domingo, 6 de diciembre de 2009

¿Élites o neoliberalismo?

Artículo publicado en La República, domingo 6 de diciembre de 2009

http://www.larepublica.pe/pagina_impreso.php?pub=larepublica&anho=2009&mes=12&dia=06&pid=1&sec=1634&pag=17

La semana pasada terminaba mi comentario al texto de Nelson Manrique dedicado a Haya de la Torre aludiendo a la falta de compromiso democrático de nuestras élites, lo que me lleva a comentar un par de libros más esta semana, que se pueden conseguir en la Feria del Libro Ricardo Palma que termina este jueves en el Museo de la Nación.


El hecho de que nuestras élites privilegian sus agendas e intereses particulares y subordinan la importancia de las reglas de competencia democrática está en el centro del análisis de Eduardo Dargent en su libro Demócratas precarios. Élites y debilidad democrática en el Perú y América Latina (Lima, IEP, 2009). Tanto la derecha como la izquierda tienden a ser autoritarias cuando se trata de apoyar a gobiernos con los que simpatizan, pero invocan el respeto a las garantías democráticas cuando tratan de oponerse a fuerzas que pueden avasallar sus intereses. Dargent señala que si la democracia como régimen ha tenido una importante continuidad en los últimos años en nuestros países ha sido más por presiones externas que por fuerzas internas; consolidar la democracia requiere de élites más “maduras”, por así decirlo.

Es interesante contrastar el libro de Dargent con otro de reciente aparición, El argumento democrático sobre América Latina. La excepcionalidad peruana en perspectiva comparada (Lima, UNMSM, 2009), de Nicolás Lynch, que se presentará este miércoles en el Centro de Convenciones del Colegio Médico. Según Lynch, la debilidad democrática de nuestros países está asociada no a la conducta de las élites sino a la aplicación de políticas neoliberales, que el autor caracteriza como excluyentes, e incluso autoritarias y corruptas. Por ello los avances en la profundización de la democracia en la región están asociados al “giro a la izquierda” ocurrido en los últimos años; y el atraso del Perú en cuanto a democratización estaría en la continuidad de las políticas neoliberales.

¿Dónde estaría entonces el problema: en las élites o en el neoliberalismo? ¿Se trata de romper con el modelo económico neoliberal o de lograr un consenso básico entre las élites? Se trata de una discusión muy interesante. Creo que Lynch tiene razón al subrayar la importancia de pensar la democracia más allá del régimen político y considerar el contenido de las políticas y sus efectos; pero siguiendo a Dargent podría decirse que el compromiso entre las élites es fundamental también para el desarrollo y la inclusión social. Acaso la clave del éxito democrático implique que las élites en general asuman el respeto al pluralismo y la alternancia, que las de derecha reconozcan la necesidad de políticas de Estado más integradoras, y que las de izquierda reconozcan la centralidad de los mecanismos de mercado. ¿No serían consensos de este tipo, expresados en la continuidad básica Cardoso-Lula o DC-socialistas en Brasil y Chile, respectivamente, la clave de sus buenos resultados?

VER TAMBIÉN:

Entrevista a Eduardo Dargent:
“Las élites subordinan su compromiso democrático a sus intereses de corto plazo”
http://www.larepublica.pe/archive/all/domingo/20091122/12/node/233954/todos/1558
Demócratas precarios:
http://www.iep.org.pe/publicacion/003553/democratas-precarioselites-y-debilidad-democratica-en-el-peru-y-america-latina/

Libro completo de Nicolás Lynch en su página web:
http://nicolaslynch.com/libros/

4 comentarios:

Luis Enrique Alvizuri dijo...

Señor Tanaka:

1. ¿Es realmente "un giro a la izquierda" lo que está ocurriendo en América Latina (y que no sucede en ninguna parte del mundo) o se trata de otro fenómeno más complejo y difícil de precisar?

2. Porque lo de "giro a la izquierda" tal vez sería mucho decir sobre los éxitos de la izquierda en nuestros países latinoamericanos. ¿No será acaso lo que está ocurriendo producto de otro suceso político que muchos analistas no quieren reconocer porque, sencillamente, no logran identificar con sus manuales convencionales?

3. Yo más bien pienso que la reacción de los pueblos latinoamericanos (que no es producto de caudillismos, sino de verdaderos procesos democráticos) tiene que ver con la búsqueda de una mirada más auténtica que refleje el verdadero rostro y sentir de lo que somos, y ya no un seguir patrones extranjeros que en nada se asemejan a los nuestros y que producen, en la mayoría de los casos, resultados desastrosos cuando se aplican (el Neoliberalismo brutal y el Comunismo polpotiano).

4. Creo que en este nuevo escenario hay muchas cosas que los estudiosos deberían dejar de lado (los paradigmas occidentales) para poder entender de qué se trata y no pensar que la ciencia sociológica es la panacea del conocimiento humano y que ya todo está dicho y escrito en los libros. Así pensó el marxismo y finalmente se equivocó justamente porque no podía equivocarse.

5. Sospecho que ante esta nueva realidad los actores actuales están dispuestos a verse a sí mismos de un modo diferente a lo que pinta la academia porque en el fondo se está buscando un modelo viable, real, compatible con el mundo que vivimos, y eso exige el abandono de muchos prejuicios intelectuales provenientes de otras tierras y de otras historias que en nada se asemejan a las nuestras.

Muchas gracias.

Jason dijo...

Profesor Tanaka:

Sobre el problema de la continuidad en nuestro país, pienso que se debe fundamentalmente a la aplicación de las políticas neoliberales. Digo esto porque la influencia de estas elites, las que permanecen influyendo en el sistema político, es consecuencia de la aplicación de dichas políticas desde el fujimorato. No son las elites políticas las que toman las decisiones trascendentes para el país, son las elites económicas aquellas que gozando de permanencia toman las grandes decisiones y están por encima de las elites políticas (lideres de la partidocracia, jefes institucionales, grupos dirigentes, etc.).

Las elites por naturaleza buscan tomar decisiones que favorezcan a su reducido numero de integrantes, mas no a la colectividad. Prueba de ello fue la acción de las elites políticas que conformaron el aparato estatal diseñado en la URSS, la crítica de Trotsky hacia el aparato burocrático de ese régimen es una clara exposición de este argumento. Otra característica de las elites es su naturaleza hermética, poco incluyente.

Creo que la solución al problema de la continuidad descansa principalmente en el cambio de política económica hacia un modelo de desarrollo autóctono o dentro de los parámetros regionales que se han ido ensayando con buenos resultados (es el caso de Sudamérica). Insistir en la centralidad de la economía de mercado como ente distribuidor de las oportunidades de desarrollo y crecimiento es más de lo mismo.
Solo con un cambio de modelo económico se le pone un stop a la fuerte influencia que la elite económica, sea nacional o transnacional, tiene sobre las elites que toman decisiones vinculantes a todos nosotros.

Anónimo dijo...

1)La continuidad democratica en nuestros paises es consecuencia de la aplicacion de politicas sensatas que privilegian el mercado y el libre comercio, como por ejemplo lo hacen los gobernantes "izquierdistas" en Chile y Brasil, asi como los "derechistas de Peru y Colombia, justamente lo contrario a lo que plantea Linch en su libro.
2)El "giro a la izquierda" que propone Linch, no me queda claro como se traduce en el modelo economico, pues lo concreto es que ni siquiera la Venezuela de chavez ha dejado de ser una economia de mercado

valentina caridad dijo...

Profesor Tanaka,
Es oportuna la llamada de Jason a diferenciar entre élite política y élite económica, lo que tal vez no queda claro en el artículo.
Pienso que podría ser un error conceptual atribuir las causas de la debilidad democrática o bien al oportunismo de las élites o bien a políticas económicas "neoliberales". Si es posible sintetizar libertad económica con correctivos de mercado incorporando la redistribución del ingreso, la protección al consumidor y los derechos laborales dentro del modelo y sólo una posición dogmática de libre mercado pueda resultar "excluyente, autoritaria y corrupta", entonces, sería falso que estas políticas en sí mismas sean las responsables de generar un orden político determinado cuando de hecho estas responden a la decisión de unos actores para ser aplicadas y, al menos en teoría, más de un resultado político puede ser seleccionado.
Si las políticas que potencialmente debilitan a la democracia son seleccionadas por los resultados que puedan favorecer a aquellos agentes con poder de selección entonces tenemos una sóla linea de causalidad y no variables opuestas entre las que tengamos que optar para explicar la debilidad democrática: cualquier "política" (Linch)implica unos resultados determinados y una "voluntad" ejecutora (Dargent). Según Dargent, parece, lo ideal sería que la élite que selecciona los resultados económicos "madure" de modo que respete los ideales políticos a largo plazo. Supongo que por nuestra tradición histórica, o en general, imaginar una tal élite económica parece contradecir la misma definición de "élite" (Jason). Pero si es imposible confiar en ellos, ¿tenemos una élite política-administrativa capaz de equilibrar ese poder? Ese equilibrio se expresaría, como usted dice, en una jerarquía de fines económicos y políticos--traducidos en políticas--independientes de la alternancia de poder. Pero, la cuestión siempre es, ¿cómo penalizamos estos acuerdos para que no queden en declaraciones de buena voluntad?