domingo, 14 de marzo de 2010

Sobre García y el APRA

Artículo publicado en La República, domingo 13 de marzo de 2010

Recientemente se ha comentado mucho sobre el XXIII Congreso del APRA y sobre la actuación del presidente García, tanto para definir sus resultados como en los vaivenes a propósito del indulto a José Enrique Crousillat.

Hemos visto en las últimas semanas y meses que, mientras en otros partidos los conflictos se traducen en deserciones individuales (la derecha) o en divisiones entre grupos (la izquierda), en el APRA después de las patadas vienen los abrazos. Para los apristas la vida fuera del partido es fría y solitaria, por lo que al final se impone la unidad, aunque sea a la fuerza. No debería sorprendernos, en el Congreso de 2004 se impuso también la secretaría colegiada Mulder-Del Castillo, con Cabanillas a cargo de la dirección política. Desde entonces, Mulder se desgastó en la organización interna, Cabanillas llegó a ser ministra pero quedó fuera de competencia después de los sucesos de Bagua, mientras que Del Castillo consiguió la Presidencia del Consejo de Ministros y sobrevivió a los “petroaudios”. Apareció con fuerza un nuevo grupo generacional representado por Quezada, pero ya García insinuó que el candidato presidencial sería Del Castillo. Atrás quedaron también los ensayos de buscar candidaturas “amplias”, detrás de figuras como Ántero Flores o Yehude Simon.

García tiene un juego doble: necesita un candidato suficientemente competitivo para lograr una buena representación parlamentaria, pero no tanto que amenace su liderazgo dentro del partido. Del Castillo parece cumplir ambos propósitos. Si bien la encuesta nacional urbana de Ipsos-Apoyo de febrero le da a Del Castillo una intención de voto de 2% y al APRA un 6%, no debe perderse de vista que la aprobación a la gestión de García está relativamente estable alrededor del 26% (recordemos que García pasó a la segunda vuelta con 25.8 y 24.3% en 2001 y 2006, respectivamente); y la popularidad de García podría favorecer al candidato del APRA. Una encuesta nacional urbana de la Universidad Católica de diciembre del año pasado registraba que hasta un 18% de los encuestados podría votar por el candidato del APRA. Como sea, en 2011 sabremos si el APRA sin García está más cerca del Alva Castro de 1990 (alrededor del 22% en la elección presidencial y en el Congreso), o de Cabanillas y Salinas (4 y 1% en las presidenciales de 1995 y 2000, y 7 y 6% en el Congreso).

El peso del liderazgo de García, que finalmente impuso la secretaría colegiada, también ha estado en debate a propósito del caso Crousillat. Mientras que algunos analistas se empecinan en analizar la conducta de García como condicionada por un intercambio de favores con el fujimorismo, más productivo es detenerse en sus propios intereses: el indulto sirvió como gesto para los fujimoristas y para presionar a América Televisión. Pero con el escándalo generado, no se hará ningún problema con que vuelva a la cárcel, y quemar el fusible del ministro de Justicia.

ACTUALIZACIÓN, 16 de marzo

VER TAMBIÉN:

¿Qué es el APRA?
¿Cuál es la situación del partido más añejo de la política peruana? ¿Conserva la vieja vitalidad o es solo una sigla vendedora? ¿Quiénes se disputan agriamente el poder en su interior? A continuación, un diagnóstico ad portas de su vigésimo tercer congreso nacional en marzo próximo, en el que se elegirá a las nuevas autoridades partidarias.
Por Alberto Vergara
15 de febrero de 2010
http://www.poder360.com/article_detail.php?id_article=3580

miércoles, 10 de marzo de 2010

Argumentos, año 4, nº 1, marzo 2010

"Argumentos dedica este número al tema de la desigualdad en el Perú, haciendo notar tanto sus variadas manifestaciones y consecuencias como su persistencia y reconfiguración, a pesar del sostenido crecimiento económico del país —o quizás como resultado de él—.

En la sección de coyuntura, Remy analiza los cambios en las reglas de juego para elecciones subnacionales y sus consecuencias en la representatividad de los gobiernos regionales. En el tema central se aborda la desigualdad en el país desde distintas miradas: desigualdad económica, desigualdad territorial, desigualdad horizontal y los conflictos derivados de la latente tensión entre el crecimiento y la pobreza. En este contexto, Matta reflexiona sobre el éxito de la cocina peruana. El número cierra con la reseña de dos libros que han dado mucho que hablar últimamente, la democracia según Lynch y Adrianzén.

Este año (2010) y el que viene (2011) supondrán un largo proceso electoral para el Perú que apenas se inicia y, desde el IEP, queremos aportar con un tema de fondo que consideramos necesita de una renovada discusión académica y política. ¿Por qué persiste y crece la desigualdad en el Perú? ¿Cuáles son los procesos y mecanismos que producen y reproducen la desigualdad y qué otros contribuyen a reducirla? ¿Cuánto de la desigualdad en el país está en la base de las distintas formas de discriminación? ¿Cuánta y qué tipo de desigualdad tolera nuestra democracia? ¿Qué tanto importa a los peruanos y a sus proyectos la persistencia y agravamiento de la desigualdad? Argumentos quiere abrir un espacio para esta reflexión, invitando a sus lectores a comentar, cuestionar y debatir en línea".

Coyuntura

María Isabel Remy. ¿Son representativos los gobiernos regionales?

Desigualdades persistentes

Carlos de los Ríos. ¿Crecimiento exclusivo?: Una mirada a la desigualdad económica en el Perú
Patricia Ames. Desigualdad y territorio en el Perú: Una geografía jerarquizada
Ludwig Huber. Desigualdad, diferencia y políticas de la identidad: Una agenda pendiente
Oscar del Alamo. Crecimiento con desigualdad en el Perú: Un escenario de conflictos

Cultura y sociedad

Raúl Matta. Cocina y Clases: Acerca del éxito de la cocina fusión en Lima

Crítica y reseña

Eduardo Dargent. La democracia según Lynch y Adrianzén

Ver:
http://www.revistargumentos.org.pe/index.php?fp_plantilla_seleccionada_temporal=75

Teoría del Estado y de las políticas públicas desde la ciencia política - Syllabus

Estado y Políticas Públicas Syllabus

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Este semestre dictaré el curso "Teoría del Estado y de las políticas públicas desde la ciencia política", en la licenciatura de ciencia política de la Pontificia Universidad Católica del Perú. Comparto el syllabus, que seguramente tiene algunos problemas; como excusa diré que en gran parte son inevitables por ser un curso que se dicta por primera vez, y que no hay muchos cursos parecidos que uno pueda tomar como referencia. Espero que sea de utilidad para los interesados en estos temas, saludos.

PS. Ver el syllabus del seminario sobre teorías del Estado de Eric Olin Wright, del 2005:
http://www.ssc.wisc.edu/~wright/924%202005%20syllabus.pdf

domingo, 7 de marzo de 2010

Lecciones de un debate

Artículo publicado en La República, domingo 7 de marzo de 2010

Quienes leen habitualmente estas páginas saben que en las últimas semanas he participado en un debate, en particular con mis estimados colegas Nicolás Lynch y Alberto Adrianzén. Presento aquí algunas conclusiones muy personales.

Nada malo tiene la militancia en el Partido Nacionalista, ni en ningún otro; por el contrario, en un contexto antipolítico como el que padecemos, estos compromisos deben ser saludados, debemos mirar con simpatía todos los esfuerzos serios de construcción partidaria. Precisamente por eso he mirado críticamente el que algunos apoyen a Ollanta Humala, en vez de militar en el Partido Nacionalista, o de respaldar un proyecto colectivo bien definido. Y por eso también he criticado recientemente el transfuguismo y oportunismo de algunos personajes, guiados por consideraciones puramente electorales.

El dedicarse a la investigación social, a la docencia universitaria y a la militancia partidaria al mismo tiempo es complicado, no imposible, por supuesto. Venimos de una tradición de muy fuerte politización de las ciencias sociales, en las que las consignas partidarias se impusieron sobre la investigación rigurosa. Ciertamente, no solo la politización introduce sesgos en el análisis académico: pero de todo ello lo que debemos deducir es la necesidad de ser muy escrupulosos en lo metodológico, no dar rienda suelta a la subjetividad. Pienso que un científico social debe ser muy disciplinado en su trabajo académico y desde esa base aportar al debate público, evitando acomodar la realidad a sus intereses y banderas, de modo de justificar sus posturas políticas.

Importantes sectores de nuestra izquierda siguen teniendo dificultades para asumir un paradigma democrático. Se piensa que las preferencias de la mayoría tienen primacía sobre las instituciones, lo que justifica las acciones de Chávez, Morales, Correa. Convenientemente se olvida a Álvaro Uribe, quien defiende exactamente el mismo argumento, y también a Alberto Fujimori, en realidad el fundador contemporáneo de este argumento en el área andina; lo que no les impide acusar de conservadores o fujimoristas a quienes rechazamos la arbitrariedad del poder, sea de izquierda o de derecha. Estas descalificaciones al interlocutor me suenan a una suerte de versión izquierdista del discurso gubernamental de El Perro del Hortelano. Más sensata me suena la propuesta de Ollanta Humala, quien recientemente propuso la creación de un frente democrático en contra de la corrupción en las elecciones municipales en Lima, que una izquierdas y derechas.

Para terminar, si bien tenemos una democracia, es evidente también que es de muy mala calidad. Propongo seguir el debate en torno a cómo mejorarla. Y acá podríamos relacionarnos con otro debate muy interesante ocurrido en las últimas semanas sobre el neoliberalismo en el Perú, en el que han participado Waldo Mendoza, Felix Jiménez, Ricardo Lago, Pedro Francke, entre otros.


VER TAMBIÉN:

Actualidad Económica del Perú
http://aeperu.blogspot.com/

El nuevo pensamiento conservador
Dom, 07/03/2010
Alberto Adrianzén
http://www.larepublica.pe/debates-alberto-adrianzen/07/03/2010/el-nuevo-pensamiento-conservador


ACTUALIZACIÓN, 9 de marzo.

Ver también:

Yo no soy politólogo (por ti seré, por ti seré)
Mar, 09/03/2010
Nelson Manrique
http://www.larepublica.pe/columna-en-construccion/09/03/2010/yo-no-soy-politologo-por-ti-sere-por-ti-sere


ACTUALIZACIÓN, 10 de marzo

miércoles 10 de marzo de 2010
LA “NEUTRALIDAD” CUESTIONADA (NELSON MANRIQUE SOBRE LA OBJETIVIDAD)
Gonzalo Gamio
http://gonzalogamio.blogspot.com/2010/03/la-neutralidad-cuestionada.html


ACTUALIZACIÓN, 14 de marzo
La vida, la academia y la política
Dom, 14/03/2010
Nicolás Lynch
http://www.larepublica.pe/debates-nicolas-lynch/14/03/2010/la-vida-la-academia-y-la-politica

UN DEBATE QUE SE ESTÁ ENTRAMPANDO
domingo 14 de marzo
Gonzalo Gamio
http://gonzalogamio.blogspot.com/2010/03/un-debate-entrampado.html

Entrevista con Alberto Vergara: “El Perú necesita más política, más ideas"
Por Alberto Mori
http://www.pucp.edu.pe/idehpucp/boletin/index.php?view=interna&cat=1&id=131

lunes, 1 de marzo de 2010

Intelectuales y política

Sigue el debate sobre intelectuales y política. Ver algunas de las últimas contribuciones:

Politólogos y políticos
Sáb, 27/02/2010
Alberto Adrianzén

http://www.larepublica.pe/disidencias/27/02/2010/politologos-y-politicos

De Ideele 197:

Los intelectuales, la militancia y el nacionalismo
Alberto Adrianzén

http://www.revistaideele.com/node/643?page=0%2C1

Cuando el país duele demasiado
Pedro Francke/Tierra y Libertad

http://www.revistaideele.com/node/643?page=0%2C2

De la razón en política al uso político de la razón
Juan Sheput/Perú Posible

http://www.revistaideele.com/node/643?page=0%2C3

La transición inconclusa de Alberto Adrianzén
Jorge Morel/Politólogo

http://www.revistaideele.com/node/661

Por sus libros los conoceréis
Eduardo Dargent

http://www.caretas.com.pe/Main.asp?T=3082&id=12&idE=867&idSTo=82&idA=45095

http://martintanaka1.blogspot.com/2010/02/por-sus-libros-los-conocereis-de.html

viernes 26 de febrero de 2010
¿ADIOS A LA EPISTEMOLOGÍA? MÁS SOBRE IDEOLOGÍAS Y OBJETIVIDAD
Gonzalo Gamio

http://gonzalogamio.blogspot.com/2010/02/adios-la-epistemologia.html

Si el régimen político no es de izquierda, no es democrático (o el blues de los intocables)
Alberto Vergara

http://www.larepublica.pe/archive/all/domingo/20100228/10/node/252517/todos/1558

Solamente unos comentarios breves, porque no tengo mucho que añadir a cosas que ya he dicho antes. Pero no me puedo resisitir a comentar partes de los textos de Adrianzén. En Ideele el autor dice,

"Y si creo poco en la “objetividad” —más allá de que también crea que hay que tratar de practicarla—, menos creo en la imparcialidad cuando hablamos de política. Cómo ser imparcial, por ejemplo, frente al genocidio del pueblo judío en la Segunda Guerra Mundial o, ahora, frente a la masacre cotidiana del pueblo palestino o la guerra imperialista en Irak. Cómo ser imparcial (o neutral) frente a los sucesos de Bagua o ante el reciente e impúdico intento del Ejecutivo por cambiar la Ley sobre Desplazamientos Internos (ley 28223) para favorecer la construcción de cinco centrales hidroeléctricas, en el marco del Memorando de Entendimiento entre Perú y Brasil, principalmente en nuestra selva. La razonabilidad en la conducta política de los individuos poco tiene que ver con la “imparcialidad” y mucho, más bien, con un cierto compromiso que no puede ser sinónimo de fanatismo, dogmatismo o simple “sobonería”. Además, hay que reconocerlo, tener (o mantener) un compromiso no es fácil; más simple, definitivamente, es no actuar, más aun si se hace en aras de la imparcialidad y la objetividad. Me pregunto cuántos individuos, parafraseando al poeta español, recitan sin saberlo estos versos todos los días: 'Soy más duro que el mármol a las quejas del otro y más helado que la nieve al lamento de los otros'. Sospecho que muchos".

Adrianzén recurre a un argumento demagógico, impresionista, caracterizado por algunos como "ley de Godwin". Ver:

http://en.wikipedia.org/wiki/Godwin

Quién podría invocar imparcialidad "frente al genocidio del pueblo judío en la Segunda Guerra Mundial". La gran mayoría estaremos en contra de los nazis y a favor del pueblo judío y actuaríamos en consecuencia (lo mismo respecto a sus demás ejemplos). En lo que sí habría que intentar ser objetivo, riguroso, imparcial, sería, por ejemplo, en una investigación que busca explicar el surgimiento del nazismo, y que tiene ante sí diversas hipótesis en competencia. Son dos dimensiones totalmente diferentes. Frente a los problemas del mundo definitivamente tenemos que actuar, no ser indiferentes, incluyendo por supuesto a los científicos sociales. Pero atención que la vida militante debe ser diferenciada de la vida del científico social, cada una se rige por reglas diferentes.

De otro lado, en su artículo en La República dice lo siguiente: "(...) debemos dejar de lado dos cosas si queremos procesar un debate serio: por un lado, esta suerte de oficio de notario que busca dar cuenta de una “realidad”, y por el otro, este “objetivismo” de que las cosas son como son porque la realidad es supuestamente única y se construye al margen de las voluntades de los individuos. Si así fuera, por ejemplo, no tendría sentido en la sociología el famoso teorema de Thomas (1928) que nos dice: “Si las personas definen las situaciones como reales, estas son reales en sus consecuencias” ".

Estoy de acuerdo con que la realidad no existe al margen de la voluntad de los individuos, más todavía en el campo de la política, donde la acción precisamente cambia la realidad. Sin embargo, la referencia a Thomas me parece equivocada: ella conduce a pensar que las percepciones de las personas son también hechos objetivos, registrables, medibles, relativamente independientes del observador, y por lo tanto campo de observación científica y análisis empírico. Para eso están los estudios sobre cultura y opinión política, marcos de referencia cognitivos (framings), y otros. Thomas tiene razón, lo importante es ver cómo los actores definen las situaciones, porque actuarán según esas definiciones. Pensar por ejemplo en las personas en comunidades que están convencidas de que la minería contamina; al margen de lo que digan estudios de impacto ambiental, la gente apoyará o rechazará la minería sobre la base de sus percepciones, para lo cual es crucial estudiar cómo se forman y cambian las mismas. Ver por ejemplo:

CLARIFYING THE RELATIONSHIP BETWEEN FRAMING AND IDEOLOGY IN THE STUDY OF SOCIAL MOVEMENTS: A COMMENT ON OLIVER AND JOHNSTON*
David A. Snow - Robert D. Benford
http://www.ssc.wisc.edu/~oliver/PROTESTS/ArticleCopies/SNOW_BED.PDF

De otro lado, Adrianzén dice:
"(...) creo que el problema no es tanto la objetividad de los científicos sociales sino más bien otro: la permanente invasión de los científicos sociales (y politólogos) –que carecen de responsabilidades políticas– en el campo de la política. Dicho en otros términos: asumir un comportamiento (y un discurso) político con la vestimenta del científico social o del académico 'neutral' ”.

Muy impresionante: ahora resulta que para escribir sobre temas políticos es obligatorio militar en algún partido, apoyar explícitamente a algún candidato. ¿Y si no nos entusiasma ninguno, como a la gran mayoría de peruanos?

Leyendo a Adrianzén y a Francke me ha provocado escribir un post sobre mi brevísima y fracasada experiencia militante. Espero tener tiempo pronto para hacerlo...

ACTUALIZACIÓN, 2 de marzo.

Ver también:

La democracia que molesta
Mar, 02/03/2010
Nicolás Lynch
http://www.larepublica.pe/delito-de-opinion/02/03/2010/la-democracia-que-molesta

Venezuela, Colombia, Cuba y Chile
Mar. 02 mar '10
Carlos Basombrío
http://peru21.pe/impresa/noticia/venezuela-colombia-cuba-chile/2010-03-02/269250

martes 2 de marzo de 2010
EL DEBATE SOBRE LA OBJETIVIDAD Y EL ARGUMENTO DEL MUÑECO DE PAJA (REFLEXIONES SOBRE UN ARTÍCULO DE ALBERTO VERGARA)
Gonzalo Gamio
http://gonzalogamio.blogspot.com/2010/03/el-debate-sobre-la-objetividad-y-el.html


ACTUALIZACIÓN, 5 de marzo

Economía y ética (1)
Mildemonios 05 marzo 2010
http://mildemonios.lamula.pe/?p=1638

domingo, 28 de febrero de 2010

¿Democracia o autoritarismo?

Artículo publicado en La República, domingo 28 de febrero de 2010

Hace algunas décadas, los regímenes no democráticos asumían formas claramente dictatoriales, con militares tomando el poder por la fuerza de los tanques. En los últimos años, sin embargo, aparecen formas “híbridas”: presidentes electos, con un importante apoyo popular, destruyen instituciones para crear poderes personalistas; y gobiernos que cumplen con las formalidades institucionales, gobiernan obviando los intereses de la mayoría, privilegiando grupos de poder particularista.

¿Cómo distinguir democracias de autoritarismos? A mi juicio el núcleo de la democracia está en ser una forma de régimen político que busca controlar la arbitrariedad en el ejercicio del poder garantizando derechos fundamentales a la ciudadanía. Por ello se realizan elecciones, se establecen reglas que buscan generar equilibrios, contrapesos, que eviten que un ejercicio del poder sin límites. La prueba de fuego de una democracia es evaluar si es que los actores, las reglas e instituciones son capaces de frenar la voluntad de acumular o extender el poder de un líder, por más popular que sea. Por el contrario, cuando un líder viola sistemáticamente todas las reglas, amedrenta a los opositores, no negocia y se impone con prepotencia, estamos en la zona autoritaria.

Un ejemplo que ilustra una dinámica democrática es el rechazo de la Corte Constitucional en Colombia a la ley que proponía la segunda reelección de Alvaro Uribe. En su fundamentación la Corte dice que esa ley “desconoce algunos ejes estructurales de la Constitución Política como el principio de separación de los poderes y el sistema de frenos y contrapesos, la regla de alternación y períodos prestablecidos, el derecho de igualdad y el carácter general y abstracto de las leyes”. Es de resaltar también que la respuesta de Alvaro Uribe fue acatar el fallo; recordemos que la respuesta del fujimorismo en una situación similar fue usar su mayoría en el Congreso para destituir a los miembros incómodos del Tribunal Constitucional. De otro lado, en Bolivia acabamos de saber que el congreso aprobó la “Ley transitoria de designación de autoridades judiciales”, que le permitirá al presidente Morales designar a dedo a los nuevos miembros de la Corte Suprema, del Tribunal Constitucional y del Consejo de la Judicatura, hasta la elección de nuevos miembros a finales de año, lo que le permitirá a Morales tener el control de los poderes ejecutivo, legislativo y judicial.

Estas diferencias marcan desafíos y agendas específicas. En países como Venezuela, de lo que se trata es de enfrentar a un régimen autoritario y volver a uno democrático, sin desonocer sus avances sociales (ver informe reciente de la CIDH sobre Venezuela). En Bolivia, evitar un deslizamiento por una pendiente autoritaria. En Colombia y Perú, atacar los problemas de pobreza, desigualdad, inseguridad, acción de grupos ilegales y poderes de facto que controlan desmedidamente la política.


VER MÁS:

La democracia en los Andes
Vie, 26/02/2010
Sinesio López
http://www.larepublica.pe/el-zorro-de-abajo/26/02/2010/la-democracia-en-los-andes

Corte Constitucional Colombia
POR MEDIO DE LA CUAL SE DECIDE SOBRE LA CONSTITUCIONALIDAD DE LA LEY 1354 DE 2009, DE CONVOCATORIA A UN REFERENDO CONSTITUCIONAL.
http://www.corteconstitucional.gov.co/comunicados/No.%2009%20Comunicado%2026%20de%20febrero%20de%202010.php

Sobre Ley transitoria de designación de autoridades judiciales
http://www.auditoriajudicial.org.pe/aj/index.php?option=com_content&view=article&id=403:-rechazan-designaciones-por-la-ley-transitoria&catid=140:boliviaregigion&Itemid=44

DEMOCRACIA Y DERECHOS HUMANOS EN VENEZUELA
http://www.cidh.org/countryrep/Venezuela2009sp/VE09.indice.sp.htm


ACTUALIZACIÓN, 5 de marzo
Bravo, Colombia
Jaime de Althaus Guarderas
Viernes 5 de Marzo del 2010
http://elcomercio.pe/impresa/notas/bravo-colombia/20100305/423193

martes, 23 de febrero de 2010

"Objetividad" y ciencias sociales (5)

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Sigue la discusión sobre la "objetividad" y las ciencias sociales, por lo visto es un tema en el cual había mucha discusión pendiente que recién se está ventilando. Ver un par de posts aparecidos el sábado pasado, donde dejé breves comentarios:

Sobre ideología, compromiso intelectual y ciencias sociales
Stanislao Maldonado
http://asesinatoenelmargen.blogspot.com/2010/02/sobre-ideologia-compromiso-intelectual.html

Compromiso político y ciencias sociales
Gonzalo Gamio
http://gonzalogamio.blogspot.com/2010/02/compromiso-politico-y-ciencias-sociales.html

De otro lado, recibí de Julio Carrión una comunicación personal con un excelente aporte al debate, el syllabus de un curso suyo sobre métodos cualitativos en ciencia política, que incluye una discusión epistemológica. Allí encontrarán las referencias bibliográficas y los términos en los que se discute y trabaja sobre estos temas desde la ciencia política. En esa comunicación personal Carrión me hace un comentario muy útil: "La discusión sobre el compromiso del investigador se hace más manejable si se asume que la tarea central de las ciencias sociales es explicativa (es decir, busca ofrecer modelos causales de los fenómenos en cuestión). El análisis causal tiene sus propios estándares y procedimientos, y mientras los investigadores se atengan a ellos es irrelevante si están o no 'comprometidos' ".



Julio Carrión ADVANCED SOCIAL RESEARCH FOR POLITICAL SCIENCE



En la bibliografía del curso de Carrión aparece un excelente texto, cuya lectura ayudará a ubicar mucho mejor de qué estamos discutiendo. Ver de Donatella Della Porta y Michael Keating, “How many approaches in the social sciences? An epistemological introduction”. En: Della Porta y Keating, Approaches and Methodologies in the Social Sciences. A Pluralist Perspective. Cambridge, Cambridge University Press, 2008. Sobre la base de este texto, propongo la idea siguiente: convengamos que tanto las versiones "duras" del positivismo como las humanísticas (usando las categorías de Della Porta y Keating) son muy extremistas; fijemos una zona de diálogo entre lo que ellos llaman posiciones post-positivistas e interpretativas; y entendamos esta discusión como un trade-off en un continuo, en donde en un extremo tenemos lógicas hipotético-deductivas, con cierta capacidad de hacer generalizaciones probabilísticas, que intentan ser rigurosas manteniendo cierta neutralidad valorativa con el objeto de estudio, pero que son débiles por desatender contextos específicos y las condiciones sociales y políticas en las que se pretende construir conocimiento; y del otro, tenemos lógicas interpretativas-contextuales, que nos dan un conocimiento profundo sobre situaciones específicas y sobre los condicionamientos del investigador, que asumen también una tarea crítica y transformadora, pero que tienen escasa capacidad de hacer generalizaciones, y que pueden caer en subjetividades y voluntarismos. No se puede tener todo en la vida, así que entre posiciones post-positivistas e interpretativas debería haber diálogo y complementación, antes que competencia, siendo inevitablemente diferentes.

De otro lado, pienso que, dentro de la ciencia política, la mayoría de los politólogos nos movemos dentro de una zona post-positivista, o de un positivismo "blando", por así decirlo. Y no tanto por una decisión política u ontológica, sino como consecuencia de nuestros objetos de estudio. Al concentrarnos en el estudio del Estado, de las instituciones políticas y de la lógica de los actores en ese contexto, en donde la lógica comparada resulta crucial, solemos encontrar esa aproximación más útil. Por eso le comentaba a Gonzalo Gamio que no debería sorprender que yo, por los temas que trabajo, me identifique con un positivismo blando o un post-positivismo, mientras que él, un filósofo preocupado por temas de filosofía práctica, se incline por posturas interpretativas o hermenéuticas. Y no me parecería propio que alguno de nosotros reclame alguna "superioridad epistemológica". Por eso le proponía a Gamio una metáfora grosera y simplificadora, pero que podría ser útil. Si discutimos qué es mejor, un serrucho o una llave inglesa, podríamos decir que es una cuestión de preferencias de cada quien, definidas muy subjetivamente. Pero si pensamos en tareas específicas, un carpintero preferirá tener el serrucho a la mano, mientras que un gasfitero preferirá la llave inglesa. Así es como tiendo a ver el asunto.

Creo que la lectura de Della Porta y Keating sería muy útil para mejorar el nivel de nuestra discusión sobre estos temas y evitar seudo-discusiones, que parten de simplificar el debate, caricaturizando las posiciones contrarias a las de uno, sea cual sea su posición. Saludos.



Donatella Della Porta and Michael Keating



ACTUALIZACIÓN. Ver también:

24 de febrero de 2010
Anti-positivismo y objetividad en las ciencias sociales
Stanislao Maldonado
http://asesinatoenelmargen.blogspot.com/2010/02/anti-positivismo-y-objetividad-en-las.html

February 20, 2010
El fracaso del "intelectual comprometido"
Carlos Meléndez
http://jorobadonotredame.blogspot.com/2010/02/el-fracaso-del-intelectual-comprometido.html

lunes, 22 de febrero de 2010

Más allá de la democracia electoral. Hacia democracias ciudadanas en los Andes


Están cordialmente invitados. Como mencioné aquí,

http://martintanaka.blogspot.com/2010/02/critica-los-criticos-de-alberto.html

soy parte de la Red de investigadores del Andean Democracy Research Network, que desarrolla el proyecto "Más allá de la democracia electoral. Hacia democracias ciudadanas en los Andes". Me parece prueba elocuente de que no pienso que lo único importante son las reglas y el diseño institucional, sino que es importante considerar otras dimensiones que les dan sustento, tal como hemos estado discutiendo en las últimas semanas. Sobre eso conversaremos en la conferencia, saludos.

domingo, 21 de febrero de 2010

Ética y política

Artículo publicado en La República, domingo 21 de febrero de 2010

Las últimas encuestas de opinión sugieren que en el momento actual los candidatos con mayor respaldo electoral son, para la alcaldía de Lima, Lourdes Flores y Alex Kouri, y para la Presidencia de la República, Luis Castañeda y Keiko Fujimori. Esto ha llevado a Alejandro Toledo, Ollanta Humala y Lourdes Flores a proponer la conformación de algún tipo de frente o alianza que permita construir una candidatura “demócrata” que enfrente las candidaturas éticamente cuestionables de Kouri y K. Fujimori. Mientras que parece claro que finalmente Flores asumirá el reto de la candidatura en Lima en nombre de este frente, la cosa aparece muy confusa para la elección presidencial.

Después de la renuncia de Salvador Heresi y de otros personajes a sus partidos para poder ser candidatos de otros percibidos con mayor opción de triunfo, esta discusión es refrescante. Si bien Kouri tiene derecho a continuar en la arena política a pesar de sus “errores”, de asumir los costos de estos y seguir adelante, y si bien Keiko Fujimori puede decir que ella no es responsable por las decisiones que tomó su padre siendo presidente, también los ciudadanos tenemos derecho a desconfiar de personajes que no han hecho deslindes claros con prácticas corruptas como la segunda y que encarnan maneras de hacer política en las que la celada y la mentira resultan centrales, como el primero. Recordar si no la propuesta de Kouri a Montesinos (enero de 1998) de aprobar en el Congreso una ley en contra del Callao, para que él encabece una protesta, que luego permita a Fujimori quedar bien derogando la ley, y a él presentarse como opositor. Esta retorcida manera de hacer política debió ser excesiva incluso para Montesinos. Habría que añadir que Luis Castañeda no es precisamente un emblema de la transparencia, la rendición de cuentas y el compromiso contra la corrupción.

Otro ángulo del asunto nos remite a las percepciones de la población. ¿Cómo se entiende que las personas supuestamente odien la corrupción y la suciedad de la política, pero apoyen a candidatos asociados con esta? Me parece que hay un problema básico de información y evaluación: una autoridad que tiene un presupuesto de 100, roba 0 e invierte 100, es peor evaluado que otro cuyo presupuesto es 500, roba 300 e invierte 200. El segundo hizo más obra, y eso parece ser lo que cuenta. La ciudadanía también parece valorar positivamente la “viveza”, el no ser un “caído del palto” como reivindicó para sí en alguna ocasión Alberto Fujimori, dada la percepción de que el político es un mundo excesivamente tramposo. Por ello, si bien no sabemos si estas propuestas de frente serán viables electoralmente, al menos tienen el mérito de recordarnos que nos hemos habituado demasiado a que la política se reduzca a una competencia pragmática por llegar al poder, olvidando que de lo que se trata es de defender algunos principios y propuestas.

viernes, 19 de febrero de 2010

"Objetividad" y ciencias sociales (4)

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Continuación de:
http://martintanaka.blogspot.com/2010/02/objetividad-y-ciencias-sociales-3.html

Paso al texto de Nicolás Lynch, quien plantea varias discusiones teóricas-epistemológicas interesantes. Según Lynch, "lo que pasa con Tanaka es que plantea una suerte de relativismo conceptual que les huye a las definiciones y que, por ejemplo, lo hace sostener en diversas intervenciones que el fujimorismo no fue dictadura ni democracia sino 'autoritarismo competitivo' ". De otro lado, para Lynch sería deseable para un intelectual no solo tener compromiso político, sino además, un compromiso académico. Me atribuye un "temor a cualquier compromiso", que me haría "terminar, sin querer queriendo, comprometido en la defensa del orden existente". Ese compromiso académico evitaría el problema de equiparar la epistemología con "una gira por el supermercado", problema en el cual supuestamente yo caería, al sostener "en debate con Nelson Manrique, que los enfoques epistemológicos se escogen de acuerdo al problema que uno tiene por delante y no –sobre todo– como una opción académica e incluso ideológica en el curso de un proceso de investigación".

Muy bien. Sobre el primer punto, algo adelanté en una discusión anterior con Adrianzén, ver:

http://martintanaka.blogspot.com/2010/02/critica-los-criticos-de-alberto.html

El concepto de autoritarismo competitivo surge de la necesidad de una mayor precisión conceptual, de una mejor definición, no de lo contrario. Las categorías "democracia" y "dictadura" no dan cuenta de un gobierno como el de Fujimori, aplicar cualquiera de ellas lleva a un estiramiento conceptual indebido. El gobierno militar 1968-1980, por ejemplo, fue una dictadura: no existen elecciones, no existe Congreso, no está permitida la acción de los partidos, la prensa es propiedad del Estado, la legitimidad no es un problema, porque se impone por la represión y el uso de la fuerza. El gobierno militar de Odría, 1948-1956, evidentemente pertenece a la misma categoría, "dictadura"; pero claramente no el fujimorismo. Pero tampoco fue una democracia, por la concentración del poder, la vulneración de la autonomía de los demás poderes del Estado, los límites al pluralismo y la competencia, etc. Es necesario crear una nueva categoría para evitar un relativismo conceptual, para lograr un definición más precisa: por ello, el autoritarismo competitivo un gobierno autoritario que mantiene formalidades democráticas, que es competitivo electoralmente, que se legitima plebiscitariamente.

Estos problemas conceptuales sobre el mismo tema se presentan también en su libro El argumento democrático sobre América Latina. La excepcionalidad peruana en perspectiva comparada (Lima, UNMSM, 2009). Por ejemplo, cuando dice:

"[Tanaka, 2005] Basándose en una lectura equivocada de Juan Linz (2000), califica al régimen [fujimorista] como un «autoritarismo competitivo», una variedad de régimen autoritario que no calificaría, según la tipología de Linz como dictadura. Nada más falso. El que el régimen de Fujimori no haya sido un régimen totalitario, con todos los espacios cerrados para la oposición, no quiere decir que no haya sido dictadura (...) Ahora bien, que el propio Linz prefiera hablar de autoritarismo y no de dictadura porque este término se usa mucho como sinónimo de totalitarismo, no quiere decir que no establezca una barrera clara entre un régimen y el otro [sic]. Por ello, el propio Juan Linz señala que el autoritarismo competitivo es una variedad de autoritarismo, no de democracia. Por eso mismo, la teoría de las transiciones habla de pasajes de autoritarismos a democracias, y no santifica a ninguna variedad de régimen autoritario por permitir que existan algunos partidos que compitan en la restringida institucionalidad que establece. Si no, observemos al Brasil de la dictadura militar de 1964 a 1985, al que nadie se ha atrevido a calificar de democracia porque tuviera una competencia restringida de partidos políticos. Pero el problema no es la endeblez teórica del planteamiento sino sus consecuencias políticas y cómo la confusión a la que conduce puede servir, eventualmente, a los que no quieren ninguna democracia en el Perú" (p. 119-120).

Para empezar, hay una confusión conceptual. Partiendo de Linz las categorías son democracia - autoritarismo (Franco, p.e.) - totalitarismo (Hitler, p.e.); Lynch tiene razón cuando dice que, en efecto, tanto el autoritarismo como el totalitarismo pueden ser dictaduras, que difieren por su grado de ideologización. Pero yo no parto de Linz, sino de otros autores que plantean más bien las categorías democracia - autoritarismo - dictadura para dar cuenta de regímenes políticos no democráticos que no encajan con las dictaduras resultantes de golpes militares tradicionales (como el fujimorismo, precisamente). Pero volvamos a la cita de Lynch: primero me critica por decir que el fujimorismo es un régimen autoritario y no una dictadura; luego dice que leo equivocadamente a Linz al distinguir autoritarismo de dictadura; luego, reconoce que Linz establece la distinción entre uno y otro; luego dice que según Linz el autoritarismo competitivo es una variedad de autoritarismo, no de democracia... que es exactamente lo que digo yo. Y continúa diciendo que a nadie se le ocurriría calificar de democracia o santificar a la dictadura militar brasileña o en general a los gobiernos dictatoriales de los años setenta porque permitieron cierto espacio a la oposición, como hizo el fujimorismo. Es cierto, a mí tampoco: el fujimorismo no fue una democracia, fue un autoritarismo. Un autoritarismo competitivo.

Para mí la ojeriza con la categoría autoritarismo competitivo, y la caracterización del fujimorismo como dictadura es una muestra clara de cómo se cae en imprecisión conceptual causada por una motivación política: "no hay que darle armas al enemigo". Cuidado con parecer "comprometido en la defensa del orden existente". Lo que para mí refuerza elocuentemente el punto presentado en el post anterior, sobre lo difícil que es conciliar el rigor académico con la pasión del militante.

Sobre estos temas conceptuales ver este texto de Hadenius y Teorell, un excelente ejemplo de la utilidad de hacer distinciones finas para analizar los regímenes autoritarios y no hacer generalizaciones gruesas:

Authoritarian Regimes:Stability, Change, and Pathways to Democracy, 1972–2003
Axel Hadenius y Jan Teorell
Working Paper #331 - November 2006
http://kellogg.nd.edu/publications/workingpapers/WPS/331.pdf

Encontré además un syllabus muy interesante, que me parece presenta muy bien la literatura pertinente:

Political Dynamis: Comparative Authoritarianism
Winter 2010 PhD - Lecturer: Dr Matteo Fumagalli
http://web.ceu.hu/polsci/syllabi/0910/PHD/winter/CompAuthoritarianism.pdf

Ahora vamos a la "gira por el supermercado". El origen de esta burla viene de este comentario mío:

"Cuando dicto cursos de teoría en ciencia política, suelo decir que lo que me parece más sabio es definir la utilidad de las teorías según los temas de investigación, antes que cualquier otra cosa. Y son nuestros intereses de investigación los que nos harán simpatizar más o menos con un enfoque teórico; así, esa preferencia no es fruto de ninguna "superioridad ontológica", es simplemente resultado de nuestra especialización y de nuestra particular forma de ver el mundo. Felizmente quedaron atras nociones como que "no estaría bien" ser funcionalista (o especializarse en la teoría de la elección racional) por su epistemología individualista; del mismo modo que es absurdo pensar que "no estaría bien" ser marxista por su colectivismo. Toda teoría tiene elementos valiosos que debemos aprovechar según nuestros intereses de investigación, y todas tienen puntos ciegos y limitaciones que debemos intentar compensar echando mano de otras herramientas. Así, las teorías deben ser pensadas como "fuente de preguntas", antes que como "fuente de respuestas" como solía muy bien decir Guillermo Rochabrún en sus clases de teoría sociológica. Buenas teorías, o un buen uso de las teorías, abren buenas preguntas y marcan pistas útiles, fructíferas, de investigación. Las respuestas, siempre parciales, las da la investigación empírica rigurosa".

http://martintanaka.blogspot.com/2010/02/objetividad-y-ciencias-sociales.html

No niego que uno se identifique o se sienta más cerca de una propuesta teórica, es inevitable y natural que eso suceda. La cosa es que esa adhesión no debe ser dogmática, debe ser fruto, como digo, de nuestros intereses de investigación, de nuestra especialización, de nuestra particular forma de ver el mundo desde allí, no de una opción política, y sin pretender ninguna "superioridad ontológica". Yo por ejemplo simpatizo con un modelo "débil" de elección racional, y con un "institucionalismo basado en actores". Pero sería tonto creer que uno está por encima o por debajo de un marxista, de un funcionalista, de un post-estructuralista, o lo que sea. No se trata solamente de aceptar el pluralismo en la academia, también de reconocer que cada teoría tiene aportes y puntos ciegos, y por ello cada una es más o menos pertinente y útil para ciertos temas de investigación.

Estoy totalmente en desacuerdo con la idea de Lynch de que los enfoques epistemológicos deban entenderse como una "opción académica e incluso ideológica en el curso de un proceso de investigación". Yo creo que pensar así lleva a dos problemas: a tratar de meter con calzador un modelo teórico cuando no es pertinente para el análisis de un problema, o a utilizar metiendo por la puerta falsa, inadvertidamente, teorías y enfoques relevantes para el análisis empírico, pero sin conciencia, control, rigor. Quisiera poner dos ejemplos que me parecen elocuentes de cada una de estas situaciones.

El primero es el libro de Henry Pease, El ocaso del poder oligárquico. Lucha política en la escena oficial, 1968-1975 (Lima, DESCO, 1977). Uno lee el marco teórico, y encuentra referencias a Poulantzas y Gramsci, muy propias de la época, que remiten a las clases sociales y sus representaciones en el mundo de la política. El marco teórico funciona muy bien para dar cuenta del periodo previo al que es materia del libro, el primer gobierno de Belaunde: hay clases y fracciones de clase que tienen representantes que defienden sus intereses en el Congreso, en el consejo de ministros, hay un bloque en el poder pero hay conflictos a su interior, hay fracciones dominantes y subordinadas. Hasta acá, todo muy convincente. Sin embargo, ese marco teórico no es útil para estudiar el periodo del que se ocupa el libro, el gobierno de Velasco, caracterizado precisamente por una gran autonomía del Estado frente a las clases dominantes. Acá es más útil un marco teórico que enfatice el desarrollo institucional del Estado, culturas institucionales, el desarrollo de lógicas propias que rompen con patrones tradicionales, etc. Uno puede insistir y recurrir a la "autonomía relativa" del Estado para tratar de explicar porqué el modelo no funciona, pero me parece claro que estamos tratando de salvar un marco teórico que no es útil para describir lo que está sucediendo. Mucho más fructífero es un marco institucionalista, que sí funciona para explicar lo que sucede. Ejemplos de esta manera de ver el gobierno de Velasco pueden verse en: Stepan, Alfred, The State and Society: Peru in Comparative Perspective (Princeton University Press, 1978) y Trimberger, Ellen, Revolution from Above: Military Bureaucrats and Development in Japan, Turkey, Egypt, and Peru (Transaction Pub., 1978).

La aproximación clasista es buena para el periodo 1963-1968; la institucionalista para el periodo 1968-1975. Esto no implica una "gira por el supermercado": con el tiempo, con nuestra especialización uno termina dedicándose a cosas para las cuales cierta teoría le resulta a uno más útil, y termina "identificándose" con ella. Pero esto es resultado de la especialización, no de una opción política definida ex-ante.

El segundo caso lo ilustro con un libro del propio Lynch: Los jóvenes rojos de San Marcos: el radicalismo universitario de los años setenta. Lima, El Zorro de Abajo, 1990. Se puede descargar completo aquí:
http://nicolaslynch.com/libros/

Este libro me parece que ilustra muy claramente el uso implícito de un modelo teórico funcionalista - estructural, basado en la teoría de la modernización y los conceptos de anomia y deprivación relativa para dar cuenta de la radicalización política, tal cual lo presentan autores como Robert Merton o Ted Gurr en Why Men Rebel (Princeton, Princeton University Press, 1970). Me imagino que estas herramientas teóricas tan útiles son consideradas poco deseables para las opciones políticas, epistemológicas, teóricas y metodológicas que supongo maneja Lynch. Sin embargo, demuestran su utilidad en el análisis empírico y le permiten a Lynch escribir un libro interesante. El problema es que, por no usar explícita, conciente y claramente esa teoría, puede ocurrir que no la aproveche del todo, la use mal, o no sea capaz de controlar sus puntos débiles.

Mi conclusión es que el entender decisiones teóricas o epistemológicas no según su pertinencia para el análisis empírico, sino "como una opción académica e incluso ideológica en el curso de un proceso de investigación" es una muestra más de los problemas asociados a la combinación entre militancia política y trabajo académico. En este caso, la aplicación de criterios políticos al ámbito académico, que tiene sus propias reglas.

Soy conciente de que estos son temas controversiales, y de que se podrían dar buenas razones en sentidos diferentes a los que aquí propongo. Considero esto un primer esbozo de ideas que deberían desarrollarse mejor.

jueves, 18 de febrero de 2010

"Objetividad" y ciencias sociales (3)

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La verdad es que no me imaginé que unos comentarios sueltos sobre la objetividad y las ciencias sociales generarían tanta atención. Ver:

http://martintanaka.blogspot.com/2010/01/manifiesto-por-la-gran-transformacion.html

http://martintanaka.blogspot.com/2010/02/objetividad-y-ciencias-sociales.html

http://martintanaka.blogspot.com/2010/02/objetividad-y-ciencias-sociales-2.html

http://martintanaka.blogspot.com/2010/02/de-los-principios-las-politicas.html

Y tres comentarios recientes, coincidentemente aparecidos el martes 16 pasado:

El compromiso intelectual
Mar, 16/02/2010 - Nicolás Lynch
http://www.larepublica.pe/delito-de-opinion/16/02/2010/el-compromiso-intelectual

Matar a la madre
César Hildebrandt - LA PRIMERA
http://www.diariolaprimeraperu.com/online/columnistas/matar-a-la-madre_56874.html

Militancia y ciencia social
Carlos Mejia 16-02-2010
http://grancomboclub.com/2010/02/militancia-y-ciencia-social.html

A ver. En general, trato siempre de evitar la personalización del debate, y concentrarme en temas de interés general. Lo que interesa son las ideas, las posiciones, no las personas, y esto me incluye a mí, por supuesto. Sobre las personas solamente diré que respeto y aprecio a Hildebrandt, Lynch y Mejía, que me parecen personas muy valiosas, más allá de las discrepancias que podamos tener. En cuanto a mí, me parece que mis preferencias políticas personales no son de interés general, cada quién es libre de elegir dónde se ubica y dónde ubica a los demás. Sí quisiera aclarar que no pretendo presentarme como árbitro de nada ni como abanderado de una "objetividad" que, ya lo he dicho varias veces antes, es una quimera imposible de alcanzar. En efecto, todos tenemos sesgos, preferencias, rechazos, etc., imposibles de controlar del todo. Y no me parece que ser conservador sea bueno o malo, como tampoco tiene nada de bueno o malo de por sí ser liberal, o aprista, o comunista o cualquier cosa que uno quiera ser; tampoco me parece que sea necesariamente bueno o malo militar o no militar en un partido, ser un intelectual comprometido o un intelectual no comprometido, mientras se respete el derecho de los demás a decidir lo que mejor les parezca. Cada opción tiene sus alcances y límites, como todo en la vida. Y si no hago explícitas mis opciones políticas es simplemente porque no las tengo claras yo mismo, no porque las quiera ocultar.

[ACTUALIZACIÓN: algo he comentado antes sobre mis definiciones políticas personales. Ver:
http://martintanaka.blogspot.com/2006/09/la-bsqueda-del-presente-de-octavio-paz.html
http://martintanaka.blogspot.com/2006/12/sobre-definiciones-polticas.html]

Pasemos mejor a cosas de interés general. Carlos Mejía (también Nicolás Lynch) plantea el tema de la tensión, que no incompatibilidad, entre reflexión académica y militancia partidaria. De esa tensión hay que ser concientes, y hay que saber manejarla. Ya he escrito anteriormente que: "(...) el que sea difícil para un académico o intelectual hacer política no significa que no pueda o deba hacerla, en tanto es un ciudadano como cualquier otro. Es más, en un país como el Perú, con un nocivo discurso antipolítico tan fuerte, es bueno que los ciudadanos asuman compromisos políticos. El asunto es saber que se trata de un paso muy problemático, tanto para ser eficaz en lo político como riguroso en lo académico".

http://martintanaka.blogspot.com/2010/01/manifiesto-por-la-gran-transformacion.html

Hay algunos ejemplos de combinación exitosa; y muchos ejemplos en los que los académicos- políticos terminan siendo sesgados e ideológicos como académicos, e ineficaces como políticos. Es decir, por querer hacer las dos cosas, no terminas haciendo nada bien. En nuestro país, me parece claro que tenemos pocos casos de combinaciones exitosas, y muchas de combinaciones desafortunadas. Venimos de una tradición de excesiva politización, partidarización e ideologización de la academia. La clave es que un militante sea capaz de aceptar la realidad tal cual es, a pesar de que en ocasiones vaya en contra de los intereses de su causa, y que el académico entienda que hacer política con eficacia pasa necesariamente por hacer concesiones, transacciones y arreglos que pueden entrar en tensión con los principios generales que lo motivan a militar en un partido.

Otro tema es el supuesto carácter conservador de la discusión sobre la gobernabilidad. Quisiera poner en cuestión esa asociación. La temática tuvo un origen conservador en los años setenta, pero han pasado más de treinta años y ahora la discusión va por otros lados. Uno puede perfectamente preguntarse por los muchos problemas de gobernabilidad que genera el mantenimiento del statu quo, y plantear la necesidad de cambios profundos. Sobre el tema en general recomiendo ver el clásico The Crisis of Democracy (Crozier, Huntington, Watanuki, 1975) y Gobernabilidad y democracia (2001), de Antonio Camou, entre muchos otros:

http://www.scribd.com/doc/8317647/The-Crisis-of-Democracy-Michel-Crozier-Samuel-Huntington-Joji-Watanuki

http://www.bibliojuridica.org/libros/libro.htm?l=501

Finalmente, Mejía plantea una discusión que yo resumiría en la máxima marxista de que "el ser social determina la conciencia", que pretende aplicar al trabajo académico. Partiendo de esa noción hay dos caminos. Uno me parece muy productivo, y lleva a explorar las complejas relaciones entre academia y sociedad, los condicionamientos históricos, económicos, políticos, internacionales, de la labor intelectual, el papel que juegan el Estado, la política, las fuentes de cooperación internacional, etc. Evidentemente, la academia no es una isla, y es sometible a un análisis crítico. Pierre Bourdieu tiene cosas interesantes al respecto, por ejemplo (ver Homo Academicus, 1988). En nuestro medio no hay mucho, lamentablemente, más allá de los varios libros de Osmar Gonzales y un par de libros editados por Alberto Adrianzén en DESCO sobre pensamiento político peruano. Más estudios serios sobre estos temas serían muy bienvenidos. Ver Gonzales, Osmar, Señales sin respuesta. Los Zorros y el pensamiento socialista en el Perú, 1968-1989 (Lima: PREAL, 1999); Adrianzén, Alberto, ed., Pensamiento político peruano, 1930-1968 (Lima, DESCO, 1990); y Adrianzén, Alberto, ed., Pensamiento político peruano (Lima, DESCO, 1987). También Sánchez, Juan Martín: El Instituto de Estudios Peruanos. De la ambición teórica de los años sesenta al estupor fáctico ante el fujimorismo. Lima, Instituto de Estudios Peruanos, 2002. Documento de trabajo nº 123. Disponible en: http://www.iep.org.pe/textos/DDT/DDT123.pdf

Otro camino, menos productivo, es el que sigue Mejía, basándose me parece en una lógica determinista, según la cual las condiciones de reproducción determinan las formas de pensamiento, siguiendo una lógica muy mecánica de defensa de intereses. Esta noción ha sido ampliamente criticada en las ciencias sociales en general por no reconocer la autonomía de lo político y de otras esferas respecto a la esfera social. Cuando se aplica al análisis de las clases sociales, es razonable pensar que si las cosas van bien, quisieras que continúen y mejoren; y si van mal, que cambien. Sin embargo, puede haber mucho margen de controversia [en torno a con qué criterio se mide la buena o mala marcha de las cosas], qué significa "continuidad" y "cambio", y cuáles serían las mejores vías para lograr cada una de esas metas. Esto se ubica en el terreno de la construcción política, que no es deducible de la social. Y los problemas de la noción determinista de que el ser social determina la conciencia se hacen mucho mayores cuando se estudia la academia, un ámbito que precisamente se precia de ser autónomo, de regirse por reglas propias. Esto hace que los condicionantes sociales, que existen, nunca sean tan directos y claros, y que haya que hilar muy fino en el análisis, como vimos más arriba.

Llegados a este punto, ya que este blog aspira a ser leído por estudiantes de ciencias sociales, que suelen estar legítimamente preocupados por su inserción en el mercado laboral y su ejercicio profesional, me parece muy importante levantar un cargo hecho por Mejía: el de la determinación de las fuentes de financiamiento sobre los contenidos de la investigación social. Diré que hay dos grandes tipos de relación entre fuentes de financiamiento e investigación: de un lado tenemos instituciones serias, que funcionan sobre la base de consejos directivos y comités consultivos autónomos, que siguen declaraciones de principios explícitos y transparentes, que asignan fondos mediante concursos sobre temas relevantes, pertinentes, con reglas claras y jurados competentes, regidos por consideraciones académicas y términos de referencia precisos, que garantizan la independencia y autonomía de tu trabajo. Y del otro lado tenemos los casos que presenta Mejía: un estudio del efecto del tabaco financiado por tabacaleras, un estudio sobre el carácter abortivo de la AOE pagado por Vaticano. Aquí no se cumplen las condiciones que mencioné anteriormente. En esos casos, diría que un académico serio no debería involucrarse, porque su independencia y autonomía estarían comprometidas.

En general, yo diría que mientras los concursos de proyectos y consultorías sean dirigidos por entidades y personas serias, que garanticen la independencia y autonomía de tu trabajo, mientras este sea evaluado según consideraciones académicas y términos de referencia precisos, y mientras se trate de temas relevantes, todo está bien. Si sientes que esa independencia y autonomía están comprometidas, si la institución no es confiable, si el tema es tendencioso o sesgado, pues no te presentes. Y si es que pensaste que había condiciones adecuadas, y en medio del proceso de investigación recibes presiones indebidas, pues denúncialas.

Este post ya está muy largo, así que en la próxima sigo con el texto de Lynch.

Imagen tomada del blog de Carlos Mejía, Bajada a Bases: sindicalismo, política, cultura y trabajo; todo junto y revuelto.
http://sindicalistas.blogspot.com/

domingo, 14 de febrero de 2010

De los principios a las políticas

Artículo publicado en La República, domingo 14 de febrero de 2010

El sábado 6 Alberto Adrianzén y el martes 9 Nelson Manrique tuvieron a bien comentar en estas páginas un par de artículos míos, el primero reseñando el reciente libro La transición inconclusa... (también en este diario), y el segundo comentando sobre la objetividad en las ciencias sociales, en mi blog martintanaka.blogspot.com

¿Qué distingue a los militantes y activistas de los científicos sociales? Los primeros deben dar buenas razones a favor de las causas que defienden, y desarmar argumentos contrarios a las mismas; considero que un científico social debe más bien intentar explicar por qué las cosas son como son, estar siempre abierto a que la realidad no se ajuste a sus preferencias, deseos o hipótesis, y dar cuenta de ello. Estoy de acuerdo con Manrique cuando dice que la objetividad es finalmente una quimera; pero de ello no se debe deducir que tenemos derecho a ser subjetivos y arbitrarios. Por el contrario, se deduce que debemos hacer todos los esfuerzos posibles por controlar nuestros inevitables sesgos.

Para un científico social trabajar temas políticos es complicado: a diferencia de otros terrenos más distantes a la vida cotidiana, sobre los sucesos políticos todos tenemos como ciudadanos opiniones legítimas. De otro lado, todos los científicos sociales tenemos preferencias, valores, simpatías, y es difícil controlarlas. Las discusiones generadas a partir de la publicación de Usted fue aprista de Manrique son elocuentes al respecto. Además, la cosa se complica más cuando científicos sociales asumen banderas partidistas, como pudo verse en las discusiones generadas por la reciente adhesión de intelectuales como Adrianzén, Lynch, López, Jiménez y otros a la candidatura presidencial de Ollanta Humala.

Estos profesionales cuestionan el modelo neoliberal, lo que es legítimo. Sin embargo, creo que desde ahora deberíamos esforzarnos todos en ser más precisos: ¿qué significa eso? Hago la misma sugerencia a los economistas del blog Actualidad Económica del Perú (aeperu.blogspot.com), que opinan en este diario. ¿Cuáles son las medidas concretas alternativas? (los simpatizantes del modelo, por su lado, deberían decirnos concretamente cómo combatir la exclusión social). La idea es que estos debates salgan del ámbito de especialistas y se conviertan en propuestas que puedan ser recogidas por los candidatos en sus campañas. Y acaso en el camino descubriremos que, lo que ubicados en plano principista parecen grandes desavenencias, al pasar al plano de las políticas concretas en realidad son diferencias de matiz. A estas alturas nadie razonable propone ni la destrucción del Estado ni un intervencionismo soviético. En general, me parece que en nuestro país los debates en este terreno se parecen más a los chilenos y brasileños que a los argentinos o bolivianos. Nuestro problema, en realidad, me parece que está en la precariedad de nuestro sistema político.


AMPLIACIÓN:

Sobre los temas comentados en el artículo, ver:

http://martintanaka.blogspot.com/2010_02_01_archive.html
http://martintanaka.blogspot.com/2010_01_01_archive.html

Profundizando en el tema del último párrafo del artículo, ver por ejemplo:

Debate Necesario
miércoles 20 de enero de 2010
Pedro Francke
http://aeperu.blogspot.com/2010/01/debate-necesario.html

Francke arranca muy bien, pidiendo evitar debates falsos. Luego, identifica temas de controversia. Todos queremos aumentar la recaudación, pero unos proponen bajar los costos laborales para promover la formalización, mientras que otros aumentar los impuestos a las empresas mineras, petroleras y de finanzas. Muy bien. Pero después, me parece que viene una enumeración de cosas que podrían generar consensos amplios: defender derechos laborales reconocidos internacionalmente, promover la agricultura y la pequeña empresa, incentivos varios para promover el turismo, el avance tecnológico, el surgimiento de nuevas industrias, la descentralización de la economía... recientemente, por ejemplo, el gobierno neoliberal actual ha aprobado una ley que exonera de impuestos a las actividades económicas que se ubican por encima de los 2500 metros. Al margen de que sea una mala iniciativa, esto sugiere que se puede ser "neoliberal" y dar incentivos que promuevan actividades específicas.

viernes, 12 de febrero de 2010

"Objetividad" y ciencias sociales (2)

El martes pasado Nelson Manrique respondió a unos comentarios míos del 1 de febrero, referidos a un texto de Gonzalo Gamio y del propio Manrique, referidos a la objetividad en las ciencias sociales. Los links pertinentes son:

La objetividad
Mar, 19/01/2010
Nelson Manrique
http://www.larepublica.pe/node/244968

Jueves 28 de enero de 2010SOBRE LA OBJETIVIDAD Y LA CIENCIA SOCIAL
Gonzalo Gamio
http://gonzalogamio.blogspot.com/2010/01/sobre-la-objetividad-y-la-ciencia.html

lunes 1 de febrero de 2010
"Objetividad" y ciencias sociales
http://martintanaka.blogspot.com/2010/02/objetividad-y-ciencias-sociales.html

El justo medio
Mar, 09/02/2010
Nelson Manrique
http://www.larepublica.pe/columna-en-construccion/09/02/2010/el-justo-medio

Bueno. Creo que gran parte de la discusión parte de un malentendido (debo haberme expresado mal, o de manera ambigua). Yo critico que Manrique considere que sigue la noción de "justo medio" todo aquel que “asigna una posición a las ideas existentes en plaza (radicales o conservadoras, progresistas o reaccionarias, etc.) para luego buscar ubicarse en una posición equidistante de ellas”. Me parece que es tergiversar la noción de justo medio que viene desde Aristóteles. Y la apelación a este último no tenía como propósito llevar el debate por el camino de la virtud y la búsqueda de la felicidad de los investigadores, sino buscar inspiración en esa noción para plantear un debate teórico, sobre el que volveré más adelante. Manrique termina preguntando si es que yo, y en general, todos los que pensamos la realidad tenemos una ideología, y mi respuesta es sencillamente que sí, que tiene razón, precisamente en el texto que él critica digo claramente que la objetividad es una quimera y que el investigador social nunca estará libre de condicionantes sociales. Concuerdo por eso con él (y con Gamio) en la necesidad de que los investigadores debemos hacer transparentes nuestros supuestos, valores, etc. Supongo que ellos también estarán de acuerdo conmigo en que la metodología de la ciencia busca precisamente controlar lo más posible que esos supuestos, valores, etc., nos impidan ver la realidad de la manera más rigurosa posible.

Quisiera más bien seguir la discusión comentando de qué manera la noción del justo medio puede servir de inspiración para las ciencias sociales, espero que estas ideas sean de utilidad, por ejemplo, a estudiantes buscando definir mejor sus temas de tesis. Una buena manera de encontrar un tema de investigación es abordando una controversia. En Aristóteles, se piensa cuál es la respuesta virtuosa ante las amenazas, y se encuentra que un extremo es la cobardía, el otro la temeridad, y se define que el justo medio es la valentía. De un manera similar, respecto a algún asunto, uno puede registrar un abanico de posiciones, sin que exista un consenso sobre cuál es la correcta. ¿Qué hacer con ellas? Estas se pueden ordenar teóricamente, según el tipo de variable independiente o el tipo de explicación al que apelan para dar cuenta del fenómeno que se estudia. Y allí uno puede establecer, con criterios teóricos, las posiciones que ocupan los extremos y las posiciones intermedias.

Ejemplo: interpretaciones que enfatizan más variables estructurales u otras que enfatizan más la capacidad de acción de los actores; interpretaciones que enfatizan más el carácter autónomo y profesionalizado del Estado y otras que enfatizan su vulnerabilidad y dependencia de grupos de interés privados; etc. El principal problema que hay que evitar es caer en el defecto de caricaturizar estas posiciones, para descartarlas fácilmente después, y así resaltar artificiosamente el aporte que uno hace. Uno debe discutir siempre con los mejores argumentos alternativos, no con los peores. El aporte de la investigación sería indagar qué postura es la más acertada, ya sea en general como para algún caso específico, basándose en una metodología que implica algún recojo y análisis de evidencia empírica. Seguramente (por supuesto, no siempre) la conclusión será que la postura más razonable no se ubicará en las posiciones extremas (y tampoco en la posición equidistante entre ellas), sino en un "justo medio". Espero tener tiempo para continuar con temas como este, que espero sirvan, como decía más arriba, a estudiantes tratando de definir bien sus preguntas de investigación para la tesis.

miércoles, 10 de febrero de 2010

"Crítica a los críticos" de Alberto Adrianzén

El sábado pasado Alberto Adrianzén respondió a mi columna del 24 de enero, en la que reseño su libro La transición inconclusa. Los links de mi texto y del de Adrianzén son:

http://martintanaka.blogspot.com/2010/01/la-transicion-inconclusa.html

http://www.larepublica.pe/disidencias/06/02/2010/critica-los-criticos

Las críticas de Adrianzén se ubican en varios planos. En primer lugar, me critica por hacer deducciones equivocadas. Dice que el grueso del libro fue redactado entre 2000 y 2004 (el colofón en 2007), por lo tanto no podría decirse nada sustantivo de su reciente apoyo a Humala, o de su evaluación de los gobiernos de Correa y Morales partiendo de éste. Luego, señala afirmaciones que serían equivocadas: Adrianzén advierte, para Venezuela, "riesgos o tentaciones autoritarias", con lo cual sí sería crítico con Chávez; y entre liberalismo y democracia para él no habría "contradicción", sino "tensión".

Sobre lo primero, creo que el libro puede leerse como una unidad. Me parece que el libro es más coherente de lo que el propio autor considera; las ideas del colofón no son contradictorias con las presentadas en las páginas anteriores. La "tensión" entre capitalismo y liberalismo se plantea al inicio, de allí se deduce que la reforma neoliberal de Fujimori haya sido autoritaria; y también que con la transición debió romperse con el modelo económico y político...

Respecto a mis afirmaciones equivocadas: decir de Venezuela que hay "riesgos o tentaciones autoritarias" me parece que confirma lo poco crítico que es Adrianzén con Chávez, quien encabeza un gobierno abiertamente autoritario y arbitrario. Sobre la tensión o contradicción entre liberalismo y democracia, en su propio artículo Adrianzén dice que "el autoritarismo no es solo un régimen que controla reglas y procedimientos sino también, y sobre todo, un “pacto de dominación” (capitalista)". Me parece que con esto el autor sin querer me da la razón. Para él el liberalismo capitalista es autoritario, no democrático (¿y los países liberales capitalistas democráticos?) o peor aún, el autoritarismo es capitalista, afirmación sin mucho sentido porque hay muchos autoritarismos no capitalistas (como el de Chávez).

Luego, Adrianzén cae en el vicio de adjudicarme ideas o intenciones que no tengo. Dice que "le parece un error decir que hoy la vía socialdemócrata unifica liberalismo y democracia". Yo no digo eso de hoy; eso ha sido así históricamente. Y el hecho de que hoy haya en Europa un predominio de la derecha confirma mi punto anterior: puedes tener capitalismo, gobiernos de derecha, que son al mismo tiempo democráticos. No hay por qué asociar autoritarismo con capitalismo. Volveré sobre este punto más adelante.

El autor dice que no quiero discutir una de las tesis más importantes de su libro; no es que no quiera, simplemente en mi reseña tomé los aspectos que me parecieron más interesantes para el público en general. Dice que para mí las reglas y el diseño son lo único, mientras que para él son importantes, pero no lo único. En realidad, en eso estamos de acuerdo, como se verá más claro más adelante. Después dice que "Tanaka no es partidario de que se cuestione el orden social ni el “modelo neoliberal” porque eso trae “ingobernabilidad". No es exacto; yo diría más bien "cuestiona el orden social y el modelo neoliberal todo lo que quieras (sobre las preferencias de cada quien no me meto), pero piensa en cómo vas a enfrentar los problemas de gobernabilidad que aparezcan, y sus consecuencias". Estoy seguro que es un comentario que Alvaro García Linera le debe haber hecho a Evo Morales en más de una ocasión.

Finalmente, Adrianzén señala algunos puntos que considera centrales en la discusión, que comento brevemente:

a) en la década de los 80 se dio el desembarco de la teoría liberal (sobre todo norteamericana) en Latinoamérica. Estas ideas fueron aceptadas acríticamente (sin problematizarlas) por una serie de politólogos y por algunos partidos progresistas;

De acuerdo parcialmente. En la ciencia política pasamos de la hegemonía del marxismo a visiones pluralistas; que fueron aceptadas sin crítica suficiente, creo que es cierto. La necesidad de una revisión crítica se hacía particularmente necesaria porque lo que ocurrió es que las mismas personas que en la década de los años setenta hablaban de revolución pasaron en los ochenta a hablar de la necesidad de la construcción de consensos y la defensa de la democracia política. Y Alberto Adrianzén fue uno de ellos, junto con el grupo de "El Zorro de abajo". Sobre el paso de la revolución a la democracia en América Latina ver de Norbert Lechner, Los patios interiores de la democracia (Santiago, FLACSO, 1988); sobre los Zorros, ver de Osmar Gonzales, Señales sin respuesta. Los Zorros y el pensamiento socialista en el Perú, 1968-1989 (Lima, PREAL, 1999).

En esos años, eran los Zorros los criticados por haber asumido acríticamente el paradigma democrático, abandonando el marxismo, sin hacer un balance y un "ajuste de cuentas", como señaló reiterada y singularmente Guillermo Rochabrún. Ver al respecto su libro Batallas por la teoría. En torno a Marx y el Perú (Lima, Instituto de Estudios Peruanos, 2007, 559p.). Hice una reseña de ese libro aquí:

martes 18 de diciembre de 2007
Guillermo Rochabrún, marxista crítico http://martintanaka.blogspot.com/2007/12/guillermo-rochabrn-marxista-crtico.html
(publicado también en Que Hacer, n° 169, enero – marzo 2008. Lima, DESCO (p. 106-115).

Reconociendo el punto señalado por Rochabrún, yo pienso que el cambio de paradigma fue un avance, que fue una clara ganancia dejar el dogmatismo marxista y asumir paradigmas más plurales y abiertos a la investigación empírica en las ciencias sociales. Ahora, otro punto de debate es cuán genuino fue el abandono del paradigma revolucionario para adoptar uno democrático; cuán consecuentes son los ex revolucionarios con los valores democráticos, en qué medida están dispuestos o no a olvidarse de los valores democráticos cuando aparece un líder revolucionario. Tema planteado por Eduardo Dargent en su libro Demócratas precarios. Élites y debilidad democrática en el Perú y América Latina (Lima, Instituto de Estudios Peruanos, 2009), que reseñé aquí:

domingo 6 de diciembre de 2009
¿Élites o neoliberalismo?
http://martintanaka.blogspot.com/2009/12/elites-o-neoliberalismo.html

b) esta hegemonía liberal tuvo como una de sus principales consecuencias la aceptación, como uno de los pilares para el análisis, de una definición mínima de la democracia (básicamente procedimental);

De acuerdo parcial: en el nuevo paradigma, uno debe distinguir diferentes tipos de régimen, y para ello la definición procedimental es útil, como herramienta descriptiva. Sobre el punto ver, entre muchos otros,

Classifying Political Regimes in Latin America, 1945–1999
Scott Mainwaring, Daniel Brinks, and Aníbal Pérez-Liñán
Working Paper #280 – September 2000
http://kellogg.nd.edu/publications/workingpapers/WPS/280.pdf

c) pero también supuso la aceptación de un concepto de autoritarismo mínimo que ha dado lugar al nacimiento de otros conceptos dudosos como el “autoritarismo competitivo” que tanto gustan de usar Tanaka y otros politólogos cuando analizan el fujimorismo;

De acuerdo parcial: parte de la necesidad de distinguir entre tipos de régimen lleva a clasificar mejor los regímenes no democráticos, y allí están los autoritarismos competitivos. No es nada dudoso, es un concepto de gran legitimidad dentro de la especialidad. Ver p.e.: Schedler, Andreas, ed., Electoral Authoritarianism: The Dynamics of Unfree Competition (Boulder, L. Rienner Pub., 2006); del mismo autor, “The Menu of Manipulation”; de Levitsky, Steven, y Lucan Way, “The Rise of Competitive Authoritarianism”; y de Diamond, Larry, “Thinking About Hybrid Regimes”; estos tres últimos textos aparecieron en Journal of Democracy, vol. 13, n° 2, 2002. [Ver también de Carrión, Julio, ed., The Fujimory Legacy. The Rise of Electoral Authoritarianism in Peru. Pennsylvania, Penn State University Press, 2006].

d) la definición de “autoritarismo mínimo” no es útil para analizar el fujimorismo porque evade un tema fundamental: el autoritarismo no es solo un régimen que controla reglas y procedimientos sino también, y sobre todo, un “pacto de dominación” (capitalista) tal como afirmaron, alguna vez, Cardoso, Brunner y O’Donnell.

En esto estamos totalmente en desacuerdo. Yo considero que la noción del autoritarismo competitivo es tremendamente útil para entender la particularidad del fujimorismo en perspectiva comparada. Es lo que intenté hacer en este texto: “From Crisis to Collapse of the Party Systems and Dilemmas of Democratic Representation: Peru and Venezuela” (en: Mainwaring, Scott, Ana María Bejarano y Eduardo Pizarro, eds.: The Crisis of Democratic Representation in the Andes. Stanford, Stanford University Press, 2006, p. 47-77; editado en español bajo el título “De la crisis al derrumbe de los sistemas de partidos, y los dilemas de la representación democrática: Perú y Venezuela”, en el libro La crisis de representación democrática en los países andinos. Bogotá, Norma, 2008, p. 89-131).

De otro lado, dudo mucho que hoy por hoy se pueda establecer creíblemente una relación entre capitalismo y autoritarismo (salvo que uno estire la definición de autoritarismo para incluir también regímenes democráticos; como cuando desde el marxismo algunos dicen que la democracia liberal es en realidad una dictadura de clase encubierta). Hay muchos países capitalistas democráticos, y muchos países autoritarios no capitalistas. El comentario de Adrianzén (y la referencia a viejos trabajos de Cardoso, Brunner y O’Donnell) sugiere que el autor piensa en el mundo de los años setenta, cuando toda la región vivía dictaduras militares aparentemente consecuencia de los procesos de modernización e industrialización, y cuando estaba en boga la tesis del "Estado burocrático-autoritario" de O'Donnell (Modernización y autoritarismo. Buenos Aires, Paidós, 1972). Pero estamos hablando de discusiones de hace más de treinta años... Hoy ni O'Donnell, ni Brunner ni Cardoso sostienen eso.

Termino con un punto que trata de encontrar un terreno de acuerdo con lo señalado por Adrianzén. En lo que sí tiene razón es que históricamente las relaciones entre capitalismo y democracia han sido muy problemáticas. Recordemos que en los siglos XVIII y XIX en el mundo los liberales defendían democracias restringidas, y en algunos escritos Marx y Engels especulaban con la posibilidad de que se pudiera llegar al socialismo mediante el sufragio universal. Sobre esto ver de Adam Przeworski, Paper Stones: A History of Electoral Socialism (University of Chicago, 1988). Sin embargo, a lo largo del siglo XX, liberalismo, capitalismo y democracia más bien convergieron. Muchos factores explican esto, entre ellos, el papel integrador jugado por los sistemas de partidos, el desarrollo de los Estados de bienestar, el equilibrio entre los intereses de los trabajadores y de los grandes propietarios, factores internacionales... sobre estos temas hay toneladas de literatura, ver especialmente Rueschemeyer, Dietrich, Evelyne Huber y John D. Stephens, Capitalist Development and Democracy (Chicago, University of Chicago Press, 1992) y Luebbert, Gregory, Liberalism, Fascism, or Social Democracy. Social Classes and the Political Origins of Regimes in Interwar Europe (Oxford, Oxford University Press, 1991), entre muchos otros.

En América Latina, en efecto, vistas las cosas desde las décadas de los años sesenta y setenta, el sentido común era que el desarrollo capitalista propiciaba el autoritarismo político, tesis esbozada por O'Donnell en Modernización y autoritarismo (op. cit.). Me parece que para la actualidad no podría hacerse un argumento así. Sin embargo, también es cierto que nuestras democracias son precarias, débiles, porque no se asientan en instituciones ni en prácticas sociales que aseguren la vigencia plena de la legalidad y de los derechos democráticos. Hay que ver más allá del régimen político, en esto sí estaremos de acuerdo con Adrianzén, considerar la economía, la historia, los grupos y prácticas sociales. Este tema ha sido explorado por el propio O’Donnell recientemente, por ejemplo en: “Algunas reflexiones acerca de la democracia, el Estado y sus múltiples caras” (Ponencia presentada en el XIII Congreso Internacional del CLAD sobre la Reforma del Estado y de la Administración Pública. Buenos Aires, noviembre, 2008); y “Notas sobre el Estado y la democracia” (Texto presentado en el seminario sobre Democracia en América Latina, Universidad Nacional de San Martín, 2007). Ver:

http://www.clad.org/documentos/congreso/odonnell
http://historiapolitica.com/datos/biblioteca/odonnell.pdf

Ahora bien, esto no significa descartar concepciones mínimas de la democracia. Simplemente se trata de usar la definición mínima para distinguir la democracia de otros regímenes, pero se hace necesario atender los problemas de calidad democrática, para lo cual hay que mirar más allá del régimen político. Un excelente ejemplo de esta manera de usar los conceptos se encuentra en Linz, Juan, y Alfred Stepan, Problems of Democratic Transition and Consolidation: Southern Europe, South America, and Post-Communist Europe (Baltimore, The Johns Hopkins University Press, 1996). Allí se usa un criterio minimalista para definir la democracia, pero para analizar su funcionamiento y consolidación se tiene que analizar la dinámica de funcionamiento de la sociedad civil, la sociedad política, la sociedad económica, la vigencia del Estado de derecho, y el funcionamiento del Estado como aparato burocrático.

Hay varios proyectos sobre calidad democrática que involucran investigadores nacionales. Ver por ejemplo la Red de Investigadores de la Calidad de la Democracia en América Latina, en donde están Catalina Romero y David Sulmont, o el Andean Democracy Research Network, en el que participamos Rafael Roncagliolo, Sofía Vera y este servidor. Para dar más evidencia de que estamos de acuerdo con Adrianzén en la necesidad de tener miradas más integrales de nuestras democracias. Ver:

http://www2.cmq.edu.mx/calidaddelademocracia/index.php?option=com_content&view=article&id=93:acerca-de-la-red-de-investigadores-de-la-calidad-de-la-democracia-en-america-latina&catid=35:acerca-de-la-red&Itemid=28

http://blogs.ubc.ca/andeandemocracy/files/2009/08/research-collaborators.pdf

Espero que este largo y académico post sea de utilidad a los interesados en estos temas. Esto le daría más sentido a la discusión con Adrianzén.

domingo, 7 de febrero de 2010

Fragmentación y transfuguismo

Artículo publicado en La República, domingo 7 de febrero de 2010

A inicios de 2009, existían en el país 20 partidos políticos nacionales inscritos ante el JNE. Un número excesivo: en la actualidad, tenemos 23, y podríamos tener más antes de que se cierre el registro para las próximas elecciones. La ley de partidos (ley 28094) ha seguido la filosofía, correcta, de elevar las barreras de entrada al sistema, para que así los débiles e improvisados salgan del escenario, y queden los más fuertes. La ley no está funcionando como debiera: el requisito de las firmas y la constitución de comités es muy alto para quien quiera hacerlo en serio, y relativamente fácil para quien tenga dinero con el cual pagar a los recolectores de firmas y allegados que luego son responsables de comités fantasmas. ¿Cómo se explica la existencia de partidos como “Despertar Nacional”, “Siempre Unidos” o “Participación Popular”?

De otro lado, la ley establece una barrera electoral, según la cual se pierde el registro si es que no se obtiene un mínimo de votos; así perdieron el registro el Partido Socialista, el Partido de la Democracia Social y el Movimiento Nueva Izquierda, pero se han mantenido otros que tampoco cuentan con respaldo electoral. ¿Cómo así? Mediante la cobertura de las alianzas. Así es como se mantuvieron Cambio Radical y Renovación Nacional (dentro de Unidad Nacional), la Coordinadora Nacional de Independientes (dentro del desaparecido Frente de Centro) o Cambio 90 (dentro de las alianzas fujimoristas).

En general, tenemos un grupo de partidos con una mínima representatividad, digamos que alrededor de diez, y otra decena que sobrevive gracias a la debilidad de nuestra ley de partidos. El asunto empeora porque además tenemos movimientos regionales y organizaciones políticas locales que fragmentan todavía más el escenario. En este marco, quienes pretenden construir organizaciones en serio la tienen muy complicada, y las aventuras personalistas la tienen muy fácil. Ya ni siquiera se tiene que hacer el esfuerzo de crear un “movimiento bamba”, basta pedirle a alguien con registro que, a cambio de muy poco, “preste” su organización. Así, Jaime Bayly se presta el logo de Cambio Radical para su aventura presidencial; Kouri no necesita organización para ser candidato a la alcaldía de Lima, porque más de uno le ofrece su logo. Y quienes antes tenían que escalar posiciones y hacer méritos dentro de una organización partidaria, ahora pueden ser tránsfugas y candidatear con cualquiera. Y después nos quejamos porque hay mucha improvisación y descoordinación en la política y en la gestión pública.

La solución a esto es buscar mejores maneras de hacer más exigente la actividad política, hoy excesivamente abierta y permisiva. Esto no tiene por qué ser considerado conservador (ver artículo de Alberto Adrianzén, de ayer en este diario); si la izquierda tomara en serio el desafío, debería ser uno de los pilares de un nuevo sistema de partidos.