lunes, 9 de marzo de 2009

La memoria y el museo de la memoria (2)

Hace unos días publiqué unos posts alusivos a la negativa del gobierno a aceptar una donación para construir un "Museo de la memoria":

http://martintanaka.blogspot.com/2009/03/comunicado-museo-de-la-memoria.html

http://martintanaka.blogspot.com/2009/03/los-discursos-sobre-la-peruanidad.html

http://martintanaka.blogspot.com/2009/03/la-memoria-y-el-museo-de-la-memoria.html

El tema ha sido ampliamente comentado en los medios y en los blogs. Un ángulo que me pareció importante es cómo enfrentar el tema de la memoria y la promoción de la causa de los derechos humanos en un contexto en el cual la causa de la memoria está atravesada de contradicciones, tensiones, y no es ciertamente popular; especialmente entre aquellos a quienes debería servir más, es decir, la población más afectada por la violencia. Lamentablemente este tema, si bien presente en los debates, ha terminado sepultado debajo de muchos otros temas secundarios y de agresiones personales, como suele suceder en los blogs (no tanto por los autores responsables de los blogs, sino por las furias que desatan sus comentaristas; al respecto, nota de pie, ver: "Obama: 'No perdemos mucho tiempo leyendo blogs'. El presidente de EE UU asegura que son demasiado tajantes como para hacerles caso en la toma de decisiones", El País, 08/03/2009).

Sobre estos debates ver, entre otros (todos ellos muestra de textos interesantes, pero también de cómo después desatan furias descontroladas en los comentarios, casi todos):

http://gonzalogamio.blogspot.com/2009/03/museo-de-la-memoria-cuestiones-de.html

http://labitacoradehobsbawm.blogspot.com/2009/03/historia-memoria-y-violencia-en-el-peru.html

http://utero.pe/2009/03/07/mi-memoria-no-es-la-tuya/

http://utero.pe/2009/03/09/los-mejores-comentarios-sobre-el-museo-de-la-memoria/

http://grancomboclub.com/2009/03/sobre-el-museo-de-la-memoria-y-un-post-de-carlos-melendez.html

http://grancomboclub.com/2009/03/sobre-el-museo-de-la-memoria-y-un-post-de-carlos-melendez-ii.html

http://bloodyhell-la.blogspot.com/2009/03/ideas-sueltas-de-un-lego-sobre-la.html

¿Cómo hacer volver la discusión sobre este tema de los desafíos de la memoria, que al menos a mí me parece muy importante? Creo que un viejo post de Gonzalo Portocarrero resulta muy pertinente. Recomiendo mucho leer "La creencia como poder sobre la memoria y la vida", de setiembre de 2007. Portocarrero propone dos actitudes frente a estos temas: una, ilustrada en Emergina (Gina), ayacuchana, quien recuerda que "en su pueblo, según estima, más gente murió a manos de los 'senderos' que de los 'ejércitos'. Además, los 'senderos' no mataban de una, sino que torturaban primero. Cortaban una oreja, luego otra, después la nariz y seguían así hasta terminar con la vida de sus acusados. A los 11 años años fue testigo del asesinato de sus tíos y primos (...) Gina, como muchos peruanos, ha optado por encapsular sus vivencias dolorosas, por no recordar. Trata de evitar que el pasado invada su presente. Apuesta, en cambio, al futuro, en la creencia de que su familia le permitirá intercambios afectivos que la recompensen de sus sufrimientos". Otra actitud es ilustrada por Primo Levi, "sobreviviente del holocausto, y uno de los más lúcidos cronistas de la vida en Auschwitz, el campo de exterminio donde estuvo prisionero 10 meses (...) atrapado por sus recuerdos, y más todavía, como sugiere Butler, por el rol de testigo de excepción que le asignó la sociedad, el 11 de abril de 1987, a los 68 años, Levi se suicida. Ese mismo día, su esposa dice que estaba cansado de la vida".

"Volviendo entonces a las historias de Gina y Primo Levi podríamos decir que Gina hizo la apuesta por su familia y el progreso. Entonces, su vida adquiere un sentido que la protege hasta cierto punto del regreso de las vivencias traumáticas. Mientras tanto, Levi estuvo, quizá, demasiado expuesto a sus recuerdos. El ejercicio constante de la simbolización a través de sus narraciones no fue suficiente para devolverle la confianza y el deseo, la alegría de vivir".

Una lógica objeción sería: ¿no es posible acaso conciliar la memoria y la apuesta por el futuro? ¿Lo uno no sirve para lo otro? Sobre esto Portocarrero dice: "podrá pensarse que la mejor opción fuera combinar el análisis y la capacidad de elaborar, con de otro lado, la creencia y su posibilidad de producir entusiasmos. No obstante, esta combinación es problemática pues, como se sabe, el racionalismo, si bien no impide la creencia, si la dificulta".

Ver: http://gonzaloportocarrero.blogsome.com/2007/09/11/la-creencia-como-poder-sobre-la-memoria-y-la-vida/

¿Qué hacer entonces? La idea general que propongo es que vale la pena remover la memoria siempre y cuando ella venga acompañada de reparación, verdad o justicia. Si no, puede resultar contraproducente. En un post anterior, citado más arriba, decía que sí hay aspiración de justicia, verdad y reparación: "en general los encuestados creen que se violaron los DDHH, que las violaciones fueron hechas por supuesto por los terroristas pero también por las fuerzas del orden, que los gobiernos también tienen responsabilidad en esto, que estas violaciones pudieron evitarse, que estos delitos deben ser investigados y sancionados, que los terroristas merecen juicios justos (...) Para adelante, lo importante es el apoyo a las víctimas de la violencia, la superación de la pobreza, junto a la sanción a los responsables por violar los DDHH".

La consecuencia práctica para mí es que a este gobierno no solo hay que exigirle el Museo de la memoria: también, y principalmente, justicia, reparación, verdad, apoyo a la población más afectada por la violencia. En realidad, la negativa a la construcción del museo es apenas la punta del iceberg de la actitud del gobierno frente a estos temas. Si nos quedamos solo con la causa del museo, y desatendemos lo otro, me parece que perdemos de vista lo más importante, y nos quedamos con una causa elitista, cuando de lo que se trata es que el museo sea parte de un conjunto más grande de reivindicaciones. Esto lo supo ver, con gran habilidad, el gobierno: por eso astutamente quiso oponer el museo al apoyo a las víctimas. En realidad no parece interesarle ni lo uno ni lo otro, en eso habría que insistir. Y la causa de los derechos humanos debería dejar en claro que no le interesa el museo en sí mismo, sino los intereses de las víctimas de la violencia, a cuyo servicio debería estar el museo, y evitar que este sea visto como un espacio elitista y excluyente más.

CODA: Recién ví el excelente artículo de Jorge Bruce que también gira en torno a estos temas, la resistencia a la memoria en sectores amplios de la población, como dice el autor, "no solo el Gobierno, círculos militares y 'las pandillas sobrevivientes del fujimorismo' se muestran renuentes al trabajo de la memoria y la elaboración consiguiente, tal como lo afirma Mario Vargas Llosa en su artículo de hoy, domingo 8 de marzo, en El Comercio (“El Perú no Necesita Museos”)". Cito el párrafo final:

"No obstante, también es importante que escuchemos lo que acaso nos resulte difícil de tolerar. Esa, pienso, es la verdad que nos cuestiona a quienes estamos decididamente a favor del trabajo de conocimiento y memoria. La propuesta del Gobierno alemán revela nuestras escisiones internas. Si bien ese museo estaría destinado precisamente a lograr que nos pongamos en contacto con aquello a lo que somos reacios porque nos cuestiona íntima y grupalmente, es también por eso que genera resistencias no solo en quienes se oponen a la verdad que temen porque los denuncia, sino también entre quienes no quieren despertar del sueño dogmático y el autoengaño. Y estos no son pocos ni están aislados, me parece. El museo se hará en el futuro, estoy seguro, pero hasta entonces deberemos seguir intentando escuchar esa verdad que nos incomoda a nosotros, quienes sabemos que es indispensable pero acaso no hemos hecho lo suficiente para convencer a una masa crítica de peruanos acerca de la necesidad, la conveniencia de esa exigencia ética que preserva tanto nuestro futuro como nuestra salud mental".

http://compartidoespacio.blogspot.com/2009/03/recuerdo-repeticion-elaboracion-jorge.html

En el mismo sentido ver:
http://guillermosalas.blogspot.com/2009/03/por-que-garcia-puede-surrarse-en-el.html

Ver también:
http://apuntesobreconflictos.blogspot.com/2009/03/museo-virtual-de-la-memoria-yuyanapaq.html, de donde saqué la segunda foto. La primera es tomada de acá: http://www.pazyesperanza.org/ayacucho/galeria2.html

2 comentarios:

javier torres seoane dijo...

Hola Martín

Las víctimas no pueden vivir eternamente recordando la violencia que sufrieron, pero la sociedad si tiene que hacerlo. Creo que cualquiera que viva sumergido exclusivamente en el pasado terminará enloqueciendo o suicidándose...te lo digo yo que semana a semana reviso expedientes en el Consejo de Reparaciones...la barbarie a la que llegamos es infinitamente superior a la que nos imaginamos, incluso muy superior a lo que Yuyanapaq nos muestra.

un abrazo

javier

Franklin Medrano Díaz dijo...

El debate respecto al Museo de la Memoria ha despertado polémica entre personas de diferentes posiciones y ha tomado diversos matices. Dado este contexto, creo pertinente abrir una nueva arista sobre el tema que nos convoca, el de las universidades públicas y su relación con la violencia política. En este post sostengo la necesidad de hacer memoria en y desde estas instituciones educativas para estar seguros que el Museo de la Memoria tendrá imágenes y testimonios del pasado y no represente una amenaza a nuestro futuro como país. Para esto doy los siguientes ocho argumentos.

1. Las universidades públicas fueron espacios de diseminación ideológica y captación de cuadros para Sendero Luminoso (SL) y el Movimiento Revolucionario Túpac Amaru (MRTA). Es sabido que los principales líderes de estos grupos subversivos salieron de estas instituciones. En ese sentido, la Comisión de la Verdad y Reconciliación (CVR) postula que no es posible entender el desarrollo de la violencia política sin considerar el sistema universitario.
Informe Final de la Comisión de la Verdad:
“… la Comisión de la Verdad y Reconciliación (CVR) juzgó conveniente prestar atención al sistema universitario como un espacio fundamental para comprender el desarrollo del conflicto armado interno, pues ha sido una institución referencial en el surgimiento de proyectos subversivos…”
Tomo III, Capítulo 3, sección “Las universidades” del Informe Final de la CVR

2. Las condiciones externas e internas a las universidades públicas que sirvieron de combustible para la explosión de la violencia política no han cambiado en términos sustanciales. La CVR señala dos principales condiciones externas y tres internas. Las externas son la masificación del reclutamiento universitario y la caída de la inversión estatal. Las internas se agrupan en tres: La radicalización ideológica y su praxis, la burocratización y el corporativismo gremial. Todos estos factores, tanto los externos como los internos, aún continúan siendo parte de nuestro paisaje universitario.

3. Alberto Fujimori y Abimael Guzmán, ambos protagonistas de la violencia política en la década 1990-2000, estudiaron en universidades públicas y ocuparon cargos en el sistema universitario. Por un lado, Fujimori fue rector de la Universidad Agraria La Molina (donde estudió pregrado) y presidente de la ANR. En toda su trayectoria por el sistema universitario Fujimori usó la mejor herramienta de gestión que conocen las universidades públicas: El clientelismo político. Por otro lado, Abimael Guzmán, quien salió de la Universidad San Agustín de Arequipa (UNSA) y luego fue jefe de personal de la Universidad Nacional San Cristóbal de Huamanga (UNSCH). Este último hecho fue recordado por Carlos Iván Degregori en el juicio a Fujimori. Degregori declaró que Abimael era quien le firmaba los cheques a él y a los demás profesores de la UNSCH. De este modo, tenemos que las universidades públicas “formaron” a las dos cabezas de los bandos enfrentados a muerte en la década de1990-2000. En otras palabras, evidencia la relación histórica entre el sistema universitario y el sistema político de nuestro país. La crisis de los partidos políticos no demuestra necesariamente que las universidades no sean todavía cunas de proyectos políticos o “independientes”. Aquí una pregunta: ¿Quién nos asegura que no hay por ahí un “docente loco” de una universidad de provincia (o de Lima) haciendo una “revisión de la lucha armada” junto con algunos colegas suyos?

4. El principal responsable de los estudiantes universitarios muertos y desaparecidos durante la época del terrorismo fue el Estado peruano, no los grupos subversivos. Según el Informe final de la CVR, el 67.04% estudiantes universitarios y de institutos superiores técnicos fueron muertos y desaparecidos por las fuerzas del orden (FFAA y PNP), un 17.61% por Sendero Luminoso y apenas un 1.13% por el MRTA (el 14.77% es de responsabilidad no determinada). Por ello, al ser el Estado Peruano el principal agresor de las universidades su responsabilidad de remediar y construir un mejor sistema universitario es indispensable para la recuperar la legitimidad en las comunidades universitarias. No es casualidad que las movidas artísticas universitarias que desarrollan el tema de la violencia política representan al Estado como asesino y externo.
5. Las condiciones culturales presentes en las universidades públicas no han cambiado considerablemente en los últimos 20 años. Gran parte de la juventud universitaria es marginada por la sociedad y carecen de espacios que les brinden identidad. En ese sentido, la necesidad de sentirse parte de algo es aprovechada y explotada por líderes de barro, que son al fin y al cabo más eficientes y reales que la teoría democrática liberal para crear sentido de pertenencia. Iván Hinojosa sostiene algo similar en el informe final de la CVR:
“… el partido, el círculo o la célula, proporcionan una identidad y un referente colectivo a sus miembros, [comportamiento] muy preciado para una base social de jóvenes universitarios quienes, en número importante, se encontraban alejados de sus lugares de origen. Todos habían dejado atrás el entorno formal y disciplinado del colegio secundario y, muchos, a la familia… ”

6. Gran parte del debate y las actividades entorno a la violencia política se ha desarrollado (hasta el momento) dentro de una élite limeña a través de eventos, blogs y periódicos conocidos donde la participación de las universidades públicas ha sido satelital. Esto a pesar que las universidades públicas sufrieron en sus mismos vientres los años de violencia política. Hubo un intento institucional que intentó hacer memoria, se trata de la creación de la Comisión de la Verdad de San Marcos en junio del 2001 (mismo mes que se creó la CVR que todos conocemos). Lamentablemente, el informe de este equipo de trabajo sanmarquino no fue considerado una prioridad por las siguientes autoridades de la universidad. Como vemos, no basta que los chicos de la Pucp asistan a conferencias y puestas artísticas organizadas por la misma Pucp. Es indispensable que el epicentro del debate sean las mismas universidades públicas. Pero primero se debe confrontar a las nuevas generaciones de estudiantes con los hechos ocurridos durante la violencia política, cosa que se ha hecho tibiamente. Aquí planteo un par de preguntas: ¿Esta élite limeña nos puede asegurar que la lucha armada ya no es una opción que se este barajando entre los docentes y estudiantes de las universidades públicas de provincia (o de Lima)? y ¿El hecho que los círculos capitalinos vean la lucha armada como algo inconcebible es garantía que ningún otro grupo se levantará en armas contra el Estado en el futuro?

7. Las universidades públicas están paralizadas básicamente por las brechas que ha dejado la violencia política en sus interiores, sobre todo entre docentes. Recuerdo conversaciones con profesores en la que éstos me decían cosas como: “mira a ese de ahí (docente), ese era pro-senderista, ahora lo ves hecho todo un posmoderno, dicta un semestre en Perú y otro en Europa, acaba de ganar un concurso de investigación”; “No sé con que autoridad moral algunos profesores que mandaron a la muerte (conflicto armado interno) a alumnos pueden seguir dictando como si nada y reclamando homologación” o “A ese señor, que es director de escuela, nadie lo conoce, pasó piola con Medina (Comisión reorganizadora de San Marcos puesta por Fujimori), no dijo ni pio… ¿Por qué crees?”. San Marcos como universidad esta rota por dentro, me decía a mi mismo después de escuchar palabras como éstas. Es probable que existan brechas similares o peores en otras universidades públicas. Aquí planteó un par de pregunta: ¿Es posible la reconciliación entre docentes que fueron enemigos ideológicos durante el terrorismo y que ahora se miran con asco moral? ¿En qué medida estas secuelas internas evitan la cohesión de las universidades públicas necesaria para lograr la homologación?

8. Los conflictos sociales en nuestro país están aumentando, según los informes mensuales de la Defensoría del Pueblo. Esto condiciona a que, en forma progresiva, las protestas sociales y el descontento social pasen de ser sistémicas discrepancias con el gobierno a un rechazo contra el sistema mismo en su conjunto (democracia incluida). Generándose así caldo de cultivo dentro de los claustros universitarios para la “revisión” de la lucha armada. Vuelvo a preguntar: ¿Quién nos asegura que no hay por ahí un “docente loco” de una universidad de provincia (o de Lima) haciendo una “revisión de la lucha armada” junto con algunos colegas suyos?

Quizá no sea tiempo de hacer memoria en las universidades públicas debido a que las heridas dejadas por la violencia política sean incurables y/o no sea el contexto adecuado. Como dijo Carlos Ivan Degregori en una entrevista en el 2006 (citada en el encabezado de este post):
“La memoria tiene sus tiempos y no depende solo de la comunidad universitaria sino de los contextos. De repente puede abrirse otra coyuntura como la del 1999-2000 que permita dar una mirada sobre el pasado con mucha más fuerza y lograr avances, pero tampoco es que los universitarios deben esperar que haya otra coyuntura y no hacer nada hasta entonces. Como jóvenes universitarios tienen que husmear más sobre el modo de enganchar a los desinteresados, a los que no les importa. Hay una apertura en Arte y Literatura, creo que en novelas, cuentos, películas, documentales, música, teatro o periodismo, van abriéndose espacios para discutir estos temas. Estos espacios son privilegiados”.
El profesor Rodrigo Montoya, antropólogo y ex-miembro de la Comisión de San Marcos, me dijo que el problema de la violencia política es que ningún muerto es de todos, cito las ideas fuerza de su reflexión en aquella oportunidad:
“El problema de la violencia política es que todos entierran a sus muertos por su lado, los sinchis entierran a sus muertos por su lado, los campesinos entierran a sus muertos por su lado y los terroristas lamentan a sus muertos por separado, tu muerto no es mi muerto, tu “nosotros” no es mi “nosotros”, ningún muerto es de todos, nadie lamenta un muerto por el mismo hecho de ser un peruano muerto…
La reconciliación vendrá cuando veamos a todos los muertos como propios y digamos, muy bien, estuvimos en guerra, ahora qué hacemos para no volver a matarnos entre nosotos”.
Es probable que el reto de hacer memoria sea asumido por las nuevas generaciones de docentes y estudiantes. Quizá tengamos que esperar que las universidades públicas “se recuperen”, mediante la participación política y cultural de los más jóvenes (estudiantes y docentes) para construir un óptimo sistema universitario. Sólo así podemos estar seguros que el Museo de la Memoria represente una mirada dolorosa al pasado y no sea una escalofriante proyección al futuro. Hay que estas pendientes.

comenario en versión post: http://sobresanmarcos.blogspot.com/2009/03/hacer-memoria-en-las-universidades.html