domingo, 22 de marzo de 2020

Coronavirus y respuestas de política (2)



Artículo publicado en El Comercio, sábado 21 de marzo de 2020 

Analizar cómo responden los Estados al desafío de la pandemia en curso resulta bastante instructivo. Tres grandes factores ayudan a entender las reacciones y sus resultados: la capacidad estatal, la autonomía gubernamental, y también, las orientaciones particulares de los presidentes.

China, donde inició el brote, es un Estado con una capacidad estatal alta, que tomó decisiones muy duras con mucha autonomía, con autoridades políticas que se alinearon en privilegiar el interés común. Claro que les tocó tomar decisiones en un contexto de muy alta incertidumbre y desconocimiento; los demás países hemos tenido la ventaja de poder aprender de ellos. Cerca de China, en Taiwán, Singapur, Hong Kong, Japón o Corea se desarrollaron respuestas duras y eficaces basados en la experiencia China, y en sus propias experiencias con epidemias previas como el SARS. Europa podría haberse beneficiado de esa experiencia, pero al parecer primó entre las élites la percepción de que la realidad asiática sería muy diferente a la europea, o que los costos de medidas de aislamiento drásticas serían excesivas para la economía e inaceptables por la población. Precisamente confiar en sus capacidades estatales habría llevado a pensar que medidas de contención específicas centradas en los infectados y población vulnerable bastarían; pero el número de muertos aumenta en Italia (superó de largo a China), España, Francia y el Reino Unido, y la perspectiva que se anuncia es que a la larga todos tendrán que implementar medidas de aislamiento radicales.

Esto sugiere que no solo la capacidad estatal cuenta: también la autonomía de las élites respecto a intereses económicos. Dentro del vecindario, la demora en Chile con Piñera, por ejemplo, para tomar medidas más drásticas de aislamiento social resulta ilustrativa; Argentina, por el contrario, bajo un gobierno peronista se presenta como privilegiando el interés público por sobre el interés de los privados. Lo interesante es que Perú con Vizcarra se anticipó en buena medida a lo que otros países de la región están haciendo. Finalmente, también cuentan los presidentes: Trump en los Estados Unidos, Johnson en el Reino Unido, Bolsonaro en Brasil, López Obrador en México, Ortega en Nicaragua, muestran lo desafortunado que resulta tener a la cabeza del gobierno a personajes que no toman en serio las opiniones de los expertos, que están convencidos de ideas extravagantes, formados en actitudes prepotentes y personalistas.

En nuestro país, hemos visto a un Presidente y a un gobierno que si bien nunca mostró un rumbo claro, sí ha confirmado que sabe reaccionar con firmeza, en la dirección correcta, en situaciones de crisis; que ha demostrado autonomía para privilegiar el interés público sobre el interés privado. Y un Estado que, en medio de todas sus dificultades, está siendo capaz de implementar las duras decisiones que toma, de altísima complejidad. Como Estado, en medio de todo, hemos mejorado en los últimos años.

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