público como del sistema político. Esto se expresa en la falta de capacidades institucionales para atender los problemas, en los límites de los marcos normativos actualmente vigentes, y en la falta de políticas de Estado y de gobierno que orienten la toma de decisiones tanto al interior de un mismo gobierno, de diferentes gobiernos en un mismo ámbito subnacional, como entre niveles de gobierno". Saludos...

Tema Central: Institucionalidad, crecimiento e inclusión social

Contenido

Desafíos de la inclusión social
Javier Herrera – IRD y Juan Pablo Silva – MIDIS

Retos y perspectivas de la economía peruana
Waldo Mendoza – PUCP

Incidencia en políticas públicas desde la investigación
Norma Correa y Santiago Pedraglio – PUCP

Economía del costo de las transacciones: orígenes, aplicaciones y desafíos
Oliver E. Williamson - Universidad de California en Berkeley

Otros temas

¿Por qué el Estado no responde adecuadamente a los conflictos sociales? y ¿qué hacer al respecto?
Martín Tanaka – IEP

¿Cuál es el costo de la contaminación ambiental minera sobre los recursos hídricos en el Perú?
Pedro Herrera y Oscar Millones – PUCP

¿Por qué no se resuelven los conflictos mineros en el Perú?
Mónica Muñoz Nájar y Hongrui Zhang – CIUP

Publicaciones

Actividades institucionales

VER TAMBIÉN:

PREVCON, Mapa de la conflictividad social en el Perú. Análisis de sus principales causas (Lima, PREVCON-PCM, 2011).


domingo, 29 de julio de 2012

2012-2021

Artículo publicado en La República, domingo 29 de julio de 2012

La fecha que marca el aniversario patrio coincide con el inicio del periodo anual de sesiones del Congreso y con el mensaje anual a la nación del Presidente de la República, por lo que tiene un marcado carácter “oficialista”, y está muy tomado por el debate de la coyuntura. Esto hace difícil que la festividad tenga el carácter de fiesta popular que tiene en otros países (pensar en la celebración de México o de los Estados Unidos, por ejemplo); también hace que la coyuntura le quite espacio a la reflexión de temas de fondo. Estos asuntos cobran especial importancia pensando en nuestro bicentenario. Llegaremos a 2021 marcados por las iniciativas que se inicien durante este gobierno y terminadas en el próximo. Deberíamos estar discutiendo ya cómo quisiéramos llegar a esa fecha; diversos actores han lanzado algunas iniciativas, de distinto tipo: la Asamblea Nacional de Rectores, la Pontificia Universidad Católica, la Universidad de San Martín de Porres, el Instituto de Estudios Peruanos, la revista Caretas, entre otros. Desde el Estado, el CEPLAN elaboró un Plan Bicentenario, aprobado por el Acuerdo Nacional.

Podríamos lograr que el bicentenario sea ocasión para un debate y una introspección profunda y productiva de lo que hemos sido y de lo que podemos ser como país, útil para pensar los desafíos que enfrentaremos en las próximas décadas. Para ello, deberíamos aprovechar, primero, el hecho de que sea cada vez más evidente que el país está atravesando por muy profundos cambios y que enfrentará desafíos inéditos en el futuro, que exigen diagnósticos y miradas nuevas; segundo, el hecho de que la producción de las ciencias sociales en general, y de la historiografía en particular, en las últimas décadas, ha cambiado profundamente las miradas vigentes sobre el país, su historia y su identidad, por lo que urge discutir las imágenes prevalecientes en nuestra cultura política; y tercero, que el actual ciclo de crecimiento económico ha permitido la generación de un discurso que postula la necesidad de articular una nueva narrativa más “optimista” de la historia y de la identidad del país.

Para que el bicentenario sea realmente útil, se requiere avanzar en la construcción de miradas amplias y plurales del país que efectivamente partan del conocimiento generado por nuestras ciencias sociales en las últimas décadas, pero capaces de impactar en la cultura política en general, por lo que la interlocución con el magisterio y los medios de comunicación es fundamental; también abordar las nuevas temáticas y desafíos, que requieren financiar nuevas y ambiciosas agendas de investigación; finalmente, es necesario apuntar a lograr un equilibrio que evite tanto visiones “edulcoradas”, “de exportación” de nuestra historia e identidad, como visiones sesgadamente críticas, discursos de “denuncia” que lleven a la parálisis y que impidan identificar los “activos” con los que cuenta el país para acometer las tareas del presente y del futuro.

viernes, 27 de julio de 2012

Empresas y grupos económicos


Excelente número de la Revista Apuntes, de la Universidad del Pacífico. 


Revista Apuntes n° 70
Contenido

La política de las empresas en Latinoamérica: investigando sus estructuras, preferencias e influencia
Ben Ross Schneider

El empresariado colombiano (1850-2010) ¿microcosmos del empresariado latinoamericano? Una aproximación a sus características
Carlos Dávila L. de Guevara

Políticas públicas, disponibilidad de capital e internacionalización de empresas en América Latina: los casos de Argentina, Brasil y Chile
Diego Finchelstein

Fragmentación del empresariado en la época de la industrialicación por sustitución de importaciones (ISI) en la Argentina: una aproximación desde el estudio de la red corporativa (1954-1970)
Andrea Lluch / Érica Salvaj

Las prácticas del poder. Discusiones en torno al problema de la acción política empresaria
Gastón J. Beltrán

Responsabilidad social empresarial, política e internacionalización. El caso del «conflicto de los cisnes» en Valdivia, Chile
Gonzalo Delamaza

La retirada heterogénea: estrategias y desempeños de los grupos económicos nacionales en la Argentina de la década de 1990
Ana Castellani / Alejandro Gaggero

Estrategias empresariales en contextos de alta incertidumbre. Desafíos de una empresa productora de aluminio en la Argentina (1970-2001)
Marcelo Rougier

Algunas claves de la longevidad de las grandes empresas familiares brasileñas
Paloma Fernández Pérez / Lourdes Casanova

Reseñas de Apuntes 70