lunes, 21 de abril de 2008

Sobre el conservadurismo

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En el post anterior hablé de izquierda y derecha, y aludí a socialismo y liberalismo.

http://martintanaka.blogspot.com/2008/04/izquierda-y-derecha.html

Aquí quiero referirme al conservadurismo. Sobre esto ver:

http://martintanaka.blogspot.com/2006/12/sobre-definiciones-polticas.html

Para empezar, creo que hay que ver el conservadurismo, como las categorías anteriores, sin descalificaciones. Si entendemos el conservadurismo como el creer que no siempre el cambio es mejor, que hay tradiciones que vale la pena defender, que valores como la preservación del orden y la autoridad son valores fundamentales, entonces podemos acercarnos al asunto con menos prejuicios. El problema está cuando la defensa de tradiciones o la crítica al presente va acompañada de una suerte de añoranza de un pasado marcado por la exclusión. Algo de eso me parece encontrar en algunas de las quejas que surgen por la situación actual de Lima.

Hace unas semanas, por ejemplo, Pepi Patrón escribió:

“He nacido en Lima y es una ciudad en la que básicamente he vivido a gusto. Pero ya no estoy tan segura. Ahora me da miedo manejar; me da asco ir a las playas; me aterra la prepotencia y me aturde el ruido de las miles de miles de construcciones. No recuerdo que en otros lugares del mundo los obreros griten tanto desde todo lo alto. ¿Los han escuchado? (...)

Hace tiempo que Julio Cotler habla de la ausencia del Estado. Tiene razón. Parece que hay que seguir repitiéndolo. En los últimos tiempos la ausencia de autoridades eficientes llega a ser desesperante. Hans-Georg Gadamer, gran filósofo alemán del siglo XX, tiene sugerentes reflexiones sobre la autoridad. Ésta, nos dice, no se otorga, sino se adquiere, y tiene que ser adquirida si queremos apelar a ella. Reposa en el reconocimiento. Con esta definición y con las experiencias de estas semanas de marzo, solo puedo constatar que es imposible reconocerlas como tales; simplemente no tenemos autoridades con autoridad, comprometidas con la calidad de vida de nosotros, los ciudadanos”.

http://www.larepublica.com.pe/component/option,com_contentant/task,view/id,210857/Itemid,0/

Lo que me inquieta del texto no es la queja por el desorden actual, en lo que todos estaríamos de acuerdo, sino la sugerencia de que “antes” en Lima se vivía a gusto mientras que “ahora” ya no. Noto en esto un dejo conservador, lo que no necesariamente tiene nada de malo; sin embargo, no olvidemos que la ciudad era antes más excluyente que ahora. Con todo, Patrón acierta en cuanto a qué hacer frente al caos actual, al llamar la atención sobre la responsabilidad de las autoridades públicas.

El problema con el razonamiento de que las cosas “ahora” están mal, cuando “antes” estaban bien, es que suele llevar a atribuir la “decadencia” a la presencia de los migrantes provincianos. Ver por ejemplo el artículo de hace algunos meses de Abelardo Sánchez León, quien rechaza el “desborde popular” que “se infiltra en Miraflores”; recela de los “nuevos dueños del Perú”, “cabezas de pollo” que “se emborrachan con simples chelas” lo que “les saca a flote una bronca impresionante, una ira que todo miembro del desborde lleva dentro”. El problema es el peligroso razonamiento que hace generalizaciones abusivas y discriminadoras: no es que tuve una mala experiencia con un grupo específico de personas que se portaron mal, sino que el problema es de todos los que tienen un origen migrante.

http://www.elcomercio.com.pe/edicionimpresa/Html/2007-11-07/los_hijos_del_desborde_popular.html

Recuerdo también escritos y comentarios de Alfredo Bryce. En Permiso para sentir. Antimemorias 2 (Lima, PEISA, 2005), Bryce cuenta una terrible experiencia de ineficiencia y mal trato en una agencia bancaria y su conclusión no es que un grupo de personas que trabaja en un banco determinado hace muy mal su trabajo, sino que el problema es de todas las personas del llamado “sector D” de las encuestas:

“Casi me da un colapso, les juro, mientras abandonaba aquella sucursal, gritándole a todos ahí,: “¡clase D! “¡Té Toro!”, “¡Leche ENCI!”, “¡clase D!”, “Té McCollins!”, “¡¡Clase D!!” (p. 587).

Según Bryce, ese sector D, de origen provinciano, está embrutecido por la pobreza (consecuencia de haber tomado té o leche ENCI en el desayuno):

”Por serios y valiosos que sean los trabajos de estadística aplicada de científicos sociales como Rolando Arellano C. y David Burgos A (...) cuando nos hablan del empuje de los jóvenes limeños de origen provinciano, de su afán de progreso y de sus capacidades, en esta urbe en la que ya solo un 12.7% de sus habitantes son limeños de tercera generación, en esta Lima que es hoy, más que nunca, el Perú real y todas sus sangres, nada impide que –como afirman estos mismos autores- el 36% de los jóvenes de menos de veinticinco años que pueblan los nuevos y viejos distritos de la ciudad desee marcharse del país, que muchísimos sean los que se dan por bien empleados con solo vender periódicos por las calles, y que los ojos bastante dormindos, como muy fatigados, como derrotados de antemano, ya casi sin la chispa de la vida, de los miles y miles de niños que piden y piden limosna, en cualquiera de sus formas, con esa expresión triste y parca que es la misma en todos, por ser la del hambre y el embrutecimiento y la cruel ciudad, mala, muy mala, perversa” (p. 575).

Por supuesto que Lima es ahora una ciudad desordenada, y más desordenada que la vieja ciudad oligárquica. La ciudad se ha democratizado, y al hacerlo, se ha vuelto caótica. La democratización se expresa tanto en manifestaciones “constructivas” como diversas organizaciones populares, de esas con las que uno se encuentra en los presupuestos participativos, por decir, pero también en el achoramiento, la “cultura chicha”, la falta de respeto a la ley. Esto no tiene nada de sorprendente, diría yo; cualquiera que haya leído a Víctor Hugo o a Dickens puede entenderlo.

El problema está en el mal funcionamiento de las instituciones y en la falta de autoridad del Estado, como bien dice Pepi Patrón, no en el embrutecimiento de la gente, sus broncas internas, o su origen provinciano. El problema de los razonamientos discriminadores es atribuir arbitrariamente a un individuo los rasgos que supuestamente tiene (otra atribución arbitraria) un grupo social. Demás casi está decir que este tipo de razonamientos proviene de quienes se sienten desplazados y perdiendo posiciones, no de quienes han llegado a Lima de otras partes y cada vez más ganan espacios que antes no tenían. Si al final primará el desorden o una institucionalización alternativa mejor dependerá de lo que todos hagamos y dejemos de hacer.

Fotos tomadas de:

http://www.es.5wk.com/viewtopic.php?f=9&t=99880

http://www.arikah.net/enciclopedia-espanola/Distrito_de_San_Isidro

6 comentarios:

Anónimo dijo...

que conserva había sido balo!

Anónimo dijo...

Me parece que el artículo de Patrón se refiere a un pasado en el que Lima no estaba superpobalda a este extremo, no había tanta basura en sus playas, etc. Patrón no habla en absoluto de migrantes... no me parece que lo de los obreros vaya por ahí.

Utilizar su artículo a modo de ejemplo para el velado racismo que sugiere me parece inaceptable. Más aún reconociendo que ella atribuye el problema a la falta de control y no a la gente.

Martín dijo...

Para el último comentario anónimo: mi texto no sugiere que el de Patrón es un ejemplo de "velado racismo". Sí de cierto conservadurismo. La asociación de desorden con migración la hacen Sánchez León y Bryce, no Patrón. Creo que eso queda claro en el texto. Además, incluso en los casos de Sánchez León y Bryce creo que es errado hablar de racismo. Son ejemplos de conservadurismo y de estereotipos, no necesariamente raciales... el post no es sobre racismo, sí sobre conservadurismo. Saludos.

Anónimo dijo...

En ese caso no entinedo el lugar de ese artículo como ejemplo: el resto del post trata acerca de "atribuir los problemas a los inmigrantes". Decir que algunas cosas anduvieron mejor en el pasado no es ser conservador. La Lima de la generación de Patrón vivió en carne propia la enorme explosión demográfica (y con ella, perdida de todo control y planeamiento) de Lima de manera en particular chocante, pues el inicio de su auge se produjo a partir de la década de 1940.

Martín dijo...

Pues parece, simplemente, que no estamos de acuerdo. A mí me parece muy conservador decir:

“He nacido en Lima y es una ciudad en la que básicamente he vivido a gusto. Pero ya no estoy tan segura. Ahora me da miedo manejar; me da asco ir a las playas; me aterra la prepotencia y me aturde el ruido de las miles de miles de construcciones. No recuerdo que en otros lugares del mundo los obreros griten tanto desde todo lo alto. ¿Los han escuchado?"

¿Qué no sería conservador, desde mi manera de ver las cosas? Asumir que las cosas en Lima no fueron antes mejores o peores, simplemente diferentes. Siempre he pensado que un signo inequívoco de envejecimiento y conservadursimo es pensar que las cosas que uno vivió de joven son mejores que las que los jóvenes viven ahora. Saludos.

Anónimo dijo...

vaaaaaaaaaa me parece un ejemplo de lo que es de lima eta bien postulate de presidente y soluciona todo y ya jajjjaj